Nuestros mundos eran diferentes, nuestros caminos... pocas veces se cruzaron. Éramos como dos líneas paralelas que no debieron encontrarse, mas, sin embargo; el universo quiso que así fuera.
Yo no estaba preparada para enamorarme de ti, de caer en tu juego de seducción y pasión desbordada, de aquel amor que todos miraron prohibido al principio, pero, que solo nosotros dos, entendimos como sucedió. Somos el equilibrio perfecto entre el dolor y el placer, entre conocer la virtud para después familiarizarnos con el vicio.
Tú me amas, yo te amo, nuestros cuerpos son el ejemplo perfecto de que dos almas están destinadas a estar juntas aun cuando la muerte acechaba en cada rincón de nuestra existencia. Tu eres el dragón que me envuelve en sus fuego incandescente, eres la marca que deseo en mi piel por siempre.
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V — NO PUEDE SER.
Después de una buena adaptación
1 semana después...
— ¿Y usted no duerme? ¡Parece vampiro desvelado! — río observando el rostro de mi guapo Jefe — Ah y buenos días, casi lo olvido — el ríe y me observa con cara de que no te soporto.
— ¿Nunca te han cerrado la boca con un beso? — ríe y me guiña un ojo, y le respondo trayéndole su café.
— ¡Te quedarás con las ganas de hacerlo! — da unas carcajadas, y luego me habla sarcástico.
— No hay mujer que se me resista — y eleva sus cejas pícaras y dibuja sus hermosos hoyuelos, los adoro.
— ¡Atrevido! — le contesto burlona— Iré por su desayuno ¿Algo especial Que quiera? — me ve y responde con una sonrisa.
— A ti. —yo abro mis ojos como platos, mejor escapo de aquí.
Una semana de trabajo con él y ya me anda coqueteando con sus comentarios sarcásticos, es sólo eso, sólo comentarios, no he desarrollado sentimientos de amores con él, lo veo más como un amigo, me hace sentir triste porque sé que debe pasar por algo, a veces está feliz, otros días está triste, muy pocas veces está de mal humor, y cuando eso pasa yo me encargo de hacerle una broma y enseguida su semblante cambia. Me encanta hacerlo reír, es muy fácil hacerlo y más con mis loqueras.
Llego a su oficina con 2 desayunos, uno en cada mano, parezco un malabarista, están calientes y no puedo cometer errores, y sí mi Jefe es un bebé debo quedarme aquí hasta que desayune.
— ¿Te pongo el babero? Señor Felipe — su nombre se lo digo sarcástico y entrecierra los ojos, mirándome lo que me pone nerviosa.
— Puedes ponerme cualquier cosa, sabes que no me opondría — y ahí está de nuevo su coqueteo burlón conmigo, le digo tomando mi desayuno
— ¿Puedo poner un cheque en blanco aquí con tu firma? — y escupe su jugo para luego babearse por mi comentario.
— MUY GRACIOSA SEÑORITA — eleva sus cejas como si estuviera molesto, pero no lo está y porque ah por lo que sigue — ¡Te puedo dar mi corazón que vale más, claro eso si tú quieres! — y me guiña un ojo pícaro y dibuja sus lindos hoyuelos.
— No gracias, usted es muy viejo, ¿Ya te dije que eres un SUGAR DADDY? — le veo como abre sus ojos que casi se le salen de su órbita y río por su gestos.
— SUGAR BOY es mejor — hace comillas en la última frase.
— ¡Felipe basta! Come. Demoras tanto, hablando en tonterías, termina, hoy tienes un almuerzo con un tal Ferrer dice ser puntual — y ruedo mis ojos, mientras limpio su escritorio y termino por limpiarle la barbilla de nuevo, y vuelvo a rodar mis ojos
— Quieres ser SUGAR BOY, y te babeas con un simple Jugo — huyo antes de otro comentario, vuelvo a mi escritorio y tomo la agenda.
Hoy hay un almuerzo con dos contratos especiales, Ferrer se llama el señor, vuelvo a su oficina para ultimar los detalles.
—Tabatha, estos contratos son especiales, no solo por lo que implica, sino porque la persona que los dirige es mi mejor amigo, se llama Adrien Ferrer, él es...— y ladea la cabeza, pensando quizás como decirme como es la personalidad del tal Ferrer— Él es bastante estricto, es puntual, muy serio, aburrido y por si fuera poco, habla muy poco, además agrégale a eso, que es arrogante y odioso, — suspira — Por eso debemos irnos temprano, es mi amigo y lo quiero muchísimo, pero es, quisquilloso para la hora, ¿estás de acuerdo? — me mira y yo asiento.
— Lo tengo claro como el agua. — y le guiño un ojo— Me retiro para preparar los contratos, feliz mañana. Felipe.
— Nos vemos al ratito — y detrás de mi siento mi mirada, y sin verlo le digo mientras estoy en puerta.
— Deja de mirar mi trasero Felipe — salgo de esa cueva de lobos, sonrío porque se ha quedado en silencio, y acerté en lo correcto, me estaba viendo mi trasero ¡Hump!
