Kael, el rey de los lobos, huye de un destino impuesto… pero no puede escapar de su propia oscuridad.
En el mundo humano conoce a Lía, la única capaz de activar un vínculo prohibido por la diosa de la luna.
Cuando la sombra del pasado, el consejo y una guerra ancestral los persiguen, el amor se vuelve una amenaza.
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CAPÍTULO 10: EL CONSEJO HA LLEGADO
La oscuridad no llegó de golpe. Se deslizó. Lenta. Pesada. Como si alguien hubiera apagado algo más que la luz.
El loft dejó de ser un lugar.
Se convirtió en una trampa.
Lía dejó de respirar por un segundo.
No era solo miedo. Era instinto.
Algo dentro de ella —algo nuevo, desconocido— le gritaba que no estaban solos.
Que nunca lo habían estado.
La voz volvió a sonar.
Grave.
Antigua.
Autoritaria.
—Rey Kael Draven… entrégala.
El aire vibró.
No fue un eco.
Fue poder.
Real.
Denso.
Imposible de ignorar.
Kael no dudó.
Se movió al instante.
Un paso adelante.
Su cuerpo frente al de Lía.
Como un muro.
Como una promesa.
—No.
Una sola palabra.
Pero no fue una respuesta.
Fue una declaración de guerra.
El silencio que siguió fue aún peor.
Entonces…una luz blanca se encendió.
Al fondo.
Fría.
Artificial.
Reveladora.
Luego otra.
Y otra más.
Las luces de emergencia comenzaron a activarse una por una, iluminando el loft en fragmentos.
Sombras largas. Columnas metálicas. Cristales rotos.
Y finalmente…ellos.
Cinco figuras.
Inmóviles.
Perfectamente alineadas.
No parecían personas.
Parecían sentencia.
Lía sintió que el corazón le golpeaba contra las costillas.
Uno de ellos avanzó.
Lento.
Seguro.
Un hombre mayor.
Cabello gris perfectamente peinado.
Traje oscuro sin una sola arruga.
Bastón plateado.
Y esos ojos.
Dorados.
Fríos.
Vacíos de compasión.
Pero llenos de algo peor.
Control.
—Kael Draven —dijo con calma—. Sabía que terminarías trayendo el caos al mundo humano.
Kael no se movió.
Pero Lía sintió cómo su cuerpo se tensaba.
Como si estuviera conteniendo algo.
Algo peligroso.
—No estás en tu sala de piedra —respondió Kael—. Aquí no mandas.
El hombre sonrió.
Apenas.
Como si eso fuera irrelevante.
—Sigo mandando donde tú respires.
Lía tragó saliva.
Algo en esa frase la heló por dentro.
El hombre giró la mirada hacia ella.
Y en ese instante…todo cambió.
No fue físico.
Fue algo más profundo.
Como si la estuviera atravesando.
Leyéndola.
Midiéndola.
Pesándola.
No como persona.
Como posibilidad.
Lía retrocedió un paso.
Instinto puro.
—Así que tú eres la marcada…
Kael se movió.
Un paso adelante.
Más firme.
Más peligroso.
—No la mires.
La voz no fue alta.
Pero fue suficiente.
El aire volvió a tensarse.
El hombre no reaccionó de inmediato.
Solo inclinó ligeramente la cabeza.
—Interesante.
Sus ojos regresaron a Lía.
—Tiene más voluntad de la que esperaba.
Lía apretó los puños.
El miedo seguía ahí.
Pero algo más estaba creciendo.
Rabia.
—No soy un objeto —dijo.
Su voz tembló.
Pero no se rompió.
El hombre sonrió.
—Eso está por definirse.
Kael avanzó otro paso.
Esta vez más cerca.
Demasiado cerca.
—No decides nada sobre ella.
El bastón del anciano golpeó el suelo.
Una vez.
Seco.
—Lo decido todo.
Silencio.
Pesado.
Inevitable.
Luego habló.
Más bajo.
Más peligroso.
—Porque si ella es quien creemos…
Hizo una pausa.
Miró directamente a Lía.
