Ella renace en una novela que vio en su vida pasada, hará todo hasta lo imposible por cambiar su destino y no vivir atrás de un hombre que en cualquier oportunidad la traiciona. El interés amoroso de la protagonista en la novela será para ella la Villana no tan Villana…
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20. de compras…
A la mañana siguiente despierto a eso de las diez am; siento todo el cuerpo dolerme, recuerdos vagos de la noche anterior vienen a mi mente.
Sí que es todo un semental; no me dejó ni descansar en toda la madrugada. Gracias a los dioses que la fiesta no había terminado; si no, seguro mi hermano nos cacharía en las andadas.
Me muevo un poco tratando de acostumbrarme al dolor; antes de que pueda levantarme, siento un brazo alrededor de mi cintura.
—No te muevas, aún es temprano —murmura Aless adormitado.
—Ni tan temprano, es casi mediodía —digo mirando el reloj de la mesita.
Él abre los ojos, acostumbrándose a la luz del día; sin decir nada, se levanta y va al baño. Yo me quedo sentada esperando que salga. No pasaron ni dos minutos cuando salió y me cargó en sus fuertes brazos. Al entrar al baño, noto que la bañera está llena de agua con espuma; con mucha delicadeza me coloco dentro del agua.
—Gracias —digo sintiendo cómo el dolor va desapareciendo por el agua tibia.
—No hay de qué —Entra a la bañera y me ayuda a lavar mi cabello.
Después de bañarnos, Alessandro se coloca la misma ropa y sale de mi habitación con mucho cuidado para no ser visto por alguien.
—Quién diría que así se siente ser infiel —susurró para mí misma mientras me tiraba a la cama con una sonrisa.
Jajaja... Se escucha por la habitación: Ginebra rueda por la cama feliz como lombriz de haber hecho algo que la original jamás se atrevería a hacer, y a alguien le deben de estar saliendo unos cachitos bien europeos.
—Este será el inicio de tu derrota, Leonardo Villanueva —sonrió mirándome al espejo.
Al estar lista, salgo de la habitación; al bajar, me doy cuenta de que no hay ni basura; parece que los meseros se encargaron de eso. Entró a la cocina y decidió preparar el desayuno, que vendría siendo almuerzo, pero antes que se me olvide, me tomo la pastilla para el dolor de cuerpo; no quiero que me vean convaleciente y me pregunten por qué estoy así.
Como todos estamos cansados por la noche de anoche, nadie ha salido de casa; yo estoy recostada en el sofá disfrutando de una película. Al rato entran mi hermano y Alessandro con unas bebidas.
—Se los agradezco, chicos —digo tomando una bebida.
—Sé que mañana te vas, así que con tu hermano hemos planeado llevarme de compras —dice Alessandro.
—Pero ya es tarde —dijo mirando que mi teléfono ya marca las 3 p. m.
—Lo es, pero es una orden —dice riendo mientras se para como coronel de la marina.
—Bien, vamos —digo, pero antes subo a mi habitación a buscar mi bolso.
Media hora más tarde entramos al mall; Dante camina a mi derecha y Aless a mi izquierda. Cualquiera que los vea pensará que son mis guardaespaldas.
Entramos a la boutique de Dior, las encargadas nos saludan muy amablemente; incluso algunas sonríen coqueteando con los dos guardaespaldas míos, jaja.
—Sean bienvenidos —dice la encargada guiándonos a una sala exclusiva.
Mi mirada se posa en los perfumes, justo lo que estaba buscando. Una de las encargadas saca varias muestras y me las da para que pueda escoger el olor que me gusta.
—Quiero este y ese —dijo señalando el de vainilla y el de Miss Dior.
La encargada sonríe y los coloca en una bolsita para no perderlos; Alessandro me llama para que vaya con él y lo veo observando tacones.
—¿Qué te parecen estos? —señala unos tacones negros con suela roja y, de conjunto, unas chinelas de hombre con suela roja igual.
—Son muy lindos —digo sonriendo.
Le pide a la encargada que los empaque así como están, con que ya estamos en andar conjuntos; a juego interesante, me gusta.
Mi hermano solo se nos queda viendo, entrecierra los ojos analizando lo que está pasando entre nosotros, luego sonríe negando con la cabeza; tal parece que su plan ha dado frutos.
—Como que muy juntitos no —bromea al acercarse a nosotros.
Parpadeo un par de veces negando con la cabeza; parece que ya nos han descubierto.
—No se preocupen, no diré nada —Levanta las manos en señal de paz.
Alessandro asiente mientras le pasa la tarjeta a la dependienta, quien sonríe al haber hecho tantas ventas en menos de tres horas.
—Muchas gracias por sus compras —sonríe poniendo más de quince bolsas enfrente de nosotros.
Cuando iba a tomar unas para llevarlas, Alessandro y Dante se apresuran a tomarlas.
Niego con la cabeza, comenzando a caminar, siendo seguidas por los dos guardias, pero las cosas no terminan ahí; ya entramos a otras dos tiendas, en especial mi favorita, porque me encantan sus perfumes que huelen a cielo puro.
Al llegar a casa nos dejamos caer en los sofás; hacer compras es muy cansado. A como puedo, voy a la cocina, hago un pedido de comida a un restaurante cercano; no pasa media hora cuando la comida ya ha llegado.
—Muero de hambre —menciona mi hermano sacando los platos de las bolsas.
—Ni que lo digas —le sigue Alessandro, comenzando a comer.
—Se van a enfermar por comer tan deprisa —dijo bebiendo un poco del jugo de tamarindo.
Ellos se sientan y comienzan a comer más despacio. Quien los viera en las tiendas, parecían mis guardaespaldas cargando montones de bolsas y ahora parecen dos gatitos devorando la comida. Sonrío al ver la escena ante mis ojos.
Esto es vida, no como que me espera cuando llegue a la empresa; mejor no sigo pensando en eso o me dará algo antes de que llegue.
Después de comer, subo a mi habitación para comenzar a empacar las cosas. Gracias a los dioses que compré dos maletas grandes hace una semana; si no, ni me caben las cosas. En una de las maletas guardo seis paquetes que son para mis tres mejores amigos.
—¿Cómo va todo? —pregunta Alessandro entrando a mi habitación, que estaba entreabierta.
—Muy bien, ya terminé de empacar todo —digo viendo las tres maletas grandes y la de mano.
Se acerca a mí y me entrega una pequeña caja; al abrirla, observo un collar con una piedra preciosa color verde. Le doy las gracias con un beso tierno.