Una loba Nacida de la raza más fuerte, un Alfa la primera de cuatro hermanos, capas de heredar los más fuertes linajes toma una decisión... – Dejaré esta manada, No soy una máquina de carga –
El Un Gama, último hermano de un Alfa cruel quien lo desprecio por ser un hijo no deseado, en un arranque de guerra quedo solo y sus piernas mal heridas dejándolo en silla de ruedas con solo un aliado su cuidador – Un lobo invalido, es un lobo muerto, Es mejor que termines con tu vida, solo eres un estorbo para este reino–
Ambos de un padre de linaje real un licantropo, pero el no saco nada de eso
El destino los une un día.. ¿ Qué podría pasar ?
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Una vida por otra
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En los recónditos calabozos de la mansión, el hechicero paseaba con nerviosismo: su conjuro no respondía.
–Mi señor… Si aumentamos la dosis de actínida, ¿no podría tener efectos secundarios?–
–Quizás tengas razón. Debo reflexionar… ¿Por qué no funciona?–
Estaba perdido en su hechizo; su poder ya alcanzaba el límite, era anciano y la guerra contra el Rey Licántropo lo había dejado extenuado. La joven detrás de él sonrió con malicia: fue ella misma quien alteró el conjuro para retrasar su efecto.
Rice llegó veloz al lugar y divisó a los dos a través de la ventana. Lucinda la acompañaba y entraron de golpe, asestando un fuerte impacto en la espalda de Tartharot, quien respondió con otro ataque.
–¡Firi, huye!–
Dijo a la joven, que se esfumó en la sombra… pero se encontró cara a cara con Grif, mientras Pedro y los demás la cercaban.
–¡No puede ser… Tía Lucrecia!– exclamó Pedro al verla recuperar su verdadera apariencia.
–Pedro… Te pareces tanto a tu padre.–
Pedro la miró con odio; sus hermanos no la conocían, así que se mantuvieron a distancia.
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Tartharot luchaba con Lucinda, y Rice aprovechó la distracción para lanzar el objeto que Grif le había indicado: la piedra del altar era la única capaz de aniquilar la magia oscura que controlaba a Guillermo.
–¡Noooo!–
Tartharot vio cómo la olla volcaba y lanzó un hechizo mortal, pero Rice lo esquivó y se apoderó de la piedra.
–¡Rice, dámela… ¡AHORA!–
Gritó Lucinda en el instante en que Guillermo recuperó el conocimiento, pero con una furia descontrolada. Todo su poder se desató al escuchar la voz que había dominado su mente; su lobo anhelaba destruir la piedra.
Rice golpeó al hechicero y se dirigió a Lucinda, entregándole el relicario. El anciano estaba exhausto, su fuerza decayendo y apenas podía moverse.
–No dejes que siga con vida.–
–No lo haré.–
Atla se liberó completamente, enfrentándose a Tartharot. Los destellos de poder y los rugidos resonaban con una intensidad espantosa; el suelo temblaba bajo el impacto de sus luchas.
Sus hermanos y los soldados enfrentaron a las fuerzas enemigas, hasta que Patrick llegó al frente.
–¡La Manada Luna Oscura está condenada por traición, por orden de su ex-Alfa Lucían! Quienquiera que se alce contra nosotros no sobrevivirá.–
Rugió con tal potencia que los lobos enemigos bajaron la cabeza, mostrando sus cuellos en señal de sumisión, y les dieron paso hasta donde se encontraba Rice. Tomás permanecía firme, observando la pelea entre Lucían y Asher.
–¡Ríndete, Lucían! Ya no puedes continuar.–
El lobo de Lucían escupía sangre; las garras de Emon habían alcanzado un punto letal en su cuello. Se tambaleaba, pero aún así se negaba a darse por vencido.
–Tú… No puedes ganarme. Eres un débil, ni siquiera tienes a nadie a tu lado. No puedes triunfar.–
–Te equivocas… Tengo una nueva manada. Y una gran alfa como pareja.–
–…¡Imposible!–
–¡Oh, sí! Rice es mi pareja destinada y una de las más poderosas alfas que podría tener a mi lado. Ella es mi familia y mi manada. Tus malditos planes no funcionarán.–
–¡No… Imposible! Nadie sabía de su existencia.–
–Eres tan estúpido. Papá estaría avergonzado de ver a su hijo, pero te llevaré donde él descansa… La porquería debe reunirse con la porquería.–
Lucían gruñó de furia, pero en un instante Emon rompió su cuello, separándolo del cuerpo y disipando el escudo que lo protegía.
–¡Mi señor!–
Emon escupió la cabeza de su hermano y regresó a su forma humana. Tomó el pantalón que Tomás le entregó y se dirigió hacia los demás con la cabeza en sus manos.
...
Guillermo llegó como una bestia furiosa y se abalanzó sobre Rice, quien lo lanzó lejos con un golpe. Mientras tanto, continuaba luchando contra Tartharot.
Patrick y los demás llegaron corriendo, incapaces de seguirle el ritmo; sus corazones latían desesperadamente al ver a su hermana en peligro.
–¡¡GUILLERMO!!–
Lucinda gritó con todas sus fuerzas, logrando que él la mirara. Ese era el momento: un conjuro que exigía una vida para salvar otra.
Rice aprovechó esa distracción para desgarrar la espalda de Tartharot frente a todos los lobos reunidos.
–¡Morirás!–
Las garras de Atla se clavaron en su columna vertebral, arrancándola de un tirón mientras rugía con tal poder que el cielo se iluminó con un resplandor cegador.
–¡Hermana…!–
–¡Noooo!–
Rice se quedó paralizada al ver cómo Lucinda los envolvía con un escudo de energía. Guillermo estaba encima de ella, apretando con sus dientes su brazo.
Rice reaccionó con rabia, golpeando el escudo junto a sus hermanos. Liberaron todo su poder, pero nada lograba romperlo.
–¡Es un escudo de vida…!–
–¡Maldita sea…!! ¡MAMÁÁÁ!–
Rice gritó al verla agonizar. Ella los miró sonriendo y movió los labios en silencio: “Los amo… Perdón”. Activó el hechizo con la piedra en el pecho de Guillermo; todo se iluminó de golpe, generando una ráfaga que sacudió la tierra.
El escudo se disipó, permitiendo que salieran. Guillermo estaba desnudo, y el cuerpo de Lucinda yacía quemado y sin vida.
–¡Mamá…!– Rice apretó los dientes mientras las lágrimas corrían por su rostro, llena de rabia. Ese no era el plan; así no debía haber terminado.
Sus hermanos la rodearon, también llorando. Guillermo respiraba con dificultad.
–¡Hermana…!–
Rice miró hacia atrás y vio a Asher acercándose, con la cabeza de Lucían envuelta en tela ensangrentada. Ambos corrieron para encontrarse en un fuerte abrazo.
Asher arrojó la cabeza a los pies de los lobos de la Luna Oscura, quienes se miraron entre sí al verlo junto a Rice.
–Ella lo salvó…–
Asher la estrechó más fuerte. Rice observó el cuerpo de Guillermo: ya no quedaba rastro de oscuridad. La guerra había terminado ese día.
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