Traicionada por las dos personas que más amaba, Mía Beaumont murió escuchando cómo su prometido, Alexander Rivelli, y su mejor amiga, Isabella, confesaban entre risas cada una de sus mentiras. Humillada, manipulada y utilizada como un simple peón dentro de su propia vida, creyó que todo había terminado… hasta que despertó nuevamente en el pasado.
Pero esta vez, Mía ya no será la mujer ingenua y sumisa que todos podían controlar.
Con los recuerdos de su vida anterior intactos, decide recuperar el poder que alguna vez le arrebataron: tomará las riendas de la empresa familiar, destruirá la reputación de Alexander y hará pagar a Isabella por cada traición. Ya no llorará por amor. Ya no permitirá que nadie vuelva a pisotearla.
Sin embargo, sus planes cambian cuando Dante Morelli entra nuevamente en su vida.
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Capitulo 23
Los siguientes días se convirtieron en una rutina peligrosamente adictiva.
Por las mañanas trabajaba en la empresa familiar como si hubiera pertenecido allí toda mi vida. Y honestamente… mientras más me involucraba, más entendía cuánto había permitido que otros decidieran por mí en mi vida pasada, porque era buena en esto.
Muy buena.
Las reuniones dejaron de intimidarme rápidamente. Los ejecutivos empezaron a escucharme con atención real y no únicamente porque ahora fuera la prometida de Dante Morelli. Incluso mi padre comenzó a incluirme en conversaciones importantes que antes jamás habría permitido.
Y todo mientras Alexander seguía entrando al edificio creyendo que todavía tenía poder.
Qué ironía tan deliciosa.
Porque cada vez que lo veía caminar por los pasillos con esa seguridad arrogante, sentía ganas de reír, no tenía idea de que el piso debajo de él estaba empezando a romperse y yo misma sostenía el martillo.
—¿Señorita Beaumont?
Levanté apenas la mirada de unos documentos cuando una de las asistentes apareció en la puerta de mi nueva oficina.
Todavía me gustaba escuchar eso, "Mi oficina."
—¿Sí?
—El señor Rivelli está aquí para la reunión financiera.
Perfecto.
Cerré lentamente la carpeta frente a mí antes de levantarme.
—Hazlo pasar a la sala principal. Iré enseguida.
La mujer asintió rápidamente antes de salir.
Esperé apenas unos segundos más observando mi reflejo en el vidrio del ventanal. Traje beige elegante. Tacones altos. Cabello perfectamente acomodado y una seguridad completamente distinta reflejada en mis ojos.
Ya no parecía la mujer rota que Alexander manipulaba fácilmente, ahora entendía por qué Dante en varias de esas tantas conversaciones que hemos tenido últimamente me llamaba leona, porque empezaba a sentirme exactamente así.
Llegué a la sala de reuniones pocos minutos después, Alexander ya estaba ahí y apenas me vio entrar, toda su expresión cambió ligeramente.
Dios... Disfrutaba demasiado eso.
Porque antes él apenas me miraba durante reuniones empresariales. Actuaba como si yo no entendiera nada importante. Ahora me observaba como si intentara descubrir quién demonios era realmente.
—Mía.
Su voz salió mucho más baja de lo habitual, ignoré completamente la familiaridad de su tono mientras tomaba asiento al otro extremo de la mesa.
—Señor Rivelli.
Vi perfectamente cómo la tensión atravesó su rostro apenas lo llamé así.
Bien. Que le doliera.
Alexander se quedó observándome unos segundos más antes de hablar.
—Necesitamos conversar.
Solté una pequeña sonrisa profesional.
—Entonces habla.
Él tensó ligeramente la mandíbula.
—A solas.
—No.
La respuesta salió inmediata, fría y eso claramente lo irritó.
—¿Vas a seguir actuando así conmigo?
Apoyé tranquilamente una carpeta sobre la mesa antes de responder.
—¿Así cómo?
—Como si yo fuera un extraño.
Vaya, pero qué... interesante.
