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El Despertar Del Príncipe

El Despertar Del Príncipe

Status: En proceso
Genre:Romance / Mundo mágico / Fantasía LGBT
Popularitas:895
Nilai: 5
nombre de autor: Skay P.

⚠️✅️Sam y Norman comienzan a saciar su sed de aventura, lejos de su amada familia. El camino comienza a dificultarse, pero cuatro almas sellan sus destinos.✅️⚠️

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Malric

Esa noche, el cansancio del viaje y el contacto constante con la piedra carmesí que Alaric le había regalado abrieron una compuerta en la mente de Sam que nunca volvería a cerrarse. Al apoyar la cabeza sobre su mochila, el rugido del mar se desvaneció y fue reemplazado por silencio, elegante y majestuoso.

Sam ya no estaba en la costa. Estaba soñando, pero este sueño se sentía más real que la vida misma.

Sam se vio a sí mismo, pero no era el Sam campesino que vestía ropas de lino rústico. Sus manos eran más grandes, más curtidas por el mango de una espada pesada, y vestía una túnica de seda negra con bordados en hilo de plata. Se encontraba caminando por un pasillo infinito de un castillo que parecía construido con la noche misma. Las paredes eran de piedra oscura, pulida como el cristal, pero el lugar no era lúgubre, estaba decorado con tapices que contaban historias de estrellas y estandartes que ondeaban con un viento frío.

Lo que más le llamó la atención a Sam fue la calidez que sentía en su mano derecha. Al bajar la vista, vio sus dedos entrelazados con los de otro hombre.

Era Alaric.

Pero no era el Alaric sombrío y desesperado que lo observaba desde los árboles. Este Alaric vestía con una opulencia real, su piel brillaba bajo la luz de los candelabros de oro y, lo más impactante, sonreía. Era una sonrisa de paz absoluta, una que solo le dedicaba a él. Caminaban despacio, sus pasos resonando rítmicamente sobre el piso negro.

-A veces olvido lo grande que es este lugar cuando no estás.- Dijo Alaric, apretando un poco más la mano de Sam -Las sombras parecen más largas y el silencio pesa más.-

Sam escuchó su propia voz, pero sonaba más profunda, cargada de una autoridad tranquila.

-Ya estoy aquí, amor mío. La guerra en el norte ha terminado. He vuelto para quedarme, al menos por un tiempo.-

Se detuvieron frente a un gran ventanal que mostraba un paisaje de picos nevados y bosques de color violeta bajo una luna eterna. Alaric se apoyó en el hombro de Sam, dejando que su cabeza descansara allí con una confianza que nadie en el mundo imaginaría que el Rey Vampiro poseía.

-He estado pensando en lo que dijiste antes de partir.- Continuó Alaric en un susurro -Sobre los otros reinos. Los que no conocen la oscuridad eterna de mi tierra.-

Sam (en el cuerpo de Malric) se giró para mirarlo de frente. Sus manos, firmes y protectoras, se posaron en la cintura de Alaric.

-Quiero llevarte a las Ciudades de Cristal en el sur, Alaric. Dicen que allí el sol no quema, sino que acaricia, y que los edificios están hechos de una arena que brilla como diamantes. Quiero que veas que el mundo tiene más colores que el negro y el rojo.-

Alaric soltó una risa suave, un sonido que a Sam le erizó la piel en el sueño.

-Iré a donde tú me lleves, Malric. Mi reino es un trono de sombras, pero mi hogar es cualquier lugar donde tú respires. ¿Crees que nos recibirán bien? Soy un monstruo para muchos.-

-Para ellos eres un mito.- Respondió Malric, acercando su rostro al de Alaric hasta que sus narices se rozaron -Pero para mí, eres el ser más hermoso que ha pisado esta tierra. Si algún rey se atreve a mirarte mal, recordará por qué me llaman el Príncipe Guerrero. Viajaremos por el Mar de las Nubes, veremos los desiertos de zafiro y compraremos telas en los mercados. Solo tú y yo. Sin ejércitos, sin coronas.-

-Promételo- apidió Alaric, buscando sus labios.

