Elena una chica humana, se ve atrapada entre dos alfas: Kael, Príncipe de los lobos de Luna Plateada, y Roran, Alfa Supremo de la manada de Ceniza que todos daban por muerta/extinta. Ambos la reclaman, se enfrentan por ella, pero Elena se niega a elegir.
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capitulo 15
...El Año de los Problemas Chicos...
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El segundo año de los gemelos no trajo guerras.
Trajo cosas peores: preguntas a las 3 a.m., pintura en las paredes y la palabra “no” dicha 200 veces al día.
Elena lo llamó “el año de los problemas chicos”.
Kael lo llamó “sobrevivir”.
Roran lo llamó “martes”.
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Mes 1-3: La etapa de “yo solo”
Lira y Kael Jr. decidieron que ya no necesitaban ayuda para nada.
Mentira. Necesitaban ayuda para todo.
Pero eso no les importaba.
Lira se vestía sola. Se ponía la bota en la mano y el guante en el pie.
Kael Jr. intentaba comer solo. Terminaba con más comida en el pelo que en la boca.
Elena dejó de corregirlos.
“Si quieren aprender, que se equivoquen”, dijo.
Kael asintió. “Mientras no se equivoquen con el fuego”.
Roran puso un balde de agua cerca por si acaso.
La peor parte fue el baño.
A los gemelos les dio por bañarse solos.
El resultado: agua en todo el piso, jabón en el techo, y Lira con el pelo azul porque encontró tinta.
Nadie supo cómo llegó ahí la tinta.
Roran limpió 2 horas.
Kael se rió hasta que le dolió el estómago.
Elena tomó fotos. “Para cuando tengan 18 y digan que nunca hicieron nada malo”.
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Mes 4-6: La escuela del refugio
A los 2 años y medio, los gemelos entraron a la escuela pequeña del refugio.
No era obligatoria. Era 3 horas al día, para que jugaran con otros niños y dejaran a los papás respirar.
El primer día fue caótico.
Lira lloró 10 minutos. Luego se hizo amiga de todos.
Kael Jr. no lloró. Se sentó en una esquina y observó. A las 2 horas ya mandaba en el grupo.
La maestra, Mara Jr., venía a casa cada semana con historias.
“Hoy Lira organizó un juego. Ella era la reina. Todos los demás tenían que hacerle caso”.
“Hoy Kael Jr. construyó una torre de bloques más alta que él. Luego la tiró y dijo ‘otra vez’”.
Elena se reía.
Kael decía: “Sale a ti”.
Roran decía: “Sale a los dos”.
El problema llegó cuando los gemelos empezaron a pelear por los juguetes.
No entre ellos. Con los demás niños.
Kael Jr. no compartía. Lira sí, pero solo si le daban algo a cambio.
Elena tuvo que ir a hablar con la maestra.
“Es normal”, dijo Mara Jr. “Están aprendiendo límites”.
Elena asintió. “Pues pónganle límites antes de que me llamen otra vez”.
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Mes 7-9: El viaje al norte y al este
Los viajes mensuales no pararon.
Pero ahora los gemelos participaban más.
En el norte, Lira ayudaba a repartir pan en el taller.
Kael Jr. se sentaba con los niños grandes a ver cómo tallaban madera.
No hacía nada. Solo miraba. Pero se sentía importante.
En el este, Roran los llevaba a la ruta comercial.
Lira le daba manzanas a los mercaderes.
Kael Jr. intentaba contar las monedas. No podía, pero lo intentaba.
La gente los quería.
No por ser hijos de la Luna.
Por ser ellos.
Una noche, en el este, un mercader viejo se acercó a Roran.
“Esos niños van a cambiar esto más que nosotros”, dijo.
Roran asintió. “Espero que para bien”.
“Lo harán”, dijo el viejo. “Porque los crían tres”.
Roran no respondió.
Pero le mandó el mensaje a Elena por el vínculo.
Ella sonrió sola en su cama.
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Mes 10-12: La gran fuga
A los 3 años, los gemelos descubrieron que podían abrir la puerta del patio.
La manija estaba baja. Error de carpintería.
Una mañana, Elena se despertó y las cunas estaban vacías.
El pánico le duró 5 segundos.
Luego sintió el vínculo: calma, risa, tierra mojada.
Salió corriendo al huerto.
Ahí estaban.
Lira con barro hasta las rodillas.
Kael Jr. con un gusano en la mano.
Y los dos riéndose como si hubieran ganado una guerra.
Elena no se enojó.
