Dos hermanas en sociedad, Solo una será la protagonista y la otra esposa del Cruel Villano
– No dejaré que se escape mi lindo Villanito -
Esta vez la historia seguiría el curso pero ya no será al antigua hermana de la protagonista quien lloraba y hará tímida, en ella hay alguien poderosa y más terrorífica que el mismo Villano
🔞 Algunas escenas son explícitas
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Imposible...
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Nota: esta escena, está acompañada de música. Espero la lean con la melodía de violín correspondiente ♡ Gracias
☆ Artista: Lindsey Stirling
Título: Love Goes On and On
Álbum: Artemis
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Aylin estaba en el jardín, casi alejada de cualquier vista, ya habiendo completado sus tareas y llevando consigo algunos libros. Había traído su violín; algunos guardias la vieron y, al reconocerla, se acercaron sigilosamente para cuidarla sin que ella se diera cuenta.
– Espero que les guste la música.–
Balbuceó al tomar su instrumento, dio un suspiro suave llenando sus pulmones antes de empezar a tocar la melodía.
Los soldados la observaron de reojo; la composición les resultaba novedosa, y cuando su voz se unió al sonido, el bosque comenzó a soplar con fuerza. Alrededor destellaban líneas verdes, y cuando las cuerdas resonaron con intensidad, todos se sintieron erizados. Aylin sonreía mientras sentía la música, con los ojos cerrados captando cada nota; sus dedos se movían sin cesar, su corazón latía con emoción y su voz envolvía todo el entorno.
Augusto, quien se encontraba cerca, se acercó al escuchar aquella melodía tan hermosa.
– ¡Hermoso…!–
Suspiro al ver a Aylin como una belleza digna del linaje élfico, permaneciendo en la oscuridad escuchando las otras piezas que tocaba. Mientras su voz envolvía el lugar, notó que el bosque reaccionaba ante ella; era como presenciar una escena mágica.
…
– Mi señor…–
– ¿Desde cuándo está así?– Preguntó Eric, viendo de lejos a Aylin mientras oscurecía. Notó a su padre escondido, con los ojos brillantes de emoción.
– Desde la hora del té. Supe que posee un don, y su poder se mezcla con la música haciéndolo aún más fuerte.– Dice Fredic, su fiel mayordomo.
Eric estaba fascinado al verla, pero disimuló para no mostrar ninguna emoción y se retiró despacio hacia el interior.
…
– Duquesa, la cena está lista.– Dice Emili detrás de ella.
Aylin detuvo su interpretación, soltó un suspiro: siempre se perdía cuando tocaba. Asintió, guardó sus pertenencias y se fue junto a su doncella.
– Hermana… Por fin apareces. ¿Acaso estás avergonzada de que tu esposo no te preste atención? Por eso te escondes.– Dijo burlona al encontrarse con ella en la sala.
– Ay, hermanita, el que ríe último ríe mejor. Preocúpate por ti misma, porque en tu noche de bodas no la pasarás estudiando.– Caminó empujándola suavemente por el hombro.
– ¡Al menos yo seré respetada y no seré otra zorra más!– Exclamó furiosa.
– Veo que mis intentos por controlar los rumores sobre mi hijo no han funcionado.–
Dijo una voz detrás de Cintia. Sus ojos se abrieron más grandes que platos; me tuve que morder la lengua al ver a quién pertenecía: Eric, Francisco y el duque Regí estaban allí. La cara de Regí estaba roja de rabia y vergüenza; el príncipe miró con desdén a Eric, quien solo me observó para ver si aquello me afectaba.
– Duque…– Balbuceó Cintia, nerviosa al bajar la cabeza.
– Disculpe, duque Augusto. Hablaré con mi hija.– Dijo avergonzado, agarrando a Cintia del brazo y tirando de ella mientras esta sollozaba.
– Lamento su comportamiento, duque. Seguro mi padre la corregirá.– Dije con calma.
– No se preocupe, querida. Lamento que mi hijo sea percibido como ese tipo de hombre en sus ojos.– Dijo mirando de reojo a Eric, quien solo asintió.
