NovelToon NovelToon
Dónde Caen Las Estrellas

Dónde Caen Las Estrellas

Status: En proceso
Genre:Mitos y leyendas / Secuestro y encarcelamiento / Romance / Aventura
Popularitas:219
Nilai: 5
nombre de autor: Beatriz zafra

Rose Walker jamás imaginó que un viaje cambiaría su vida para siempre. Reconocida como una joven guionista en ascenso en California, su sueño finalmente se estaba haciendo realidad cuando fue invitada a Singapur para participar en el rodaje de la película que había escrito durante años. Todo parecía perfecto: el éxito, el reconocimiento y la oportunidad que siempre había esperado. Pero el destino tenía otros planes.

Durante el vuelo, una violenta tormenta provoca un accidente aéreo que termina con el avión estrellándose en una isla desconocida perdida en medio del océano. Rose despierta sola entre restos del avión, rodeada únicamente por selva, montañas y un silencio aterrador. Sin experiencia sobreviviendo lejos de la civilización, deberá aprender a luchar contra el hambre, el miedo y la desesperación mientras intenta mantenerse con vida.

Sin embargo, la isla no está desierta.

Mientras explora el lugar buscando agua y comida, Rose descubre algo imposible: una antigua civilización e

NovelToon tiene autorización de Beatriz zafra para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 17

Aprender junto a los niños de la tribu fue, oficialmente, la experiencia más humillante de toda mi existencia.

Y eso que sobreviví a un accidente aéreo.

Estaba sentada en el suelo rodeada de pequeños que apenas dejaban de mirarme curiosos. Algunos cuchicheaban entre ellos mientras otros seguían observando mi cabello claro como si fuera una criatura mágica.

Lo peor era que…

Todos tenían prácticamente mi misma altura.

Absolutamente todos.

Suspiré derrotada cruzándome de brazos.

—Mi dignidad murió en esta isla.

Obviamente ninguno entendió lo que dije.

Nayara estaba frente a nosotros sosteniendo su bastón mientras explicaba algo sobre tradiciones antiguas de la tribu.

Y honestamente…

Hablaba demasiado.

MUCHÍSIMO.

La anciana parecía capaz de convertir cualquier cosa en una conferencia eterna.

Aproveché que estaba escribiendo símbolos sobre una piedra para acercarme un poco a los niños.

—Oigan… —susurré.

Todos levantaron la vista inmediatamente.

—¿Cómo era Nayara cuando era joven?

Los niños se miraron entre ellos emocionados.

Uno respondió rápidamente.

—¡La gran madre Nayara era muy fuerte!

Otra niña asintió emocionada.

—Ella protegió la tribu hace muchos años.

Fruncí ligeramente el ceño interesada.

—¿Protegió cómo?

Los pequeños empezaron a hablar todos al mismo tiempo.

—Guiaba guerreros.

—Luchó contra otras tribus.

—Salvó muchas personas.

—Era amiga del antiguo líder.

Mi expresión cambió lentamente.

Ah.

Así que la anciana no era solo una señora agresiva con bastón.

Había sido alguien importante de verdad.

Uno de los niños levantó las manos emocionado.

—¡Dicen que derrotó hombres sola!

Parpadeé.

—…Ok, eso sí da miedo.

Sentí entonces una presencia detrás de mí.

Y automáticamente todos los niños guardaron silencio absoluto.

Mala señal.

Giré lentamente la cabeza.

Nayara estaba justo detrás de mí.

Con el bastón levantado.

—Oh no.

¡PAM!

—¡AAAYYY!

¡PAM!

—¡SEÑORA!

¡PAM!

—¡MI CABEZA!

Me agarré el cráneo completamente ofendida mientras los niños intentaban no reírse.

—¡Maldita vieja! ¿¡Acaso me quiere matar o qué?!

Los niños parecían horrorizados por mis palabras.

Lou, que estaba cerca ayudando, literalmente tuvo que girarse para ocultar la risa.

Nayara me miró con absoluta calma.

Demasiada calma.

—Mira, duende… si quisiera matarte, ya estarías muerta hace tiempo.

…Eso sonó peligrosamente sincero.

La anciana suspiró cansada apoyándose en el bastón.

—Además prometí a mi nieto enseñarte. No lo hagas tan difícil.

La observé unos segundos en silencio.

Y por primera vez me pregunté algo seriamente.

¿Por qué Kai insistía tanto en que aprendiera sobre la tribu?

No parecía solo capricho.