Almuerzo Bochornoso...
Mientras nos dirigíamos al restaurant para el almuerzo de Ferrer, me disculpe con él para ir al baño a asearme las manos, yo llevaba un vestido color durazno, de corte corazón en el busto, unos tacones plateados y mi cabello castaño largo lo llevaba en ondas en las puntas, un maquillaje ligero, pues no me gusta mucho verme tan maquillada, me encamino al baño mientras él ya está en la mesa, yo observo donde se sentó y veo que con el señor Felipe hay dos personas más.
Antes de sentarme le veo a él y me disculpo por salir de antemano y mientras le hablo doy mi vista al frente.
— Discúlpeme Señor Windsor, de verdad tuve que ir al baño, ya sabe. —cuando entorno la vista, NO PUEDE SER.... ¿Qué hacen ellos aquí?, la mujer se levanta de la mesa mientras sigo a medio sentar y me señala.
— ¡Tú, salvaje! — me grita y me señala — ¿Como puedes estar tú aquí? ¿Me puedes explicar esto Felipe? ¡¿Que hace esta salvaje contigo?! — observa a Felipe con ojos asesinos y su pecho sube y baja, su mirada «Oh Dios si, hoy me saca los ojos» Felipe sólo observa atónito, preguntándose que pasa aquí, y habla.
— Disculpa Karla, ella es Tabatha, mi secretaria y asistente personal, ella viene conmigo, no entiendo. ¿Ustedes se conocen? ¿De dónde? ¿Y porque le gritas de esa manera? — exclama molesto, y nos observa mientras ella sacude sus cosas y se dirige al otro hombre que sólo está viendo de espectador, en primera fila, ni se inmuta ni se molesta.
— Pues claro que la conozco, es una salvaje. Yo me retiro — escupe ella con rabia— Ni en miles de años comería con esta salvaje. — se marcha pasando por mi lado rozando mi hombro, simplemente la ignoro.
— Disculpa Felipe, sabes cómo es mi esposa — cierra los ojos con frustración y pena, lo miro embodada « ¿Lo oí bien? ¿Sí? » Sí Tabatha lo oíste bien, Cruella Devil es su esposa y, para colmo, está casado. Ahora si adiós trabajo, me supongo que hablará para que me boten, quizás querrá vengarse porque casi dejé sin cabellos a su esposa y por dejarlo con la pregunta en la boca, ay no puede ser, trágame tierra.
— Señorita puede sentarse aquí no ha pasado nada —me mira con esos ojos fríos y yo tomo asiento levemente, mis manos están frías y pálidas Felipe lo nota, me toma de la mano y yo me sobresalto.
— ¡Tabatha, estás helada! ¿Estás bien? ¡Estas pálida! — me dice en voz dulce y preocupada, si la voz de Felipe es distinta a la del otro hombre.—yo asiento.
— Sí, estoy bien, disculpa de verdad, y discúlpeme señor Ferrer — éste asiente mientras toma un sorbo de agua, pero sus ojos negros están fijos en los míos— De verdad que vergüenza — murmuro.
— Tranquila Tabatha, no ha pasado nada, ya después me dirás que pasa, ¿De acuerdo? — yo asiento en respuesta — Por cierto, Adrien te presento a Tabatha Blanc, ella es mi secretaria y mi asistente, — voltea a verme — Tabatha él es mi mejor amigo, Adrien Ferrer, de él hablamos temprano ¿Lo recuerdas? — me guiña un ojo y sonríe gracioso.
— Veo que no pierdes el tiempo Felipe para hablar de mí — dice el— ¿Tan importante soy para ti? — Felipe sonríe por sus comentarios y yo dentro de mí pienso en lo que me dijo mi Jefe, si es verdad es arrogante, pero su voz... « es una voz grave Dios mío, una voz fuerte que denota autoridad, tal como lo conocí, peor aún no me quita los ojos de encima... que triste... así no se puede comer »
— ¿Trajiste los contratos Felipe para firmarlos de una vez?
— Claro por supuesto, aquí están — me extiende su mano para que yo le haga entrega de los documentos y le digo en voz baja a su oído.
— No traje baberos — sonríe por lo que le dije, el señor Ferrer me observa con curiosidad.
— Tranquila, sé comer. Oye Adrien acá tienes, puedes revisarlos si quieres —éste niega con la cabeza.
— No te preocupes, confió en ti. — firma todos y cada uno de los documentos, yo sólo lo observo, discretamente, su cabello es hermoso, su cara sin ninguna imperfección, sus labios son delgados y unas pestañas largas, le envidio sus pestañas — Nadie me había mirado tanto... — reacciono al escuchar su voz
« ¡Dios mío se dio cuenta! que lo estoy viendo, cabeza de avestruz para mí por favor...»
— Oh lo siento señor Ferrer, todavía no salgo del trance, de lo de hace un momento — que pena, trágame tierra — Iré al baño con permiso — y me levanto como una flecha para escapar de ahí.