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MI EX ES MI SOBRINO

MI EX ES MI SOBRINO

Status: Terminada
Genre:Traiciones y engaños / Romance / Venganza / Completas
Popularitas:18.1k
Nilai: 5
nombre de autor: Azly colon

Liam la cambió por dinero; ahora tendrá que inclinar la cabeza ante ella si quiere conservarlo. La venganza perfecta ha comenzado.

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capitulo 14

La mañana en la mansión Blackwood siempre tiene un aroma específico: una mezcla de café recién molido, cera para muebles antiguos y ese olor metálico que solo el dinero acumulado por generaciones puede desprender. Me desperté con la sensación de que la seda negra de las sábanas se adhería a mi piel como una advertencia. A mi lado, el espacio estaba vacío, pero el calor de Alexander todavía permanecía en las fibras del colchón.

Me levanté y caminé hacia el ventanal. Nueva York se extendía a mis pies, gris y ambiciosa, reflejando exactamente cómo me sentía por dentro. En el orfanato, solía soñar con tener un par de zapatos que no me apretaran; hoy, tenía un vestidor del tamaño de mi antigua habitación lleno de Manolo Blahniks. Sin embargo, el hambre no se había ido; solo había mutado. Ahora tenía hambre de ver a Liam romperse, pedazo a pedazo, bajo el peso de su propia mediocridad.

La puerta del baño se abrió y Alexander salió envuelto en una densa nube de vapor. Solo llevaba una toalla blanca anudada a la cadera. El agua resbalaba por su pecho, delineando cada músculo y esa cicatriz en su costado que nunca me había explicado. Se detuvo al verme, su mirada recorriéndome con una lentitud que me hizo sentir más desnuda de lo que realmente estaba bajo mi camisón traslúcido.

—Hoy es la gala benéfica de la Fundación Miller —dijo Alexander, su voz resonando en el baño como un trueno distante—. Liam ha solicitado un fondo especial para el vestido de Elena. Al parecer, ella no quiere ser vista con "trapos del año pasado".

Me acerqué a él, mis pies descalzos hundiéndose en la alfombra de lana. El contraste entre el frío de la mañana y el calor que emanaba de su cuerpo era embriagador.

—Ya he revisado la solicitud —respondí, rodeando su cuello con mis brazos. Su piel olía a sándalo y a ese jabón caro que solo él usaba—. He denegado el fondo extra. Les he dicho que usen su asignación mensual. Si Elena quiere un vestido nuevo, Liam tendrá que dejar de pagar las deudas de juego de sus amigos del club.

Alexander sonrió, una sonrisa oscura que solo yo conocía. Sus manos bajaron por mi espalda, apretándome contra él. El contacto de su piel húmeda contra la seda de mi ropa provocó una descarga eléctrica que me recorrió la columna.

—Estás aprendiendo a ser implacable, Luna. Me gusta.

Él se inclinó, su boca buscando la curva de mi cuello, dejando un rastro de fuego que me hizo cerrar los ojos. La sensualidad con Alexander nunca era suave; era una lucha de voluntades, un reconocimiento de que ambos éramos depredadores. Sus dedos se hundieron en mi cabello, tirando levemente hacia atrás para obligarme a mirarlo.

—Esta noche —susurró contra mis labios—, quiero que lleves las esmeraldas que pertenecieron a mi madre. Quiero que todos vean quién es la verdadera reina de esta casa. Especialmente Liam.

Me perdí en su beso, un intercambio de promesas silenciosas y hambre compartida. Alexander no solo me daba estatus; me daba la validación de que mi oscuridad era bienvenida en su mundo. Cuando finalmente nos separamos, mi respiración era errática y mis rodillas flaqueaban.

A mediodía, me encontraba en la biblioteca cuando Liam entró sin llamar. Su rostro estaba rojo de furia y su respiración era pesada. Llevaba una copia de mi denegación presupuestaria en la mano, arrugada como si hubiera intentado destruirla con la fuerza de sus dedos.

—¿Qué es esto, Luna? —gritó, lanzando el papel sobre el escritorio de caoba—. Elena está histérica. No puede ir a la gala con un presupuesto de cinco mil dólares. ¡Cinco mil dólares es lo que gasta su madre en propinas!

