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El Lado Oscuro De Mi Tutor.

El Lado Oscuro De Mi Tutor.

Status: Terminada
Genre:Amor prohibido / Posesivo / Completas
Popularitas:13.8k
Nilai: 5
nombre de autor: Roxana Fernández

Para Alexander Rivas, el control lo es todo. Como el profesor más temido de la facultad, su arrogancia es su armadura y su intelecto, su arma más letal.

Pero cuando se cruza con Valentina Soler, una alumna que no baja la mirada y que desafía cada una de sus reglas. Siente que su dominio y autocontrol está tambaleando ante el deseo de tenerla.

​Lo que comienza como una guerra de voluntades pronto se convierte en sombras y un deseo voraz que amenaza con destruirlos a ambos.

Sin embargo, en el juego de la seducción, el peligro no es solo ser descubiertos.

Un secreto familiar, enterrado bajo años de mentiras, comienza a salir a la luz.

¿Qué pasará cuando descubran que sus vidas han estado entrelazadas desde mucho antes de conocerse?

¿Lograrán mantenerse unidos después de revelar ese secreto que puede destruirlos a ambos?

NovelToon tiene autorización de Roxana Fernández para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 8. Primera grieta.

Capítulo 8

Primera grieta.

Era lunes por la mañana y el aire parecía cargado de una electricidad que nadie entendía. Valentina caminaba por los pasillos de la facultad con paso firme, los auriculares puestos, aunque sin música. Fingía normalidad, pero por dentro, una tormenta distinta rugía.

Aquella escena en el aula aún la perseguía: la forma en que Alexander la sostuvo, sus palabras en voz baja, la tensión entre ambos que se podía cortar apenas con un suspiro.

Y, sin embargo, no hubo beso. No existió nada tangible. Solo una línea tan delgada que se había fracturado un poco más.

El pasillo estaba casi vacío cuando Valentina giró en la esquina del edificio de ingeniería. Iba concentrada en sus pensamientos cuando una mano se cerró bruscamente sobre su antebrazo.

—Necesito hablar contigo —la voz de Iván sonó áspera, casi desesperada.

Valentina intentó zafarse, pero él apretó con más fuerza.

—Te dije que no quiero hablar, Iván. No hay nada que decir.

—¡Claro que lo hay! —insistió, acercándose demasiado—. No voy a dejar que sigas evitándome.

Ella forcejeó para liberarse.

—Suéltame. No vuelvas a tocarme.

Desde lejos, Alexander observaba lo que sucedía. Apoyado contra la barandilla del segundo piso, con la mandíbula apretada y los puños cerrados.

La rabia y los celos le ardían en la garganta.

¿Qué derecho tenía ese idiota de tocarla así? ¿De hablarle con tanta autoridad? ¿De mirarla como si le perteneciera?

Y ella… ¿por qué no lo apartó antes? ¿Por qué no lo puso en su lugar desde el primer segundo?

Alexander se dio la vuelta con furia contenida, entró al aula 306 y arrojó su maletín sobre el escritorio.

Los libros cayeron con un ruido seco. El bolígrafo rodó por la mesa.

No podía calmarse. No quería.

—¿Problemas? —preguntó Valentina, entrando detrás de él.

Su voz tenía ese tono neutro que a él le irritaba. Como si no supiera exactamente lo que había provocado.

Alexander no respondió. Cerró la distancia entre ambos como un depredador que se harta de acechar.

Le tomó el antebrazo, igual que Iván, pero su agarre fue distinto. Más firme. Más posesivo. Más cargado de fuego.

—¿Así te dejas agarrar por todos? —susurró, cerca de su oído—. ¿O solo coqueteas con otros mientras me buscas a mí?

Ella sonrió, casi divertida.

—¿Está celoso, profesor?

Antes de que pudiera responder, los demás alumnos comenzaron a entrar.

Y la pregunta quedó suspendida en el aire.