Era como si realmente quisiera que perteneciera aquí.

La idea me puso extrañamente nerviosa.

Para distraerme, levanté ligeramente la mano.

—Oye, vieja.

Nayara cerró lentamente los ojos.

—¿Qué te dije sobre llamarme vieja?

—Sí, sí… gran madre aterradora. Lo que sea. Quiero preguntar algo.

Ella suspiró resignada.

—Habla.

Me acomodé un poco más.

—¿Qué historia tiene esta tribu sobre la guerra con otras tribus?

El ambiente cambió inmediatamente.

Los niños guardaron silencio.

Incluso Nayara pareció ponerse seria.

La anciana observó lentamente el horizonte antes de comenzar a hablar.

—Hace muchos siglos… antes de las guerras… cuatro grandes tribus vivían juntas bajo la protección del dios del sol—

Y ahí fue cuando ocurrió.

Mi cabeza cayó lentamente hacia adelante.

Silencio absoluto.

Lou parpadeó.

Los niños se quedaron inmóviles.

Nayara dejó de hablar lentamente.

Yo estaba completamente dormida.

Otra vez.

Un pequeño ronquido escapó incluso de mi boca.

Los niños empezaron a reír bajito.

Lou se tapó rápidamente la cara intentando no hacerlo también.

Nayara permaneció completamente quieta observándome.

El silencio duró unos segundos.

Y entonces…

¡PAM!

El bastón golpeó mi cabeza otra vez.

—¡AAAYYY!

Me desperté sobresaltada agarrándome el cráneo.

—¡¿Qué hice ahora?!

Nayara me observó con absoluta decepción.

—¿Te dormiste mientras contaba la historia sagrada de la tribu?

Parpadeé todavía medio dormida.

—…Tal vez.

¡PAM!

—¡AY!

—¡Eres imposible!

Me dejé caer otra vez sobre el suelo completamente cansada.

—No es mi culpa, hablas como documental de naturaleza.

Lou explotó riéndose.

Y los niños también.

Nayara me miró como si estuviera reconsiderando todas sus decisiones de vida.

Mientras tanto yo seguía sobándome la cabeza pensando una sola cosa.

Definitivamente esa mujer iba a terminar matándome antes que la selva.

Cuando cayó la noche sentí que mi alma abandonaba oficialmente mi cuerpo.

Nunca en mi vida había estado tan agotada mentalmente.

Ni siquiera cuando pasaba días enteros escribiendo guiones sin dormir.

Nayara era peor que cualquier profesor, jefe o editor que hubiera conocido.

Y el bastón…

El maldito bastón seguía persiguiéndome en mis pesadillas.

Entré al templo principal arrastrando los pies mientras varias antorchas iluminaban las enormes columnas de piedra.

El lugar estaba tranquilo comparado con el resto de la aldea.

Aunque no completamente silencioso.

Kai estaba hablando con varios guerreros cerca del centro del templo. Parecía discutir algo importante mientras señalaban mapas dibujados sobre pieles extendidas en una mesa.

Su voz grave resonaba suavemente por la habitación.

Y por un segundo me detuve mirándolo.

La luz del fuego hacía brillar las líneas rojas pintadas sobre su piel y sus ojos dorados parecían todavía más intensos en la oscuridad.

Maldita sea.

Ese hombre tenía derecho legal a dejar de verse tan bien.

Kai levantó la vista de repente.

Y automáticamente me encontró entre todo el templo.

Sus ojos cambiaron apenas me vio.

Se suavizaron.

El corazón me dio un pequeño salto incómodo.

Kai dijo algo corto a los hombres y se alejó de ellos caminando directamente hacia mí.

Naru apareció detrás suyo como una sombra negra gigantesca.

Perfecto.

Los dos acosadores oficiales de mi vida.

Kai se detuvo frente a mí observándome de arriba abajo.

—Pareces cansada.

Lo miré completamente ofendida.

—¿Cansada? Kai, tu abuela intentó asesinarme psicológica y físicamente todo el día.

Vi una pequeña sonrisa aparecer apenas en una esquina de su boca.

—¿Qué tal te fue con mi abuela?

Solté una carcajada incrédula.

—¿Cómo puedes llamar “abuela” a esa señora loca?

Kai levantó una ceja.

—Rose…

—No es por ofender pero esa mujer me dejará sin cabeza algún día con su bastón.

Kai finalmente soltó una pequeña risa baja.

Y honestamente eso solo me dio más confianza para seguir quejándome.

