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Reencarnada Para Limpiar Mi Nombre

Reencarnada Para Limpiar Mi Nombre

Status: En proceso
Genre:Época / Reencarnación / Venganza
Popularitas:7k
Nilai: 5
nombre de autor: Jisieli

Fui obligada a casarme con un Duque y después de ello me inculparon de haberlo asesinado!!

- ¡Pero si yo no fui!

Gracias al cielo por darme una segunda oportunidad.
¡Esta vez no seré la dulce Viollet, me vengaré y limpiaré mi nombre!

NovelToon tiene autorización de Jisieli para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 10: La boca del Lobo

Viollet

La primera vez que hice el amor con Rubén Dubrey, supe que no habría vuelta atrás.

No fue una noche de pasión desenfrenada, sino una tarde lluviosa en la que el cielo se había vuelto gris y el mar rugía contra los acantilados como una bestia herida. Estábamos en la biblioteca, él repasando las cartas que Lars había traído desde la casa de Goran, yo fingiendo leer un libro mientras lo observaba por encima del lomo. La lluvia golpeaba los cristales con insistencia, y el fuego de la chimenea crepitaba con un calor que no lograba calmar el frío que se me había instalado en los huesos desde la noche del asesino.

—Llevas un rato mirándome —dijo Rubén sin levantar la vista del pergamino—. ¿El libro es tan aburrido?

—El libro es fascinante —respondí, cerrando la tapa con un golpe seco—. Pero tú lo eres más.

Alzó la mirada hacia mí, y en sus ojos grises vi algo que ya empezaba a resultarme familiar: esa mezcla de cautela y deseo que aparecía cada vez que nos quedábamos a solas.

—¿Qué quieres, Viollet?

—¿Tiene que haber una intención detrás de cada mirada?

—En mi mundo, sí.

Dejé el libro sobre la mesa y me levanté. Caminé hacia él con pasos lentos, consciente de cómo mis caderas se movían bajo la falda de lana, de cómo el calor de la chimenea me había sonrosado las mejillas. Rubén no se movió, pero sus dedos se tensaron sobre el pergamino.

—En mi mundo —dije, deteniéndome frente a él y apoyando una mano en el brazo de su sillón—, las miradas también tienen intención. La mía, en este momento, te está preguntando por qué sigues mirando esos papeles cuando podrías estar mirándome a mí.

—Porque estos papeles contienen las pruebas que necesito para llevar a mi hermano ante el rey.

—¿Y confías en el rey?

El silencio que siguió fue mi respuesta.

Rubén dejó el pergamino sobre la mesa con un suspiro.

—No. No confío en él. Pero es la ley.

—La ley —repetí, y mi voz sonó más amarga de lo que pretendía—. La misma ley que me condenaría a mí si yo fuera la acusada, sin pruebas, sin testigos, solo por la palabra de un noble.

Él me miró con intensidad.

—¿A qué te refieres?

Me aparté del sillón y caminé hacia la ventana. La lluvia empañaba el cristal, distorsionando el paisaje de acantilados y mar revuelto. Apoyé la frente en el vidrio frío y cerré los ojos.

—A nada. A todo. A cosas que aún no puedo explicarte.

—Viollet…

—Rubén —me volví hacia él, y dejé que la máscara cayera por completo—. Confías en mí. ¿Verdad?

Él se puso de pie y cruzó la habitación en tres zancadas. Me tomó por los hombros, girándome para enfrentarlo, y sus dedos se hundieron en la tela de mi vestido con una urgencia que me robó el aliento.

—Más de lo que he confiado en nadie en años —respondió, y su voz era un gruñido—. Y eso me aterra.

—A mí también —susurré, alzando las manos para tocar su rostro—. Pero no quiero que tengas miedo de mí. Quiero que me tengas cerca. Quiero…

—¿Qué quieres? —Su aliento rozaba mis labios.

—Quiero que me beses como si el mundo se acabara mañana.

No hizo falta que lo repitiera.

Su boca se precipitó sobre la mía con una ferocidad contenida, como si hubiera estado esperando esa orden desde el día de la boda. Lo besé con la misma intensidad, con los dedos enredados en su cabello oscuro, sintiendo cómo sus manos recorrían mi espalda, mi cintura, mis caderas. La lluvia golpeaba los cristales y el fuego ardía, pero yo solo podía sentir el calor de su cuerpo contra el mío, la presión de sus labios, el sabor a café y a sal que lo acompañaba siempre.