Cata ya estaba allí. La saludó con una sonrisa amplia, pero le bastó una mirada para captar algo distinto en ella.

—¿Y tú qué traes? —preguntó en voz baja, acomodando su mochila—. ¿Tu profesor buenote volvió a darte una clase privada?

Valentina giró lentamente el rostro hacia ella.

—¿De qué hablas?

Cata arqueó una ceja, divertida.

—No soy tonta. Te vi la otra tarde. Salías sola del aula con el profesor. Con la camisa arrugada y esas mejillas rojas como par de manzanas. ¿No me vas a contar?

—No pasó nada —respondió, sin convicción.

—¿Pero quieres que pase? —preguntó sonriendo.

El silencio fue respuesta suficiente.

Cata soltó una risa baja, cómplice.

—Ay, Valen... si supieras cómo te mira. Como si fueras la única ecuación que no puede resolver —le guiñó un ojo—. Solo no le rompas el corazón al profe iceberg.

Valentina bajó la mirada, nerviosa. Si tan solo fuera tan sencillo como seguir un impulso. Pero no lo era. Alexander tenía razón en algo: estaban cruzando una línea peligrosa.

Mas tarde, en su oficina, Alexander revisaba exámenes con una taza de café a medio terminar. Había dormido apenas unas horas, perseguido por la voz de Valentina, por el calor de su cercanía y la forma en que lo había desarmado en cuestión de segundos.

Y aún así... no podía dejarla ir.

Cuando tocaron la puerta, no se molestó en levantar la vista.

—Pase.

La voz que respondió era grave, seca, conocida.

—¿Así recibes a tu padre ahora?

Alexander levantó los ojos rápidamente. Frente a él estaba el Capitán Alejandro Rivas; su padre. Vestido con un abrigo largo y gafas oscuras que ocultaban casi por completo su expresión.

—No esperaba tu visita. Siéntate.

—Y yo no esperaba enterarme por terceros que vuelves a cometer los mismos errores.

Alexander se quedó quieto.

—¿De qué estás hablando?

El Capitán se acercó con pasos lentos, apoyando las manos sobre el escritorio.

—Continúan los rumores. Algunos alumnos dicen que te ven... distraído. Viendo demasiado a esa misma chica —lo observó con dureza—. Espero que no estés repitiendo la historia de Diana.

Alexander apretó la mandíbula.

—No hables de ella.

—Alguien tiene que hacerlo. Porque tú no lo haces nunca. Y si no aprendes, vas a destruirte de nuevo.

Un silencio tenso llenó la habitación. Alexander se levantó, clavando los ojos en su padre.

—Esto no es lo mismo —su voz tembló apenas.

—Claro que no. Esta vez tú eres el profesor. Y ella... tiene menos edad de la que tenía Diana cuando todo pasó. ¿No puedes identificar el patrón?

Alexander sintió un nudo en el pecho. No. No era lo mismo. Valentina era diferente. Ella lo veía. Lo entendía. Pero el recuerdo de Diana, el escándalo, la tragedia… aún pesaban como una cadena alrededor de su cuello.

—Estoy manejándolo —murmuró finalmente.

El Capitán lo miró por unos segundos, y luego simplemente asintió, dándose media vuelta.

—Mejor que así sea. Porque no te salvaré otra vez.

Sentenció antes de girarse y salir de la oficina.

Más tarde, la clase de cálculo fue extraña. Alexander evitó mirar a Valentina más de lo necesario. Su voz era fría, distante. Cada explicación era precisa, pero sin alma.

Valentina lo notó. Lo sintió como una punzada en el estómago.

Cuando terminó la clase, él salió sin esperar que nadie le hiciera preguntas.

—¿Qué le pasa? —preguntó Cata, frunciendo el ceño.

—No lo sé —respondió Valentina, aún con los ojos fijos en la puerta.

Pero lo sabía. Estaba alejándose otra vez. Cerrando las puertas que ella apenas había entreabierto.

Y no iba a permitirlo.