—Hablo en serio. Creo que ya tengo daño cerebral.

Me acerqué un poco señalando mi cabeza dramáticamente.

—Mira esto. Tengo mínimo tres chichones nuevos.

Kai observó mi cabello unos segundos como si realmente estuviera comprobándolo.

Y entonces…

Su mano subió lentamente hasta mi cabeza.

Mi respiración se detuvo.

Sus dedos apartaron suavemente algunos mechones mientras revisaba el golpe con demasiada tranquilidad.

Yo me quedé completamente inmóvil.

Maldita sea.

—Te golpeó fuerte —murmuró.

—¡OBVIAMENTE!

Kai soltó otra pequeña risa.

Y sinceramente… me gustaba demasiado escucharlo reír.

Eso era un problema.

—Una pregunta importante —dije rápidamente para distraerme—. ¿De qué está hecho ese bastón? Porque claramente no es madera normal.

Kai cruzó ligeramente los brazos.

—Hueso de criatura marina.

Parpadeé.

—…¿Qué?

—Mi abuelo lo consiguió hace muchos años.

Lo miré horrorizada.

—¿Me estás diciendo que esa señora me pega con huesos?

Kai parecía demasiado tranquilo con esa información.

—Ahora entiendo por qué duele tanto…

Naru se acercó lentamente a mi lado mientras yo seguía quejándome de mi sufrimiento.

El enorme puma apoyó la cabeza cerca de mi brazo y me observó tranquilamente.

Suspiré cansada.

—Hasta tu gato gigante me trata mejor que tu abuela.

Kai frunció ligeramente el ceño.

—Naru no es un gato.

—Claro, claro. Un demonio peludo tamaño asesino.

Naru soltó un pequeño gruñido ofendido.

Kai negó suavemente con la cabeza.

Y entonces me miró otra vez.

Más serio esta vez.

—Mi abuela no te enseña por obligación.

Fruncí ligeramente el ceño.

—Pues no lo demuestra mucho.

Kai guardó silencio unos segundos antes de hablar.

—Nayara jamás pierde tiempo con alguien que considera inútil.

Eso me tomó desprevenida.

Lo observé en silencio.

—¿Eso era un cumplido raro?

—De parte de ella… sí.

No pude evitar soltar una pequeña risa cansada.

Kai seguía mirándome fijamente.

Y entonces preguntó algo que hizo que mi corazón se calmara un poco.

—¿Te arrepientes de quedarte aquí?

El templo quedó silencioso.

Las antorchas crepitaban suavemente alrededor de nosotros.

Y por primera vez desde que llegué a la isla… no supe qué responder.

Porque la verdad era complicada.

Extrañaba mi hogar.

Mi vida.

Todo.

Pero cuando imaginaba irme…

Extrañamente…

También imaginaba dejar atrás a Kai.

Seguía pensando en la pregunta de Kai.

“¿Te arrepientes de quedarte aquí?”

Y honestamente… mi cerebro todavía estaba intentando procesar por qué esa pregunta me había afectado tanto.

El silencio entre nosotros se volvió extrañamente tranquilo.

Hasta que una voz conocida destruyó completamente el momento.

—¿Acaso estás coqueteando con mi nieto?

Me giré inmediatamente.

Nayara acababa de entrar al templo junto a Lou.

La anciana nos observaba con los brazos cruzados y una expresión de absoluto juicio ancestral.

Abrí los ojos horrorizada.

—¿QUÉ?

Kai cerró lentamente los ojos como si ya supiera exactamente hacia dónde iba esa conversación.

Lou ya estaba intentando no reírse.

Yo señalé mi propia cara completamente indignada.

—¿Acaso tengo cara de coqueta o qué?

Nayara me observó de arriba abajo.

Muy lentamente.

Y luego respondió con total tranquilidad:

—No.

Parpadeé.

Ah.

Bueno.

Gracias… supongo.

Pero entonces continuó.

—Porque de atractiva no tienes nada.

Silencio absoluto.

Kai levantó lentamente la vista hacia su abuela.

Lou literalmente se tapó la boca.

Y Nayara todavía no había terminado.

—Solo tienes tamaño de duende y caminas como pato chueco.

Lou explotó riéndose.

COMPLETAMENTE.

Tuvo que agarrarse una columna del templo porque casi se caía de la risa.

La miré traicionada.

—¡Lou!

Ella apenas podía respirar.

—¡Lo siento! ¡Pero lo del pato fue muy específico!

