Dos hermanas en sociedad, Solo una será la protagonista y la otra esposa del Cruel Villano
– No dejaré que se escape mi lindo Villanito -
Esta vez la historia seguiría el curso pero ya no será al antigua hermana de la protagonista quien lloraba y hará tímida, en ella hay alguien poderosa y más terrorífica que el mismo Villano
🔞 Algunas escenas son explícitas
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¿Te quedo claro ?
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Eric se despertó; el sol le molestaba la vista. Se levantó y no vio a Aylin, solo suspiro. «Me dejé llevar, maldición.» Se alistó y salió a ocuparse de sus asuntos.
– Que alguien limpie el balcón y prepare mi desayuno. Iré a mi oficina.– Ordenó.
…
Aylin estaba rodeada de tomos en la oficina de Eric; le llamaba la atención cada libro sobre monstruos y leyendas de generaciones pasadas. Anotó datos importantes del reino de Varkel y todo lo que despertara su curiosidad.
Estaba vestida para entrenar cuando escuchó que alguien entraba. Sonrió ladina al verlo.
– ¿Qué haces aquí? Ahora mismo estás hurgando en mis cosas.–
– Busco información y todo lo que me resulte interesante. No me gusta estar en un lugar sin saber qué ocurre a mi alrededor.–
Eric mordió los labios, la observó detenidamente; su vestimenta lo sorprendió: llevaba prácticamente lo mismo que él.
– Deja de mirarme así si no quieres que te vuelva a hacer mío.– Balbuceó Aylin.
Eric soltó una carcajada. – Lo de anoche no fue nada más que un impulso; este matrimonio se basa en un acuerdo legal.–
– Lo sé…–
– Solo es una conveniencia…– Se acercó a ella. – No habrá amor ni nada por el estilo, y yo no pertenezco a nadie.–
– Yo no mencioné nada de amor… Y eres mío sin importar lo que digas.– No desvió la mirada del libro.
Eric tomó el volumen de sus manos. – Escucha bien, muchacha: tengo mi vida libre, no te emociones por solo una noche.–
– Vaya, pero qué bien nos despertamos.– Le palmó la mejilla. – Deja de llamarme «niña» o «muchacha»…– Sonrió.
– ¿Qué pretendes? Seguro estás tramando algo con todo esto, ¿no?–
Aylin movió su mano y lo sujetó contra la pared con las manos arriba; Eric no podía creer la fuerza de esas lianas tan finas.
– Esto es lo único que quiero.–
Metió su mano entre sus piernas, acariciándolo suavemente. Eric apretó los dientes, intentó apartarse pero sus piernas quedaron sujetas.
– Una mujer como tú no puede querer solo esto…– Apretó más los dientes, aguantando la excitación ante sus caricias.
– Tienes razón, pero sería aburrido si lo consiguiera sin esfuerzo.– Agarró sus mejillas, acercándolo a sus labios. – Y me gustan los retos…– Mordió su labio inferior mientras empezaba a lamer su cuello, bajando por su hermoso abdomen.
– No te esfuerces, eres terrible… No me provocas nada.– Dijo furioso, pero Aylin sonrió y bajó su pantalón: su miembro ya estaba completamente erecto y la miraba fijamente. – Maldición… No significa nada.–
– Bien, entonces puedo continuar… Total que no representa nada.–
Lamió suavemente su masculinidad; Eric jadeaba, intentando contenerse pero no pudo resistir más, moviendo sus caderas al sentir el movimiento de su lengua y el calor de su boca. Ese tacto era un escalofrío en su cuerpo, haciendo que se erizara por completo. Quería tomarla con fuerza, pero las lianas eran más firmes de lo que parecía.
– No te salvarás… ¡Ahh! Si me sueltas… Te haré rogar.– Agitado, llegaba al clímax.
– Mmm, eso me encanta.–
Lo miró desde abajo, lamiéndolo como si fuera una paleta. Eric se liberó al sentirlo, dejando todo en su boca y rostro.
