Renace en un nuevo mundo con magia y demostrará que ya nadie va a subestimarla..
* Está novela es parte de un mundo mágico *
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Esperanza 1
Cuando Tracy fue llevada a la habitación, el ambiente la golpeó de inmediato.
El aire estaba cargado de resignación.
Varios doctores rodeaban la pequeña cuna, observando al bebé con expresiones de lástima, como si ya no esperaran nada. Algunos murmuraban en voz baja, otros simplemente evitaban mirarlo demasiado tiempo, como si así fuera más fácil aceptar el final.
Tracy apretó los labios.
El bebé era diminuto.
Demasiado pequeño incluso para los estándares de un nacimiento adelantado. Su piel era pálida, casi traslúcida, el pecho subía y bajaba con respiraciones débiles, irregulares. Cada aliento parecía una lucha.
Pero respiraba.
Y eso era suficiente.
Tracy se acercó sin pedir permiso y colocó dos dedos cerca del pequeño cuerpo, sintiendo el pulso casi imperceptible.
—Todavía está aquí.. No ha terminado.
Los doctores intercambiaron miradas incómodas.
—Mi lady… el niño es demasiado pequeño. Incluso con cuidados…
Tracy levantó la mano.
—Busque una nodriza —le dijo a la duquesa, sin apartar la vista del bebé—. La va a necesitar. No ahora, pero pronto.
Cora no dudó ni un segundo.
—De inmediato —respondió, girándose hacia la puerta.
Fue entonces cuando uno de los doctores, en un murmullo que creyó prudente, comentó..
—Solo prolongaremos lo inevitable…
La habitación se congeló.
Cora se giró con una rapidez que nadie esperaba. Su rostro, normalmente cálido, estaba duro como piedra. Sus ojos, aún enrojecidos por el llanto, ardían de determinación.
—Basta —dijo, con una voz baja pero cortante—. Mientras ese niño respire, no permitiré que nadie lo declare muerto.
Los doctores palidecieron.
—Aquí no necesito hombres cansados de luchar.. Necesito profesionales. Y respeto.
Nadie respondió.
Tracy observó la escena en silencio, sorprendida.
Siempre había visto a la duquesa amable, risueña, cercana. Pero en ese momento comprendió algo nuevo..
Cuando Cora se molestaba… era indiscutiblemente la jefa.
La duquesa se volvió hacia Tracy, su expresión suavizándose apenas.
—Confío en usted.. Haga todo lo que esté en sus manos.
Tracy asintió con solemnidad.
—Lo haré.
Se arremangó las mangas, respiró hondo y dejó que su maná comenzara a fluir con cuidado, delicado como un susurro.
[No estás solo, pequeño. Aún no.]
Las horas siguientes fueron determinantes.
Tracy no se apartó de la cuna más de lo estrictamente necesario. Ajustó la magia con una precisión casi quirúrgica, usando impulsos breves y constantes, sosteniendo el pequeño cuerpo como si fuera una llama frágil a punto de extinguirse. No podía forzar nada. No podía apresurar el tiempo.
Solo acompañarlo.
Poco a poco, casi imperceptible, la respiración del bebé se volvió un poco más regular. Seguía siendo débil, irregular por momentos, pero ya no parecía una lucha desesperada en cada aliento.
No estaba fuera de peligro.
Pero seguía vivo.
Cerca de la medianoche, Tracy sintió el límite.
El maná le ardía en el pecho, las sienes le palpitaban, y un leve temblor comenzó a recorrerle las manos. Reconoció la señal de inmediato. Si seguía, corría el riesgo de colapsar… y eso no ayudaría a nadie.
Se retiró con cuidado, asegurándose de que el bebé estuviera estable antes de salir un momento de la habitación.
Al cerrar la puerta, el silencio del pasillo la envolvió.
Allí estaba la duquesa.
Cora sostenía en brazos a su hija, envuelta en una manta clara. La niña dormía tranquila, y aun en la quietud se notaba que era idéntica al duque.. la misma estructura del rostro, la misma presencia firme incluso en el descanso.
Cora sonrió al verla.
—Debe comer algo —dijo con suavidad—. Acompáñeme.
Tracy dudó un instante, pero asintió. El cansancio empezaba a pesarle demasiado.
Mientras caminaban hacia una pequeña sala preparada para la cena, la duquesa la observó con atención.
—¿Cómo está el bebé? —preguntó en voz baja.
Tracy no endulzó la respuesta.
—No quiero darle falsas esperanzas.. Aún no está fuera de peligro. Pero… hay esperanza. Y haré todo lo que esté en mis manos para que mejore.
Cora se detuvo un momento, apretando un poco más a su hija contra el pecho.
—Gracias.. Eso es más de lo que cualquiera ha hecho hasta ahora.
Se sentaron. Tracy apenas probó la comida, pero el calor y el silencio la ayudaron a recuperar un poco el aliento.
Después de unos segundos, Cora habló de nuevo.
—Oliver está encerrado en su oficina.. Desde que… Jason logró entrar hace un rato. No para hablar mucho. Solo para estar con él.
Tracy bajó la mirada.
—Mi esposo no es bueno con las palabras.. Pero cuando se queda… es porque entiende el dolor..
Tracy asintió en silencio.
—Volveré con el bebé en unos minutos.. No puedo ausentarme demasiado.
Cora sonrió con gratitud.
—Lo sé. Y confío en usted.
Mientras Tracy regresaba por el pasillo, con el maná aún ardiendo débilmente en su interior, pensó que aquella noche no solo estaba luchando por la vida de un niño…
También estaba sosteniendo, sin quererlo, el equilibrio de muchas almas al borde del quiebre.