– Debería enseñar a su hijo a comportarse como un verdadero hombre.– Dice Francisco. Eric lo miró con una sonrisa ladina. – Ella es su esposa, pero también es mi cuñada, y no sería conveniente que el rey Vladímir se entere de tales tratos por parte de mi padre…– Lo miró con dureza.
«Y este… ¿Por qué de repente me defiende?» Pensé al levantar una ceja.
– Mi hijo se comportará como es debido.– Dice firme Augusto. – Quisiera hablar con usted, querida.– Miró a Aylin, quien asintió y lo siguió.
– Parece que el príncipe quiere algo más con mi prometida… ¿O me equivoco?– Lo miró frío y muy enojado.
– No dejaré que esté con un hombre como usted. Tan pronto tome el trono…– Se acercó más a él. – No dude en que la sacaré de sus garras repugnantes.–
Eric sonrió, sintiendo una extraña molestia al saber que el príncipe la deseaba. – Lo dudo; no podrá con ella, no es para niños blandos.– Sonrió macabramente antes de retirarse.
…
El duque Regí estaba a los gritos en el carruaje; Cintia estaba furiosa y llorando al comprender que casi había arruinado todo.
– Tu hermana es mucho más madura que tú; no puedo creer que digas semejantes cosas.– Grita. – En su propia casa, ¡qué vergüenza! Esto podría hundir a nuestra familia.–
– Padre… Yo no quise… No sabía que estaban detrás… Solo lo dije porque me enojé; ella dijo que el príncipe no me ama y que seguro está enamorado de ella.– Tenía que inventar algo para que le creyera.
– Entonces hablaré con el príncipe. Si eso es así, cuanto antes debemos acelerar la boda.– Suspiro frustrado. – Es mejor que apruebes esas pruebas reales; si el príncipe decide terminarlo todo por tu imprudencia, será la ruina de nosotros todos.–
– Haré todo lo posible, padre. Ya lo verás; mi hermana no es la única capaz de cosas grandes. Yo soy más fuerte y he recibido más clases que ella.– Dijo con determinación.
– Bien, entonces no lo arruines, porque no querrás conocer mi ira, Cintia.– Le dirigió una mirada mortal.
Cintia apretó los puños y asintió con temor; cada vez sentía más envidia, pues todo le salía bien a Aylin. No podía permitir que siguiera así.
…
– Me avergüenza admitirlo, pero la estaba espiando esta tarde, y toca de forma magnífica.–
Aylin se sorprendió; no había sentido al duque cerca.
– Muchas gracias, duque. Siempre me pierdo en la música, a veces más de lo debido.–
– Lo noté. Mi esposa cantaba mucho; tenía la voz más hermosa que mis oídos hayan escuchado.– Miraba la ventana con melancolía. – Le hubiera encantado conocerte; seguro estaría cantando a tu lado.–
– Eso hubiera sido maravilloso. Seguro era una gran mujer; puedo sentir su presencia en el castillo…–
Augusto sonrió. – Vi que tu poder también es fuerte. El bosque no acoge mucho a los nuevos visitantes, pero parece que a ti sí te da la bienvenida.–
Caminaron hasta la mesa; Aylin también había sentido que el bosque no la rechazaba. Según los cuentos, este ataca o libera a sus monstruos cuando los forasteros no son bienvenidos.
– Lo percibí, por eso toqué la música en agradecimiento. Espero que les haya gustado.– Sonrió.
– Hablando de eso, quisiera mostrarle algo… Podría ser de gran ayuda.– Sonrió ladino.
Aylin asintió escuchándolo, sonriendo a su vez al enterarse de que se trataba de una cacería de bandidos a los que el duque no lograba ubicar. Algunos poseían poderes de aire y estaban involucrados en la venta ilegal de mercancías, organizando grandes fiestas para ocultar sus apuestas y tráficos.
– Será un placer… Pero si resulta ser una trampa…– Levantó la ceja con descaro.
Augusto sonrió; era tan parecida a su amada, sin miedo a amenazar con sutileza e inteligente. Eso lo hizo apreciar aún más a la joven.