—Aquí no —jadeó contra mi cuello—. La cama…

—La cama está demasiado lejos —respondí, desabrochando su camisa con dedos torpes—. Aquí. Ahora.

Rubén emitió un sonido que era mitad risa, mitad gruñido, y me levantó en vilo como si no pesara nada. Mis piernas se enredaron en su cintura mientras él me llevaba hacia la pared más cercana, apoyándome contra los libros que se tambalearon en sus estantes.

—Si esto es lo que quieres —dijo, con los ojos oscurecidos por el deseo—, vas a tener que aguantarte. Porque no pienso parar hasta que me ruegues.

—Entonces empieza —desafié, y en mi voz no había ni rastro de la sumisa que todos creían.

Me desnudó con una lentitud que era tortura. Cada prenda que caía al suelo era un suspiro, un roce de sus dedos en mi piel que dejaba un rastro de fuego. Cuando por fin estuve desnuda contra la pared de libros, con el cabello blanco desparramado sobre los hombros y los pechos erguidos por el frío y la excitación, él se detuvo para mirarme.

—Eres la mujer más hermosa que he visto —dijo, y en su voz no había adulación, solo asombro—. Y no sé qué hice para merecerte.

—No hiciste nada —respondí, tirando de él hacia mí—. Solo estate aquí. Conmigo.

Después, ya no hubo palabras.

Solo sus manos, su boca, su cuerpo cubriendo el mío. El roce de su piel contra mi piel, el gemido que escapó de mis labios cuando por fin entró en mí, la sensación de plenitud que me llenó por completo, como si todos los vacíos que la primera vida había dejado en mi interior se sellaran uno a uno.

Nos movimos juntos al ritmo de la lluvia, primero lento, después más rápido, hasta que el mundo se redujo a los puntos de contacto entre nuestros cuerpos. Él decía mi nombre entre jadeos, y yo decía el suyo como una oración, y cuando el orgasmo me alcanzó fue como romper una ola gigante, dejándome sin aliento, temblando en sus brazos mientras él se perdía dentro de mí con un gemido ronco.

Nos quedamos así, pegados a la pared, con los libros caídos a nuestros pies y la lluvia amainando allá afuera. Su frente apoyada en la mía, nuestras respiras entremezclándose.

—Eso… —dijo Rubén, y su voz era apenas un susurro—. Eso no fue solo sexo.

—No —confirmé, pasando los dedos por su nuca—. Fue mucho más.

Me llevó en brazos hasta la cama de su habitación, y esa noche no dormimos. Hablamos. Reímos. Nos tocamos. Hicimos el amor dos veces más, una con una ternura que me desarmó por completo, y otra con una urgencia casi violenta que me dejó moretones en las caderas y una sonrisa en los labios.

Cuando el alba asomó por las ventanas, él estaba dormido a mi lado, con un brazo sobre mi vientre y el rostro vuelto hacia mí. Y yo, Viollet Ritman Dubrey, la mujer que había vuelto del pasado para vengarse, supe que me había enamorado de verdad.

Y ese amor, lo supiera él o no, sería mi mayor fortaleza y mi mayor debilidad.

_______________________________

Rubén

Desperté con el olor de Viollet en mis sábanas y una certeza absoluta en el pecho: estaba perdido.

No había sido solo el sexo, aunque eso había superado cualquier cosa que hubiera imaginado. Había sido la forma en que me miraba, como si yo fuera algo más que un duque, más que un militar, más que un asesino a sueldo del rey. La forma en que sus dedos recorrían mis cicatrices sin asco, sin lástima, solo con una aceptación que no sabía que necesitaba.

La forma en que, cuando le conté la verdad sobre la muerte de Darell —que yo había sido el objetivo, que él solo murió porque se interpuso—, ella no me culpó. Solo me abrazó más fuerte y susurró: “Darell tomó su decisión. Y yo también tomo la mía: quedarme contigo.”

—¿Estás despierto? —preguntó, y su voz era un murmullo contra mi pecho.

—Sí.

—¿Cuánto tiempo llevas despierto?

