Cuando El Reino Colmillo y Sombra Era una de las Poderosas y temidas por su generaciones de Reyes Alfas , con la espera de un nuevo Rey, todo dio un gran giro al tener una Niña Alfa llamada Ema.
Su Poder estaba en juego como su corona, no la creían apta, su vida fue criticada y usada para benéfio de muchos enemigos al ser una niña dulce y vulnerable.
La tomaron de menos, cuando su tortura escalo hasta una noche donde su mejor amiga la mató en un intento de celos por un el amor del Alfa Lucas quien era el más poderosos y deseadas por todas. La manada fue tomada y traicionadan por su tio lleno de odio y envidia hacia el Rey, tomo el control, llevando a su hijo ser el nuevo Rey Alfa, dando una muerte terrorífica a su hermano y su familia
Pero la muerte es algo misteriosa, pues en el cuerpo de Ema recae el alma de una joven totalmente diferente al resto, una máquina mortal llamada Cecilia.
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Te lo dije
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Ema se levantó con un fuerte dolor de cabeza; se quejó mientras caminaba hasta la cocina para tomar algo, luego se fue a bañar —tenía que sacarse todo el malestar de encima. La competición era crucial: hoy sería lucha cuerpo a cuerpo, con rotación de transformación permitida.
Se secó el cabello mientras se miraba al espejo y notó el moretón que le había dejado Lucas, soltando una sonrisa.
«Bell, ¿cómo estás?»
«Bien, solo un dolor leve. Pensé que sería más fuerte viniendo de un Rey… Pero creo que es porque no estamos aferradas sentimentalmente»
«Ahora que lo dices… Solo fue como una molestia menor. Pensé que nos moriríamos»
«Yo igual… Es algo raro»
«¿Crees que deberíamos investigar por qué pasa esto? Quiero que tú y Aron no se peleen por nosotros»
«Aron está igual de molesto con él; hablamos mucho. Y sí… Sería bueno averiguarlo para estar más tranquilas»
Ema terminó de vestirse y fue a buscar a Megan, pero no estaba —seguro estaba con Patrick. Lorenzo y Arturo tampoco estaban en sus habitaciones, así que fue por Lucas para ir a desayunar. Vio la puerta entreabierta y entró:
–Hola… Vamos a desayunar; hoy servirán tu favorito: pan de carne —dijo, mientras Lucas salía del baño envuelto en una toalla. Al verla, se quedó helado.
–Ema… —dijo con vergüenza, cerrando la puerta de golpe.
«¿Qué… qué pasó? Le dio vergüenza»
«Y cómo no, si te le estabas comiendo con la mirada»
–¡Lo siento! —gritó Ema detrás de la puerta.
–Ya salgo… Está… bien —contestó Lucas.
«Viste cómo nos devoró con la mirada? Está loca por nosotros» —dijo su lobo Trons.
–¡Qué vergüenza! Me vio sin remera…
«No sabes si las vio, pero yo sí vi otra cosa»
–No lo sé, es que…
Lucas estaba concentrado hablando con Trons cuando sintió unos dedos rozando su espalda. Giro de golpe y Ema se sobresaltó:
–¡Ahhh, Ema…! —gritó Lucas.
–¡Ay! Es que no me contestabas… ¿Estás bien? —dijo mirando su rostro encendido.
«Te dije que ella ni se fijó en eso»
Ema notó las cicatrices en la espalda de Lucas: eran profundas, pero también le parecían exquisitas en su forma de contar una historia.
–Yo… Discúlpame —se pone la remera de un tirón.
–Estás raro… ¿Acaso estás nervioso? —se acerca a él.
–No, estoy bien —dijo nervioso—. Vamos a desayunar.
Ema notó su molestia y solo asintió, pero le dolió esa actitud; se sintió culpable por haber entrado sin avisar.
–Sí… —contestó apenada.
Lucas se dio cuenta de que la había tratado mal y se colocó frente a ella:
–Discúlpame… No quise tratarte así —la abrazó fuerte.
–Está bien… No debí entrar sin permiso. La próxima esperaré afuera.
Lucas cerró la puerta y se quitó la remera de nuevo; no quería que pensara que la culpa era suya.
–Lucas… Me estás provocando… —dice pícara.
–¿Qué crees…? —preguntó.
–¿De qué? Si quieres que te diga que estás bueno, ya sabes que sí… —levantó las cejas.
Lucas rodó los ojos:
–Mis… cicatrices, Ema. ¿Qué piensas de ellas? —se sienta en la cama.
–Sé más específico —se sentó a su lado.
Lucas suspiró:
–¿Te molestan? —Ema negó con la cabeza—. Yo… Las tengo desde niño. Eres la primera persona que las ve, después de Silvia —contó—. Mi padre llegaba furioso cuando bebía; a veces solo porque sí…
–¿Él las hizo? —suspiró Ema con tristeza.
–Sí… Fueron hechas con plata… Por eso no se curaron completamente —suspiró—. Silvia era muy chica y…
–Está bien… Entiendo —dijo Ema. Lucas sonrió—. Cuando estés listo, me cuentas todo. No tengo prisa, y creo que te hacen ver muy rudo —dice juguetona.
Lucas sonrió, se levantó y se puso la remera:
–Es algo que nunca me agradó de mí y…
De repente sintió un beso suave en su espalda, justo sobre la cicatriz más grande. Ema lo abrazó por detrás.
«Te lo dije» —dice Trons riendo burlón.
–Vamos… —dijo Ema sonriendo. Lucas estaba completamente rojo; sintió un cosquilleo en su interior y su corazón latió a mil por hora.
–Sí… Vamos —sonrió feliz.
Se dirigieron al comedor y luego salieron al jardín; aún quedaban dos horas para que empezara la competición.
–Si nos toca pelear entre nosotros, no quiero que me dejes ganar.
–No iba a hacerlo —sonríe Lucas—. Pero ¿por qué crees eso?
–Intuición, quizás —levantó las cejas.
«Claro que la dejarás ganar; no me mientas» —dijo Trons.
Lucas solo sonrió. Los demás llegaron poco después; Arturo tenía la cara descompuesta.
–¡Mi cabeza me está matando! —bufó Arturo.
–¡A mí igual…! —dijo Lorenzo.
...
Todos estaban en la gran lona circular; Ema se estiraba con los demás cuando Lorenzo notó el moretón en su cuello:
–Ema, ¿qué tienes ahí…? —apuntó con el dedo.
–Nada… —dijo Lucas rápidamente. Lorenzo frunció el ceño cuando vio el mismo moretón en el cuello de Lucas.
–Ustedes…
–¡Shhh, cállate! —dijeron los dos al unísono.
Lorenzo no aguantó la risa; Ema estaba completamente roja.
–Bien, bien… Pero no tardarán en verlo; se nota a leguas, Ema.
–¡Ay, sopórtalo! —dijo burlona. Lucas sonrió.
Adrián llegó a la tarima y Renata —como toda reina entrometida— se sentó a su lado. No podía hacer nada por el momento: debía terminar la competición y después la mandaría a su casa.
Miró a Ema de lejos e intentó ejercer presión en su vínculo para que la mirara, pero solo recibió una punzada que lo hizo toser.
«Ella… ¿No siente el vínculo? Aron… ¿Puedes sentir a su loba?»
«Sí, pero es Ema quien te bloquea. Lograste que ya no te importe»
«Pero… ¿Es posible eso?»
«Aún no sé cómo lo hace… Pero yo hablo con Bell sin problemas»
Adrián sentía su corazón latir rápido de preocupación. Patrick lo sacó de sus pensamientos avisando que era hora de comenzar.
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