Amara es una mujer que durante su vida fue muy feliz, ya que tuvo una familia a la que amaba y que la amaban, por lo que, tras morir, se sorprende al encontrarse con Dios, quien le pide que lo ayude a salvar el alma de un hombre, así como las vidas de aquellos que lo rodean.
Amara, quien comprende la importancia de lo que le piden, acepta ayudar a aquel hombre y brindarle el amor que le han negado, y en el proceso la joven descubre una nueva faceta del amor que nunca había experimentado en su anterior vida al lado de Dargan, el hombre al que debe ayudar, a la vez que debe cuidarse de aquellos que desean destruir a Dargan o, peor aún, utilizarlo para sus nefastos propósitos.
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Capítulo 10
Mientras caminamos por el jardín, yo comienzo a hablarle sobre algunas de las plantas y flores del lugar, con la esperanza de hacerle conversación, pero Dargan se niega a hablar, solo me mira, pero no dice nada, pero a pesar de eso yo no me pienso rendir, por lo que sigo hablando y haciéndole una que otra pregunta.
- ¿Qué tu nunca te callas? – me pregunta después de un rato.
- Lo haría si tú hablaras – le contesto con una sonrisa, y al ver que aún no dice nada, vuelvo a hablar.
- ¿Qué quieres saber? – me dice al poco rato.
- ¿Qué te gusta hacer? – le pregunto rápidamente, no vaya a ser que se arrepienta.
Tras mi pregunta, Dargan no dice nada, por lo que tomo aire de manera exagerada, para darle a entender que pienso volver a hablar.
- Pintar, me gusta pintar – me contesta, a lo que yo sonrió.
- Es un lindo pasatiempo – le contesto, y ya no hablo más; creo que ya lo presioné demasiado por hoy.
Ambos caminamos en silencio por un rato, simplemente disfrutando de la vista, y yo, sin dudarlo, tomo su mano y, aunque puedo sentir que se tensa ante mi contacto, no hace nada por soltarse, por lo que el resto del camino lo hacemos tomados de las manos.
- Ya debo de irme, volveré en unos días, le haré saber un día antes sobre mi llegada – me dice Dargan, quien se va dejándome sola en el jardín.
- Eso no estuvo tan mal – me digo a mí misma, una vez ya lo he perdido de vista.
A decir verdad, nuestro primer encuentro para mí fue un éxito, aunque hay cosas que debo mejorar, como no tratarlo como un niño, y es que buena parte de nuestro encuentro, sobre todo mientras comíamos, lo traté como solía tratar a mis hijos y nietos, y bueno, Dargan no es ni lo uno ni lo otro, y yo tampoco soy su madre, además de que soy menor que él, y si bien no está mal que quiera cuidarlo, ambos nos casaremos, y una relación tan fraternal no es la mejor idea.
También durante el paseo las cosas fueron un poco mejor, hablar y hablar hasta cediera al menos un poco, es un método que una de mis nueras uso con mi hijo, el mayor, quien era un poco cerrado con personas ajenas a la familia, mi nuera, quien me dijo que se enamoró de él a primera vista, solía hablar y hablar para obligarlo a hablar con ella, y fue así como lo conquisto, su esfuerzo y perseverancia, y un buen regaño de mi parte, lo hicieron ver que ella era una buena chica y que sería un tonto si la dejaba ir, y bueno se casaron y me dieron a mis primeros y preciosos nietos.
Satisfecha con lo sucedido, decido ir a buscar a mi hermana, quien había estado preocupada por mí desde el día de ayer.
Pensar en Lorena me lleva a darme cuenta de que algo aún mejor pasó durante mi cita con Dargan, y es que, tras preguntar por mi hermana al inicio, con todo lo que hice, Dargan se olvidó de ella, lo que significa que aún no se sienta tan apegado a ella, lo que evita no solo mi trágico destino, sino también el suyo, ya que es la muerte de Lorena por su propia mano, lo que lleva a Dargan a hundirse en ese profundo vacío que lo convierte en un verdadero tirano.
Primero me dirijo a la biblioteca, ya que, si bien Lorena me dijo que estaría en su habitación, algo me dice que no es así, y al abrir la puerta la encuentro, por lo que voy hacia ella con una sonrisa, y puedo ver cómo mi sonrisa calma a mi hermana, quien estaba muy preocupada.
✨✨✨
Vuelvo a mi mansión y, la verdad, no sé ni qué pensar, y es que la jovencita que bebió veneno para no verme parecía ya no tenerme miedo.
Mi compromiso con Amara Láska fue pactado por el rey, quien seguramente intenta usar a la jovencita para hacer algo en mi contra, algo absurdo, porque, ¿qué podría hacer una dama como ella contra alguien como yo?, alimentarme.
Ese pensamiento me saca una sonrisa, y es que nadie nunca se había esforzado tanto por que comiera. Mis padres apenas me alimentaban, y en la mansión no vive nadie más que yo; son mis sombras las que hacen que todo esté tal y como quiero, ya que ninguna persona quiso trabajar para mí, me temían demasiado.
Sus miradas de terror, iguales a la de la sirvienta de la mansión Láska, es algo a lo que ya me he acostumbrado, pero no por eso me parecen menos molestas, y es que, sin que yo les haya hecho algo, me temen, algo que me irrita.
La única persona que parecía no tenerme miedo es Lorena Láska, quien incluso me sonreía.
Sonrió al pesar en la joven Láska, pero entonces su imagen cambia por la sonrisa que me ha brindado mi prometida el día de hoy, una sonrisa totalmente diferente a la de su hermana, más grande e incluso más auténtica que la de Lorena.
Rápidamente, Lorena sale de mis pensamientos, y en estos solo está Amara, quien no solo pareció no tenerme miedo, sino que también se preocupó por mí, algo que nadie nunca había hecho, pero a pesar de eso, no puedo dejar de pensar que hay algo extraño con ella.
Invoco una sombra, una pequeña del tamaño de un ratón, y le doy la forma de dicho animal.
- Vigila a Amara Láska y repórtame todo lo que haga – le ordeno a mi sombra, quien desaparece de la palma de mi mano para hacer lo que le he pedido.
Tras mandar a una de mis sombras con Amara, me dirijo a mi oficina; tengo trabajo que hacer.
Trabajo por algunas horas, cuando una de mis sombras aparece; esta no es la que mandé a vigilar a Amara, esta vigila un pez más gordo y cuando me informa lo que ese desagraciado está haciendo, sin dudarlo salgo de mi mansión, ya que hay algo que debo hacer.