Me mantuve sentada, cruzando las piernas con una parsimonia estudiada. El vestido de seda verde que llevaba se abrió ligeramente, mostrando el inicio de mi muslo, pero no hice amago de cubrirme. Disfrutaba viendo cómo su mirada bajaba por un segundo antes de volver a mis ojos con renovado odio.

—Cinco mil dólares es lo que la mayoría de la gente en este país gana en tres meses, Liam —dije, mi voz fluyendo como miel gélida—. Si Elena no sabe comprar con ese presupuesto, quizás debería pedirle consejo a las chicas que trabajan en las tiendas de segunda mano. Ellas saben mucho de elegancia con pocos recursos.

—¡Eres una víbora! —se acercó al escritorio, apoyando las manos sobre él—. Solo haces esto para humillarla porque sabes que ella es todo lo que tú nunca podrás ser. Ella nació para esto. Tú solo eres una intrusa que se ha colado en la cama de mi tío.

Me levanté lentamente, rodeando el escritorio. Me detuve a escasos centímetros de él. Liam era más alto, pero en ese momento, yo lo miraba desde una altura moral que él nunca alcanzaría. El aroma de mi perfume lo envolvió, y vi cómo sus pupilas se dilataban. La tensión entre nosotros siempre había tenido ese componente sucio; un deseo que él intentaba enterrar bajo capas de desprecio.

—Ella nació con un apellido, Liam. Yo nací con garras —puse una mano sobre su pecho, sintiendo el latido desbocado de su corazón—. Te duele verme aquí, ¿verdad? Te duele ver que Alexander me toca con un respeto que tú nunca tuviste por nada ni por nadie. Te duele saber que mientras tú duermes pensando en cómo pagar el próximo capricho de Elena, yo duermo en los brazos del hombre que posee cada centavo que sale de tu bolsillo.

Liam me tomó por las muñecas con una fuerza desesperada. Sus ojos buscaban los míos, una mezcla de rabia y una nostalgia enferma.

—Tú me amabas —susurró, su voz quebrándose—. Podríamos haber tenido esto juntos si hubieras tenido paciencia.

Me eché a reír, una risa clara y cruel que resonó en las paredes de la biblioteca.

—¿Paciencia? Me dejaste en una acera con cien dólares, Liam. No me pidas paciencia, pídeme perdón. Aunque ya es tarde para eso. Ahora, suelta mis manos antes de que llame a seguridad y les diga que el sobrino del señor Blackwood ha perdido los papeles. De nuevo.

Me soltó como si mi piel le quemara. Se dio la vuelta y salió de la habitación, pero antes de cruzar la puerta, le lancé un último dardo:

—Ah, Liam. Dile a Elena que si necesita ayuda con el maquillaje, puedo enviarle a mi esteticista personal. Ella es experta en ocultar rostros pálidos por la envidia.

La gala de la noche fue el escenario de mi triunfo absoluto. Aparecí del brazo de Alexander, envuelta en un vestido de terciopelo azul noche que parecía absorber la luz de los candelabros. Las esmeraldas en mi cuello pesaban, un recordatorio físico de mi nueva posición.

Liam y Elena estaban en una de las mesas laterales. Elena llevaba un vestido rojo, bonito pero claramente inferior a los que solía lucir. Se notaba que había intentado compensar la falta de presupuesto con un maquillaje excesivo que solo resaltaba su inseguridad. Liam no dejaba de beber champán, su mirada fija en nosotros con una intensidad que rozaba la locura.

Durante el baile principal, Alexander me tomó de la cintura con una firmeza que hizo que varias mujeres en la sala suspiraran de envidia. Bailamos en el centro de la pista, un despliegue de poder y química que silenciaba cualquier rumor sobre nuestro matrimonio de conveniencia.

—Mira a tu sobrino —murmuró Alexander contra mi oído—. Está a punto de estallar.

—Déjalo —respondí, apoyando mi cabeza en su hombro—. El espectáculo apenas está comenzando.

En un momento de la noche, me encontré sola cerca del balcón. Liam se acercó, aprovechando que Alexander estaba hablando con unos senadores. Estaba visiblemente ebrio.

