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BAJO TU SOMBRA

BAJO TU SOMBRA

Status: En proceso
Genre:Amor-odio / Posesivo / Mafia
Popularitas:2.1k
Nilai: 5
nombre de autor: Delenis Valdés Cabrera

Ella era la única testigo. Él, la sentencia de muerte que terminó convirtiéndose en su dueño.
Elena Thomas vivía entre archivos y sombras, convencida de que su invisibilidad era su mayor escudo. Pero una noche, en un callejón donde el aire sabía a hierro y pólvora, vio lo que nadie debía ver: a Viktor Volkov, el heredero más despiadado de la Bratva, ejecutando a sangre fría.
Ella esperaba una bala. En su lugar, recibió unas manos de acero que la arrancaron del suelo y una voz que le prometió un infierno personal. "No te mataré, pequeña", le susurró él al oído, mientras el calor de su cuerpo la envolvía como una trampa de seda. "Pero a partir de hoy, tu nombre, tu cuerpo y hasta tu último suspiro me pertenecen".
Ahora, Elena es la prisionera de oro en una fortaleza de cristal. Viktor es un monstruo que no sabe amar, solo poseer; un hombre que la mira con una mezcla de odio y un deseo que amenaza con quemarlos a ambos.

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capítulo 14

El zumbido electrónico del detonador en manos de Mateo marcaba un ritmo macabro. 60 segundos. Los invitados que aún podían correr huían por las salidas de emergencia, pero para Viktor, Elena y Mateo, el tiempo se había detenido en un triángulo de odio y posesión.

— No tienes opción, hijo de Volkov —siseó Mateo, con el dedo rozando el botón—. Si intentas dispararme, mis hombres activarán las cargas del sótano. La mansión colapsará con todos nosotros dentro. Deja que Elena venga conmigo y te daré el sobre. Salva tu imperio o salva a la chica.

Viktor sentía el pulso de Elena contra su costado. Sus ojos café estaban fijos en él, no con miedo, sino con una intensidad que le quemaba la piel. Por primera vez en su vida, el gigante sintió el peso de una corona que no quería llevar si ella no estaba a su lado.

— Viktor... —susurró Elena, su mano pequeña apretando el brazo de él—. No lo escuches. Si le das lo que quiere, nos matará a ambos de todos modos.

Viktor la miró de reojo. Sus celos por Mateo, ese hombre que pretendía conocerla mejor que él, se transformaron en una resolución gélida. Él no negociaba con fantasmas.

— ¿Crees que me importa mi imperio más que ella? —dijo Viktor, y su voz sonó como el crujir de un glaciar—. Mi imperio se construye sobre cenizas si es necesario. Pero ella... ella es la única que no puede ser reemplazada.

Viktor hizo lo impensable. Bajó el arma. Pero no la soltó. Con un movimiento brusco, empujó a Elena hacia una de las columnas de mármol reforzado.

— ¡Corre hacia la salida norte, Elena! ¡Ahora! —rugió.

— ¡No sin ti! —gritó ella, revelándose una vez más, negándose a ser la damisela que escapa mientras el héroe cae.

Mateo, viendo que perdía el control de la situación, apretó el botón.

30 segundos.

Una serie de explosiones menores empezaron a derrumbar el techo del ala este. El humo se volvió negro y denso. Viktor, aprovechando la confusión del estallido, no corrió hacia la salida. Se lanzó como un depredador directamente hacia Mateo. No quería el sobre; quería la cabeza del hombre que se atrevió a amenazar su mundo.

Mateo intentó sacar una pistola, pero Viktor fue más rápido. Lo embistió con sus casi dos metros de puro músculo, atravesando una mesa de buffet y estrellándolo contra la pared. El impacto fue tan brutal que el sobre rojo salió volando de la chaqueta de Mateo, aterrizando peligrosamente cerca de las llamas que empezaban a lamer las cortinas de terciopelo.

— ¡El sobre, Viktor! ¡Se va a quemar! —gritó Elena desde su posición.

Viktor tenía a Mateo del cuello, levantándolo del suelo. Podía sentir la vida del hombre escapándose bajo sus dedos. Pero vio el sobre... y vio a Elena. Si iba por el sobre, el techo podría caer sobre ella. Si iba por ella, perdería el poder para protegerla en el futuro.

10 segundos.

Viktor soltó a un Mateo medio inconsciente. Sus ojos de acero se cruzaron con los de Elena. En ese instante, la tensión entre su deber como líder de la mafia y su amor posesivo llegó al clímax.