Esa tarde, decidió buscarlo. Sabía que no debía, pero también sabía que no podía dejar que el miedo lo empujara a enterrarlo todo.

Caminó hasta el edificio administrativo. Subió las escaleras hasta el segundo piso y se detuvo frente a su puerta.

Tocó.

Nada.

Volvió a tocar, esta vez con más firmeza.

—Está abierto —dijo él profesor Rivas desde adentro.

Entró. Él estaba de pie junto a la ventana, mirando la lluvia. La misma lluvia que parecía seguirlos desde hacía días.

—¿No ibas a evitarme otra vez? —preguntó, cerrando la puerta tras de sí.

Alexander no respondió al instante. Respiró hondo antes de girarse.

—Necesito protegerte.

—¿De quién? ¿De ti? ¿De mí?

—De lo que esto puede hacerte.

Valentina se acercó, cada paso decidido.

—Ya me estás haciendo daño. Con tu silencio. Con tu distancia... con tu cobardía.

Él frunció el ceño. Iba a hablar, pero ella fue más rápida.

—No soy una adolescente todavía. No soy frágil. Deja de tratarme como si no pudiera decidir lo que quiero.

Alexander no pudo evitarlo. Se acercó. Rápido. Como si cada palabra de ella le rompiera las defensas. Atrapó su rostro entre las manos y la besó.

Fue un beso feroz, hambriento, contenido durante días. Valentina respondió con igual intensidad, aferrándose a su camisa, sintiendo el calor de su cuerpo.

Lo había deseado. Lo había imaginado durante semanas. Pero no se comparaba con lo que era tenerlo de verdad.

Él la alzó sobre el escritorio sin romper el contacto. Sus labios se deslizaban por su cuello, su clavícula. Las manos de ella recorrían su espalda, su pecho. Todo era impulso, necesidad, desenfreno.

Hasta que él se detuvo.

—No aquí —susurró contra su oído—. Nos pueden ver.

Ella lo miró, jadeando.

—Entonces, ¿cuándo?

Él apoyó su frente contra la de ella.

—Cuando esté seguro de que puedo darte más que este deseo sucio.

Valentina acarició su mejilla.

—Yo no quiero pureza, de ser así iría a la iglesia a conquistar al cura. Solo te quiero a ti.

Él la besó una vez más, lento. Totalmente entregado. Luego la bajó del escritorio.

—Vete a casa —murmuró—. Por hoy, basta de riesgos.

Ella obedeció. Pero al salir, sonrió. Porque sabía que esa primera grieta ya estaba hecha. Y que muy pronto, la pared caería entera.

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Alcira Ascanio Felizola
excelente historia
Yura Ran
Romana muchas gracias por tan hermosa novela. excelente /Rose//Rose//Rose//Rose//Rose//Beer/
Yura Ran
muy hermoso y tierno. 👌😊
Xair Victoria
Ese amor es invencible ☺️
Xair Victoria
Me encanta esta novela
Marita Peña
HERMOSA HISTORIA
Marita Peña
👏👏👏👏TREMENDO FINAL
Marita Peña
NO IMPORTA EL DINERO NI LA EDAD
Marita Peña
ME IMAGINO QUE SI DUELE EN DEFINITIVAMENTE ES SU PADRE
Marita Peña
ESTA PAREJA ARDE
Marita Peña
INTERESANTE
Marita Peña
POR SUERTE TODO SALIO A LA LUZ
Marita Peña
👏👏👏
Marita Peña
HERMOSO CAPÍTULO
Marita Peña
👏👏👏POR SUERTE SE SACARON UN CLAVO
Marita Peña
SIEMPRE LO E DICHO ELLOS JUNTOS SON INVENCIBLES
Marita Peña
EXACTO JUNTOS
Marita Peña
👏👏EXCELENTE
Helizahira Cohen
he leído varias con el mismo estilo pero con diferencias
Marita Peña
Y SI TOD@S VÍCTIMAS DE ESTE SOLER
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