Al despertar descubre que está casado con otro, con el cual no se lleva muy bien y ahora resulta que es un omega... Joy tendrá que ser valiente y superar los obstáculos.
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—Supongo que te encargaste de los infelices que molestaron a mi omega en el bar, ¿verdad? —preguntó Damon mientras encendía un puro. El humo grisáceo se elevó lentamente mientras observaba por el gran ventanal de su despacho, con la mirada perdida en las luces de la ciudad que tanto le recordaban al brillo en los ojos de Joy.
Su hombre de confianza, Derek, entró en la habitación con paso firme. Sostenía una pequeña caja aterciopelada y unos documentos que parecían quemarle las manos.
—Está hecho, señor —respondió Derek con una frialdad profesional—. Ninguno de esos sujetos volverá a caminar por su cuenta. Lloraron bastante, pero no hubo misericordia.
—Trajiste lo que te pedí, bien hecho —dijo el alfa, ignorando los detalles de la tortura. Abrió la caja y extrajo un hermoso collar de plata blanca. En el centro, un dije con el diseño detallado de una gardenia brillaba con luz propia—. A mi omega le encantará. ¿Ya está activado el rastreador?
—Claro, señor. El GPS está integrado en el dije. Lo puede monitorear desde aquí —le extendió una tableta digital.
Damon observó el punto parpadeante en la pantalla. Una sonrisa oscura, que a Derek le resultó bastante inquietante, se dibujó en su rostro.
—Perfecto. Así siempre sabré dónde estás, pequeño Joy. Ya no habrá más escapadas sin que yo lo sepa —murmuró para sí mismo.
—Señor, hubo más progresos —continuó Derek, entregándole los papeles—. Costó bastante, pero tras mover muchas influencias y gastar una fortuna en informantes, por fin descubrí por qué la señora Smith tiene amenazado a su esposo. Resulta que el señor Joy no es hijo biológico de ella. Es producto de una relación que el señor Patrick tuvo justo antes del matrimonio.
Damon dejó de juguetear con el collar y fijó su atención en los documentos. Sus ojos recorrieron las líneas con avidez.
—Increíble. Eso explica por qué esa mujer lo trata como si fuera basura —leyó el nombre en voz alta—. Sara Meyer. Un nombre bonito para la verdadera madre de mi esposo. Supongo que Joy no tiene ni idea de esto y ellos desean que siga así para mantenerlo bajo control. Pero, ¿por qué ahora ya no tiene miedo de enfrentar a su "madre"? ¿Acaso sospecha algo de sus orígenes?
—Según nuestra fuente dentro de la mansión Smith, él no sabe nada —explicó Derek—. Todo esto fue enterrado hace años con mucho dinero de por medio.
—Ya veo. A la señora Emma le daría un ataque de nervios si la alta sociedad se enterara de que crió al hijo de una amante —Damon guardó los papeles en un cajón con llave—. Guárdame este secreto, Derek. Puede que sea una carta muy útil en el futuro.
Al otro lado de la ciudad, ajeno a las conspiraciones, Joy se encontraba en un estado de actividad frenética. La Galería Breeze estaba a punto de abrir sus puertas para la exposición más importante del mes. Caminaba de un lado a otro, verificando que la iluminación resaltara cada pincelada y que las copas de cristal estuvieran impecables.
—Señor, el ramo de flores para el pintor está listo —le informó Kathy, una joven secretaria omega que siempre estaba dispuesta a ayudar.
—Excelente, Kathy. Por favor, ¿podrías conseguirme una aspirina? —pidió Joy, presionando sus sienes.
—Claro, señor. ¿Se siente mal? Tiene un poco de palidez. Debería ir a que un médico lo revise —sugirió la chica con genuina preocupación.
—No te preocupes, es solo el estrés de los preparativos. Si todo sale bien hoy, prometo que haremos una celebración para todo el personal —dijo Joy dedicándole una sonrisa cálida que hizo que las mejillas de la omega se inflaran de ternura.
—Gracias, señor. Todo saldrá perfecto, no lo dude —respondió ella antes de irse a buscar el medicamento.
Minutos después, el protagonista de la noche hizo su aparición. Cristopher Kurt era un alfa que desbordaba carisma. De buena familia y con una belleza que atraía las miradas, se estaba convirtiendo en una estrella del mundo del arte.
—Bienvenido, señor Kurt. Es un honor que haya elegido nuestra galería para mostrar su talento —dijo Joy estrechando su mano con firmeza profesional.
—El honor es mío, señor Joy Smith —respondió Cristopher. El alfa quedó impactado al instante. Los ojos de Joy, intensos como el fuego, y ese aroma sutil a durazno con notas de gardenia lo dejaron sin palabras por un segundo.
