Nuestros mundos eran diferentes, nuestros caminos... pocas veces se cruzaron. Éramos como dos líneas paralelas que no debieron encontrarse, mas, sin embargo; el universo quiso que así fuera.
Yo no estaba preparada para enamorarme de ti, de caer en tu juego de seducción y pasión desbordada, de aquel amor que todos miraron prohibido al principio, pero, que solo nosotros dos, entendimos como sucedió. Somos el equilibrio perfecto entre el dolor y el placer, entre conocer la virtud para después familiarizarnos con el vicio.
Tú me amas, yo te amo, nuestros cuerpos son el ejemplo perfecto de que dos almas están destinadas a estar juntas aun cuando la muerte acechaba en cada rincón de nuestra existencia. Tu eres el dragón que me envuelve en sus fuego incandescente, eres la marca que deseo en mi piel por siempre.
NovelToon tiene autorización de CRIS HERNÁNDEZ07 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
XXI — ALEJATE DE ELLA
Felipe y Adrien...
— Al grano Felipe —Le espeto de una vez.
— ¿Te gusta Tabatha Adrien? —Me sorprendo por su pregunta, pero no lo demuestro.
— ¿A que va eso Felipe? ¿Te estás escuchando? —Frunzo mi ceño, estoy molesto.
— Adrien deja de estupideces conmigo, temprano llegué y la abrazabas de una forma... —Bajaba la vista como buscando algo — ¿La abrazabas con ternura? —Me pregunta burlón.
— Tabatha, es hermosa y muy atractiva, eso es algo que no se puede negar, pero con respecto a la ternura, que dices... —Me pongo frente a frente — No tengo nada que decirte. Y con la otra cuestión.... tú sabes muy bien de que hablo —Lo fulmino con la mirada — Si ella sale lastimada, te meteré unos buenos puñetazos y te dejaré inconsciente ¿Me entendiste? — Paso por su lado, e iba a entrar de nuevo.
— ¿Entonces te gusta? —Me paro en el acto, antes de abrir, suspiro con molestia y entro ignorando su pregunta que es más una afirmación que una pregunta como tal.
En la habitación...
— Nos vamos señora Madeline —Le tiendo mi brazo y ella acepta — Hasta luego señorita Tabatha — Ella me mira sorprendido por la forma en que la llamé, salí sin esperar su respuesta, ando cabreado, por culpa de Felipe.
Salimos del hospital, puse a la señora Madeline al frente e íbamos riendo, pocas veces lo hago, pero con ella se siente cómodo, hablamos de Tabatha cuando estaba chiquita, que era muy traviesa, y peleaba mucho en la escuela, ya veo de donde salió tan salvaje, y odiosa, mi odiosa, suspiro internamente, para mí es imposible sentir amor, eso es algo que Karla se encargó de matar.
En casa de Madeline...
— Espéreme y le abro señora Madeline — Abro la puerta y me detiene.
— Ay no te preocupes cariño, no me gustan las formalidades — asiento y nos reímos. Madeline es igualita a Tabatha, son sarcásticas y burlonas, ambos bajamos y le acompaño hasta su puerta — Quiero hablarte de algo Hijo ¿puedo?
Le digo que sí, y entramos, es una casa pequeña, pero muy cómoda, se respira un ambiente familiar, casa muy distinta a la mía, que es fría y vacía.
— A ver que hablará conmigo, de una le digo que soy casado —Y ella se ríe por mi comentario.
— Gracioso, no, no es eso, quiero hablarte de mí Tabatha...—La observo atentamente y se pone un poco mas seria.
— Bien, soy todo oído —Tomo un sorbo de mi café.
— Adrien, sé que te gusta mi hija. Pero voy a hablarte de ella y de tus sentimientos. —Suspira cansada y continúa — Adrien tu y ella no pueden estar juntos... — sus palabras me dieron como daga en mi corazón, aunque no entendía por que las decía tenia un mal presentimiento — quiero que te alejes de ella lo mas que puedas, sus destinos jamás deben cruzarse y cualquier sentimiento que tengas por ella, debes desecharlo.
