Liam, heredero de un vasto imperio empresarial, se siente asfixiado por las expectativas de sus padres. Su vida da un giro inesperado al conocer a Elara, una empresaria brillante y enigmática que dirige su propia marca de diseño. Lo que comienza como una atracción instantánea se convierte en un profundo amor, avivado por la extraña familiaridad que sienten el uno por el otro.
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Capítulo 17
El día más esperado llegó con la intensidad dramática que solo un nacimiento puede traer. Elara había entrado en trabajo de parto en la tranquilidad de la noche, y Liam, con una mezcla de pánico y emoción, la llevó al hospital en su coche de alta gama, que parecía volar por las calles vacías.
Las contracciones, al principio espaciadas, se volvieron más frecuentes e intensas, pero Elara, con la misma fuerza indomable de la Reina Lyra, enfrentó el dolor con una determinación impresionante.
Liam estuvo a su lado en todo momento, sosteniendo su mano, susurrando palabras de aliento, reviviendo en su mente los relatos de partos reales en Eldoria, sintiendo una conexión aún más profunda con su pasado.
Horas de esfuerzo, de respiraciones profundas y de la mano de Liam apretada con fuerza, culminaron en el grito más hermoso que jamás habían escuchado. "Es una niña", anunció la doctora, y el primer bebé fue puesto en el pecho de Elara.
Una pequeña criatura con una cabellera rubia dorada, como la de su madre, y los mismos ojos azules que apenas se abrían, como un pequeño milagro. Elara, agotada pero radiante, besó la frente de su hija, las lágrimas brotando sin control.
Pero el trabajo no había terminado. "Todavía queda otro", recordó la doctora. Liam, con una nueva ola de emoción, se mantuvo firme al lado de Elara, su fuerza mutua una corriente palpable en la sala de partos. Poco después, un segundo llanto llenó la habitación. "Y es un niño", dijo la doctora, presentándoles a su segundo milagro.
Esta vez, un pequeño con una mata de cabello cenizo que recordaba el de Liam y unos ojos que aún no mostraban su color definitivo, pero que prometían ser tan profundos como los de su padre.
Liam y Elara se miraron, sus corazones desbordados de amor y gratitud.
Dos pequeños seres, una niña y un niño, los herederos de su amor eterno. Sus nombres vinieron a ellos con una naturalidad asombrosa: Lyra para la niña, en honor a la reina ancestral y a la fortaleza de su madre; y Aelric para el niño, llevando el nombre del rey y del hombre que siempre había sido el alma gemela de Elara.
La noticia del nacimiento de los mellizos Lyra y Aelric fue celebrada con alegría por sus familias y amigos.
Sofía y David llegaron al hospital cargados de regalos, sus ojos brillaban al ver a los pequeños. Marco y Julian, con un oso de peluche gigante para cada bebé, derramaron lágrimas de felicidad.
Lord Edward y Lady Elizabeth no pudieron contener su orgullo, sosteniendo a sus pequeños nietos con una ternura que rara vez mostraban al mundo.
La primera noche en casa con los mellizos fue un torbellino de emociones, agotamiento y amor puro. La mansión, que antes resonaba con su propia tranquilidad, ahora estaba llena de los suaves arrullos y los pequeños gemidos de los recién nacidos.
Liam y Elara se turnaban en la atención a sus bebés, cambiando pañales, alimentando y acunando a sus pequeños Aelric y Lyra.
Liam sostuvo a su hijo, Aelric junior, en sus brazos, sus dedos grandes acariciando la pequeña mejilla del bebé.
"Nunca pensé que sentiría algo así", susurró a Elara, que estaba acunando a su hija Lyra.
Elara sonrió, sus ojos azules fijos en su pequeña princesa. "Es un amor que va más allá de todo lo que conocemos, mi Aelric. Es la culminación de nuestro viaje, la promesa de nuestro amor eterno hecha realidad".
La noche de pasión, en este caso, fue de una naturaleza diferente. No fue la euforia de la boda, sino la profunda intimidad de dos padres que compartían el milagro de la creación. Agotados, sí, pero con sus corazones desbordados. Después de alimentar a los bebés y acunarlos hasta que se durmieron, Liam y Elara se acostaron juntos en su cama, exhaustos pero inmensamente felices. Se miraron, sus manos se buscaron en la oscuridad, un toque suave, una conexión silenciosa.
"Son perfectos", susurró Liam, sus ojos verdes llenos de una devoción que Elara conocía bien.
"Lo son", respondió Elara, acurrucándose contra él. "Y son el comienzo de algo aún más grande, mi rey". Se besaron, un beso tierno y prolongado, un juramento de amor que se renovaba con cada nueva vida que habían traído al mundo. En el silencio de su habitación, con el suave resoplar de sus bebés en las habitaciones contiguas, Liam y Elara sintieron que su viaje, su amor, su reino, había alcanzado una nueva y gloriosa dimensión. Los ecos de Eldoria resonaban no solo en sus corazones, sino en la promesa de las dos pequeñas vidas que ahora compartían su destino.
Te felicito por tan excelente trabajo.
Espero con ansia leer más obras como la tuya .
Desde Bogotá, Colombia un cordial abrazo. /Good/