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La Piel Del Subconsciente

La Piel Del Subconsciente

Status: En proceso
Genre:Romance / Amor prohibido / Traiciones y engaños
Popularitas:1.9k
Nilai: 5
nombre de autor: Fenty fuentes

Valeria sobrevive a un matrimonio gélido refugiándose en un cuarto secreto, donde plasma en lienzos los sueños húmedos que tiene con un hombre desconocido que la adora. Tras descubrir la cínica traición de su esposo, el dolor se transforma en una sed de venganza diseñada con la precisión de una obra de arte. En esta batalla por su amor propio, la línea entre la fantasía y la realidad se rompe cuando el hombre de sus pinturas aparece frente a ella, desatando un deseo prohibido que podría ser su salvación o su ruina.

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capitulo 8

La música de la orquesta envolvía la pista de baile en una atmósfera mágica y solemne. Adrián sostenía a Valeria entre sus brazos con firmeza y delicadeza, moviéndose al compás con la seguridad y elegancia natural que lo caracterizaban. Sus miradas se encontraron y, en medio de tanta gente, parecieron estar solos en el mundo.

—Valeria —susurró él con voz grave, suave y profunda, mirándola fijamente a los ojos—, sé perfectamente que lo nuestro es un amor prohibido, un sentimiento que no debería existir porque las circunstancias nos separan... pero mi corazón ya tomó una decisión y no hay vuelta atrás. Hicimos una alianza silenciosa, y quiero que tengas total tranquilidad. Como CEO y responsable absoluto de este proyecto, el poder total sobre los planos y las decisiones lo tengo yo en mis manos. Mi determinación es inquebrantable: voy a proteger tu museo, voy a restaurar cada rincón y voy a blindarlo para que nadie, absolutamente nadie, pueda siquiera pensar en tocarlo. Es mi promesa personal para ti.

Valeria sintió un escalofrío recorrer su piel. Las palabras de él sonaban a verdad absoluta, a autoridad real, pero también a un amor secreto y profundo que la hacía sentir viva. Asintió lentamente, sintiendo que por fin tenía a alguien capaz de detener la locura de su marido.

 

Los Amantes en la Sombra

Mientras tanto, al otro lado de la pista, Julián bailaba con Beatriz. Se movían pegados, disfrutando de la clandestinidad de su relación, lejos por un momento de la presencia intimidante de Adrián. Ella se acurrucaba en su pecho y él la abrazaba con posesión, hablándole al oído con voz ronca y llena de deseo.

—Te amo, mi vida —le dijo Julián—. Eres la única que me entiende de verdad, la única que me da lo que necesito.

—Yo también te amo con toda mi alma, mi amor —respondió ella acariciándole el cuello—. Juntos somos invencibles. Sabes que no tengo fortuna propia, pero lo que vamos a lograr es el dinero y toda la herencia de Valeria. Ese patrimonio va a ser nuestro, lo vamos a sacar de donde sea y vamos a ser ricos y felices.

Julián la apretó más, pero de repente sus ojos viajaron rápidamente hacia donde estaba Adrián y su expresión cambió, tornándose tensa y cautelosa.

—Shhh, baja la voz, por favor, mi amor —le pidió Julián apretando los dientes, mirando al poderoso hombre con evidente respeto y miedo—. Tenemos que andarnos con muchísimo cuidado, muchísimo tacto con él. Adrián es un hombre que impone demasiado, es un CEO con un poder inmenso. Si él sospecha algo de nosotros o si decide oponerse a mis planes sobre el museo, puede frenarme, puede destruirme y dejarme en la ruina en un abrir y cerrar de ojos. Es mejor no provocarlo, no mirarlo mal y hacer las cosas con inteligencia. Él es quien realmente manda aquí.

Beatriz asintió, comprendiendo el peligro, pero con la ambición brillando en su mirada.

 

La Cena y la Verdad

Horas más tarde, durante la cena, el ambiente era formal y elegante. Beatriz estaba sentada al lado de Adrián, comportándose como la novia perfecta, seria y educada, sin mirar ni dirigirle la palabra a Julián para no levantar ninguna sospecha. Todos fingían normalidad, pero la tensión se podía cortar con un cuchillo.

Julián, sentado frente a ellos, intentó hablar con cierta firmeza, aunque sus ojos no dejaban de vigilar a Adrián nerviosamente.

—Considero que para el bienestar financiero de la empresa —dijo Julián aclarándose la garganta—, es necesario hacer cambios drásticos. El edificio del museo... es obsoleto y no genera ganancias. Mi intención es reestructurar todo, demoler y construir algo más productivo.

Beatriz, manteniendo su papel de dama correcta, asintió mirando a Adrián.

—Es cierto, lo importante es que el patrimonio se mantenga y crezca —dijo con voz suave e hipócrita.

Adrián dejó su servilleta sobre la mesa con calma infinita. Se acomodó en su silla, erguido, imponente, irradiando ese poder natural de quien está acostumbrado a que sus palabras sean leyes. Miró a Julián directamente, no con ira, sino con una frialdad elegante y superior.

—Aprecio tu iniciativa, Julián —dijo Adrián con voz pausada y clara que llegó a todos—, pero es importante que recordemos cómo funcionan las cosas aquí. Tú puedes tener tus opiniones, puedes proponer ideas, pero la autoridad real, el poder de aprobar o rechazar los planos, lo tengo exclusivamente yo. Y te lo digo con total claridad: mi decisión ya está firmada y tomada. El museo de Valeria no se toca, no se demuele y se va a restaurar con los mejores estándares. Lo que yo apruebo, se ejecuta; y lo que yo desapruebo, simplemente no tiene razón de existir. Es así como manejo mis empresas y mis proyectos.

Julián se quedó pálido al instante, bajando la mirada y tragando saliva. Todo su miedo se confirmó en ese segundo. Aquel hombre elegante tenía el control absoluto y acababa de quitarle de las manos su plan sin siquiera esforzarse. Beatriz se quedó callada, apretando sus manos, entendiendo que por ahora tenían que obedecer y esperar, porque contra el poder de Adrián no podían hacer nada todavía.

 

El Pacto Final

Al llegar el final de la velada, los invitados empezaron a despedirse. Adrián aprovechó un momento para acercarse nuevamente a Valeria, antes de irse.

—Recuerda lo que hablamos, mi amor prohibido —le susurró él con ternura—. Nuestra alianza es fuerte y mi poder es absoluto. Mañana cuando veas los planos, comprobarás que tu museo está a salvo y protegido por mí.

Valeria lo miró con gratitud y amor, sintiéndose segura en su mundo.

Poco después, Julián se acercó a Adrián, totalmente humillado y asustado.

—Buenas noches, señor Aponte... —murmuró con respeto exagerado—. Entendemos perfectamente que usted es quien tiene la última palabra y quien manda realmente. Mañana... acataremos su decisión.

Adrián solo asintió levemente con la cabeza, sin necesidad de decir más, porque su presencia y su autoridad lo decían todo.

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