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La Heredera Que Debia Morir

La Heredera Que Debia Morir

Status: En proceso
Genre:Época / Brujas / Reencarnación
Popularitas:2.3k
Nilai: 5
nombre de autor: sterlina

interesante

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CAPÍTULO 12- Verdades bajo la luz imperial.

El gran día había llegado.

La familia llegó al palacio y fue guiada al salón de visitas antes de anunciarle a la familia real que habían llegado. Los primeros en aparecer fueron los príncipes y los emperadores, recibidos con reverencia. Y los segundo los ex emperadores, que se quedaron desconcertados por el parecido de las dos mujeres que estaban frente a ellos.

Y la curiosidad se instaló de inmediato en ellos.

por qué ninguna tenía los rango de los antiguos duques.Porque los legítimos Echeverría tenían como distintivo su pelo rubio casi blanco y sus ojos azules o marrón… y allí no había nadie con esas características.

Y la pregunta surgió inevitable:

¿Dónde estaba la hija de Sara?

Porque, claramente… esa niña no era su hija.

Un silencio pesado cayó en la sala.

La primera en romperlo fue la emperatriz, quien anteriormente había tenido contacto con la duquesa. No íntimo, pero suficiente:

había sido una invitada recurrente a sus reuniones de té y actos de caridad.

—Bueno… tomemos asiento.

Cada quien tomó asiento.

El duque habló primero.

—Para nosotros es un honor el que nos hayan invitado esta noche para esta cena.

—Y para nosotros, el gusto es recibirlos —respondió el emperador.

El duque vaciló apenas un segundo.

—No quiero ser descortés, pero me gustaría saber a qué se debe la invitación. No me malinterpreten, estoy sumamente halagado de tan magnífica invitación… pero, siendo sincero, nunca imaginamos tener una cena privada con la familia imperial.

El emperador lo observó con detenimiento antes de responder.

—Bueno… me gusta su sinceridad, duque.

Hizo una pausa.

—Y déjeme decirle que la idea fue de mi madre. Ella quería conocer a la hija de la difunta duquesa Sara… pero veo que no vino con ustedes.

La respuesta cayó como un balde de agua fría.

El ambiente se tensó de inmediato.

Incluso el aire pareció volverse más pesado.

—¿Y para qué quieren conocer a esa niña? —

la duquesa.

El duque le apretó la mano sutilmente a su esposa, intentando detenerla antes de que dijera algo fuera de lugar.

Pero su expresión… lo decía todo.

Odio.

Rencor.

Y no pasó desapercibida.

Los emperadores lo notaron.

Los príncipes también.

Especialmente Dominic.

Que avía aprendido a leer el rostros de las personas.

La ex emperatriz entrecerró los ojos.

—Disculpe, duquesa… pero no entiendo su reacción al hablar de la antigua duquesa y su hija.

Su voz era suave… pero firme.

—Para muchos es sabido que soy la madrina de Sara… aunque creo que ustedes no lo sabían. Y cuando me enteré de que una Echeverría es compañera de mis nietos… me emocioné, pensando que era la hija de Sara.

Se inclinó ligeramente hacia adelante.

—Ahora quiero saber… ¿dónde está la niña?

El duque tragó saliva.

—Sus majestades… nos tomó por sorpresa que preguntaran por mi otra hija y no asumieran que Simone sea la hija de Sara.

La ex emperatriz no apartó la mirada.

—Duque… creo que no se ha informado bien de la relación que hay entre nosotros y la antigua duquesa. Pero déjeme decirle que, aunque tengamos muchos años fuera del imperio, siempre estuvimos informados de las personas que nos interesan… aunque algunas informaciones se perdieron por el camino.

Su voz se volvió más profunda, cargada de recuerdos.

—La madre de Sara y yo éramos amigas de la infancia. Fuimos al instituto juntas. Ella fue a mi boda y yo a la de ella. Conocimos a cada uno de nuestros hijos incluso antes de que se presentaran ante otros nobles. Ella visitaba el palacio y yo visitaba su casa.

La tensión crecía con cada palabra.

—Cuando mi amiga murió por una enfermedad, yo cuidé de sus hijas: Sara y Saray. Saray se comprometió y se fue del imperio, y nos distanciamos de ella… pero de Sara no.

Nadie se movía.

Nadie respiraba con normalidad.

—Y aunque cuando decidimos entregarle el trono a nuestro hijo y tomamos un tiempo sabático para conocer y descansar… siempre me mantenía informada de la vida de esa niña.

Sus ojos se clavaron en el duque.