Se sentó en el barro con ellos.
“Si van a fugarse, avisen”, dijo.
Lira le dio un gusano.
Elena lo aceptó.
Kael y Roran llegaron 2 minutos después, pálidos.
Se quedaron mudos al ver la escena.
Ese día pusieron una cerradura más alta.
Los gemelos tardaron una semana en aprender a treparla.
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El cambio en los tres
Ser papás de niños de 3 años cambió a los tres.
No de golpe. Poco a poco.
Kael dejó de entrenar a las 4 a.m.
Ahora entrenaba a las 6 a.m., después de dejar a los gemelos en la escuela.
Decía que no tenía sentido romper el cuerpo si no podía levantar a Lira sin quejarse al día siguiente.
Roran dejó de ir a patrullar cada noche.
Iba cada 3 noches.
El resto del tiempo se quedaba a leerle cuentos a Kael Jr., que solo se dormía con su voz.
Elena dejó de trabajar 6 horas.
Volvió a 4 horas.
El consejo no se cayó.
Se dio cuenta de que había criado a la gente bien.
Podían funcionar sin ella.
Una noche, los tres estaban en la cocina, viendo a los gemelos dormir.
“¿Recuerdas cómo era antes?”, preguntó Elena.
Kael asintió. “Guerra. Sangre. Sin dormir por miedo”.
Roran sonrió. “Ahora no dormimos por ellos”.
Elena se rió. “Prefiero esto”.
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El incidente del mercado
A los 3 años y medio, pasó algo que casi termina mal.
Los gemelos fueron al mercado con Roran.
Elena estaba en el consejo. Kael estaba en el norte.
Lira vio un perro callejero.
Salió corriendo detrás.
Kael Jr. fue detrás de ella.
Roran corrió.
Pero un carro de verduras venía rápido.
Elena lo sintió por el vínculo.
Un susto agudo, luego alivio.
Cuando llegó, Roran tenía a Lira en brazos.
Kael Jr. estaba agarrado a su pierna, llorando.
El conductor del carro estaba pálido.
“Están bien”, dijo Roran. “Yo llegué a tiempo”.
Elena abrazó a los dos.
No dijo nada en 2 minutos.
Luego miró a Roran.
“Gracias”.
Roran asintió.
“No vuelven al mercado sin dos adultos”.
Esa noche, Elena no durmió.
Se quedó mirando a los gemelos respirar.
Kael se quedó con ella.
Roran también.
Nadie dijo nada.
No hacía falta.
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El cumpleaños de 4 años
Decidieron hacer algo grande.
No solo el refugio.
Invitaron al norte y al este.
Hubo comida, música, juegos.
Lira organizó una carrera de sacos.
Kael Jr. organizó un concurso de quién hacía la torre más alta.
Ganó él.
Luego tiró todas las torres y dijo “otra vez”.
Elena, Kael y Roran se sentaron en una esquina a mirar.
Los gemelos corrían sucios, felices, rodeados de gente que los quería.
“¿Te acuerdas cuando nacieron?”, preguntó Elena.
Kael asintió. “No dormíamos”.
Roran sonrió. “Todavía no dormimos”.
Elena se rió.
“Pero ahora es diferente. Ahora es por ellos”.
Esa noche, cuando los acostaron, Elena se quedó mirándolos.
“Se hacen grandes muy rápido”.
Kael le tomó la mano.
“Y nosotros nos hacemos viejos muy rápido”.
Roran se rió. “Habla por ti. Yo sigo de 25”.
Elena le tiró una almohada.
Durmieron bien esa noche.
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El cambio en Elena
A los 4 años y medio, Elena empezó a sentirse rara.
Cansancio. Náuseas por las mañanas.
Olor a comida que le daba asco.
No dijo nada.
Pensó que era estrés.
Hasta que un día, Mara la curandera la agarró del brazo después de la reunión.
“¿Cuándo fue tu última regla?”, preguntó.
Elena se quedó callada.
“No me acuerdo”.
Mara sonrió.
“Ven conmigo”.
Una hora después, Elena salió de la sala de curación con la cara blanca.
Kael y Roran la esperaban afuera.
“¿Qué pasó?”, preguntó Kael.
Elena los miró.
“No estoy enferma”.
Roran frunció el ceño. “¿Entonces?”
Elena respiró hondo.
“Estoy embarazada”.
Silencio.
Kael parpadeó.
Roran se quedó quieto.
“¿De quién?”, preguntó Roran.
Elena lo miró.
“Tuyo”.