La historia comienza con Agustina y Cristian, dos novios que se amaban profundamente, pero que fueron separados por circunstancias ajenas a su voluntad. Ella se marchó llevándose consigo algo muy valioso.
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Capitulo 13: No nos rendimos
Don Gaspar dejó el escritorio, se acercó y se detuvo frente a ella, invadiendo su espacio sin ningún respeto.
—Usted no aprende, Agustina —soltó—. Lleva dos veces llegando tarde.
—Señor Gaspar, le prometo que no volveré a llegar tarde —pidió Agustina, nerviosa. No quería perder ese trabajo.
—Ya ha dicho lo mismo siempre —dijo él, acercándose—. Así que está despedida. Pero antes de irse… no voy a desaprovechar mis ganas por usted.
—¡Suélteme, señor! —gritó Agustina, forcejeando.
Pero él no se detenía. La empujó contra el sofá e intentó arrancarle el uniforme.
Afuera, Ricardo escuchó los murmullos y sintió cómo la sangre le hervía. Sabía lo que estaba pasando. Entró de golpe, lo arrancó de encima de Agustina y, lleno de rabia, le dio un puñetazo directo al rostro.
—¡Ni se le ocurra acercarse otra vez! Porque la próxima no se la va a acabar —gritó Ricardo, con los ojos llenos de rabia.
Él se levantó lentamente y posó la mirada en ambos, llevándose una mano al rostro al notar la sangre que le corría por la nariz.
—Jajaja… están los dos despedidos. Yo no pierdo nada… aunque con esta no me alcancé —dijo Jaspar, dejando escapar una risa sarcástica.
Agustina se quedó sin aliento. Sabía que quedarse sin trabajo les iba a complicar la vida a los dos. Desesperada, dio un paso al frente, acercándose a él con intención de suplicar.
—¡Por favor, no…! —intentó Agustina.
—No —la interrumpió Ricardo—. A este miserable no se le suplica nada. Ya nos corrieron a los dos; podemos encontrar trabajo en otro hospital, bien lejos de esta porquería.
Agustina abrió la boca para hablar, pero la risa burlona de Jaspar la cortó.
—Jajaja… ¿creen que va a ser tan fácil? Yo me encargaré de que jamás vuelvan a trabajar en ningún lado.
—Vamos, Agustina —dijo Ricardo, tomándola del brazo—. No vamos a quedarnos aquí a que este imbécil siga haciendo su juego.
Agustina asintió, con los ojos brillantes de lágrimas. Salió de la oficina con Ricardo a su lado, sintiendo que todo se le venía encima.
Don Jaspar dio un puñetazo sobre la mesa y bufó entre dientes:
—Se las voy a cobrar, y van a lamentarlo…
Con las pertenencias en mano, Agustina y Ricardo salieron del hospital. El peso de perder aquel trabajo que habían logrado con tanto esfuerzo les aplastaba el pecho.
—Todo esto es culpa mía —sollozó Agustina.
—Agus… escucha —dijo Ricardo—. No es tu culpa. Lo que pasó aquí es culpa de ese imbécil, y punto.
—Si yo hubiera hecho las cosas diferentes —dijo Agustina, con lágrimas en los ojos.
—¿Diferentes cómo? —la interrumpió
Ricardo, mirándola firme—. A cederle a ese pinche cabrón… jamás. Podemos perder el trabajo, pero no voy a dejar que te haga lo que quiso.
Con un gesto decidido, Agustina se secó las lágrimas. Pensó en lo afortunada que era de contar con Ricardo, alguien que la cuidaba y la apoyaba sin condiciones.
En Colombia, Cristian se había convertido en un arquitecto reconocido y muy atractivo. Doris seguía a su lado, envuelta en una relación tan intensa como adictiva: discutían, se alejaban… y siempre terminaban encontrándose entre sábanas, donde todo parecía olvidarse.
Ese día descansaban en la cama del apartamento de él, aún recuperando el aliento. Doris lo miró con intensidad, con una pasión marcada por ese deseo de tenerlo solo para ella.
—¿Cuándo nos casaremos? —preguntó, acariciándole el pecho con insistencia, decidida a arrancarle una respuesta, aunque Cristian siempre evitara el tema.