– Le doy mi palabra de que no será así; no me convendría.– Se acercó a su oído. – Si intenta ocultar algún cuerpo en el suelo, trate de no dejar sangre por doquier… Eso no luce nada elegante.–
Aylin tomó su copa de vino, entendiendo la alusión a la joven que había descuartizado y enterrado bajo tierra.
– Lo tendré en cuenta, duque.–
– Puede llamarme «padre». Después de todo, eres mi nuera y me caes muy bien.– Sonríe.
– Está bien; será un placer, padre.–
Ambos charlaban a gusto cuando llegó Eric, encontrándolos animados.
– ¿Me perdí de algo importante?– Preguntó con duda.
– Para nada, solo estábamos conversando. Es una joven extraordinaria, mi nuera; tienes una mujer increíble.– Dice feliz.
– Gracias, padre. Pero lo pondrás celoso a tu hijo si sigue alabándome así.–
El duque asintió. El príncipe llegó después con Cintia y Regí para cenar; sus caras reflejaban vergüenza. Eric miró de reojo a Francisco, quien no quitaba la vista de Aylin —aunque ella ni siquiera lo notara.
– Se te enfriará la comida.–
Dijo Aylin al darle un pequeño trozo de carne directamente en la boca. Eric se sorprendió, pero aceptó el bocado mientras miraba de reojo al príncipe.
– Dime… ¿Qué busca el príncipe contigo?– Susurró al oído.
– Que yo sepa, nada más allá de haber bailado en mi debut…–
– ¿Y por qué no deja de mirarte?–
Levantó la vista; Francisco sonrió sonrojado. Aylin sonrió ladina al mirar a Eric.
– ¿Acaso… Está celoso?–
Agarró su pierna por debajo de la mesa; Eric casi se atora con su bebida. Aylin rio bajo susurros.
– No te emociones, muchacha.–
– Quizás esté molesto porque rechacé su propuesta de matrimonio.–
Eric apretó los dientes al escuchar eso, intentó sacar su mano pero ella la sostuvo entre sus piernas, haciéndolo nervioso. Eric se puso rojo, tosiendo y mirando a otro lado hasta que se detuvo de golpe.
– Quisiera pedir disculpas, duque. No debí decir esas cosas a mi hermana ni difamar de tal manera en su hogar.– Decía Cintia con voz baja.
Eric asintió, más que incómodo por las caricias de Aylin y deseando tenerla para sí mismo.
Al terminar la cena, Aylin se retiró a bañarse. Su hermana y el príncipe se fueron junto al duque Regí; ahora solo quedaba sacar a los bandidos del juego. Seguro los rumores sobre Eric seguirían circulando, así que tendría que cambiarlos y domar a ese duque rebelde.
– Señorita, ¿está segura? Debería decirle al duque; sabe que no podré mentir si me pregunta.–
– Tranquila. Además, seguro ni se dará cuenta de que no estoy aquí.– Se puso una capucha.
– Tenga mucho cuidado.– Susurró Emili al verla bajar en la oscuridad y montar un caballo.
…
Eric salía de bañarse y se dirigió directo a su habitación, aún enojado con Aylin por haberlo dejado en suspenso; nadie se atrevía a tratarlo así. Al entrar, no la encontró y preguntó a las sirvientas, pero ninguna sabía de su paradero.
– Esa mujer… ¿Será posible que se haya ido? O tal vez…– Pensaba mientras recorría los pasillos. – Seguro está con su violín.–
Llegó a las afueras pero no la vio, sintiéndose inquieto y dudando de dónde podría estar. Ya estaba a punto de llamar a los soldados cuando se detuvo de golpe. ¿Qué demonios estoy haciendo? ¿Por qué me importa tanto? No, no, no… Este sentimiento es imposible.
Suspiro frustrado y subió a su habitación cuando vio a una doncella que le resultaba familiar. Emili abrió los ojos como platos y trató de escapar al verlo.
– ¡Alto!– Dijo con firmeza.
– ¡Maldición…!–
– ¿Dónde está mi esposa?–
– Bueno, es que…–
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desollar es quitar la piel*
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