Ella renace en una novela que vio en su vida pasada, hará todo hasta lo imposible por cambiar su destino y no vivir atrás de un hombre que en cualquier oportunidad la traiciona. El interés amoroso de la protagonista en la novela será para ella la Villana no tan Villana…
NovelToon tiene autorización de María Mancia para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
19. Los besos robados son…
Hunde su mano en mi cabello, acercándome más a él; coloco mis brazos alrededor de su cuello; la respiración nos sale entrecortada, chocando entre sí.
Respiro profundo cuando nos separamos buscando aire.
—Yo lo siento —Sonríe mientras se toca los labios.
Abro la boca para responderle, pero nada sale de mis labios; mi mente vuelve al momento de besar sus labios suaves contra los míos, su brazo firme alrededor de mi cintura.
Acaricia mi mejilla, deteniendo sus dedos sobre mis labios.
—Me tomaste por sorpresa —suelto lo primero que se me ocurre.
—Lo siento, debí decirte primero —dice él bajando la mirada.
—Los besos robados son los mejores —sonrió para disipar la tensión.
Él asiente para después encender el auto y ponernos en camino para llegar a la casa. Durante el trayecto, los dos se mantienen en silencio; Ginebra cierra los ojos, regresando a ese momento.
Antes de bajar del auto, se desabrocha el cinturón y voltea a ver a Alessandro, quien la mira detenidamente; sin pensarlo tanto, se acerca y lo besa.
Dos semanas habían pasado como viento; entre saliendo en citas secretas con Alessandro y haciendo trabajos de modelaje, los días se le pasaron tan rápido que hoy ya es el cumpleaños de su hermano.
Últimamente no le ha quedado tiempo de salir a tiendas, pero lo bueno es que ya el regalo lo tenía preparado de antemano; además, debe entregarle el regalo que le manda Octave.
Al estar lista, bajo a la sala; ahí ya se encuentran los amigos de mi hermano y algunos conocidos míos. La música comienza a sonar; uno de los meseros comienza a servir vino a los invitados.
—Te deseo que cumplas un feliz año —digo entregando los regalos; él me abraza.
—Hermanita, el mejor regalo es que estés tú aquí —sonríe sin dejar de abrazarme.
Veo a Alessandro acercarse cargando una bolsa de regalo color plateada; nuestras miradas se conectan, una corriente recorre mi estómago, sonrío un poco, él me devuelve la sonrisa.
—Feliz cumpleaños, amigo —Le da un abrazo a Dante.
—Muchas gracias —corresponde el abrazo.
Mi hermano nos deja para ir a saludar a los demás invitados; Alessandro se acerca hasta estar junto a mí, extiende su mano entregándome una copa de vino.
—Así que te vas en unos días —pregunta Alejandro recostándose en la pared.
—Me temo que será pasado mañana —Bebo un trago de vino.
—Es una lástima, espero volver a verte —Voltea a verme.
—Estoy segura de que nos veremos —sonrió.
El guarda silencio; no es que no quiera verla, lo que pasa es que teme que cuando regrese con Leonardo se olvide de él y se case con un patán de ese calibre.
Toma la mano de ella y la jala para apartarse de los invitados; llegan al jardín y toman asiento debajo de un árbol. Ginebra voltea a ver el cielo oscuro iluminado por la luna.
Ninguno de los dos habla; solo están ahí en silencio, disfrutando la compañía de estar juntos. Alessandro se levanta al escuchar unas voces, vuelve a tomar su mano y huyeron del lugar para ir a un espacio más apartado.
—¿Quieres irte? —pregunta él poniéndome contra la pared, su mano izquierda apoyada en mi cintura y la otra evitando que quiera escapar.
—Querer no, pero tengo que hacerlo —respondió sin apartar la vista.
—Lo extrañas —baja la mirada refiriéndose a Leo.
—No le extraño, no quiero verlo ni en pintura —digo poniendo mi mano en su pecho.
—Así, ¿estás segura? —Su mano acaricia mi pierna sobre el vestido.
Parpadeó un par de veces, así que está celoso; vaya, así me gusta más.
—Muy segura, lo haré caer tan bajo que le costará levantarse en público —
Él no responde a lo que he dicho; en cambio, comienzo a sentir un cosquilleo en mi espalda por sus labios que recorren mi cuello.
—Me gusta cómo suena eso —murmura cerca de mi oído.
Un ligero temblor recorre mi cuerpo; si alguien nos llegara a encontrar así, hoy estoy segura de que nos matarían. Bueno, a él quizás no, pero a mí sí.
—Escuchas eso, ya nos están buscando —Ladeó la cabeza a un lado.
—Tan inoportunos —levanta su mirada.
Aprovechó a sacarme de su agarre, pero antes de irme me acercó y le doy un beso que él profundiza más acercándome a él.
—Espera por mí, dame tres meses para librarme de ese compromiso —dijo abrazándolo.
—Tres meses va, pero más le vale a ese inepto que no te toque —ríe acariciando mi mejilla.
Si llega a pasar lo mismo que en la historia original, donde él se enamora de Juliana, mi corazón se acelera de solo pensarlo; quiero que él sea solo mío, de nadie más, pero si llegase a pasar, lo mejor será dejarlo ir.
—Lo prometo —levantó mi mano en señal de promesa.
La fiesta continuó hasta la medianoche; justo cuando el reloj marcó las 12 a. m., subí a mi habitación, dejé los tacones a un lado, tomé asiento en el sofá. Mi mente vuelve a la historia original donde Alessandro se enamora de Juliana, pero ella está tan cegada de amor por Leonardo que desaprovecha la oportunidad, dejando el corazón de Aless herido.
—Giny, ¿estás bien? —escucho que alguien me habla al otro lado de la puerta.
—Voy —dije levantándome y acercándome.
Al abrir, me encuentro con Alessandro; su chaqueta la carga en sus brazos, la camisa blanca la tiene enrollada hasta sus codos.
—Sucede algo —preguntó al verlo en ese estado.
Él cierra la puerta con seguridad, después se acerca a mí y me abrazó hundiendo su cara en mi cuello.
—Nada está bien, no te has ido y ya te extraño —Su respiración se escucha agitada.
Sin decir nada, levantó su cara y lo besó; en ocasiones es mejor hablar con acciones que con palabras. Él me levanta del suelo; enrollé mis piernas en su cintura, sus manos alrededor de mi cintura pegándome más a su cuerpo.
No puedo negarlo, me gusta Alessandro y esta noche será nuestra; es mejor aprovechar ahorita que lamentar por no haberlo hecho.
—¿Quieres que sigamos? —pregunta entre dientes Alessandro.
—Si no quisiera, no estaríamos así —digo agitada.
Él no responde, solo comienza a besar mi cuello con desespero, mientras que yo aprovecho para desabotonar su camisa, comienzo a tocar su blanca piel y vaya qué músculos tiene.