Porque acostarse con mi mejor amiga parecía no haber afectado demasiado nuestra relación según él, respiré lentamente antes de inclinarme apenas hacia adelante.
—Tú decidiste convertirte en un extraño el día que traicionaste mi confianza.
Silencio.
Alexander desvió apenas la mirada. Y por primera vez… Parecía cansado, no derrotado todavía, pero sí afectado.
—Cometí errores.
Tuve que contener una risa.
Errores.
Siempre esa palabra tan conveniente.
—No. —Mi voz salió suave—. Tú tomaste decisiones.
Sus ojos volvieron inmediatamente hacia mí.
—Mía, lo que ocurrió con Isabella fue...
—No me interesa escucharlo.
Lo corte en seco y era verdad, porque honestamente ya no me importaba. Lo observé unos segundos más y confirmé algo que llevaba días sospechando: Ya no lo amaba.
Ni siquiera un poco, lo que sentía ahora era muchísimo más frío.
Desprecio.
Alexander pasó una mano por su cabello con evidente frustración.
—No entiendo cómo todo cambió tan rápido entre nosotros.
Eso casi me hizo reír de verdad, porque para él sí fue rápido, pero para mí… Yo ya había vivido su destrucción una vez, él había sido el villano de mi historia pasada, pero ahora yo había renacido para ser la villana.
—Las personas cambian —respondí simplemente.
Y entonces él dijo algo que me provocó una punzada de rabia inmediata.
—Dante te está manipulando.
Mis ojos se endurecieron automáticamente, qué curioso.
El hombre que literalmente controló cada aspecto emocional de mi vida durante años ahora acusaba a otro de manipulación.
—Ten mucho cuidado con lo que dices sobre mi prometido.
La tensión dentro de la sala cambió inmediatamente, Alexander prácticamente se burló.
—¿Prometido? Mía, ni siquiera lo conoces realmente.
—Lo suficiente para saber que no me humilla con mi mejor amiga.
Silencio absoluto.
Alexander cerró los ojos unos segundos antes de volver a hablar.
—¿De verdad piensas casarte con él?
Y ahí estaba otra vez esa pregunta, la diferencia era que ahora mi respuesta ya no generaba dudas dentro de mí.
Porque sí.
Sí iba a hacerlo y tenía que ser honesta conmigo misma… La idea empezaba a gustarme peligrosamente.
—Sí.
La palabra salió firme, segura y algo en el rostro de Alexander finalmente se rompió apenas.
—Lo amas tanto así…
No fue realmente una pregunta, más bien sonó como alguien intentando entender algo imposible y Bueno… Ni yo misma sabía exactamente qué sentía por Dante todavía.
Pero sí sabía algo: Cuando estaba con él no me sentía pequeña, no me sentía insuficiente, no sentía miedo constante de perderme intentando complacerlo.
Con Dante me sentía vista y eso era muchísimo más peligroso.
La puerta de la sala volvió a abrirse antes de que pudiera responderle algo, mi padre entró acompañado de varios ejecutivos.
La reunión comenzó inmediatamente después y durante toda la siguiente hora observé cómo Alexander mantenía su compostura mientras presentaba informes financieros sin saber que yo ya conocía la verdad detrás de ellos.
Dios... Eso sí era divertido.
Pero rápidamente aquella seguridad con la que había empezado a hablar, empezó a flaquear, empezó a ponerse nervioso apenas hice ciertas preguntas.
—¿Puedes explicar esta diferencia en costos operativos?
Lo vi tensarse apenas.
—Son ajustes logísticos.
Mentira, pero aún así sonreí suavemente.
—Entiendo.
Después lancé otra pregunta y otra y otra.
Cada vez más específica, cada vez más peligrosa, hasta que prácticamente podía sentir el sudor acumulándose bajo su presión.
Mi padre comenzó a observarlo distinto también, maravilloso, todo estaba comenzando y lo mejor… Era que Alexander todavía no entendía que aquello apenas era el inicio del fin.