—Su existencia cambiará el equilibrio de todas las manadas.
Lía sintió que el estómago se le cerraba.
Kael no apartó la mirada.
—Entonces aprende esto de una vez.
Su voz bajó.
Grave.
Amenazante.
—No voy a dejar que la toques.
Por primera vez…el anciano dejó de sonreír.
—Ese es tu problema, Kael.
Silencio.
Un segundo.
Dos.
—Ya no piensas como rey.
Miró a Lía.
—Piensas como hombre.
Eso fue todo.
Kael se movió.
No caminó.
No dudó.
Atacó.
En un segundo estaba frente a él.
Su mano cerrándose en el cuello del anciano.
El golpe contra la pared resonó en todo el loft.
Los otros cuatro reaccionaron.
Demasiado tarde.
—¡Un paso más y lo rompo! —gruñó Kael.
Sus ojos brillaban.
Pero ya no era solo luz.
Era algo más oscuro.
Más profundo.
Más animal.
Lía lo vio.
Y entendió algo que antes no.
Kael no estaba perdiendo el control.
Estaba dejando de contenerse.
El anciano no luchó.
No gritó.
No mostró miedo.
Solo lo observó.
—Exactamente esto temía.
Kael apretó más fuerte.
—No me importa lo que temas.
El anciano inclinó apenas la cabeza.
—Debería.
Silencio.
Luego dijo:
—Porque ella es tu debilidad.
Kael lo soltó.
Pero no por duda.
Por furia.
Un golpe seco.
Directo.
El anciano retrocedió.
Y en ese instante—todo explotó.
Los otros cuatro atacaron.
Coordinados.
Letales.
Kael se movió como una tormenta.
Bloqueó.
Golpeó.
Destruyó.
Uno contra la pared.
Otro contra el suelo.
Otro atravesando una mesa.
El ruido fue brutal.
Cristales.
Metal.
Madera rompiéndose.
Lía retrocedió.
Intentando respirar.
Intentando pensar.
Pero todo era demasiado.
Hasta que—una mano la sujetó.
Por detrás.
Fuerte.
Imposible de romper.
—Quietecita —susurró una voz.
Fría.
La daga apareció frente a su cuello.
Plata.
Brillante.
Mortal.
El tiempo se detuvo.
Kael también.
Sus ojos se clavaron en ella.
Y todo desapareció.
El ruido.
La pelea.
El mundo.
Solo quedaron ellos.
—Kael… —susurró Lía.
Y en ese susurro…había miedo.
Pero también confianza.
Eso fue lo que lo rompió.
O lo activó.
La marca reaccionó.
No lentamente.
No suavemente.
Explotó.
Una luz plateada emergió desde la clavícula de Lía.
Brillante.
Viva.
Antigua.
El aire cambió.
El atacante gritó.
La daga ardió.
Literalmente.
La soltó.
Como si quemara.
La luz se expandió.
Recorrió el cuerpo de Lía.
Subió por su cuello.
Iluminó su piel.
Sus ojos.
El loft entero.
Todos se detuvieron.
Incluso Kael.
Incluso el anciano.
Incluso la lluvia.
Sí.
La lluvia.
Se detuvo.
Suspendida en el aire.
Como si el tiempo hubiera decidido mirar.
Lía levantó la mirada lentamente.
Su respiración se estabilizó.
Su miedo…desapareció.
En su lugar…había algo nuevo.
Poder.
Crudo.
Despierto.
Inevitable.
El anciano dio un paso atrás.
Por primera vez…sin control.
—No…
Su voz falló.
Un susurro.
Una certeza.
—No puede ser…
Kael la miraba.
Pero no como antes.
No como protegía.
Como reconocía.
Como aceptaba.
Como… pertenecía.
Y entonces…el anciano habló.
Pero ya no como autoridad.
Como testigo.
—La reina…
Silencio absoluto.
Una pausa que parecía infinita.
—…ha despertado.
La luz estalló. Y todo se volvió blanco. Porque cuando la reina despierta nadie sabe que va a pasar y que consecuencias tendrá este nuevo despertar.