—El suficiente para verte dormir.

Se incorporó sobre un codo, con el cabello blanco cayendo sobre sus hombros desnudos, y me sonrió. Era una sonrisa distinta a todas las que había visto en ella. No era la máscara dulce que usaba con los demás, ni la sonrisa afilada que reservaba para sus enemigos. Era una sonrisa real, desarmada, casi vulnerable.

—Eso es un poco espeluznante —dijo.

—Lo sé.

Me incliné para besarla, despacio, saboreando el momento. Pero antes de que el beso se profundizara, un golpe en la puerta nos separó.

—Mi señor —era la voz de Lars, mi capitán—. Tengo noticias. Urgentes.

Viollet se incorporó de inmediato, con la agilidad de quien está acostumbrada a despertar en alerta. Mientras ella se envolvía en una bata, yo me puse los pantalones y abrí la puerta.

Lars estaba pálido.

—Acabo de recibir un mensaje de la capital. El rey ha convocado a todos los nobles a un consejo extraordinario. Dentro de tres días. Y ha ordenado que usted asista con su esposa.

—¿Motivo? —pregunté, con el estómago encogido.

—No se ha dado. Pero mis espías dicen que hay rumores de una conspiración contra la corona. Y que el nombre de Dubrey ha sido mencionado.

—¿El mío o el de Emil?

—El de los dos, mi señor.

Cerré la puerta y me apoyé en ella, con la mente girando a mil revoluciones. Viollet se acercó a mí, y su mano encontró la mía.

—Es una trampa —dijo.

—Lo sé.

—Pero tenemos que ir. Si no vamos, parecerá que tenemos algo que ocultar.

—También lo sé.

Me giré hacia ella, buscando en sus ojos violetas la respuesta que mi mente no encontraba.

—¿Qué hacemos?

Viollet sonrió, y esta vez su sonrisa era la de la mujer que había desarmado a un asesino con un cuchillo de cocina.

—Vamos —dijo—. Pero vamos preparados. Llevamos las cartas de Emil, llevamos a Lars y a los hombres leales, y llevamos algo más importante.

—¿Qué?

—La verdad. Y la verdad, Rubén, es más poderosa que cualquier mentira que puedan inventar.

La besé, con furia y con miedo, y cuando nos separamos, supe que no había marcha atrás. Íbamos a la capital. Íbamos a enfrentar a mi hermano, al rey, a todos los que querían vernos muertos.

Y esta vez, no íbamos solos.

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Viollet

El viaje de regreso a Giosem duró dos días.

Dos días en los que Rubén y yo planeamos cada movimiento, cada palabra, cada posible giro del tablero. Repasamos las cartas de Emil una y otra vez, buscando detalles que hubiéramos pasado por alto. También escribimos nuestras propias cartas, que enviaríamos a los pocos nobles que aún considerábamos leales: el duque de Valdris, que había sido amigo de nuestro padre; la condesa viuda de Marche, cuya hija había muerto en circunstancias sospechosas parecidas a las mías en la primera vida; y un par de oficiales del ejército que le debían la vida a Rubén.

—No son muchos —dijo él, repasando la lista.

—Pero son los correctos —respondí—. No necesitamos un ejército. Necesitamos la persona adecuada en el lugar adecuado en el momento adecuado.

—Hablas como una estratega.

—He tenido buenos maestros. —Sonreí, y mi mano encontró la suya bajo la manta del carruaje—. Mi hermano Darell me enseñó a jugar al ajedrez. Decía que la vida era como ese juego: a veces sacrificas una pieza para ganar la partida.

—¿Y tú qué pieza eres?

—La reina —dije sin dudar—. La más poderosa, pero también la más vulnerable. Por eso necesito un rey que me proteja.

Rubén apretó mis dedos.

—Entonces seré ese rey. Aunque me cueste la vida.

—No quiero que te cueste la vida. Quiero que vivas para ver cómo caen todos ellos.

El carruaje se detuvo. Lars asomó la cabeza por la ventanilla.

—Hemos llegado, mi señor. El palacio está a la vista.

Salimos. El palacio de Giosem se alzaba ante nosotros con sus torres de mármol blanco y sus banderas ondeando al viento. Parecía el mismo de siempre, pero yo lo veía con ojos diferentes. Sabía lo que se escondía tras sus muros: la codicia, la traición, la muerte.

