✅️🔞Zane amó a Noah en silencio durante una década, protegiéndolo desde las sombras con una devoción obsesiva. Cuando el pasado regresa encarnado en Jessica, Zane decide romper todas las reglas. Entre las paredes de un estrecho monoambiente, la amistad se transforma en un deseo eléctrico que cambiará sus destinos para siempre.🔞✅️
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El novio perfecto
La primera semana de parciales en la facultad de Derecho había transformado al cuarteto de atletas en un grupo de zombis cargados de libros. El Derecho Romano y la Introducción al Pensamiento Jurídico estaban acabando con la poca energía que les quedaba. Por eso, decidieron que la "base de operaciones" sería el nuevo monoambiente de Zane.
Cuando llegaron, Luke soltó una carcajada que resonó en las cuatro paredes del lugar.
—¡Zane, hermano! —gritó Luke, tirando su mochila sobre la única y enorme cama que ocupaba casi todo el espacio—. Me dijiste que era un lugar pequeño, ¡pero esto es básicamente una caja de zapatos de lujo!
Mauro entró detrás, observando con ojo clínico el espacio. El apartamento era moderno, impecable, pero efectivamente solo tenía una habitación integrada: una cocina pequeña, un escritorio lleno de libros y esa cama matrimonial que parecía gritar el nombre de Noah.
—Es práctico —respondió Zane, tratando de sonar casual mientras cerraba la puerta—. No necesito más espacio para estudiar.
—Bueno, pues espero que tu alfombra sea cómoda —dijo Mauro con una sonrisa de lado, mirando a Zane—, porque Luke y yo no pensamos movernos de aquí hasta que sepamos de memoria el Código Civil. Dormiremos en el suelo si es necesario, pero de aquí salimos aprobados.
Noah se rió, dejando sus cosas sobre el escritorio.
—A mí no me importa, Zane. Ya sabes que puedo dormir hasta en una silla. Además, este lugar es genial, se siente muy... tú.
Zane sintió un calorcito en el pecho. Que Noah dijera que el lugar se sentía como "él" era el mejor cumplido. Ya se imaginaba las noches de estudio que vendrían, con Noah durmiendo a su lado en esa cama, sin paredes de por medio.
Pero justo cuando empezaban a sacar los apuntes, el teléfono de Noah vibró sobre la mesa.
Noah lo tomó con curiosidad. Al ver la pantalla, su rostro cambió por completo. Sus ojos café se abrieron de par en par y una sonrisa radiante, de esas que Zane odiaba y amaba a la vez, iluminó su cara. Los hoyuelos se marcaron profundamente.
—¡No puede ser! —exclamó Noah, con la voz temblando de emoción.
—¿Qué pasó? ¿Se canceló el examen? —preguntó Luke esperanzado.
—¡Es Jessica! —dijo Noah, mostrándoles la pantalla—. Dice que tiene vacaciones y que viajará aquí en un mes. ¡Quiere verme! Dice que me extraña y que tiene mucho que contarme.
El silencio que siguió fue sepulcral, al menos por parte de Zane.
Zane sintió como si el suelo del monoambiente se abriera bajo sus pies. Todo el esfuerzo, el plan del apartamento pequeño, las novias falsas de la secundaria, el cambio de carrera... todo parecía desmoronarse por un simple mensaje de texto. El aire se volvió pesado y sintió que las paredes, que antes le parecían acogedoras, ahora lo asfixiaban. Su mundo desapareció en un segundo.
—¡Eso es increíble, Noah! —gritó Luke, dándole un golpe emocionado en la espalda—. ¡Al fin verás a tu amor de la adolescencia! Ya decía yo que tanto esperar iba a servir de algo. ¡El novio perfecto tendrá su recompensa!
Zane apretó el bolígrafo que tenía en la mano con tanta fuerza que sus nudillos se pusieron blancos. No podía hablar. Si abría la boca, probablemente gritaría o lloraría, y ninguna de las dos opciones era buena.