-Te lo prometo por mi honor y por mi sangre.-

La escena cambió de repente, volviéndose más borrosa, más caliente. El pasillo desapareció y Sam se encontró en una habitación inmensa, iluminada solo por el fuego de una chimenea. El aroma a incienso y a la piel de Alaric inundaba sus sentidos.

Sam sentía cada gramo de la fuerza de Malric en su cuerpo. Estaba sobre una cama de sábanas negras de una suavidad extrema. Debajo de él, con el cabello desparramado como una mancha de tinta sobre las almohadas, estaba Alaric.

No había rastro del rey imponente que controlaba las sombras. Aquí, en la intimidad de esas paredes, Alaric se entregaba por completo. Sus ojos rojos estaban nublados de deseo y devoción. Sus manos pálidas se aferraban a los hombros anchos de Sam, buscando anclarse en la realidad.

Sam sintió una oleada de posesividad y amor que lo dejó sin aliento. Se veía a sí mismo sometiendo a Alaric, no con violencia, sino con una pasión dominante que el vampiro recibía con gemidos ahogados. Alaric arqueaba el cuerpo, rindiéndose ante cada caricia, ante cada embestida de Malric, entregándole su poder, su voluntad y su eternidad.

-Tuyo...- Susurraba Alaric entre jadeos, mientras las manos de Sam lo sujetaban con fuerza contra el colchón -Soy tuyo, mi príncipe... haz conmigo lo que quieras... destrúyeme si es necesario... pero no te detengas...-

Sam sentía el sudor en su piel, el calor de la batalla amorosa y la conexión absoluta de dos cuerpos que se conocían de memoria. Era él quien llevaba el ritmo, él quien dictaba el placer, y Alaric, el soberano del mundo exterior, aquí era simplemente el amante que se deshacía bajo su toque, disfrutando de ser reclamado por el hombre que amaba.

Sam se despertó de golpe. Tenía el cuerpo empapado en sudor y la respiración entrecortada. El sonido de las olas seguía allí, pero la sensación de la piel de Alaric bajo sus manos era tan vívida que instintivamente miró sus palmas.

-¿Sam? ¿Estás bien? Estás temblando.-  Preguntó Norman, que ya estaba despierto junto a los restos de la fogata.

Sam se sentó, tratando de calmar su corazón, que latía con la fuerza de un tambor de guerra. Tocó el rubí carmesí en su pecho, estaba ardiendo, casi quemándole la piel.

-Solo fue... un sueño muy intenso, rubio.- Logró decir Sam, aunque su voz sonaba ronca, cargada de la emoción de la visión.

Miró hacia el bosque oscuro que rodeaba la cala. Sabía que Alaric estaba allí. Sabía que el hombre del sueño y el ser de las sombras eran el mismo. Pero ahora, algo había cambiado. Ya no solo sentía curiosidad por su protector. Ahora sentía el eco de un deseo antiguo y una autoridad que no pertenecía a un campesino.

-Norman...- Dijo Sam, poniéndose de pie con una nueva determinación en su postura -...tenemos que seguir moviéndonos. Siento que el tiempo se nos acaba y hay cosas de mi pasado que no pueden esperar más.-

Sam ya no caminaba como un chico perdido. Sus hombros estaban más rectos, su mirada más afilada. El alma de Malric Vexillarius estaba empezando a reclamar su lugar, y Sam sabía que, tarde o temprano, volvería a tener a Alaric bajo su control, tal como lo había visto en aquel sueño cargado de fuego y promesas.

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Maru19 Sevilla
Empezamos con esta nueva historia, inicia muy bien 👏👏👏
Skay P.: ¡Gracias cielo!😍
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