María, enamorada del príncipe de sus sueños como toda doncella, todo a su alrededor caera cuando descubra que no todo lo que creía, era real, y la desilusión la lleva a tomar una decisión, un sacrificio que cambiará su vida y la de todos los reinos.
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CAPÍTULO 06
Ese hombre empezó a decir. – Mujeres, guarden silencio que solo pienso decir esto una sola vez.
Ustedes son libres de andar en todo el barco, hasta pueden tomar una de las pequeñas balsas para regresar a casa, nadie las va a detener, aquí ustedes solas se van a atender, lavan su ropa, limpian sus desechos orgánicos, tendrán una cama digna en un pequeño camerino.
Aquí todas ustedes son nada, se podría decir que a nosotros realmente no nos importa y si hubiera un ataque no piensen que nosotros las vamos a proteger, cada una de ustedes se protege a sí misma, son independientes y sus acciones no perjudicarán a su familia.
No deben tener miedo ninguno de nosotros las va a tocar sin su permiso, aquí no hay violadores, pero sí hombres que las pueden complacer en la cama si es lo que quieren; claro no esperen que se hagan responsables de sus propias decisiones, si ustedes caen en la tentación nadie es responsable, solo ustedes.
No vamos a tolerar los insultos, traten de comportarse educadamente y de no meterse en problemas con nadie de los caballeros del rey de reyes; si los ofendes sin razón, esperen una reacción, pero si son ellos los que las ofenden pueden contestar nadie les dirá nada, se les perdonará hasta un golpe, pero solo si hay motivo.
De ustedes depende regresar vivas a su hogar, traten de no meterse en problemas y todo estará bien, si quieren escapar del barco adelante nadie las va a detener, si quieren ser groseras les irá muy mal.
Esto deben de recordarlo mientras están en el barco, llegando al reino las reglas cambian y se les informa una vez que bajen de este barco, ah una cosa más, les daremos tres comidas diarias, la de la mañana será a las 8 am, la de la tarde será a las 2 pm. y la de la noche a las 7 pm. Si no llegan a la hora se quedan sin comer espero y lo recuerden, porque no me gusta repetir las cosas, sería malo si tratan de robar comida, eso sí significa que las voy a tirar al mar, las dejaré a su suerte.
María apenas escuchó lo que ese hombre dijo, todo el tiempo se la pasó viendo a lo lejos, no dejaba de pensar en su hermana y Carlos; se sentía traicionada, engañada y eso hacía que sentimientos negativos se hicieran presentes, hasta llevarla a querer llorar de la impotencia que sentía.
Cuando el hombre dejó de hablar, ella reacciona voltea a ver que las jóvenes que seguían a uno de los hombres; tomó su maleta y empezó a jalarla, fue la última en entrar a la pequeña puerta que daba a unos escalones para bajar a la parte baja del barco donde estaban los pequeños camerinos.
El barco era tan grande que tenía tres plantas la primera donde estaba libre, estaba el timón, el mástil, había un cuarto abajo del timón donde estaba la cocina y la mesa para comer que se ponía a un lado del mástil; la segunda planta era donde estaban los camerinos y la parte de abajo donde estaba la carga pesada, era como bodega, se podían sacar remos que usaban en un momento de ataque, pero tambien estaban celdas por si se ocupaban.
El hombre fue dejando a las jovencitas en el camerino que se les fue asignando; llegaron al último camerino, el que estaba en el fondo ese fue el que dejaron para María.
Entró a ese pequeño camerino que tenía una pequeña cama, una pequeña ventana redonda en lo más alto y eso era todo; ella se tiró a la cama y se puso a llorar, duró tanto tiempo que no supo en qué momento se quedó dormida.
María se sentía tan cansada que durmió todo el día, hasta las 9 de la noche el hambre la despertó, se levanta algo alterada y de no ser por la luz de la luna que entraba por la ventana, hubiera despertado en la oscuridad; por un momento se sintió confundida, hasta que recordó que estaba en el barco y todo lo que había pasado, suspiró profundamente, salió del camerino, tenía hambre quería comer algo.
Una vez que salió de los camerinos, se encontró con una noche hermosa, la luna se miraba enorme y su reflejo en el mar hacia que se viera como dos lunas; se quedó sorprendida con lo que miraba y poco a poco se acerco a la orilla, estaba hipnotizada viendo lo hermoso que se miraba.
Se quedó por un momento ahí sin querer suspiró por la nostalgia y por lo bien que se sintió de estar ahí; estaba tan tranquila, que no quería dejar de ver, pero en ese momento escuchó la voz de ese hombre que siempre hablaba. – ¿Estás planeando regresar a casa? Puedes hacerlo, las barcas están del otro lado, te puedo guiar, me va gustaría llevar a una menos de las mujeres fastidiosas de los sucios reinos.
María escucha la voz atrás de ella, la sorprendió un poco y voltea a verlo, estaba a unos pasos de ella; por un momento lo miró de pies a cabeza, era un hombre guapo, alto de 1.75, su cabello era color negro, con un corte de pelo algo extraño para ella, era corto pero el lado izquierdo era rapado.
Su piel era blanca, tenía un rostro perfecto masculino y unos ojos grande de color verde, sus pestañas largas; pero lo que más le llamó la atención era lo musculoso que era, la camisa que usaba de manga larga la tenía pegada a su cuerpo casi dejando ver su perfecto cuerpo y el pantalón dejaba ver sus piernas gruesas.
Ella se le quedó mirando, realmente era la primera vez que le ponía atención y si era un hombre atractivo, que llamaba la atención con su sola presencia, pero si eso no fuera suficiente esa voz gruesa lo hacía ver más atractivo.
No le dijo nada, solo se le quedó mirando estaba embobada viendo cada parte de él y después de un momento lo mira fruncir el ceño, lo escucha decir. – Si me sigues viendo así tendré que cobrarte, pareces una pervertida y das miedo, siento como si estuviera frente a una caníbal que me quiere comer.
Viéndote bien no eres tan fea, si me quieres en tu cama solo pídemelo, aunque claro soy caro, tendrás que decirme como me piensas pagar, puedes convencerme.
María sacude su rostro y algo inquieta dice ¿Qué? ¿Qué dijiste?
El hombre se acercó a ella y le susurra al oído. – eres una mujer que tiene una mirada lasciva y pareciera que me invitas a seguirte a tu camerino; yo solo te estoy aclarando que soy caro y tu mirada lasciva no es lo único que me va a convencer, tienes que llegarme al precio.
María se sintió ofendida, indignada y tan molesta por lo que le dijo que lo aventó para alejarlo de él, no podía creer que alguien podría decirle semejantes cosas, algo que una señorita como ella no podía escuchar, la falta de respeto era algo que no podía tolerar, quería golpearlo, darle una lección.