Mauro, que estaba observando la palidez extrema de Zane, intervino de inmediato. Se acercó a la mesa y cerró el libro de Noah de un golpe seco.
—Bien, genial por ti, Noah —dijo Mauro con voz firme pero tranquila—. Pero Jessica llega en un mes. El parcial es en tres días. Si no aprobamos, no vas a tener tiempo de ver a nadie porque estarás recursando la materia. Así que, Noah, Luke, vayan a la cocina y preparen una jarra gigante de café. Zane y yo vamos a organizar los temas aquí.
Noah, todavía mareado por la noticia, asintió y se llevó a un Luke parlanchín hacia la pequeña cocina.
En cuanto estuvieron a solas en el área de la cama, Mauro agarró a Zane por el hombro y lo obligó a mirarlo. Zane tenía la mirada perdida, como si estuviera viendo el final de su vida.
—Zane, mírame —susurró Mauro—. Respira.
—Va a volver, Mauro... —dijo Zane con voz ronca—. Todo se acabó. Cuando ella llegue, él se olvidará de que existo. Va a volver con ella.
—No sabemos eso —respondió Mauro, tratando de darle ánimos—. Han pasado años. La gente cambia. Tal vez solo viene a cerrar el ciclo.
—No conoces a Noah —Zane se tapó la cara con las manos—. Él es capaz de casarse con ella mañana mismo si ella se lo pide.
—Escúchame bien —Mauro lo sacudió un poco—. Ahora mismo no puedes hacer nada. Tienes que concentrarte en el examen. Si te derrumbas ahora, Noah se dará cuenta de que algo pasa. Hablaremos de esto después del parcial, lo prometo. Vamos a pensar en algo, Zane. No desesperes todavía.
Zane tomó aire, tratando de recomponer su máscara de "mejor amigo".
—Está bien. Tienes razón. El examen primero.
—Exacto. Y deja de mirar el teléfono de Noah como si quisieras lanzarlo por la ventana —añadió Mauro en broma, tratando de aliviar la tensión.
Noah regresó de la cocina con cuatro tazas de café y una energía renovada.
—¡Listo! Ahora que estoy feliz, siento que puedo memorizarme hasta la Constitución entera. ¡Vamos a darle!
Zane forzó una sonrisa y se sentó en la cama, haciendo espacio para que Noah se sentara a su lado. Noah, en su entusiasmo, se pegó al brazo de Zane para leer los apuntes juntos. Normalmente, Zane habría disfrutado de ese contacto, pero ahora, cada vez que Noah sonreía mirando su teléfono de reojo, Zane sentía una puñalada en el corazón.
La noche avanzó entre leyes y códigos. Luke se quedó dormido sobre la alfombra a las dos de la mañana, usando su mochila como almohada. Mauro se acomodó en el pequeño sofá individual, con una manta hasta la nariz, pero antes lanzó una manta sobre el rubio atolondrado.
Noah y Zane se quedaron solos en la cama, rodeados de papeles. El sueño empezó a vencer a Noah, quien poco a poco fue dejando caer su cabeza sobre el hombro de Zane.
Zane se quedó inmóvil. Podía sentir el aroma del champú de Noah y su respiración tranquila. En la oscuridad del monoambiente, con sus amigos durmiendo alrededor, Zane se permitió ser honesto por un momento. Acarició con mucha suavidad el cabello negro de Noah.
—No voy a dejar que te alejes —susurró Zane tan bajo que ni él mismo se oía—. Ella tuvo su tiempo. Ahora es el mío.
Noah se movió un poco en sueños, acomodándose mejor contra el pecho de Zane. En ese pequeño espacio, Zane juró que ese mes que faltaba para la llegada de Jessica sería el mes en que Noah Brooks finalmente se daría cuenta de quién había estado a su lado, abrazándolo, cada segundo de su vida.