Isabella Mondragón es una joven que, en su primera vida, crece sin el cariño suficiente de su padre y se enamora de un duque joven y atento. Por descuido y traiciones en la corte, su vida termina trágicamente; su padre, desesperado, usa un hechizo prohibido para retroceder en el tiempo y tratar de salvarla, pagando un precio alto por ese poder. Gracias a ese retroceso, Isabella vuelve nueve años atrás: recupera una edad distinta y la oportunidad de rehacer su destino sin que todos sepan lo ocurrido en su anterior vida.....
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Capítulo 07
Dudas surgen entre Isabella y Mateo sobre su relación.
El campamento tras la batalla del Valle de los Suspiros era una herida abierta en medio de la llanura. El olor a metal, humo y tierra húmeda se filtraba por las costuras de la tienda de mando. Isabella estaba sentada frente a un mapa, pero sus ojos no veían las rutas de suministros. Veía el rostro de Hugo, el soldado muerto, y luego, inevitablemente, veía la cara de Mateo BlackRaven bajo la luz de las antorchas.
Mateo entró en la tienda con paso pesado. Se había quitado la coraza, quedando solo en una túnica de lino negro que se ajustaba a sus hombros anchos. Se detuvo al ver a Isabella tan absorta, con un brillo de rayos apenas visible jugueteando entre sus dedos, una señal de su agitación interna.
—Isabella —dijo él, su voz rompiendo el silencio como un susurro protector—. No has dormido nada. Los sanadores dicen que agotaste gran parte de tu maná defendiendo el flanco izquierdo. Debes descansar.
Isabella levantó la vista. Sus ojos, antes llenos de la calidez que compartía con su hermano Vladislav, estaban ahora nublados por una sombra antigua.
—¿Cómo puedo descansar, Mateo? Cada vez que cierro los ojos, veo el futuro que estoy tratando de evitar, y se mezcla con el presente que no puedo controlar.
Mateo se acercó y se sentó frente a ella, cruzando los brazos sobre la mesa de madera.
—Hablas como si supieras exactamente qué va a pasar. A veces me miras como si yo fuera un fantasma, o como si fueras a perderme en cualquier segundo. ¿Qué es lo que no me estás diciendo? Llevamos años entrenando juntos, te he visto convertirte en la mujer más poderosa del imperio, pero hay un muro entre nosotros que no puedo atravesar con ninguna espada.
Isabella sintió un nudo en la garganta. ¿Cómo explicarle que en otra vida él fue su verdugo y su salvador al mismo tiempo? ¿Cómo decirle que su miedo a amarlo nacía de la posibilidad de que el destino volviera a reclamar su cabeza?
—Tengo miedo, Mateo —confesó ella, y su voz tembló, rompiendo la máscara de la "Dama de los Cuatro Dones"—. Tengo miedo de que esta alianza sea solo una ilusión. De que la gente en la que confiamos, como Gerardo o incluso Mathias, nos apuñalen por la espalda mientras nos miramos a los ojos. Mi padre me advirtió sobre el poder, pero nadie me advirtió que el poder te deja sola.
Mateo extendió su mano y, por un segundo, ella dudó en tomarla. Finalmente, permitió que sus dedos se entrelazaran. La mano de Mateo era cálida y callosa, una realidad sólida frente a sus pesadillas.
—No estás sola —dijo él con una intensidad que la hizo estremecer—. Pero a veces siento que me alejas a propósito. Me pides que lidere contigo, pero no me dejas entrar en tu corazón. ¿Es por lo que ocurrió con tu familia? ¿Es porque soy un BlackRaven y mi linaje tiene fama de ser frío?
—No es tu linaje, Mateo. Eres tú —respondió ella, y el fuego supremo en su pecho chispeó—. Eres demasiado importante. Y en este tablero de ajedrez donde las piezas se mueven por odio y ambición, lo más importante es lo primero que se sacrifica. No quiero que seas un sacrificio.
—Entonces deja de tratarme como una pieza y trátame como al hombre que te ha seguido desde que teníamos diez años —exclamó Mateo, su frustración saliendo a la luz—. Si no confías en mí para proteger tu espalda, entonces esta guerra ya está perdida.
La discusión quedó suspendida en el aire, cargada de una electricidad que no provenía de la magia, sino de años de sentimientos no expresados. Isabella quería gritarle la verdad, pero el peso del secreto de su regresión era una cadena demasiado pesada.
Sin embargo, el destino no les dio tiempo para reconciliarse.
Un grito desgarrador cortó la noche, seguido por el sonido de explosiones mágicas. No venían del frente, sino del centro mismo del campamento, cerca de las carpas de los oficiales y las reservas de suministros.
—¡Emboscada! —rugió Mateo, saltando de su asiento y agarrando su espada en un solo movimiento.
—¡No es el enemigo del Norte! —gritó Isabella, canalizando Viento para despejar el humo que entraba en la tienda—. ¡Es magia de sombras! ¡Viene de dentro!
Al salir, el caos era total. Soldados del imperio luchaban entre sí, confundidos por una neblina oscura que nublaba sus mentes. Entre las sombras, Isabella vio la silueta de hombres con el sello de la casa de Gerardo, el traidor que ella había descubierto. Estaban atacando a los leales a los Mondragón y BlackRaven.
—¡Mateo, a tu izquierda! —gritó Isabella.
Un asesino emergió de la oscuridad con una daga envuelta en energía púrpura. Mateo bloqueó el ataque, pero la fuerza de la magia lo empujó hacia atrás. Isabella no dudó. Invocó el Rayo Supremo, lanzando una saeta de luz blanca que iluminó todo el campamento y desintegró el arma del atacante.
—¡Confía en mí! —le gritó Isabella a Mateo mientras se colocaba espalda contra espalda con él—. ¡Cierra los ojos y sigue el sonido de mi magia! ¡Yo despejaré el camino!
En ese momento de crisis, las dudas se desvanecieron. Mateo se movió con una precisión ciega, confiando plenamente en que los ataques de Isabella no lo tocarían, sino que abrirían brechas en el enemigo. Fue una danza mortal de acero y elementos. Isabella sentía cada movimiento de Mateo, su calor, su ritmo. Por primera vez, su confianza mutua fue puesta a prueba no con palabras, sino con supervivencia pura.
Un ataque sorpresa pone a prueba su confianza mutua.