Me giré indignada hacia Nayara.

—¡YO NO CAMINO COMO PATO!

La anciana levantó el bastón señalándome.

—Ahí vas otra vez. Mira esos pasos cortitos.

—¡SON PASOS NORMALES!

—Pareces ave confundida.

Kai finalmente habló.

—Abuela, basta.

Nayara inmediatamente cambió de expresión.

Fue tan rápido que sinceramente daba miedo.

La anciana puso cara de absoluta inocencia mientras llevaba una mano dramáticamente al pecho.

—Ay… mi nieto… ¿estás bien?

Kai la miró completamente inexpresivo.

—Estoy perfectamente.

Nayara se acercó un poco más a él ignorándome descaradamente.

—¿Ese duende no te hizo nada malo?

Abrí la boca indignada.

—¡SEÑORA!

—Mira cómo grita. Salvaje además.

Sentí una vena explotarme mentalmente.

—¡Te voy a—!

Intenté avanzar hacia ella.

Pero antes de que pudiera hacer absolutamente nada…

Lou me levantó del suelo.

Literalmente.

—¡LOU! ¡BÁJAME!

Lou me estaba cargando como si fuera una niña pequeña mientras se reía.

Y ODIABA que pudiera hacerlo tan fácilmente.

—No. Ya sé esa mirada, Rose. No puedes atacar a la abuela del líder.

Pataleé indignada en el aire.

—¡Ella empezó!

Nayara me observó completamente tranquila.

—Qué temperamento tan feo.

—¡Y usted parece demonio con bastón!

Kai soltó una pequeña risa baja.

TRAIDOR.

Giré inmediatamente hacia él.

—¡No te rías! ¡Tu abuela me está humillando!

Kai cruzó ligeramente los brazos mientras intentaba claramente contener otra sonrisa.

—Tú también la insultas.

—¡Porque ella me provoca!

Nayara asintió satisfecha.

—Correcto.

—¡NO ME DES LA RAZÓN AHORA!

Lou seguía cargándome mientras prácticamente lloraba de la risa.

Naru, acostado cerca de Kai, observaba toda la escena con total calma.

Como si esto fuera entretenimiento nocturno normal.

La anciana empezó entonces a caminar lentamente hacia mí apoyándose en el bastón.

—Escucha, niña.

—No soy una niña.

Nayara ignoró mi interrupción.

—Mi nieto es el líder de esta tribu.

—Sí, eso lo repiten cada cinco minutos aquí.

—Debe tener una compañera fuerte. Inteligente. Elegante.

La miré entrecerrando los ojos.

—¿Y?

Ella me señaló con el bastón.

—Y tú pareces una fruta caída que sobrevivió de milagro.

Lou casi me deja caer de tanto reírse.

—¡LOU!

—¡Lo siento, lo siento!

Kai finalmente caminó hacia nosotras.

Y apenas estuvo cerca…

Lou me soltó rápidamente como si acabara de recordar que Kai existía.

Caí mal acomodada sobre mis pies.

—Ow.

Kai me sostuvo suavemente del brazo antes de que tropezara.

Nayara observó eso inmediatamente.

Y entrecerró los ojos.

Peligro.

Mucho peligro.

La anciana suspiró dramáticamente.

—Míralo. Ya te sostiene para que no caigas.

Kai la ignoró completamente.

Yo aparté rápidamente el brazo intentando no parecer nerviosa.

—Puedo caminar sola.

Nayara soltó un pequeño “hm” claramente poco convencida.

Luego volvió a mirarme.

Y sonrió.

Esa sonrisa daba miedo.

—Niña, prepárate.

Fruncí el ceño.

—¿Para qué?

La anciana golpeó el suelo con el bastón.

—Mañana por la mañana iremos a la selva.

Sentí inmediatamente malas vibras.

—No me gusta cómo sonó eso.

—Voy a enseñarte algo importante.

La miré completamente fastidiada.

—¿No puede enseñarme alguien menos violento?

—No.

—¿Lou?

Lou levantó inmediatamente las manos.

—Yo no entro en discusiones entre ustedes dos.

Traicionada otra vez.

Nayara sonrió satisfecha.

—Descansa bien, duende.

La señalé inmediatamente.

—¡Deje de llamarme así!

—Entonces crece un poco.

Lou volvió a doblarse de la risa.

Y sinceramente…

Empezaba a sospechar que toda esta tribu disfrutaba demasiado viendo mi sufrimiento.

1
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play