Cicatrices que arden
Fueron inseparables… hasta que el mundo los rompió.
Ahora, entre peleas y destino, sus caminos vuelven a cruzarse.
Porque hay amores que no se olvidan…
aunque duelan como una herida abierta.
Un vínculo imposible de romper.
Un amor que nunca dejó de arder.
NovelToon tiene autorización de Luna Aoul para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 14: Lo que no dices… también se siente
El pueblo estaba en calma.
Esa clase de calma que no hacía ruido… pero que igual se sentía extraña.
Como si algo estuviera fuera de lugar.
Takemichi Hanagaki caminaba despacio por el sendero de tierra, con las manos en los bolsillos y la mirada perdida en el suelo.
No estaba atento a nada a su alrededor.
Ni a la gente.
Ni al paisaje.
Ni siquiera al camino.
—…idiota…
La palabra salió sola.
Baja.
Casi sin intención.
No estaba seguro de a quién iba dirigida.
Si a Chifuyu.
Si a Izana.
O a él mismo.
Porque algo dentro suyo estaba incómodo.
Inquieto.
Molesto.
Suspiró.
Se detuvo un segundo.
Se pasó la mano por el cabello.
—No soy celoso…
Pero no sonó muy convincente.
Antes de que pudiera seguir pensando, sintió unos brazos rodearlo por detrás.
—…
Se quedó quieto.
No necesitaba darse vuelta.
Sabía quién era.
Chifuyu Matsuno apoyó suavemente la barbilla en su hombro.
—¿Estás enojado?
Su voz era tranquila.
Casi suave.
Takemichi no respondió enseguida.
Se quedó mirando al frente.
—Te viniste sin mí…
La frase salió más cargada de lo que esperaba.
Chifuyu sonrió apenas.
—No seas celoso.
Takemichi frunció el ceño.
—No soy celoso.
—Claro que sí.
Silencio.
—No lo soy —insistió.
—Lo eres.
—No.
—Sí.
Takemichi giró apenas la cabeza.
—Deja de repetir eso.
Chifuyu se rió bajito.
—Entonces deja de actuar así.
Silencio.
Pero no se separaron.
El abrazo siguió.
Y eso…
lo calmó más de lo que quería admitir.
—Tengo hambre —murmuró Takemichi finalmente.
Chifuyu soltó una pequeña risa.
—Eso explica todo.
Se separó.
—Ven.
—¿A dónde?
—A la cabaña.
Pausa.
—Antes de que empieces a pelear con alguien por comida.
Takemichi hizo una mueca.
—No haría eso.
Chifuyu lo miró.
—Sí lo harías.
—…tal vez.
Y empezaron a caminar.
El camino hacia la cabaña era tranquilo.
El sonido de sus pasos se mezclaba con el viento.
Por momentos, ninguno hablaba.
Pero tampoco era incómodo.
—Oye —dijo Takemichi de repente.
—¿Qué?
—¿De verdad no le dijiste nada?
Chifuyu lo miró de reojo.
—No.
Pausa.
—Te lo prometí.
Takemichi bajó la mirada.
—Gracias…
Chifuyu no respondió.
Pero sonrió apenas.
Cuando llegaron a la cabaña, el ambiente cambió.
Era un lugar simple.
Pero cálido.
Seguro.
Chifuyu abrió la puerta.
—Siéntate.
Takemichi entró y se dejó caer en una silla como si todo el cansancio le hubiera caído de golpe.
—Estoy cansado…
—No hiciste nada.
—Pensar también cansa.
Chifuyu lo miró.
—Eso explica muchas cosas.
Takemichi levantó la mirada.
—Oye…
Pero no siguió.
Porque en el fondo…
le gustaba esa dinámica.
Chifuyu empezó a moverse por la cocina.
Prendió la hornalla.
Buscó ingredientes.
El sonido era suave.
Familiar.
Takemichi lo miraba.
Sin disimular.
Observando cada movimiento.
—¿Qué? —preguntó Chifuyu sin girarse.
—Nada.
—No es nada.
—Te estoy diciendo que sí.
Chifuyu se giró apenas.
—Entonces deja de mirarme así.
Takemichi dudó.
—¿Así cómo?
Chifuyu lo observó unos segundos.
—Como si estuvieras pensando algo raro.
Silencio.
Takemichi bajó la mirada.
—…tal vez lo estoy.
Chifuyu se quedó quieto un segundo.
Luego volvió a lo suyo.
—No quiero saber.
Pero sonrió.
Pasaron varios minutos.
El olor de la comida llenó el lugar.
Takemichi apoyó la cabeza en su mano.
—Huele bien…
—Obvio.
—¿Lo hiciste tú?
—No, lo hizo el fantasma de la cocina.
Takemichi rodó los ojos.
—Gracioso.
—Lo sé.
Chifuyu dejó el plato frente a él.
—Come.
Takemichi lo miró.
—Gracias.
Empezó a comer.
Pero no dejó de mirarlo.
—¿Otra vez? —dijo Chifuyu.
—¿Qué?
—Eso.
Takemichi sonrió apenas.
—Nada.
—No es nada.
Silencio.
Takemichi dejó los cubiertos.
—Oye…
Chifuyu suspiró.
—¿Ahora qué?
Takemichi lo miró directo.
—¿Y no me vas a besar?
Silencio.
El tiempo se detuvo.
Chifuyu parpadeó.
—¿Qué dijiste?
Takemichi no apartó la mirada.
—Eso.
Pausa.
—¿Tanto me extrañaste? —preguntó Chifuyu, acercándose.
Takemichi no dudó.
—Sí.
Silencio.
Chifuyu lo observó.
Buscando una duda.
Una mentira.
Pero no la encontró.
Se inclinó.
Y lo besó.
Suave.
Tranquilo.
Pero real.
Takemichi cerró los ojos.
Y respondió.
Más firme.
Más presente.
Sus manos se apoyaron en la ropa de Chifuyu.
Acercándolo un poco más.
Cuando se separaron…
ninguno habló.
Pero tampoco se alejaron.
—Idiota… —murmuró Chifuyu.
Takemichi sonrió apenas.
—Tú empezaste.
—No.
—Sí.
—No.
Silencio.
Y entonces…
los dos se rieron.
Bajo.
Casi en secreto.
Y por un momento…
todo estuvo bien.
Sin peleas.
Sin caos.
Sin dolor.
Solo ellos.
💕💕💕💕..... 💕💕💕💕..... 💕💕💕💕.....
Takemichi: “No soy celoso”
También Takemichi: cara de enojo + caminando solo dramatizando
Chifuyu: lo abraza
Takemichi: “Te viniste sin mí…”
Y uno tipo…
AMIGO, ESO ES CELOS CLAROS
Encima termina con:
“Tengo hambre”
(prioridades bien claras )
Y después…
—“¿No me vas a besar?”
—“¿Tanto me extrañaste?”
FINAL: beso + orgullo herido + romance desbloqueado
Porque sí…
en esta historia todos dicen “no siento nada”…
pero hacen TODO lo contrario
Si te gustó, deja tu mensaje
con cariño Luna Auol 🌸