Con solo 23 años, un joven profesor llegó al colegio con una carpeta llena de sueños y el corazón nervioso por conseguir trabajo. No imaginaba que aquel lugar cambiaría su vida para siempre. Entre pasillos, sonrisas y nuevas oportunidades, conocería a una persona que le enseñaría que el verdadero éxito no solo está en alcanzar metas, sino también en encontrar a alguien con quien compartir cada logro, cada caída y cada felicidad. Lo que comenzó como una simple búsqueda de empleo terminó convirtiéndose en la historia de amor más importante de su vida.
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Capítulo 16: Nervios antes de verlo
No puedo creer que esto esté pasando.
De verdad no puedo.
Hace unos meses yo lloraba pensando que Rafael jamás iba a mirarme de otra forma que no fuera como estudiante. Y ahora resulta que él mismo me escribió primero, me buscó y hasta me invitó a salir.
Todavía me parece mentira.
Y mientras más lo pienso… más nerviosa me pongo.
Porque ya no voy a verlo como “el profe Rafael”.
No.
Ahora voy a verlo como hombre.
Y esa idea me tiene el corazón acelerado horrible.
Estoy parada frente al espejo de mi cuarto con toda la cama llena de ropa.
Literalmente llena.
Hay vestidos, blusas, faldas, jeans, zapatos y hasta ropa que ni me acordaba que tenía guardada.
Pero no sé qué ponerme.
Nada me convence.
Nada.
—“Ay nooo…” murmuré agarrándome la cabeza.
Porque mientras más pienso en la salida… más nerviosa me pongo.
No es una cita cualquiera.
Es con Rafael.
Con el hombre que me gustó durante tanto tiempo.
Y ahora que por fin voy a salir con él… no quiero verme fea.
Agarré un vestido floreado y me lo puse rápido.
Me miré en el espejo.
Di una vuelta.
Hice una cara rara.
—“No… parece vestido pa’ ir a una misa.”
Me lo quité enseguida.
Después agarré unos jeans ajustados con una blusa negra.
Me miré otra vez.
—“Mmm… tampoco.”
Caminé de nuevo hacia la cama frustrada.
—“¿Entonces qué me pongo?”
Mi mamá pasó por el cuarto y apenas vio todo el reguero empezó a reírse.
—“Ave María, ¿qué pasó aquí?”
—“No sé qué ponerme.”
Ella me miró divertida.
—“¿Y pa’ dónde va tan arreglada?”
Sentí calor en la cara enseguida.
—“Voy a salir.”
—“Ajá… ¿y con quién?”
Yo seguía buscando ropa fingiendo tranquilidad.
—“Con alguien.”
Mi mamá soltó una risita.
—“¿Con el muchacho que le gusta?”
Ahí sí sentí más pena todavía.
—“Mamáaa…”
Ella se apoyó en la puerta riéndose.
—“Mija, se le nota en la cara.”
Me dejé caer en la cama frustrada.
—“No sé qué ponerme.”
Mi mamá agarró una falda beige y una blusa blanca que estaban dobladas a un lado.
—“Póngase esto.”
Las miré dudando.
—“¿Sí se verá bonito?”
—“Claro. Se va a ver elegante.”
Agarré la ropa y fui otra vez al espejo.
Me cambié rápido.
Cuando terminé de arreglarme me quedé viendo mi reflejo unos segundos.
Y honestamente…
Sí me gustó.
La falda me hacía ver más madura y la blusa se veía sencilla pero bonita.
Me solté el cabello despacio mientras me miraba al espejo.
Y ahí fue cuando me entraron más nervios.
Porque empecé a imaginarme llegando y viendo a Rafael otra vez después de tanto tiempo.
Seguro estaba más lindo.
Más hombre.
Más interesante.
Ay no.
Me senté en la cama agarrando el celular.
Abrí el chat de Messenger.
Y me quedé viendo nuestra conversación como una boba.
Todavía no podía creer que él fuera el que me buscó primero.
Eso me daba demasiada ilusión.
Porque durante muchísimo tiempo pensé que yo había sido la única sintiendo cosas así.
Lo peor era que ahora él me hablaba distinto.
Ya no como profesor.
Sino más cercano.
Más cariñoso.
Y eso me ponía el corazón a mil.
Me levanté otra vez y me miré al espejo.
—“¿Será que sí le voy a gustar?”
Porque sí… aunque intentara verme segura, todavía tenía miedo.
Miedo de que en persona las cosas fueran raras.
Miedo de que él cambiara de opinión.
Miedo de ilusionarme demasiado.
Pero después me acordé de los mensajes que me mandó.
“Te ves demasiado bonita.”
“Ahora me puso más nervioso pa’ la salida.”
“No sabes las ganas que tengo de verte.”
Y ahí sentí otra vez esas maripositas horribles en el estómago.
Agarré el celular y pensé:
“¿Le mando foto?”
Y apenas pensé eso sentí pena enseguida.
—“Ay no… qué vergüenza.”
Pero después me acordé que él también me había mandado una foto hacía rato.
Abrí el chat y volví a verla.
Rafael estaba usando una camisa negra pegadita y un reloj plateado.
Parce…
Se veía demasiado lindo.
Demasiado.
Y ahí sí sentí que el corazón casi se me salía.
Porque nunca antes lo había visto así.
Siempre lo veía con ropa formal de profesor.
Pero ahora estaba diferente.
Más relajado.
Más atractivo.
Más hombre.
Me tapé la cara con las manos.
—“Ay Dios mío…”
No podía creer que iba a salir con él.
Con Rafael.
Entonces respiré profundo y decidí tomarme una foto.
La primera no me gustó.
La borré.
La segunda tampoco.
—“Nooo, parezco rara.”
Volví a tomar otra.
La miré.
Y esta vez sí me gustó.
Me veía bonita.
Natural.
Duré como dos minutos viendo el botón de enviar.
Hasta que cerré los ojos y la mandé.
Y apenas la envié tiré el celular en la cama.
—“¡Ay nooo!”
Me tapé la cara muriéndome de pena.
Pasaron unos segundos eternos.
Hasta que sonó Messenger.
TIN TIN
Agarré el teléfono rápido.
Y ahí estaba el mensaje de Rafael.
Rafael:
Joda… 😍
Sentí que casi me moría.
Literalmente.
Después llegó otro.
TIN TIN
Rafael:
Te ves demasiado hermosa
Me tiré en la cama gritando contra la almohada.
Porque ese hombre jamás me había hablado así.
Jamás.
Y lo peor fue el siguiente mensaje.
TIN TIN
Rafael:
Ahora sí me puse nervioso pa’ verte
Solté una risa nerviosa.
Y respondí rápido:
Entonces estamos iguales porque yo siento que me voy a desmayar cuando lo vea 😂
Él reaccionó con una carita riéndose.
Después escribió:
TIN TIN
Rafael:
No sabes las ganas que tengo de verte
Y ahí me quedé completamente quieta mirando la pantalla.
Porque durante muchísimo tiempo soñé con algo así.
Y ahora finalmente estaba pasando.
Miré otra vez mi reflejo en el espejo.
Y por primera vez en muchísimo tiempo…
Me sentí feliz de verdad.
No como una niña enamorada de su profesor.
Sino como una mujer que por fin iba a salir con el hombre que siempre le movió el corazón.