“Mi amor: El guachimán” es una historia de amor intensa entre un humilde guachimán (guardia de seguridad) y una joven millonaria que vive rodeada de lujos pero se siente vacía y sola.
A pesar de venir de mundos totalmente distintos, ambos se enamoran profundamente. Sin embargo, la madre de la chica se opone a la relación y hace todo lo posible para separarlos, creyendo que él no es digno de su hija.
Con el tiempo, el amor entre ellos se vuelve más fuerte y deciden luchar por estar juntos. Cuando finalmente llega el día de su boda, todo cambia drásticamente: ocurre un ataque inesperado y la chica termina herida al protegerlo a él, lo que provoca que pierda la memoria.
Desde ese momento, ella ya no lo recuerda. Él, roto por el dolor pero lleno de amor, hace todo lo posible por ayudarla a recuperar sus recuerdos y volver a enamorarla, demostrando que su amor puede resistir incluso la tragedia y el olvido.
NovelToon tiene autorización de Yulexi De Fernández para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 1,7: ¿Quieres ser mi novia?
Narra Ángel Pacheco
Al día siguiente prácticamente no había dormido nada.
Toda la noche me la pasé pensando en Sabrina.
En su risa.
En su voz.
En la manera en que molestaba.
En cómo me hacía sentir tranquilo incluso después de los días más difíciles de mi vida.
Ya no podía ocultarlo más.
Estaba tragado.
Pero tragado horrible.
Y mientras más pasaban los días hablando con ella, más claro tenía algo:
yo no quería que fuera solamente “la pelada con la que hablo”.
No.
Yo quería algo serio con ella.
Esa mañana estaba sentado en la mesa desayunando con mi mamá, Yurani y la pequeña Meleydis. Había pan, huevos y café caliente, pero yo ni pendiente de la comida.
Solo miraba el celular sonriendo como bobo.
Porque obviamente estaba hablando con Sabrina.
Mi mamá me miró varias veces hasta que ya no aguantó más.
—Ángel, deje ese teléfono y póngase a comer.
Yo levanté la mirada rápido.
—Ya mamá, está bien.
Pero apenas ella volvió a mirar su taza de café, yo agarré otra vez el celular.
Yurani empezó a reírse.
—Ay no, este man sí está enamorado.
—Cállese —le respondí.
Ella siguió molestando.
—Mamá, mire la sonrisa de idiota que tiene.
Mi mamá soltó una pequeña risa.
—Déjelo quieto… por lo menos volvió a sonreír.
Eso me dejó callado un segundo.
Porque era verdad.
Después del terremoto yo sentía que la vida me había apagado.
Y Sabrina poco a poco me estaba devolviendo algo que había perdido.
Volví a mirar el chat.
Sabrina 💜:
¿Y sí desayunó o sigue pegado al celular?
Yo me reí.
Ángel 💬:
Literal mi mamá me acaba de regañar por eso.
Ella respondió rápido.
Sabrina 💜:
JAJAJAJA yo sabía.
Ángel 💬:
Pero es culpa suya.
Sabrina 💜:
¿Mía por qué?
Ángel 💬:
Porque me tiene distraído.
Ella mandó un emoji tapándose la cara.
Nojoda.
Cada vez que ella hacía eso yo sonreía más.
Después de desayunar me fui al cuarto porque ya sentía demasiada bulla con Yurani molestando.
Me tiré en el colchón mirando el techo mientras seguíamos hablando.
Ángel 💬:
¿Qué va hacer hoy?
Sabrina 💜:
Tengo clases hasta el mediodía y después nada.
Yo pensé unos segundos.
Quería verla.
Pero también quería hacer algo más.
Algo que llevaba días pensando.
Respiré profundo.
Ángel 💬:
¿Y si salimos hoy?
Ella respondió casi enseguida.
Sabrina 💜:
¿Otra vez?
Ángel 💬:
¿No quiere?
Sabrina 💜:
Sí quiero bobo.
Yo sonreí de una vez.
Ángel 💬:
Entonces paso por usted.
Sabrina 💜:
Bueno 💜
Ese corazón morado ya me estaba afectando demasiado.
Pasé toda la mañana nervioso.
Y eso que yo no era así.
Pero Sabrina me ponía diferente.
Cuando llegó la tarde me arreglé sencillo pero bien. Gregorio me veía muerto de risa.
—Nojoda, pareciera que fueras pa’ matrimonio.
Yo le lancé una almohada.
—Cállese.
Él seguía riéndose.
—El enamorado.
Yo no respondí porque era verdad.
Fui a buscarla y cuando salió de su casa casi me quedé mirándola como bruto.
Llevaba unos jeans claros y una blusa morada sencilla.
Pero se veía hermosa.
Ella sonrió apenas me vio.
—¿Qué tanto mira?
Yo reaccioné rápido.
—Nada… que usted vino demasiado bonita.
Ella bajó la mirada riéndose.
—Ay cállese.
Terminamos caminando por un malecón tranquilo hablando y molestando como siempre.
Con Sabrina todo se sentía fácil.
Natural.
Nos sentamos en una banca viendo las luces a lo lejos mientras la brisa movía un poco su cabello.
Ella me miró.
—¿Qué tiene hoy?
—¿Por qué?
—Está raro.
Yo respiré profundo.
Ahí estaba el momento.
Y el corazón me estaba latiendo rapidísimo.
La miré unos segundos antes de hablar.
—Sabrina… ¿te puedo decir algo?
Ella se acomodó el cabello detrás de la oreja.
—Sí.
Yo me quedé callado unos segundos buscando las palabras correctas.
—Desde que llegué a Barranquilla todo fue difícil.
Ella me escuchaba seria.
—Extrañaba Santa Marta, mi hermano, mi vida de antes… todo.
Ella bajó un poquito la mirada.
Y yo seguí.
—Pero después apareciste tú.
Ella me miró otra vez.
—Y no sé cómo hiciste… pero empezaste a hacer que mis días fueran mejores.
Sabrina sonrió suave.
Yo sentía los nervios horrible.
Pero seguí hablando.
—Me haces reír, me haces sentir tranquilo y todo el tiempo quiero hablar contigo.
Ella estaba callada escuchándome atentamente.
Yo respiré profundo una vez más.
—Y ya no quiero seguir fingiendo que esto es solo amistad.
Ella se puso nerviosa también.
Yo sonreí un poquito.
—Así que mejor voy directo porque soy costeño y nosotros no damos tanta vuelta.
Eso la hizo reír suave.
Y ahí fue cuando finalmente se lo dije.
—Sabrina… ¿quieres ser mi novia?
El silencio después de eso me estaba matando.
Ella me miró fijamente unos segundos que parecieron eternos.
Y después empezó a sonreír poquito a poquito.
—¿Así de simple me lo iba a pedir?
Yo me reí nervioso.
—Bueno… también puedo arrodillarme si quiere show.
Ella soltó una carcajada.
—No sea bobo.
Yo la miré esperando respuesta.
Y entonces finalmente habló.
—Sí quiero.
Nojoda.
Sentí el corazón explotar de felicidad.
—¿Sí?
Ella asintió riéndose.
—Sí, Ángel.
Yo sonreí como el hombre más feliz del mundo.
Y por primera vez en muchísimo tiempo…
sentí que la vida me estaba dando algo bonito otra vez.