— Pero ¿Por qué dice estas cosas? Sabe que estoy casado y...
— Porque te observo, no soy estúpida ni nada por el estilo. Se que no amas a tu esposa y que tienes problemas son muy obvios. — me toma de las manos, quizás ella tenga razón... — Adrien tu no estas hecho para estar con Tabatha, déjala ir, por mi y por mi salud te lo pido. Promételo...
— Te lo prometo Madeline —Fue lo único que dije.
Después de un rato me despedí de ella, un último abrazo y me dirigí a un lugar que me traerá recuerdos, buenos y malos, "La Universidad". Me preguntarán ¿Que hago aquí?, pues buscando al tal Hectorcito, me divertiré un rato.
En la universidad...
Bajo de lo más arrogante posible, coloco mis lentes negros de sol, sacudo un poco mi camisa, le pongo alarma a mi precioso Ferrari F40, me encamino al instituto y escucho los susurros de las chiquillas, rio de lado algo coqueto, respiro hondo, mientras ubico al hijo de perra de Héctor Grays.
— ¿Buscas algo guapo? —Se acerca una rubia bonita, pero plástica, por cierto.
— Así es, muñeca, —Me acerco y le acaricio la mejilla y guiño — Busco a Héctor Grays —Ella se sonroja y suspira.
— Pensé que me buscabas a mí — Engreída la rubia... niego con la cabeza — Él está en la cancha deportiva —Me señala al chico y lo reconozco, había investigado previamente quien era, así me sería más fácil todo.
— Gracias —Le guiño de nuevo — Aunque después te busque a ti — Sonrío pícaro y ella se sonroja.
Camino hacia la cancha deportiva poco a poco, y empiezo a ver a varios chicos y muchas chicas en las gradas, me observan y algunas susurran, llamando la atención de casi todos. Me quito los lentes y busco con la mirada, al imbécil de Héctor y.... Ahí está... haciendo abdominales, sin camisa, llamando la atención de las chicas, iluso... Me acerco a unos metros de él, los chicos a su lado se retiran, él se levanta y me ve de arriba abajo.
— ¿Quién eres y a quién buscas? —Me pregunta autoritario.
— Héctor Grays —Le digo mientras aflojo la manga de camisa y la arremango un poco.
— No te conozco, quién eres — Se acerca un poco, ese siente el muy machito.
— A mí no, pero... a Tabatha Blanc sí —Enseguida baja su ceño y lo frunce de nuevo con más rabia.
— No me interesa — Me reta con la mirada — ¿Tú eres su noviecito? — Me dice entre comillas, me toco la nariz y suspiro — ¿A qué viniste? ¿A defenderla? — Ríe gracioso, y algunos chicos le siguen — Te diré algo — Me mira — Dile que me encantó manosearle su trasero, y besarle su boca —El maldito se mordía los labios, todo un hijo de puta.
— No empeores más las cosas o... —interrumpe.
— ¿O qué? —S e acerca hasta medio metro de distancia de mí — ¿Me vas a pegar? — hace pucheros y ríe sarcásticamente.
— Yo no peleo con niñitos — Respondo sarcástico — A menos que tú seas un machote y lo intentas...
— Te patearé el trasero maricón — Me espeta con rabia y esa fue la gota que derramó mi paciencia al llamarme maricón.
Me quité el reloj y se lo entregué a una chica que estaba cerca, comencé a desabotonar mi camisa poco a poco y con calma, sin quitarle la mirada. La saqué de un tirón, se la entregué a la pequeña, ella se sonroja y le guiño un ojito.
