Nuestros mundos eran diferentes, nuestros caminos... pocas veces se cruzaron. Éramos como dos líneas paralelas que no debieron encontrarse, mas, sin embargo; el universo quiso que así fuera.
Yo no estaba preparada para enamorarme de ti, de caer en tu juego de seducción y pasión desbordada, de aquel amor que todos miraron prohibido al principio, pero, que solo nosotros dos, entendimos como sucedió. Somos el equilibrio perfecto entre el dolor y el placer, entre conocer la virtud para después familiarizarnos con el vicio.
Tú me amas, yo te amo, nuestros cuerpos son el ejemplo perfecto de que dos almas están destinadas a estar juntas aun cuando la muerte acechaba en cada rincón de nuestra existencia. Tu eres el dragón que me envuelve en sus fuego incandescente, eres la marca que deseo en mi piel por siempre.
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VIII — TERQUEDAD
Horas después...
— ¡Tabatha, Tabatha, Tabatha! —la voz de Felipe me despertó del sueño, lo vi y lloré, por primera vez lloré por verlo y comencé a gritar.
— ¡Felipe, Felipe! —grité mientras lloraba a cascadas y tomaba sus manos de los barrotes — Sácame por favor, sácame de aquí, yo no tuve culpa Felipe créeme —Lloraba a moco suelto, el tomo de mis mejillas y ardían por mis lágrimas y por los arañazos, ya la sangre estaba seca, él limpiaba mis lágrimas y me decía con voz suave que tuviera calma que ya iba a salir.
— Tranquila mocosa, ya vas a salir, ten calma ¿Sí? —yo asentí y reí por su comentario al llamarme mocosa, todavía tenía ese humor para bromear en una situación así, de alguna forma me hizo sentir bien, y pude calmarme — Toma —me tendió un pañuelo para limpiarme, tenía su colonia exquisita y varonil — Mi abogado está haciendo los trámites para que salgas. A Karla — lo dice a regañadientes — Se la llevó el abogado de Adrien, no te preocupes, yo estoy aquí ¿De acuerdo? — pellizco mi nariz mientras yo asentí y sonreí mientras limpiaba mis mejillas me ardían, el pañuelo estaba mojado y con sangre seca mientras lo frotaba por mi cara — Te llevaré al hospital una vez que salgamos de aquí.
— Sí. —fue lo que pude decir, hasta que se acercó su abogado y le entrego al oficial la orden de liberación, abrieron mi reja y salí, lo primero que hice fue abrazar a Felipe, y él me recibió sin ningún problema, lloré un poco más hasta que me soltó para caminar hasta la salida.
— Niña loquita, Niña mala, no lo vuelvas a hacer te daré unas buenas nalgadas con un cinturón ¿ok? —me ve serio, y enseguida estallamos en risas, mientras salíamos para subir a su auto hasta el hospital.
En el hospital...
Sólo limpiaron mis heridas, las desinfectaron y aplicaron pomada con antibiótico, me colocaron un antiinflamatorio y para el dolor, ya solo fueron arañazos, nada que requiera suturas, menos mal porque le temo a las agujas. Felipe estuvo en todo momento conmigo, no soltaba mi mano, parecía una niña de 5 años.
— Muy bien te ganaste una paleta —me dice una vez salimos del hospital, y reímos, le miro después seria.
— Quiero una de fresa — me subo al auto sin más, y me mira atónito.
— ¿Es en serio? ¿Quieres una paleta? ¿Y de fresa? —me pregunta confundido y yo asiento y le hago ojitos de gato abandonado, éste resopla y va a una tienda cerca, regresa y me entrega una paleta, pero no era de fresa, le miro enojada.
— ¿Qué? —espeta confundido.
— No es de fresa —me quejo y el solo me observa ya algo enojado, con lo que me gusta hacerlo enojar.
— Confórmate con la paleta, te has portado muy mal para estar exigiendo, ¿ok? Vuelves a pelear en la calle y no te compro más nada —resoplo y ruedo mis ojos, el ríe travieso dejando ver sus lindos hoyitos.
En casa...
— Tabatha, por Dios ¿Que te pasó? ¿Porque estas tan desarreglada? y tu cara hija... —me observa tomándome la cara preguntándome a mí, pero más preguntando para Felipe.
— Bueno la muy traviesa, tuvo una pelea, y terminó en la estación de policía ¿Qué tal? Si quiere me quito el cinturón para que le dé — mira a mi mamá serio y luego a mí, se cruza de brazos para ver la reacción de mi madre.
— No sería mala idea Felipe, pero no queremos ver tu cuerpo sexy —levanta las cejas pícaras, Felipe ríe por su chiste, y yo resoplo para ir a mi cuarto y ducharme.
— Pediré comida, hoy nadie cocina, —dice Felipe — Además es bastante tarde —mira su reloj y se sorprende.
— Oh Felipe que pena, puedo cocinar algo rápido, — éste niega y dice—
No. Ya es tarde. Ya pedí. Comeremos comida china. —Nos guiña un ojo a ambas, asiento con una sonrisa y me dirijo a duchar.
