Ayla Eisen y Ragnar crecieron bajo la sombra de una tragedia idéntica: la enfermedad que les arrebató a sus madres, dejando a sus padres, empresarios y amigos de toda la vida, sumidos en el dolor, pero ahora, ellos han decidido sellar su destino con un contrato inquebrantable; obligándolos a contraer nupcias, donde se ven atrapados en un matrimonio sin amor, pero unidos por una promesa desesperada hecha sobre las lápidas de sus esposas; que consiste en usar su unión para financiar la batalla contra el mal que destruyó a sus familias, en una casa llena de silencios y recuerdos, en la cual deberán decidir si su alianza es solo un negocio doloroso o si, entre las cenizas de su pérdida, puede nacer la fuerza para sanar... y quizás, aprender a amar
"Nuestras madres nos heredaron su ausencia con su partida pronta, pero nuestros padres nos vendieron al mismo dolor; ahora estamos encadenados por un contrato que se firmó con sangre y se selló sobre sus tumbas."
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Capítulo 18
La puerta rebotó contra el tope de goma con un estruendo que rompió el hechizo de admiración que Malik Al-Zahrani había tejido en el aire de mi consultorio. Era Ragnar que estaba observándome desde umbral, con la respiración ligeramente agitada y una expresión que, de no conocerlo, habría confundido con molestia de verme con otro hombre o solo era indiferencia ejecutiva, aunque yo conocía ese brillo en sus ojos; era el azul gélido de un iceberg antes de una colisión catastrófica.
—Lamento la interrupción, Doctora Eisen —Dijo él, aunque su tono no contenía ni una pizca de remordimiento. Lentamente caminó hacia el centro de la habitación con un análisis exhaustivo tipo resonancia magnética, ignorando por completo la presencia de Malik hasta que estuvo lo suficientemente cerca para interponerse físicamente entre nosotros.
—He revisado los últimos informes de facturación de los nuevos aceleradores lineales, pero encontré una discrepancia en el protocolo de “Ares Tech” que requiere tu firma inmediata.
—Esa "discrepancia" podría haber esperado diez minutos, Ragnar. —Respondí, sintiendo cómo la irritación me subía por el cuello. —Giré hacia Malik, tratando de rescatar una pizca de la profesional que mi prometido acababa de pisotear. —Señor Al-Zahrani, le agradezco que el voto de confianza, pero como le decía...
—Al-Zahrani. —Interrumpió Ragnar, pronunciando el apellido con una corrección lingüística impecable, pero cargada de un matiz de desprecio. —El linaje de Omán; vaya no sabía que los servicios de oncología de este hospital se habían convertido en una parada de cortesía para la aristocracia petrolera.
Malik no se movió ni un centímetro, se mantuvo relajado, con una mano en el bolsillo de su traje, observando a Ragnar con la curiosidad de un naturalista estudiando a una especie agresiva. —Hasta que rompió el silencio diplomáticamente
—El talento no conoce de fronteras ni de castas, señor Graf. —Respondió Malik, con su voz contrastando con la sequedad de la de Ragnar.
—He venido buscando la excelencia clínica de la Doctora Eisen, no una lección de protocolos administrativos.
—La excelencia de la Doctora Eisen es, en este momento, un recurso exclusivo de la fusión Graf-Eisen. —Replicó Ragnar, dando un paso más hacia mi escritorio, invadiendo el espacio que Malik había ocupado segundos antes para tomar la carpeta de piel que Malik me había entregado hace un momento, la apreció en su mano como si fuera basura.
—Como Director Financiero, es mi deber asegurar que su tiempo no se desperdicie en casos que otros hospitales, quizás menos saturados, podrían manejar.
—¿Perdón? —Cerrando con fuerza mis puños; luego apoyé las manos sobre el escritorio. La furia me hacía temblar, pero no iba a permitir que me tratara como un activo frente a un extraño.
—Ragnar, el señor Al-Zahrani ha mencionado un caso de mutación de células madre, eso es exactamente lo que mi investigación está tratando de resolver, mi tiempo es mío para decidir a quién se lo dedico.
Ragnar se giró hacia mí, sus ojos se clavaron en los míos con una intensidad que casi me hizo retroceder; esa no era la mirada de un socio preocupado por la eficiencia de mi tiempo como especialista; era la de un hombre que estaba viendo como algo que consideraba suyo siendo codiciado por otro.
—Tu investigación, Lía, está financiada por “Ares Tech” —Dijo en un susurro que solo nosotros dos podíamos entender totalmente, aunque Malik no apartaba la vista.
—Según la cláusula de exclusividad operativa, cualquier caso externo debe pasar por una revisión de viabilidad, no queremos que te agotes antes de que la fusión esté consolidada; eso sería una pérdida de capital intelectual inaceptable.
—"Pérdida de capital intelectual" —Repetí, sintiendo una amargura que me quemaba la garganta. —Lo siento, pero estás hablas de mí como si fuera una máquina o una acción en la bolsa.