— ¡Al diablo el sobre! —gritó Viktor.

Se giró, ignorando los documentos que guardaban sus secretos, y corrió hacia Elena. La levantó en vilo, cubriéndola con su propio cuerpo mientras el techo del salón principal comenzaba a ceder en una lluvia de fuego y escombros.

El estruendo final fue ensordecedor.

El estruendo de la mansión Castelli colapsando fue lo último que Elena escuchó antes de que el mundo se volviera un vacío de polvo y silencio. Cuando logró abrir los ojos café, la oscuridad estaba rota por pequeñas llamas que devoraban las alfombras. Pesaba sobre ella algo inmenso, cálido y húmedo: era Viktor.

Él la había cubierto con su cuerpo, recibiendo el impacto de una viga de madera y una lluvia de mampostería.

— ¡Viktor! ¡Viktor, mírame! —gritó ella, apartando el polvo de su pelo castaño.

Él soltó un gruñido ronco, abriendo los ojos con dificultad. Tenía un corte profundo en la frente y su hombro estaba dislocado, pero lo primero que hizo fue buscar la mano de ella.

— ¿Estás... entera, pequeña? —susurró, su voz apenas un hilo de acero roto.

— Estoy bien, pero tú no —Elena se deslizó fuera de debajo de él. Su vestido de gala estaba hecho jirones y sus piernas tenían rasguños, pero la adrenalina la había transformado. Ya no era la archivista asustada; era la mujer de un Volkov—. Tenemos que salir. Los Lombardi están afuera rematando a los supervivientes.

Viktor intentó levantarse, pero su cuerpo de gigante falló por primera vez. La pérdida de sangre lo estaba debilitando. En ese momento, los pasos pesados de los guardias de Viktor, liderados por el capitán Dimitri, resonaron entre las ruinas.

— ¡Señor! ¡Señorita Elena! —Dimitri llegó hasta ellos, con el arma en alto—. Tenemos un helicóptero a dos kilómetros, pero los Lombardi han bloqueado las carreteras. No podemos mover al jefe en este estado sin que nos intercepten.

Elena se puso de pie, irguiéndose.  Miró a los hombres de Viktor, tipos curtidos en mil batallas que ahora parecían perdidos al ver a su líder caído.

— Dimitri, denme su radio —ordenó ella con una firmeza que hizo que el guardia obedeciera sin pestañear—. Viktor no puede dar órdenes ahora, así que las daré yo. Escúchenme bien: vamos a usar los túneles de servicio de la mansión. Dimitri, tú y tres hombres cargarán a Viktor. Los demás, formarán un señuelo con los SUV en la entrada principal.

— Pero señorita... —intentó protestar Dimitri.

— ¡Es una orden! —rugió ella, y por un segundo, su mirada tuvo el mismo fuego que la de Viktor—. Si se quedan aquí discutiendo, él morirá. ¡Muévanse!

Viktor, desde el suelo, la miraba con una mezcla de delirio y un orgullo posesivo abrumador. Ver a su pequeña mujer tomando el control de sus asesinos era la visión más excitante y aterradora que jamás había tenido.

— Esa es... mi chica... —logró decir antes de perder el conocimiento.

Elena lideró la marcha por los túneles oscuros, cargando una pistola en una mano y una linterna en la otra. El contraste era absoluto: la pequeña figura de seda negra guiando a un escuadrón de sombras armadas.

Al salir a la superficie, en un bosque cercano, el sonido de las patrullas de los Lombardi se escuchaba peligrosamente cerca. Elena sabía que estaban rodeados. Se giró hacia los hombres, su pelo castaño pegado a su frente por el sudor y la sangre.

— Ellos creen que Viktor es la cabeza y que sin él somos nada —dijo ella, cargando el arma—. Vamos a demostrarles que un halcón herido sigue teniendo garras. Dimitri, fuego de cobertura. Yo sacaré a Viktor de aquí.

La tensión alcanzó su punto máximo cuando las luces de los autos enemigos iluminaron el claro. Elena se interpuso entre los tiradores y el cuerpo de Viktor, dispuesta a ser el escudo que él siempre fue para ella.

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Carmen Ramos
Esta bonita su novela pero cuando la termine comienzo a leer estaré al pendiente ☺️🥰
Delenis: Por supuesto mi corazón 🤭, no te preocupes yo actualizo seguido , la otra que estoy escribiendo "La contadora del mafioso" también, por si le apetece leer . Besos 😘
total 1 replies
Marbe Majano
más capitulos
Delenis: A la orden 👌
total 1 replies
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