Victor Maxwell….. como describir a un ser irritante que hizo mi vida irritante en cada oportunidad que tuvo , el chico guapo, el deportista estrella y quien se creía intocable Pero suena a cliché no? Pues no , no dire que me gusta desde niños o que es guapo lo odio como el le odia a mi Y jamás , jamás besaría a un descerebrado como el! ¿Nazarena cumplirá esa promesa
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Proyecto juntos
...(Naz)...
La lluvia hacía que el sábado se sintiera todavía más lento.
Las gotas golpeaban constantemente las ventanas mientras yo estaba tirada boca arriba en mi cama mirando el techo como víctima de la vida.
Mi cabeza ya no dolía tanto.
Mi dignidad sí.
Porque cada cinco minutos mi cerebro decidía recordarme algo nuevo de anoche.
“¿La lámpara empezó?”
Cerré los ojos con sufrimiento inmediato.
Dios.
¿Por qué había dicho eso?
Me giré enterrando la cara en la almohada.
Nunca volvería a salir.
Jamás.
Escuché truenos suaves afuera mientras el olor a lluvia llenaba toda la habitación. La casa estaba tranquila; mamá había salido con Liam y papá seguía trabajando incluso un sábado porque claramente no conocía el descanso humano.
Tomé mi celular esperando distraerme.
Error.
Bianca había mandado siete videos.
SIETE.
Abrí el primero con miedo.
Y ahí estaba yo:
bailando horriblemente con un vaso en la mano mientras Bianca gritaba algo incomprensible atrás.
Quise morir.
Segundo video:
yo señalando una planta mientras decía:
“esa sabe cosas”.
Cerré el chat inmediatamente.
Necesitaba nuevas amigas.
El celular vibró otra vez.
Victor Maxwell:
“¿Ya demandaste la lámpara o siguen negociando?”
Lo miré con odio puro.
“¿No tienes hobbies?”
Victor:
“Molestarte ES un hobby.”
Idiota.
Suspiré sentándome mejor en la cama mientras la lluvia seguía cayendo fuerte afuera.
Entonces llegó otro mensaje.
“Necesitamos avanzar el proyecto.”
Parpadeé.
Cierto.
El maldito proyecto.
“Podemos hacerlo el lunes.”
Victor:
“No.”
“¿No?”
“No pienso arriesgar mi nota por tu capacidad organizativa post alcohol.”
Abrí mucho los ojos indignada.
“Mi capacidad organizativa es mejor que la tuya incluso inconsciente.”
Victor:
“Perfecto. Entonces deja de llorar y ven a la cafetería del centro.”
Lo releí tres veces.
“¿Estás dándome órdenes?”
Victor:
“Sí.”
“Qué valiente detrás de una pantalla.”
Victor:
“Qué dramática incluso sobria.”
Apreté el teléfono con ganas de violencia.
Pero lamentablemente…
Tenía razón.
El proyecto debía empezar pronto y honestamente yo tampoco quería depender de hacerlo a último momento.
Odiaba cuando tenía razón.
Eso empeoraba todo.
Treinta minutos después caminaba bajo la lluvia con una campera enorme y claramente mal humor.
La cafetería estaba cálida comparada con el frío de afuera. Olía a café recién hecho y pan dulce mientras música tranquila sonaba de fondo.
Y ahí estaba él.
Victor ocupaba una mesa cerca de la ventana con su computadora abierta y varios papeles alrededor.
Levantó la vista apenas entré.
—Wow. Viniste. Pensé que ibas a fingir tu muerte.
Me saqué la capucha mirándolo mal.
—Todavía puedo hacerlo.
Victor soltó una risa nasal antes de volver a mirar la pantalla.
Me senté frente a él dejando mi mochila sobre la silla.
Y entonces ocurrió algo inesperado.
Victor ya había empezado el trabajo.
No solo empezado.
Había investigado.
Mucho.
Fruncí apenas el ceño mirando los apuntes perfectamente organizados.
Eso…
era raro.
Victor notó mi expresión inmediatamente.
—¿Qué?
—Nada.
—Habla.
Tomé uno de los papeles todavía confundida.
—Solo creí que harías todo cinco minutos antes de entregar.
Victor apoyó un brazo sobre la mesa.
—Y yo creí que escribirías el proyecto como dictadora militar.
—Eso ni siquiera tiene sentido.
—Claro que sí.
Rodé los ojos abriendo mi laptop.
Pero honestamente…
Me sorprendía.
Porque Victor siempre parecía relajado.
Como si nada le importara demasiado.
Sin embargo todo esto estaba:
ordenado,
marcado,
investigado.
Y bien hecho.
Muy bien hecho.
Qué fastidio.
—No me mires así —dijo de repente.
Levanté la vista.
—¿Así cómo?
—Como si acabaras de descubrir que sé leer.
—Todavía estoy procesándolo.
Victor sonrió apenas.
Y volvimos al trabajo.
Aunque “trabajo” era una palabra generosa considerando que pasábamos más tiempo discutiendo.
—Tu introducción es demasiado larga.
—Tu resumen parece escrito por un cavernícola.
—Al menos el mío va al punto.
—Al menos el mío parece inteligente.
Victor soltó una risa incrédula.
—Eres insoportable trabajando.
—Y tú no sabes seguir estructura.
—Porque la estructura que hiciste parece constitución nacional.
Le lancé una servilleta.
Él me lanzó otra de vuelta.
La señora de la cafetería ya nos miraba raro.
Y aun así…
El proyecto avanzaba sorprendentemente rápido.
Porque por más insoportable que fuera admitirlo…
Victor era bueno.
Muy bueno.
Tenía ideas rápidas.
Detectaba errores enseguida.
Y discutía cada punto hasta perfeccionarlo.
Competitivo.
Igual que yo.
Y eso era desesperante.
Porque cada vez que yo corregía algo…
él corregía otra cosa mejor.
Cada vez que intentaba ganarle una discusión…
tenía argumentos válidos.
Qué horrible experiencia.
—Odio admitir que esa idea funciona —murmuré revisando una parte del proyecto.
Victor levantó ambas cejas dramáticamente.
—Wow. ¿Grabamos esto? ¿Llamamos periodistas?
Lo fulminé con la mirada.
—No arruines el momento.
Él sonrió satisfecho apoyándose hacia atrás en la silla.
La lluvia seguía golpeando las ventanas mientras la cafetería se llenaba lentamente de gente escapando del clima.
Y por un segundo extraño…
Todo se sintió demasiado normal.
Hasta que Victor volvió a hablar.
—Aunque tu letra sigue siendo horrible.
Ah sí.
Ahí estaba otra vez.
El idiota.