—Lo lamento cariño, hablo de ti como la pieza más valiosa de este tablero. —Respondió él, volviendo a mirar a Malik. —Señor Al-Zahrani, agradecemos su interés, pero la Doctora tiene una cirugía de alta complejidad mañana y una agenda de integración que no deja espacio para consultas externas; si gusta mi secretaria le enviará una lista de especialistas recomendados en Houston.
Malik soltó una carcajada suave, un sonido que pareció irritar a Ragnar más que cualquier insulto directo.
—Es fascinante, Señor Graf, he visto a muchos hombres proteger sus inversiones con celo, pero hay una línea muy fina entre la protección y el miedo a la competencia. —Malik se acercó a mí, ignorando la molestia de Ragnar.
— Doctora Eisen, le he dejado mi tarjeta personal dentro del expediente, como le mencioné; anteriormente, si su "agenda" le permite un respiro de la burocracia, me encantaría discutir los aspectos técnicos de la cirugía de mi hermano; él es solo un niño y usted es su única esperanza.
Antes de que Ragnar pudiera articular otra palabra, Malik tomó mi mano, dejando un beso suave, pero con una presión firme y cálida, mientras sus ojos, verdes como esmeraldas, me sostenían la mirada con una promesa de respeto que en este instante me hacía mucha falta.
—Hasta pronto, Ayla. —Dijo Malik, usando mi nombre de pila con una familiaridad que hizo que el aire en el consultorio se volviera pesado de nuevo.
En cuanto Malik salió y la puerta se cerró, el silencio que quedó fue ensordecedor. Ragnar se quedó de pie, mirando la puerta como si quisiera atravesarla con la mirada. Arrojó la carpeta de Malik sobre mi escritorio con un golpe seco que desparramó algunos papeles.
—¿"Ayla"? —preguntó, girándose hacia mí con una calma forzada que me dio escalofríos—. ¿Desde cuándo eres "Ayla" para un hombre que acabas de conocer hace diez minutos?
—Desde que él tiene la decencia de tratarme como una persona y no como una "pieza valiosa del tablero", Ragnar —Respondí, rodeando el escritorio para recoger los papeles que habían caído al suelo y colocarlos nuevamente en la carpeta de cuero. —¿Qué ha sido ese espectáculo? Ha sido vergonzoso, el señor Al-Zahrani lo único que vino a buscar es la ayuda para su hermano, es un hombre de un poder inmenso y tú lo has tratado como si fuera un vendedor ambulante.
—Lo he tratado como lo que es: un depredador que sabe exactamente qué botones presionar para que te sientas validada —Ragnar empezó a caminar por el despacho, su elegancia habitual teñida de una agitación que no lograba ocultar. —Ese tipo no ha venido por la ciencia, Lía, ha venido por ti. ¿Acaso no viste cómo te miraba? ¿Cómo analizaba cada movimiento de tus labios?
—¡Es una broma!, estás escuchando lo que estás diciendo, precisamente tú, él mismo que dijo que la discreción y no sé qué otro poco de tonterías; donde ya fui la burla de todos, antes del teatro de nuestro compromiso. —Yo soy una médica, pero también investigadora y desarrolladora, no una mujer como las que estás tú acostumbrado a pasar el tiempo; el señor Malik estaba buscando a una doctora que es reconocida por sus logros académicos, no la estampita del periódico de hoy; así que si me disculpas soy yo la doctora Ayla Eisen la que decide que caso toma o no; —No soy tu marioneta de “pérdida de capital intelectual inaceptable”, con mi tiempo decido en base a la información de los estudios.—Exclamé, aunque una parte de mí sabía que Malik también tenía otros intereses, pero la reacción de Ragnar era demasiado deliciosa como para no explotarla
—Otra cosa, si me miraba o no, ¿a ti qué más te da? Según tú, este matrimonio es solo un papel "manchado de conveniencia", no deberías estar preocupado por, con quién decida salir.
Ragnar se detuvo frente a mí. Su altura siempre me obligaba a mirar hacia arriba, pero esta vez me acerqué más, desafiándolo.
—No estoy preocupado por él, sino por la imagen de la empresa. —Qué pensaría la prensa si la futura esposa de Ragnar Graf es vista con un magnate árabe, a menos de veinticuatro horas de su fiesta de compromiso, las acciones de Graf-Eisen Global caerían. —No es celos, Ayla. Es gestión de crisis. —Dijo, con su voz volviendo a ese terciopelo profesional, pero con una grieta de aspereza
—Otra cosa niña, te espero en casa a las siete para los preparativos de la boda Lía...
Caminé a la carpeta para revisar detalladamente el historial clínico que me había dejado Malik, mi corazón estaba martilleando contra mis costillas, entre rabia y confusión por el extraño comportamiento de Ragnar. Tomé la tarjeta dentro, con letras doradas grabadas con su nombre y un número privado; pero por insólito que parezca en este instante podría jurar que él está jugando sucio, queriendo encerrarme, para marcar su territorio, como una posesión igual que lo haría un niño de seis años, sin admitir que le arde su orgullo porqué alguien más se me acerque; aunque yo estoy segura de que eso no es amor, ¡por supuesto que no!, eso es una posesividad oscura y aristocrática de los Graf, que busca que todo esté bajo su nombre, perfecto e intocable.