Tenía años que no hacía esto, pero lo voy a disfrutar. No lo voy a negar el tal Héctor tiene lo suyo, buenos bíceps, tríceps, espalda y brazos anchos, ambos somos iguales, excepto de mí, que llevo un hermoso dragón tatuado, empezando la cabeza por mi pecho y hombro derecho, extendiéndose por el cuello, el cuerpo y las patas de dragón alcanzan parte de mi espalda y su hermosa cola, tatuada por mi hombro, y brazo izquierdo finalizando su hermosa punta hasta mi muñeca. Las chicas se emocionan, por supuesto, no es por ser arrogante, pero con semejante tatuaje, quién no se asustaría, lo de mi tatuaje pues...lo explico después...
— ¿Estás seguro Héctor Grays? —Le espeto sarcástico, mientras avanzo y entorno mis puños al frente.
Él avanzó, y se puso en posición de contraataque, eso me confirma que está de acuerdo con las consecuencias, avanzó primero y me alcanzó con su puño dándome cerca de la barbilla, eso era todo lo que quería, que pegara primero, no lo pensé dos veces, y arremetí contra él, le di unos tremendos puñetazos, sin dejarlo reaccionar al ataque, le di otro en la nariz y empezó a fluir sangre.
Eso me gusta, avanzó unos pasos atrás, mi respiración está agitada, pero se volvió a poner en ataque, le di una patada que lo elevé a medio aire, lo tomé por el cuello mientras le daba unos buenos puños en su rostro, partiéndole la boca, puños, tras puño, me gritaban que me detuviera, que lo iba a matar, pero eso era lo que yo quería, matarlo a golpes, con mis propias manos, por todo lo que le hizo a Tabatha.
Descargué toda mi rabia sobre él, hasta que sus brazos cayeron, lo dejé inconsciente en el lugar, me levanté y respiraba agitado, mis manos y brazos manchadas de sangre, mi frente sudaba como regadera, avancé hasta mis cosas agradecí a la chica, y me fui caminando con mi camisa en mano, hasta mi auto. Ya cumplí Tabatha Blanc, mi pequeña odiosa...
Tabatha regresa a casa...
Narra Tabatha
— Por fin, en casa — Abracé a Blue —¡Que hermoso! ¡Gracias mi amor! —Felipe, decoró mi cuarto con rosas azules, están hermosas, y con mi peluche en manos le di un hermoso beso.
— Te quiero Princesa — Volvemos a retomar nuestro beso, más dulce y con cariño, Felipe besa a morir... me encanta.
— Quiero que te quedes a dormir conmigo, no quiero tener otra vez esa pesadilla —Él asiente y me toma de las manos.
— Tabatha, te prometo que ésta será la última vez que te dejo sola, prometo estar contigo y no dejaré que nadie, escúchame bien — Me mira fijamente— Que nadie te haga daño. —Yo asiento en respuesta.
Pasamos la tarde, en mi cuarto, hablando y riendo, le conté todo lo que me hizo Héctor y de cómo me tuve que defender, sí...... absolutamente todo... sin ocultarle nada pues de eso se trata una relación.
Felipe me entendió dándome varios consejos de cómo defenderme en tales casos, y yo le escuchaba atentamente.
— ¿Has sabido algo de mi amiga Demy? — le pregunto.
— Lo mandé a investigar y descubrí que no hay ninguna chica así en tu universidad hermosa, ¿No te abras equivocado? — me pregunta.
— No ¿Cómo es posible que no haya nadie? — le cuestione nerviosa, ¿Qué mierda pasaba con Demy? Me quede en shock por mucho tiempo... Todo está demasiado extraño.
— Seguiré investigando mi reina, tu tranquila — me promete y yo asiento.
Se acostó a mi lado, me puse en sus brazos, hasta quedarme dormida, después de tomarme el tratamiento para dormir, suspiro de tanta felicidad.... si fuese sabido que éste sería la última vez que Felipe estaría conmigo, lo hubiese disfrutado mucho más, pues nunca se sabe cuándo se acaba la felicidad...