Ella renace en una novela que vio en su vida pasada, hará todo hasta lo imposible por cambiar su destino y no vivir atrás de un hombre que en cualquier oportunidad la traiciona. El interés amoroso de la protagonista en la novela será para ella la Villana no tan Villana…
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22. Cuál mosca…
—Como ven, la colección tiene buena calidad —afirma Leonardo.
Sonrió por cómo afirma algo que no es; si en la novela llevó a la quiebra la empresa y se necesitó la ayuda de su asistente para recuperarla, parece que vamos por el mismo camino.
—Es verdad, tiene muy buenos diseños y la calidad es buena —digo bebiendo jugo.
—Amor, me alegra que te guste la colección —sonríe sabiendo que con esta colección se abre camino al mundo de la moda.
Ginebra sale de la sala sabiendo que mañana será un buen día para ver cómo el ego de Leonardo cae, y yo no voy a interferir; si Octave quiere hacer el escándalo a la prensa, que lo haga; veremos cómo Leo cae. En lo que sí no me voy a quedar con las manos atadas es en recuperar los activos de mis padres; de eso me encargo yo.
A la hora del almuerzo ha llegado; salgo de la oficina con mi bolso. En el pasillo me encuentro con Madison y Octave; los tres nos vamos en el carro de Madison.
—Viste cómo Leonardo hace todo lo que la mosca le dice —habla Octav mirándome.
Entrecierro los ojos pensando a quién le dicen mosca, pero no, nada llega a mi mente.
—¿Quién es la mosca? —preguntó desconcertada.
—La asistente de tu prometido siempre está ahí donde nadie la llama; la semana pasada la saqué cinco veces de mi taller, solo llega a chismear con todo el aquelarre de feas —escupe Octave.
—No sabía que le decías así —digo negando con la cabeza.
No es que no se merezca ese apodo, pero no quiero verme involucrada en temas donde se ofenda alguien y menos si se trata de la asistente, aunque esta se lo merezca.
Yo no estoy para estar peleando con mujeres y menos si se trata de la atención de un hombre como Leo.
—Por cierto, los invito a cenar esta noche a mi casa —digo invitándolos, ya que tengo unos obsequios que entregarles.
—Ahí estaremos —afirma Madison.
También invité a Vanessa, mi amiga del alma, que tiene que contarme lo que ha hecho estos días; seguro ha andado disfrutando de la vida loca de bar en bar.
—Pijamada de chicas —aplaude Octave.
—Sí, sí —digo yo asintiendo.
Al llegar al restaurante y ordenar nuestra comida, nos ponemos a platicar de lo que han sido nuestras semanas; ellos me felicitan por haber modelado con la marca de Catalina y me preguntan sobre el guapo modelo que me acompañó de novio.
—Es Alessandro Morretti, amigo de mis hermanos —digo tomando un trago de vino.
—Pero qué hombre tan guapo, mucho más lindo que Leonardo —dice Octave y Madison asiente afirmando lo dicho.
Ni que lo digan, aparte de guapo, muy atractivo y tiene un cuerpo de infarto que te hace derretirte en sus brazos, sonrió recordando ese día.
—¿Por qué sonríes así como si lo hubieras visto desnudo? —arquea una ceja Octave.
—Eh, no, para nada —niego con la cabeza, aunque es verdad lo que ha dicho, pero nadie debe enterarse, por lo menos no aún.
—No vamos a indagar más en el tema —afirma Octave dándome una sonrisa.
Al terminar de comer y descansar un poco, nos fuimos para la oficina; aún no había llegado ni Leonardo ni el quejarse, como lo llama Octave.
Entro a mi oficina y comienzo a revisar los documentos que hay en mi escritorio; tengo tanto trabajo que creo que no voy a salir temprano de la oficina.
El sonido de mi teléfono me saca de mis pensamientos; al ver el nombre, sonrío como loca enamorada. Antes de contestar, conecto mis audífonos; no vaya a ser que alguien entre y nos escuche.
—Sí, ¿quién habla? —bromeó aguantando la risa.
—Tan rápido te olvidaste de mí —hace un puchero al otro lado de la línea.
—No logro recordar quién eres —sigo en la broma.
—Tengo una buena forma de recordarle —afirma Alessandro.
—Ah, sí, ¿cuál es? —preguntó recostándome en la silla.
—Fácil, ¿recuerdas con quién modelaste vestida de novia? —pregunta divertido.
—O sí que recuerdo —Ladeó la cabeza un poco.
Su risa se escucha a través de la llamada; nuestras sonrisas se mezclan la una con la otra. Parece que no soy la única que disfruta esto; bromear con alguien y que este no se enoje es como si tuviéramos una química que solo nosotros entendemos.
—Ya ves, yo sabía que funcionaría —dice él sirviéndose una copa de vino.
—Nunca te equivocas —digo jugando con un lápiz.
Antes de seguir hablando, la puerta de mi oficina se abre de golpe.
—Que no les he dicho que toquen antes de entrar —digo sin levantar la vista.
—¿Quién es? —pregunta Alessandro, molesto por ser interrumpido.
Antes de responder, levantó la vista, topándose con la mirada plana de Leonardo.
—¿Qué te trae por aquí, Leonardo? —preguntó mirando de reojo a Leonardo.
—¿No puedo visitar a mi prometida o qué? —pregunta él tomando asiento.
—No estamos para juegos de niños, Leonardo, dime qué quieres —suelto molesta por su inoportuna visita.
Alessandro se queda en la línea escuchando lo que está pasando de este lado del mundo; su respiración es pesada, como si estuviera enfadado por la interrupción.
—Parece que ahora me odiaras —Se levanta acercándose a mí.
—Ofiarte ni para eso sirves —suelto viéndolo con una ceja levantada.
Él guarda su mano que estaba por acariciar mi mejilla; su postura se vuelve erguida.
—No he venido a eso, mis padres llegan mañana, así que quería saber si puedes ir a recogerlos en la mañana —pregunta Leonardo; ¿acaso cree que yo soy su chofer privado?
—Mañana no puedo —sigo negándome a su pregunta.
—Pero siempre lo has hecho, ¿por qué no puedes mañana? —pregunta impaciente por obtener un sí.
—Ya lo dijiste antes, pero ahora no puedo, mañana tengo una sesión de fotos a buena mañana —sigo negándome.
—Pero puedes a las diez AM —afirma por mí.
—De hecho, a esa hora aún estaré en la sección —digo negando con la cabeza.
El guarda silencio, apretando los puños, pensando en que Ginebra siempre encuentra la manera de joderle la vida y ahora no podrá salir de fiesta con las modelos por culpa de ella.