—¿Lista? —preguntó Rubén, ofreciéndome su brazo.

—Nací lista —respondí, enlazando mi brazo con el suyo.

Y caminamos juntos hacia la boca del lobo.

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Emil Dubrey observaba desde una ventana alta cómo el carruaje de su hermano atravesaba las puertas del palacio.

—Han llegado —dijo, sin volverse hacia Grecia, que estaba sentada en un sillón detrás de él.

—Lo sé. Mis espías me informaron de su salida de la finca hace dos días.

—¿Y crees que traen las cartas?

—Seguro. Viollet es demasiado inteligente para no haberlas recogido. Pero también es demasiado confiada. Cree que las pruebas son suficientes para condenarte.

Emil se volvió, y en sus ojos color avellana brilló una chispa de diversión cruel.

—Las pruebas no sirven de nada si el juez está de tu lado.

Grecia sonrió.

—El rey ha prometido que el consejo fallará a nuestro favor. Rubén será declarado traidor, y tú heredarás el ducado. Viollet… bueno, Viollet puede quedarse contigo. O puede desaparecer. Como prefieras.

—La prefiero viva —dijo Emil, y su voz se volvió casi melosa—. Al menos por ahora. Quiero ver su cara cuando se dé cuenta de que todo ha sido en vano. Quiero verla rogar.

—Cuidado con lo que deseas —advirtió Grecia, levantándose del sillón—. Mi hermana no es de las que ruegan.

Emil rió, pero su risa sonó hueca, como un eco en una cámara vacía.

—Todos ruegan al final, querida Grecia. Solo hace falta encontrar el precio adecuado.

Afuera, el sol se ocultaba tras las torres del palacio, y las sombras comenzaban a alargarse como dedos que se estiraban para atrapar a los incautos.

En la entrada principal, Viollet y Rubén cruzaron el umbral del palacio con las cabezas altas.

La partida de ajedrez había comenzado.

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Gracias por leer 😊❤️

1
DAISY VARGAS
el reencarno también 🤔
Iliana Curiel
Vaya autora me encantó este capítulo, me enamoré y me encanta que haces que vea cada lugar y sentimientos de los protas, que bonito gracias 🥰🥰🥰
inuyasha/ Tomoe🦊
estoy pérdida el rey que sería? es Emiliano?
inuyasha/ Tomoe🦊
quiero ver la caída del Rey, esperen Emilio que es el hermano de la madre de ella. el sería el rey?
🦋Akiro🦋
👏
noem
este capítulo no debería ir antes 👀👀
osea si está bien publicado o se publicó primero uno y después el otro
por qué a como medio entendí se supone este iba antes (osea este vendría siendo el caso 9 ) o da igual ?
Jisieli: tengo q revisar
total 1 replies
noem
gracias por publicar
Alberto Ayala
interesante 🥰se va poniendo muy interesante 🤭
(˃̣̣̣̣̣̣︿˂̣̣̣̣̣̣ )SOMEBODY
Me E N C A N T A 😌💅 DIVA EMPODERARA💅😌💅💅
Beatriz Diaz
👏muy bien gracias buenas imágenes
inuyasha/ Tomoe🦊
ya necesito la declaración de que ella renació y el de una cierta manera también pero sin recuerdos
inuyasha/ Tomoe🦊
AHHH necesito más capítulos o me va agarrar algo lo jurooooo
autora un maratón está joya se merece un maratón 🔥🔥🔥
Iliana Curiel
ahhhhh dios mío está ansiedad por leer más jajajaja ya me quedé sin uñas autora,
gracias mil gracias me encanta tu novela eres una escritora maravillosa ❤️❤️🥰🥰
Iliana Curiel
dios mío autora me mori, me regresé y me derretir por ese beso ansiado. ❤️❤️❤️❤️
Iliana Curiel
Esa hermana espero y sufra por lo que hizo
Iliana Curiel
me encanta tu historia autora 🥰🥰🥰🥰
Jisieli: Muchas gracias ❤️✨
total 1 replies
inuyasha/ Tomoe🦊
AHHH me tiene tan Atrapada necesito más capítulos plisss
Jisieli: Ya van en Camino 🤭
total 2 replies
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