⚠️ADVERTENCIA DE CONTENIDO⚠️ Está novela cuenta con acoso severo, violencia física y emocional...
Un amor de la infancia destruido por el control despiadado de mi hermano. Mi amado Adán no solo perdió nuestros preciados recuerdos esa noche, también perdió la sensibilidad de sus piernas gracias a una persona desquiciada. Con la culpa creciendo dentro de mí desde niña me puse un propósito en mente. Esta vez yo lo cuidaré, lo protegeré, me convertiré en su esposa y cumpliré nuestras promesas olvidadas. Aunque su desconfianza me destroce el corazón, aunque su indiferencia me desgarre el alma, me quedare a su lado. Romperé esta jaula que me mantiene encerrada y volare tan alto que ya nadie más me podrá volver a enjaular.
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"La cuidadora"
Esa mañana me despierta el sonido de golpes en la puerta. No sé ni a qué hora me quedé dormida, pero al mirarme al espejo veo que mis ojos están hinchados de tanto llorar.
Bajo y encuentro a Camila y a Adán esperándome. Robinson ya no está, gracias al cielo.
—Alondra, no te ves nada bien. _ Camila es la primera en hablar.
—Es que... no reconocí el lugar y me costo conciliar el sueño.
—Tu hermano se disculpó por irse tan temprano, dijo que tenía asuntos urgentes que atender. Pero ven y desayuna con nosotros, siempre es difícil acostumbrarse a un nuevo lugar, querida.
—Está bien, gracias.. Todo se ve delicioso.
—La casa ya está casi lista. Si quieres, luego vamos para que la conozcas. _ propone con los ojos brillantes y yo también siento esa emoción.
—Me parece perfecto. _ digo con una sonrisa débil, pero sincera.
Adán ni siquiera me mira. Actúa como si su desayuno fuera lo más interesante del universo, ignorándome por completo. Camila no para de hablar sobre la boda, explica por qué no podemos irnos de luna de miel y me cuenta que Adán tiene un equipo de personas que irán a casa diariamente para su rehabilitación. Yo solo asiento, pero mi mente no puede borrar lo de anoche. Me temo que esa imagen me perseguirá por el resto de mi vida.
Cuando Camila sale a contestar una llamada, el silencio se vuelve pesado. Entonces Adán habla.
—Lloraste porque no conseguiste lo que querías anoche, ¿verdad?
En otro momento esas palabras me hubieran dolido. Pero justo ahora no me provocan nada.
—¿Y según tú qué es lo que no conseguí? _ contesto sin mirarlo, ya se su respuesta y aun así le daré la satisfacción de hacerla.
—Treparte a mi cama.
—¡Ja! Estás muy equivocado. Yo no quiero tu cuerpo ni tu dinero, Adán.
—¿Qué quieres entonces, Alondra?
Yo deseo tu alma, tu amor y tu respeto, pienso para mi misma. Pero sé que eso me costará una vida entera conseguirlo. Agarro mi taza y me voy, dejándolo con la palabra en la boca y sin respuesta.
El desayuno me cae pesado y corro al baño a devolver lo poco que logré comer. Me apoyo en el lavabo y lloro mirando mi reflejo. Odio lo que veo, odio lo que soy, pero tengo que ser fuerte. Puedo con esto. Tengo que poder, no hay más opción.
Esa misma tarde nos dirigimos hacia lo que será nuestro nuevo hogar. Queda justo cruzando la calle; supongo que Camila no está dispuesta a soltar a su hijo tan fácil. Aun así, me gusta. Es grande, luminosa y tiene un jardín precioso.
Allí conozco a su enfermero jefe, al doctor y también a una chica muy agradable llamada Moly. Noto de inmediato que ella y Adán se llevan increíblemente bien, incluso bromean como si fueran viejos amigos.
—Estamos terminando de acondicionar el cuarto de Adán y ya estará todo listo —dice alguien.
—¿Quién es ella? —pregunto, con la voz entrecortada por los celos.
—Oh, ella es Moly. No te preocupes, vendrá cuatro veces por semana. Se encarga del cuidado personal y la fisioterapia de Adán.
¿Por qué tiene que ser una mujer joven y bonita la que se encargue de su cuidado personal? Es algo que no termino de entender y que, inevitablemente, me desagrada profundamente.
—Alondra, no te pongas celosa —interviene Camila— Moly ha sido un gran apoyo para él. Es más que una enfermera, es una amiga y le estoy muy agradecida. Y sobre lo de anoche, tranquila, sé que mi hijo poco a poco te irá aceptando.
—No me preocupo. No pienso presionarlo, le daré todo el espacio que necesite. _ aunque eso me duela profundamente. Aceptar esto. Es aceptar mi castigo por lo sucedido aque día.
—¿Cuándo vuelves al trabajo?
—La próxima semana, aunque haré muchas cosas desde casa. Ya que solo son contratos con personas extranjeras.
—Suena bien, pero tómatelo con calma. Adán es un hombre tranquilo, pero si siente que invaden su espacio puede volverse algo cerrado. Así que no te quedes en casa todo el tiempo.
—Lo sé. Haré todo lo posible por ganarme su cariño y su confianza, aunque eso signifique que no pasemos mucho tiempo juntos al principio.
—Te lo agradezco, hija. De verdad eres muy comprensiva.
Me duele en el alma ver cómo Adán ríe y conversa con Moly con esa naturalidad que yo anhelo. Antes, esa complicidad era nuestra. Compartíamos secretos, risas y lágrimas. Momentos que me ayudaron a sobrevivir todos estos años.
Pero lo que más me destroza es pensar que, tal vez, ella sea la dueña de su corazón. Era ilógico pensar que Adán no se habría enamorado en todo este tiempo. Al fin y al cabo, él lo olvidó todo... y esos recuerdos mágicos que tanto amo, ahora solo viven en mi memoria.