Cristian apartó la cara. La idea del matrimonio ya no significaba nada para él. Había perdido la esperanza de volver a encontrar a Agustina, y esa herida lo había llenado de rabia. El compromiso… era algo que solo había deseado con ella.
—Doris, deja eso ya —dijo, molesto, levantándose de la cama—. Sabes perfectamente que el matrimonio no está en mis planes.
—Después de todo lo que hemos vivido ¿eso es lo único que tienes para decir? —preguntó, con los ojos brillosos.
—Doris, entiéndelo de una vez —respondió Cristian—. No me voy a casar… así que si buscas eso, no es conmigo.
Salió del apartamento sin dejarla hablar, cerrando la puerta con fuerza.
Doris se quedó quieta, tragándose lo que sentía. Llevaba tiempo intentando que Cristian aceptara casarse con ella, porque lo quería solo para sí… pero siempre terminaba igual.
—No… no puedes dejarme —susurró—. Yo te necesito, Cristian.

En la mansión de los Villanueva, Rosalía, quien aún vivía con su hermana Rebecca, entró de repente al despacho, mirándola con clara desaprobación.
—Te has vuelto peor, Rebecca —la encaró—. Botaste a gente que necesitaba ese trabajo y no te bastó con eso, también te metes en mi relación con Eduardo. Lo empujaste a irse del país. ¿Qué más quieres? Mírate… ni siquiera te controlas con el alcohol.
Rebecca rió por lo bajo.
—No servían para nada… hice lo que tocaba.
—Eres cruel, Rebecca… demasiado —dijo Rosalía, con la voz cargada de decepción—. Ojalá algún día te arrepientas de todo esto.
Sin decir más, salió del despacho, con el dolor de ver que su hermana ya no tenía ningún límite.
Rebecca volvió a reír, como si nada.
—¿Para qué tener gente que no sirve? —murmuró, llevándose la botella a la boca.
Rebecca siempre fue fría, pero ahora ya no tenía freno. El dinero y su matrimonio roto la volvieron aún más dura.
Agustina logró calmarse lo suficiente para no venirse abajo, aunque por dentro todo seguía revuelto.
Al llegar a casa, Niko corrió hacia ella.
—Mamá, ¿estás bien? —preguntó, mirándola con atención, como si notara algo más en su rostro.
Agustina intentó sonreír.
—Estoy bien, mi amor —respondió—. Pero tenemos que hablar… ya no vas a estar en esa escuela.
Niko la miró confundido.
—Pero vas a seguir estudiando, ¿sí? Te lo prometo —añadió ella, abrazándolo con fuerza.
El niño la abrazó sin decir nada. Pero en su mente, ya estaba decidido a hacer algo.
Doris esta loca mando hacer tarjeta de bodas que obsesión tiene por Cristian pero esta jodida porque si se encuentra con su chaparrita las demás quedan por fuera.
Lectores, sé que muchos se preguntan por qué el investigador no ha logrado dar con Agustina. Como mencioné antes, Rebecca hizo todo para ocultarla y que no estuviera cerca de Cristian.
Por eso, aunque hay un investigador privado, no ha podido encontrarla Rebecca borró pistas, ocultó información y manipuló todo para desviar la búsqueda.
Aun así, él cumple su papel porque la verdad no se revelará de golpe sino poco a poco.
Eso lo mencioné en un capítulo, cuando ya habían pasado los años.
Rebeca ya le dijo a Betania que regreso la campesina que harán este par de arpías 🤔🤔🤔❓❓❓
Quien es el hombre elegante y misterioso que llego 🤔🤔🤔❓❓❓
Ricardo y Martin como que son gay porque hubo una conexión rara.
Doris la insufrible ya no la soporta pero parece una garrapata mal pegada.
Rebeca si reconocio a Agustina que hará y dirá 🤔🤔🤔❓❓❓
Dos locas obsesionadas con Cristian que quieren tenenerlo a como de lugar Doris y Betania no tienen autoestima a una la utilizan y la otra no la ven con ojos de negro gustas que ridículas otras patéticas mas.
Cristian ahora caes de ese edificio e iras a parar al hospital donde esta Agustina y a ella le tocara atenderte y lo peor sera que llegaran todas las arpías osea Doris, Betania y Rebeca la alcohólica y despreciable madre.
Otro director que se fijo en Agustina no me parece que venga otro a joderle la vida.