—Así que, como verá, sé que se casó con usted, un comerciante disque viudo. dijo mirando donde estaban las mujeres sentada.Sé que adoptó a su hija… pero también sé que ella tuvo una hija.

El silencio se volvió insoportable.

—Lo que no sé… es por qué la hija de Sara no sale en los registros de la academia… ni en ningún registro.

Un leve murmullo recorrió la sala, pero murió al instante.

—Ahora le aclaro por qué sé que esta señorita no es hija de Sara.

Su voz se endureció.

—Los Echeverría son rubios, de ojos azules o marrón. Y esa característica no la tiene ella.

Una pausa.

—Ahora le pregunto de nuevo…

El peso de la mirada imperial cayó como una sentencia.

—¿Dónde está la hija de Sara?

El duque, más blanco que un papel, no podía articular palabra.

Sus manos temblaban ligeramente.

El sudor frío recorría su espalda.

Aun así, se obligó a hablar.

—Emperatriz madre… disculpe por ignorar esa información, pero le aseguro que mi otra hija está muy bien.

Nadie le creyó.

Pero nadie lo interrumpió.

—Está con su tía… en otro imperio.

Dominic frunció ligeramente el ceño.

Edward observó en silencio.

Simone… permanecía inmóvil.

—Como dos años atras, su tía mandó una carta pidiéndole perdón a Sara. Como yo la recibí y le informé de lo que estaba pasando en el ducado en ese tiempo… la muerte de Sara… la hija que tuvimos y que la extrañábamos…

Su voz titubeó apenas.

—A los pocos meses, ella vino personalmente a buscar a la niña para criarla.

El emperador entrelazó los dedos.

—Me dijo que podía quedarme con el ducado… pero que le dejara criar a Sasha y compartir con ella, ya que no lo pudo hacer con su hermana.

Me dio pena.

Un silencio denso.

—Yo accedí por el bien de la niña… porque no sabía qué hacer con dos niñas pequeñas ya que mi esposa estaba enferma en esos dias. Pero le hice prometer que, cuando ella tuviera edad suficiente para tomar el control… la dejaría volver a mí.

La ex emperatriz no estaba convencida.

No con esos nervios.

No con esas pausas.

No con esa historia demasiado conveniente.

Pero sonrió levemente.

—Entiendo…

Mentía.

Y todos lo sabían.

Pero nadie lo dijo.

Aún.

Porque ese no era el momento.

Pero lo sería.

El emperador, percibiendo el filo peligroso de la conversación, intervino.

—Pasemos a la mesa.

Y con ello, cambió el rumbo de la noche.

Preguntó por el ducado.

Por su prosperidad.

Por sus rutas comerciales.

Por sus alianzas.

Pero cada respuesta del duque era medida.

Cuidada.

Vigilada.

Como si cada palabra caminara sobre hielo fino.

La cena transcurrió sin más contratiempos visibles.

Pero la tensión nunca desapareció.

Solo cambió de forma.

Se escondió en sonrisas educadas.

En copas que se alzaban con manos apenas firmes.

En miradas que duraban un segundo más de lo necesario.

Simone hablaba con los príncipes.

Edward la escuchaba demasiado.

Dominic la observaba demasiado.

Y ella… parecía presente, pero distante.

Como si una parte de su mente estuviera lejos de allí.

O peor aún…

Como si supiera que algo estaba a punto de romperse.

Esa noche se quedaron en el palacio como invitados.

Pero nadie durmió en paz.

En los pasillos silenciosos, las sombras se movían.

Mensajes sellados.

Órdenes susurradas.

Nombres olvidados que comenzaban a salir a la luz.

El emperador no había quedado satisfecho.

La ex emperatriz… mucho menos.

Y cuando dos voluntades como esas coinciden…

La verdad no tarda en ser arrancada de raíz.

Al día siguiente, partieron hacia el ducado.

Con despedidas impecables.

Con sonrisas ensayadas.

Con la ilusión de que todo había quedado atrás.

Pero no era así.

Porque, sin que ellos lo supieran…

Ya no estaban siendo invitados.

Estaban siendo observados.

Y en ese juego silencioso…

El primer error…

Suele ser el último.

1
Stephani Rivera
me gusta que estas hermanastras se lleven bien y no como en algunas obras que solo es envidia y odio🥰
Ana Tello
Hermosa historia
Ana Fernandez
el comienzo es interesante, aunque bastante cliché a ver cómo sigue
Stephani Rivera
bueno tiene un comienzo algo peculiar
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