—Lo guiaré por el recorrido principal —ofreció Joy—. Por favor, si desea ajustar algún detalle de último momento, hágamelo saber.
—Así será —dijo Cristopher, ofreciéndole el brazo con elegancia. Joy dudó un segundo, pero pensó que sería descortés rechazar el gesto en un evento tan público, así que lo aceptó.
Mientras caminaban, el alfa no dejaba de observar a Joy más que a sus propios cuadros. La belleza del omega era hipnótica bajo las luces de la galería.
—Si me lo permites, Joy... quiero pedirte un favor personal —soltó Cristopher mientras se detenían frente a un lienzo—. Quiero que seas mi musa para mi próxima colección.
—¿Disculpe? —Joy soltó una risa nerviosa—. Yo jamás podría hacer algo así. No tengo experiencia ni capacidad para posar. Tengo que declinar su oferta, señor Kurt.
—Por favor, piénsalo —insistió el alfa, acercándose un poco más—. Tienes la apariencia de un ángel, pero esos ojos... esos ojos parecen llevarte directo al infierno. Es una combinación que necesito pintar.
Joy estaba realmente sorprendido; nunca nadie le había hablado de esa forma tan directa y artística.
—En verdad debo negarme. No me sentiría cómodo siendo el centro de atención de esa manera. Deberá buscar a otra persona —sentenció Joy con amabilidad pero con firmeza.
—Cielos... Jamás me habían rechazado de una forma tan rotunda —rio Cristopher, aunque se veía algo decepcionado—. Ya sé. Como compensación por haberlo abrumado con mi propuesta, lo invito a cenar mañana. Por favor, no rechace esto también. Véalo como una cena entre socios de negocios.
Joy lo pensó un momento. Mantener una buena relación con un artista de ese calibre era vital para la galería.
—Perfecto. Si es en plan de negocios, acepto la cena de mañana.
—¡Excelente! —el alfa se veía genuinamente feliz, casi radiante.
—Ahora, discúlpeme, señor Kurt. Debo verificar los últimos detalles antes de que entren los críticos. Lo dejo en compañía de mi secretaria, Kathy —se despidió Joy, sintiendo que el dolor de cabeza aumentaba.
El evento fue un éxito rotundo. Las obras se vendieron casi en su totalidad y las críticas fueron muy favorables. Sin embargo, para cuando los últimos invitados se retiraban, Joy se sentía agotado. Quizás el estrés le estaba pasando factura o realmente había pescado un resfriado. Dio las últimas instrucciones para el cierre y se dirigió al estacionamiento, soñando con un baño de agua caliente.
Al llegar a su auto, se llevó una sorpresa. Damon estaba allí, apoyado contra la carrocería, luciendo imponente. El alfa quedó fascinado al ver a Joy; el atuendo sensual que había elegido para la noche resaltaba sus curvas de una manera que Damon nunca había apreciado tanto. Pero en un segundo, la fascinación se convirtió en celos ardientes. La idea de que otros hombres hubieran pasado toda la noche admirando a su omega de esa forma le quemaba la sangre.
"Cálmate, Damon", se repetía internamente. "No hagas un escándalo aquí. Ya tendrás tiempo de encargarte de cualquiera que lo haya mirado demasiado".
—Esposito, no esperaba verte aquí —dijo Joy acercándose con una sonrisa cansada pero brillante.
—Me disculpo, omega. Estaba cerca haciendo una visita y me llevó más tiempo del esperado, así que decidí pasar por ti —mintió Damon con naturalidad.
—Ya qué... vamos en mi auto entonces —dijo Joy, señalando su convertible. Damon no esperó ni un segundo y saltó al asiento del copiloto, reclamando su lugar.
—Derek, puedes retirarte. Que pases buena noche —ordenó Damon a su asistente, que observaba la escena desde el otro auto.
Derek estaba realmente sorprendido por el cambio de actitud de su jefe, pero no se quejó. Al contrario, le alegraba irse temprano; tenía una cita muy especial con el doctor Khalil.
—Es muy tarde, ¿ya cenaste? —preguntó Joy mientras encendía el motor.
—No te preocupes por mí, ya comí algo. Aunque me hubiera encantado cenar contigo —respondió Damon, observando el perfil de Joy bajo las luces del estacionamiento.
—Mmmm, qué esposo tan empalagoso me tocó —bromeó Joy con picardía—. ¿No había alguien más serio disponible?
—Lamento informarte, mi querido omega, que no hay nadie mejor que yo —sentenció Damon con una mirada muy seria pero llena de afecto—. Soy único y exclusivo.
—Vaya... además de empalagoso, resultó ser un egocéntrico —Joy soltó una carcajada cristalina que para Damon fue el sonido más hermoso del mundo.
Damon: LLAMEN AL DACTOIIOR 😭😭👏👏👏