—Mírate —dijo, arrastrando las palabras—. Disfrutando de la gloria comprada. ¿A qué sabe, Luna? ¿A qué sabe el sexo con un hombre que podría ser tu padre?

No me inmuté. Tomé un sorbo de mi copa y lo miré con una lástima infinita.

—Sabe a lealtad, Liam. Algo que tú no podrías definir ni con un diccionario delante. Alexander me ve como su igual. Tú me veías como un accesorio que podías cambiar por un modelo más nuevo. El problema es que el modelo nuevo ha salido defectuoso y el viejo... bueno, el viejo ahora es el dueño del concesionario.

Me acerqué a él, bajando la voz para que nadie más pudiera oírnos.

—¿Quieres saber un secreto, Liam? Cada vez que Alexander me hace suya, cada vez que sus manos recorren mi piel en la oscuridad, pienso en ti. Pienso en cómo estarás tú, solo en tu cama, rumiando el hecho de que el hombre al que más temes es el que posee a la única mujer que realmente te quiso. Y eso, querido sobrino, me da más placer que cualquier joya.

Liam levantó la mano, quizás para golpearme o quizás para suplicar, pero Alexander apareció detrás de mí, rodeando mi cintura con un brazo protector. Su sola presencia hizo que Liam diera un paso atrás, tropezando con su propia sombra.

—¿Algún problema, Liam? —preguntó Alexander, su voz cargada de una amenaza latente.

—Ninguno, tío —balbuceó Liam, bajando la cabeza—. Solo... felicitaba a Luna por su excelente elección de joyas.

—Vuelve con tu prometida —ordenó Alexander—. Estás dando un espectáculo lamentable.

Liam se retiró, humillado una vez más. Alexander me miró, sus ojos brillando con un fuego que prometía una noche larga.

—Vámonos de aquí —susurró—. Este lugar ya no tiene nada que ofrecernos.

Regresamos a la mansión bajo la lluvia. En la suite principal, el aire estaba cargado de la adrenalina del triunfo. Alexander me ayudó a quitarme el vestido, sus manos lentas y seguras, como si estuviera despojándome de mi armadura para encontrar a la mujer que había debajo. La sensualidad de esa noche fue diferente; no fue una lucha, fue una celebración. En la penumbra de nuestra habitación, rodeados del lujo que Liam anhelaba y que yo ahora administraba, comprendí que la justicia no era solo verlo caer. Era sentirme viva, deseada y poderosa en los brazos del hombre que lo había hecho posible.

Mientras me perdía en el ritmo de su respiración y el calor de su cuerpo, solo tuve un pensamiento: Liam Vanderbilt acababa de descubrir que el infierno no es un lugar ardiente, sino un balcón frío desde donde ves a los demás ser felices con lo que tú despreciaste.

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Stella Maris Cutuli
Me resulta demasiada venganza y crueldad 😱
Gloria
Tampoco lo encuentro muy necesario, lo que pasa es que ella está dolida por que cuando el no era nadie, ella estuvo hay pasando las verdes y las maduras con el y ahora que el tiene dinero simplemente la desecha como trapo viejo, jajaja 🤣 nosotros no podemos obligar a una persona a quedarse a nuestro lado independientemente si hizo una promesa o no , hoy en día esas promesas son las que más fácil se rompen
🇲🇽Háyme Castelo🇲🇽🇲🇽🇲🇽
EXCELENTE.
Stella Maris Cutuli
Cada capítulo más interesante y cuánto tardarán Luna y Alexander en prenderse fuego ❤️‍🔥❤️‍🔥❤️‍🔥
Stella Maris Cutuli
muy buen comienzo👍👍
Mirla Loyo
me parece ésta venganza bastante absurda 🤷
Mirla Loyo
qué tíos tan fogosos ❤️‍🔥❤️‍🔥 🥵🫠🤣🤣🤣
Mirla Loyo
me parece absurdo ésta venganza...y como está éso de porqué yo?🤷...si ella fué quién lo buscó y le hizo la propuesta?🤦‍♀️
Crismely Vasquez
se enamoró del tío 🤣🤣🤣🤣🤣
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