En casa de Adrien Ferrer...
— ¡¿QUE CREES QUE HACES?! ¡COMPORTATE! — grito molesto por la estupidez más grande que ha hecho esta mujer — ¡ME AVERGÜENZAS KARLA! —La fulmino con la mirada, mientras ella está ahí como si nada hubiera hecho.
— ¡NO ME GRITES ADRIEN! ¡SOY TU ESPOSA! — Me espeta furiosa, pero no, esta no se la paso.
— ¡Por eso mismo, porque eres mi esposa compórtate como tal!,¿Qué haces golpeando a la secretaria de Felipe, acaso te volviste loca? Sólo te digo una cosa Karla — le siseo entre dientes — Con que este acto idiota tuyo salga a la luz y deshonre mi apellido, me las pagas, ¡¿ENTENDISTE?! —Le sentencio molesto.
— ¿Es por ella, por la salvaje esa que estas así? ¡TE GUSTA! ¡¿QUE TE TRAES CON ELLA AH?! ¡DIME! —Me levanta la voz con aire de altanera, y yo solo me froto las cejas y me limpio el rostro con las manos, esta situación me frustra ¿Como se atreve a insinuar algo así en este momento?
— No es ella —me acerco y le señalo amenazante— No me interesa quien carajos sea la mujer que hiere tú Ego, pero solo te diré una cosa — me planto cara a cara centímetros de ella y me mira, fijamente retándome con la mirada— Si esto me trae problemas, a mí, a mi empresa, a mi familia y a todo lo que tengo con mucho esfuerzo ¡TE ARREPENTIRÁS! —Le grito en su cara— ¡CONMIGO NO JUEGUES KARLA!
— Esa salvaje me las va a pagar, se cruzó en mi camino y no la dejaré ir tan fácilmente... —Bufa molesta, y me reta con la mirada, soy hombre de paciencia, pero Karla me la está poniendo difícil, le digo con calma y voz apacible, sí esa voz que solo una mujer entiende cuando sabe que ha rebasado la paciencia de un hombre y le siseo, intimidándola con mi mirada.
— Lo tuyo no es venganza, —le tomo su barbilla y le veo fijo— Tu problema es que, por fin salió alguien de la nada y te puso en tu lugar, cosa que odias porque siempre quieres estar encima de todo y de todos, —acaricio su mejilla suavemente continuo con calma— Lo tuyo se llama orgullo herido y eso duele, — me giro para retirarme, cuando ella iba a contestar, uno de los sirvientes llamó a la puerta, caminé a ella y la abrí lentamente.
— Señor Ferrer, su abuelo Franco y la señora Janice están en la sala, con permiso — yo asiento mientras él se va, vuelvo a ver a Karla, quien sigue con su pecho subiendo y bajando, ya sabe que no puede hacer nada, le doy una última mirada y salgo de la habitación.
Al cabo de un rato en cada de Tabatha...
— Gracias Felipe... por todo lo de hoy, Karla se cruzó en el centro comercial, jamás la agredí primero, de verdad, espero que me creas, sabes que yo no soy violenta... bueno hasta que me buscan —y bajo la mirada con vergüenza y Felipe ríe breve — Te juro que no le haría daño a alguien solo porque sí, jamás haría eso. —Felipe asiente y me da un abrazo, éste es un abrazo que sí disfrutaré porque ya no estoy en una mala circunstancia....
En un bar de la ciudad...
— ¿Como está la señorita Tabatha? —pregunta mi amigo Adrien.
— Pues estaba bastante asustada, cuando fui a pagar la fianza, aterrada diría yo — tomo otro sorbo de mi whisky y le miro, él está en silencio, sabe que está apenado y sé que le pasó algo.— Háblame de ti, que te pasó con Karla, tu cara es por ella ¿Discutieron de nuevo? —mi amigo asiente, y yo le miro con tristeza, me imagino lo que debe pasar y más con el bochorno de su esposa hoy, ojalá no le afecte para mal.
— Puede haber un posible divorcio — expresa la última frase en gestos de comillas, yo le miro incrédulo, no pensé que fuera para tanto para llegar a ese extremo.
— Adrien amigo ¿De verdad estás hablando en serio? ¿No crees que es drástico? —miro hacia abajo — Digo, es una decisión bastante fuerte —le susurro en voz baja, para que no se sienta ofendido.
— Presiento que Karla me es infiel —veo a mi amigo, me suelta esa bomba y yo abro los ojos como platos, y casi me ahogo con mi trago.
— Dios mío Adrien, ¿Es en serio? — este ladea la cara y me da una media sonrisa falsa, y vuelve a tomar su vaso y se lo toma de un solo trago.
— Te lo comprobaré — me dice con voz segura y se levanta y se retira antes de darme unas palmaditas en el hombro, gesto que me hace reaccionar por tal información, ya que tengo la boca abierta y mi ojos aún como platos ¿Que está pasando en el matrimonio de mi amigo? ¿No es feliz?