En su vida pasada, Evangeline sacrificó todo por seguir a Julian al campo, solo para ser devorada por la traición. Engañada por el hombre que amaba y por su mejor amiga, Genevieve, terminó drogada, con el cuerpo consumido por la enfermedad y viendo a su familia quedar en la ruina.
En sus últimos y más oscuros momentos, no fue su "gran amor" quien la salvó, sino Alistair, el hombre rudo y marginado al que ella tanto había despreciado. Tras pasar quince años en prisión, él gastó cada moneda de su fortuna para comprar su libertad, pagar su tratamiento y cuidarla con una ternura infinita hasta su último aliento.
Ahora, el destino le ha otorgado un milagro: Evangeline ha despertado a los dieciocho años, justo el día en que llegó a Valle Umbrío.
Con el conocimiento del futuro y un misterioso espacio lleno de recursos a su disposición, Evangeline no solo busca venganza contra quienes la destruyeron, sino que tiene una misión más urgente: entregarse al hombre que la amó cuando nadie más lo hizo.
—He oído que a tus veintitrés años todavía no tienes esposa y el pueblo se burla de ti —le dice ella, acurrucándose en los brazos del tosco Alistair—. ¡Yo seré tu esposa!
Él, mirando a la delicada joven con los dientes apretados, solo alcanza a decir: —No bromees.
—Vi a los vecinos presumiendo de sus hijos ante ti —susurra ella con una sonrisa traviesa—. ¿Qué te parece si formamos nuestra propia familia para que mueran de envidia?
Alistair, con las orejas encendidas por el rubor, sentencia: —¡Te arrepentirás!
Pero el arrepentimiento no está en los planes de Evangeline. Mientras todo el Valle Umbrío murmura con envidia, Alistair, el hombre que "no tenía ni para comer", ahora protege a su gentil esposa, disfruta de manjares cada día y ve crecer a sus hijos, transformando su destino de soledad en una leyenda de amor y prosperidad.
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Capítulo 22: Fuego en la montaña
La pequeña Zhaodi abrió sus grandes ojos con incredulidad. Jamás en su corta vida había visto un dulce tan blanco y esponjoso; en su hogar, el arroz integral y el pan de maíz seco eran lujos que rara vez probaba. Evangeline se llevó el dedo índice a los labios, pidiéndole silencio absoluto con una sonrisa cómplice. Aunque el terror a su madre, Rosalind, seguía presente en la mirada de la niña, el hambre fue más fuerte. Se metió el bizcocho en la boca y lo tragó casi sin masticar, temiendo que el aire mismo se lo arrebatara. Evangeline le dio una palmadita afectuosa en la cabeza y continuó su camino hacia la montaña trasera.
Tras caminar unos trescientos metros por un sendero flanqueado por pinos, llegó a las dos pequeñas casas de madera que Alistair había construido con sus propias manos tras ser expulsado del hogar principal. Evangeline llamó a la puerta, pero el único sonido que recibió fue el del viento. Decidida, empujó la entrada y se quedó de piedra.
Allí, en el patio trasero, estaba Alistair. Se encontraba sin camisa, vertiendo un cubo de agua fría sobre sus hombros para limpiar el sudor de la jornada. El impacto visual dejó a Evangeline sin aliento: el cuerpo de Alistair era una escultura de fuerza y firmeza. Su espalda ancha dibujaba un triángulo invertido perfecto que descendía hacia una cintura estrecha y un abdomen marcado por el trabajo duro. La joven se limitó a mirar, perdida en la poderosa presencia física del hombre que todos en el valle temían, pero que ella comenzaba a adorar.
Al notar su presencia, Alistair se tensó. Regresó de inmediato al interior para vestirse, regresando poco después con el rostro serio. Al recordar que hacía poco menos de una hora la había visto hablando con Julian, apretó los puños con una mezcla de celos y amargura. Su mirada evitaba la de ella; prefería un dolor breve e intenso a la agonía prolongada de verla amar a otro.
Evangeline, cuyo rostro comenzaba a arder de forma tardía por la timidez, rompió el silencio. Alistair, asumiendo que ella venía a reclamar por el incidente de la noche anterior o a pedirle que se alejara, bajó la voz hasta que sonó ronca y forzada.
—Lamento lo que pasó ayer. Haré lo que quieras —sentenció él, entregándose a su destino.
Evangeline parpadeó, sorprendida por su sumisión. Recordó que esa misma mañana él le había dicho que podía disponer de él como quisiera.
—¿Está bien cualquier cosa? —preguntó ella con una voz dulce que hizo vibrar el corazón de Alistair. —Mm —asintió él sin dudar. —¿Y si quisiera tu vida? —bromeó ella, aunque sus ojos brillaban con seriedad. —De acuerdo, tómala —respondió él al instante.
Evangeline soltó una carcajada cristalina. Todos en el Valle de los Valdemar decían que Alistair era un hombre frío, despiadado y carente de humanidad, pero ella estaba descubriendo la verdad: cuando este hombre entregaba su corazón, lo daba todo, sin reservas ni condiciones.
—No quiero gastar todas mis exigencias hoy —dijo ella con un matiz juguetón e inconscientemente coqueto—. ¿Puedo hacerlo gradualmente? —Mm —volvió a aceptar él, cautivado por su tono. —¡Entonces tu primer castigo será cenar conmigo esta noche! —anunció ella con determinación.
Antes de que Alistair pudiera procesar la invitación, Evangeline ya se había escabullido hacia la pequeña cocina. Al registrar las alacenas, frunció el ceño: solo encontró tres libras de harina de batata y un poco de harina gruesa. En plena época de cosecha, aquel hombre se estaba matando a trabajar sin la nutrición adecuada.
Alistair, avergonzado por la escasez de su hogar, reaccionó presa del pánico. —Espera un momento, iré a buscar algo mejor —dijo antes de salir corriendo hacia el pueblo.
Mientras él no estaba, Evangeline puso manos a la obra. Limpió la cocina y extrajo de su Espacio más carne de res de primera calidad. Cortó unas rodajas para servirlas frías y puso el resto en una olla con agua y especias aromáticas para que se cociera a fuego lento. En menos de diez minutos, el aroma del estofado comenzó a llenar la cabaña. Alistair regresó poco después, jadeando por el esfuerzo y cargando con suministros, sorprendido al ver que su humilde cocina se había transformado en un banquete gracias a las manos de la mujer que amaba en secreto.
¿Acaso no a escuchado el dicho de "mejor sólo que mal acompañado" y el que dice "con locas no"?.🤨🤷♀️🙎♀️🤦♀️
Vieja loca, abusiva y envidiosa. Que debe de dar gracias que la dejan vivir ahí..😒🤷♀️🙎♀️