Estaba agitado al mirarla: era la primera vez que conocía a una mujer así, sin escrúpulos, segura de sí misma, fuerte y más atrevida que él.
– Eres mío, duque… Solo intenta volver con tus zorras y no querrás conocerme, cariño.–
Lo tuvo frente a frente, envuelto entre sus brazos. Los hermosos ojos grises de Eric brillaban al verla; solo mordió los labios ante sus palabras.
– No me amenaces…–
Aylin lo besó; estaba cada vez más obsesionada con ese hombre. Lo soltó al sentir que respondía al beso con más fuerza y pasión. Él la agarró por la cintura, tirando los libros del escritorio.
– Esto no significa nada.–
Dijo entre besos mientras la desnudaba, clavando sus caderas contra ella con embestidas rápidas, mordiendo y lamiendo sus pechos. Aylin jadeaba, excitándose cada vez más.
En el pasillo, varios sirvientes se retiraron apenas escucharon ruidos provenientes de la oficina. El padre de Aylin iba a hablar con Eric pero fue detenido por una doncella.
– Señor… El duque está ocupado con su esposa, me temo.– Dijo avergonzada.
El hombre miró el pasillo vacío y luego a la mujer, entendiendo la razón. Solo asintió sonriendo antes de retirarse; tendría que conocer mejor a su encantadora nuera.
…
Cintia buscaba a Aylin por todos lados, pero no pudo acceder a la zona donde se encontraba el duque: los caballeros no la dejaron pasar, ya que solo la esposa y el padre del duque tenían permiso.
– Soy su hermana… Es mi cuñado, puedo entrar. ¡Qué vergüenza!–
– ¿Acaso no conoce las leyes? Debería leer los reglamentos reales, señorita Cintia.–
El soldado la reprendió al ver su falta de respeto; no saber esas normas sería una vergüenza ante el duque y su esposa, ya que eran conocidas en todo el reino.
Cintia apretó los labios y se retiró furiosa. «Malditos reglamentos.»
…
Eric salía de la oficina frustrado; no entendía cómo otra vez había caído en sus garras… y que le gustara, para completar su desasosiego. Incluso su cuerpo le jugaba malas pasadas: con cualquier otra mujer ni siquiera reaccionaba, pero con Aylin era todo lo contrario. Salió al jardín para ir a entrenar a paso rápido, enojado por que esa mujer lo había conquistado dos veces seguidas.
Cintia, que pasaba por allí, lo vio y no pudo creer lo hermoso que era: más atractivo que el príncipe, su piel brillaba bajo el sol y sus ojos grises eran profundos. Ahora que lo veía de cerca, quería probarlo; seguro sería fácil, dada su fama.
– ¡Oh… Duque, buenos días!– Dijo sonriendo mientras «sin querer» cayó frente a él.
Eric la miró de reojo. – Traigan un médico, la señorita se ha caído; podría tener alguna lesión.– Dijo sin mostrar interés.
Cintia frunció el ceño. ¿Qué demonios era eso? ¿Por qué no la sostuvo? – Lo lamento, duque… Tendré más cuidado; no pasó nada.– Dijo limpiando su vestido.
– Bien.–
– Ah…!–
Cintia emitió un gemido y se desmayó contra una columna, pero Eric siguió caminando sin prestarle atención a su estúpida actuación. Ya conocía a muchas mujeres de su calaña. «¿No tiene ningún truco mejor que ese?» Pensó.
– ¡Pero qué demonios… Maldito!– Dijo entre dientes mientras se limpiaba furiosa.
– ¿Quiere que llame al médico, señorita?–
– No me molestes.–
Dijo furiosa al retirarse del lugar. Los presentes se miraron; algunos rodaron los ojos, ya que la actitud de Cintia no les agradó en absoluto.
Aylin, que observaba todo desde la ventana, soltó una sonrisa.
– Tan tonta y vacía, la pobre.– Balbuceó.
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desollar es quitar la piel*
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