En un mundo futurista del año 3300, Catalina renace como una mujer de belleza casi divina: cabello blanco como la nieve, piel de porcelana y ojos azules que esconden un pasado de dolor. A su lado, un hombre tan atractivo como peligroso, de mirada intensa y ojos rojos, la envuelve en un abrazo que mezcla destino, poder y misterio. Entre luces de neón y ciudades avanzadas, su historia comienza… donde el amor y el peligro se entrelazan.
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Capítulo 6: Bajo la tormenta
El silencio no desapareció después de la cena.
Se quedó ahí… flotando en el aire, como una sombra invisible que nadie quería nombrar.
Catalina podía sentirlo.
Cada mirada.
Cada pequeño gesto.
Cada segundo de más en el que nadie hablaba.
"En mi mundo…"
Las palabras seguían resonando en su cabeza.
—Ah… —rió suavemente, forzando una expresión relajada— era una broma…
Pero ni siquiera su propia risa le sonó convincente.
Noa bajó la mirada, jugando con sus manos. Emiliana fingió concentrarse en su plato, aunque ya no estaba comiendo. Mariuz evitó levantar la cabeza.
Y Henry…
Henry no apartó los ojos de ella.
Su mirada no era agresiva.
Pero tampoco era indiferente.
Era… analítica.
Como si estuviera armando un rompecabezas.
Y Catalina sintió, por primera vez desde que llegó a ese mundo…
un pequeño error.
—En plan… —continuó, tratando de suavizarlo— cosas que uno dice…
Nada.
Silencio otra vez.
Entonces dejó de intentarlo.
Bajó la mirada.
—Coman —dijo tranquila— se enfría.
Y la conversación murió ahí.
Después de eso, el tiempo avanzó extraño.
Lento.
Como si todos estuvieran pensando lo mismo… pero nadie quisiera decirlo.
Hasta que finalmente—
—Señorita… —susurró Noa—… ¿ya es hora de descansar?
Catalina levantó la vista.
Sus ojos ya estaban más tranquilos.
Más controlados.
—Sí…
Pero por dentro…
no lo estaba.
Se puso de pie.
—Buenas noches.
Henry ya la estaba esperando.
No dijo nada.
Solo caminó.
Y ella lo siguió.
Los pasillos eran largos.
Demasiado largos.
Elegantes… pero fríos.
Todo en ese lugar era perfecto.
Pero no tenía alma.
No tenía calor.
No tenía historia.
Se detuvieron frente a una puerta.
Se abrió sola.
Catalina entró.
Y su respiración se cortó por un segundo.
Era hermoso.
Las paredes eran transparentes, mostrando una ciudad llena de luces que parecían estrellas caídas en la tierra. La cama flotaba levemente, rodeada de una luz tenue que cambiaba de tono. Todo respondía a su presencia.
Era un sueño.
Pero no uno que sintiera suyo.
—Aquí es tu dormitorio —dijo Henry.
Catalina caminó despacio.
Tocó una superficie.
Se iluminó.
Sus ojos brillaron.
—Es… increíble…
Se giró.
Lo miró.
—¿No voy a dormir contigo?
La pregunta salió natural.
Sin vergüenza.
Sin rodeos.
Henry la observó.
Y sonrió.
Una sonrisa leve.
Pero real.
—Solamente te salvé —respondió—. No creo en el amor.
Sus palabras fueron como un muro.
Frías.
Firmes.
Impenetrables.
—Descansa.
Y se fue.
Catalina se quedó sola.
Miró la puerta cerrarse.
Y luego…
el lugar.
—No cree en el amor… —murmuró.
Se sentó en la cama.
Era suave.
Demasiado.
Se dejó caer hacia atrás.
—Qué hombre raro…
Pero en su pecho…
algo se movió.
No tristeza.
Sino…
interés.
Cerró los ojos.
Intentó dormir.
Pero entonces—
El cielo rugió.
Un trueno.
Fuerte.
Profundo.
Catalina abrió los ojos.
La luz del relámpago iluminó toda la habitación.
Otro trueno.
Más cercano.
Y luego…
la tormenta.
No era como en su mundo.
Era peor.
El viento golpeaba los ventanales como si quisiera romperlos. El cielo parecía partirse en dos. El sonido era tan fuerte que vibraba en su pecho.
Catalina se incorporó.
Su respiración se volvió irregular.
—No… no…
Sus manos comenzaron a temblar.
No era solo miedo.
Era…
sensación de no pertenecer.
Todo era nuevo.
Todo era demasiado.
Y en ese instante…
no pensó.
Se levantó.
Corrió.
Descalza.
El frío del suelo no le importó.
Solo una cosa importaba.
No estar sola.
Llegó a la puerta.
La abrió.
Entró.
Y fue directo a la cama.
Se metió.
Sin pedir permiso.
Sin pensar.
Henry abrió los ojos.
—¿Qué haces aquí?
Su voz era baja.
Pero alerta.
Catalina lo miró.
Y por primera vez…
no había orgullo.
No había fuerza.
Solo…
miedo.
—No… —susurró— déjame quedarme…
Otro trueno.
Se encogió levemente.
—Todo esto es nuevo… —su voz tembló— y… me da miedo…
Silencio.
Henry la observó.
Y algo dentro de él…
se movió.
Porque eso…
no era una actuación.
No era estrategia.
Era real.
Su cuerpo temblaba.
Sus manos estaban frías.
Su respiración desordenada.
Era vulnerable.
Y eso…
él no sabía cómo manejarlo.
Pero tampoco la apartó.
Se acercó.
Lento.
La rodeó con su brazo.
—Está bien… —murmuró.
Catalina no respondió.
Solo se acomodó.
Más cerca.
Como si su cuerpo lo hubiera decidido antes que su mente.
Y poco a poco…
su respiración se calmó.
Su cuerpo dejó de temblar.
Hasta que…
se durmió.
En sus brazos.
Henry la miró.
En silencio.
Analizando.
Su rostro relajado.
Su expresión tranquila.
Tan distinta a la mujer fuerte de antes.
Algo no encajaba.
Nada encajaba.
Esa forma de hablar.
Esa comida.
Esa frase.
"En mi mundo…"
Sus ojos se entrecerraron.
—Tú…
No terminó.
Pero lo entendió.
Catalina…
no era de ese mundo.
Y lo más extraño…
es que eso no le molestó.
Lo intrigó.
Afuera—
la tormenta seguía rugiendo.
Pero dentro—
había calma.
Una calma que ninguno de los dos esperaba.
Y que…
podía ser peligrosa.
Porque era real.
Y lo real…

💕💕💕💕...... 💕💕💕💕....... 💕💕💕💕.....
Bueno bueno…
¿alguien más vio esto o solo yo estoy gritando por dentro?
La señorita valiente que no le tenía miedo a nada…
terminó corriendo directo a su cama
y él… el frío, el intocable…
¡LA ABRAZÓ!
No sé ustedes pero…
esto ya no es solo un contrato
Porque entre tormentas, miedo y miradas…
algo empezó a cambiar… aunque ninguno lo quiera admitir
Y díganme…
¿ustedes también se quedarían ahí “solo para dormir”?
Si te gustó esta escena (porque a mí me encantó
deja tu mensaje 💬 quiero leerte
Con cariño,
Luna Auol 🌸