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Una Alfa Rebelde

Una Alfa Rebelde

Status: En proceso
Genre:Yuri / Romance / Embarazo no planeado
Popularitas:1.9k
Nilai: 5
nombre de autor: maite lucía

Una alfa rebelde
Alismeidy, una dominicana indomable en Italia, choca con una refinada omega. Entre secretos, caos familiar y deseo prohibido, el instinto salvaje de esta alfa pondrá su mundo de cabeza.

¿Podrá esta Alfa indomable domesticar su instinto y ser madre?

NovelToon tiene autorización de maite lucía para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 22

El reloj de la sala marcaba las ocho de la noche y el olor a pollo guisado con mucho orégano y aceitunas inundaba el apartamento. Era esa hora donde la familia dominicana se sienta a la mesa, no solo a comer, sino a "despellejar" la vida de cada quien. Pero esa noche faltaba un asiento: el de Junior.

Don Ramón presidía la mesa con su cara de pocos amigos, esa que pone cuando sabe que sus hijos andan en "pasos raros". Doña Altagracia servía el arroz blanco con una mano y con la otra se secaba el sudor de la frente. Elizabeth, mi gringa, estaba sentada a mi lado, comiendo despacio, acariciándose la barriga de vez en cuando como si le estuviera contando al bebé los chismes de la familia. Génesis, que se había quedado a cenar, estaba en el otro extremo, dándome miradas de "tú vas a explotar pronto" por encima de su plato.

—¿Y el príncipe dónde está? —preguntó mi papá, refiriéndose a Junior—. Ese muchacho cree que esto es un hotel.

—Ay, Ramón, deja a ese muchacho —intervino mi mamá—. Él dijo que tenía una "reunión estratégica" con la jefa de logística. Tú sabes que él está muy enfocado en su carrera ahora.

Génesis y yo casi nos atragantamos con el con-cón. "Reunión estratégica", sí, claro. Junior lo que estaba era echando el resto para que no lo bajaran del pedestal de los relojes caros y los perfumes de diseñador.

Mientras nosotros comíamos pollo guisado, Junior estaba en un escenario muy distinto. Había alquilado un *penthouse* privado con vista a las luces de la ciudad, usando una tarjeta que Sonia le había dado para "gastos operativos". El lugar estaba lleno de velas aromáticas, pétalos de rosa (que compró en oferta porque el presupuesto no daba para tanto) y una cubeta de hielo con la champaña más cara que encontró.

Sonia llegó cansada, con el maletín de cuero y el estrés de haber lidiado con cincuenta camioneros ese día. Cuando Junior le abrió la puerta, vestido con una camisa de seda entreabierta y su mejor sonrisa de "aquí está tu postre", a la mujer se le olvidaron hasta los números de la empresa.

—Junior... ¿qué es esto? —preguntó ella, dejando caer el maletín.

—Esto, mi doña, es un homenaje a la mujer que mueve el mundo —dijo Junior con esa voz de locutor de radio que pone cuando quiere chapiar con clase—. Olvida los fletes y las facturas. Hoy el único contrato que vamos a firmar es este.

Junior la llevó a la terraza. Había contratado a un violinista que tocaba una mezcla rara de música clásica y melodías que parecían bachata lenta. La cena era puro lujo: langosta y un vino que costaba lo que yo ganaba en tres meses. Junior no solo le dio de comer; le dio un masaje en los pies mientras le contaba historias exageradas de su "familia aristocrática en el Caribe".

—Sonia, tú eres una mujer poderosa, pero hasta las reinas necesitan un rey que sepa cuándo quitarles la corona para ponerles flores —le susurró al oído.

El plan de Junior funcionó. Sonia, que al principio del día quería cortarle las alas por vago, terminó la noche firmándole un cheque para un "curso de gestión de alto nivel" que Junior pensaba gastar en un carro nuevo. El tigre no pierde, el tigre se desliza.

De vuelta en el apartamento, la cena terminó. Génesis se levantó, dándole un beso en la mejilla a mi mamá y un abrazo a Elizabeth.

—Bueno, mi gente, yo me retiro. Alis, mañana te paso a buscar temprano, no te quedes dormida que la jefa no perdona —dijo Génesis, dándome un apretón en el brazo que dolió. Sus ojos decían: *"Límpiate bien esa camisa antes de entrar al cuarto"*.

—Ten cuidado por ahí, Génesis —le dijo Elizabeth con su dulce acento—. Gracias por las historias de cuando Alis era pequeña.

—¡Ay, si te contara todo lo que hacía esta tiguera! —rio Génesis mientras salía por la puerta.

Me quedé sola con Elizabeth. Mis padres se fueron a su habitación a ver sus novelas y nosotros nos quedamos en la sala. El silencio empezó a ponerse pesado. Elizabeth me miraba mucho, como si estuviera tratando de leer algo en mi frente.

—Vamos a dormir, Alis. Te ves muy cansada —dijo ella, tomándome de la mano.

Subimos a la habitación. Yo sentía que el anillo en la mochila, guardado en el clóset, emitía ondas de radio que me delataban. Me quité la chaqueta y me quedé en la camisa blanca del trabajo. Fue entonces cuando el mundo se detuvo.

Elizabeth se acercó para darme un beso de buenas noches, pero se detuvo a centímetros de mi cuello. Su nariz de Omega, agudizada por el embarazo, detectó algo que no era el jabón de cuaba de la casa.

—Alis... ¿qué es esto? —su voz cambió. Ya no era dulce; era fría como un cuchillo de carnicero.

Pasó el dedo por el cuello de mi camisa. Una mancha pequeña, pero perfectamente definida, de un color borgoña intenso. El color labior exacto de la "jefa". El color de Alessandra.

—¿Eh? ¿Qué cosa? —dije, tratando de sonar natural mientras el corazón me martillaba las costillas.

—Labial, Alismeidy. Y no es el mío. Yo no uso este color desde que vivía en Londres. Y huele... huele a jazmín. Ese olor a fermonas de Omegas que tienes pegado en la ropa desde que llegaste.

Me miré al espejo y ahí estaba: la marca de la traición. Alessandra me había dado un abrazo rápido de "despedida matrimonial" frente a los periodistas al salir de la mansión en Roma, y yo, por las prisas, no me fijé.

—¡Ah! Eso... eso fue Génesis —solté la primera mentira que encontré—. Ella entró como loca hoy, ¿no la viste? Me dio un abrazo fuertísimo cuando me dejó en la empresa. Tú sabes cómo es ella de efusiva, se cree que todavía estamos en el barrio.

Elizabeth entrecerró los ojos. Se quedó mirando la mancha por lo que pareció una eternidad.

—Génesis usa brillo de labios, Alis. No este color mate tan caro. Y Génesis sus fermonas huele a vainilla, no a jazmín de alta alcurnia.

—Mi amor, tú estás paranoica por el embarazo —dije, acercándome para abrazarla, pero ella dio un paso atrás—. Ella se cambió el perfume hoy, me lo dijo en el carro. Y ese labial se lo regaló el francés ese con el que sale. No me vengas con celos ahora, que yo vengo de matarme trabajando para que no nos falte nada.

Elizabeth no dijo nada más. Se acostó en la cama y me dio la espalda. El silencio en esa habitación era más peligroso que un boche de mi mamá. Yo sabía que ella no me creía, pero el tema se quedó ahí, flotando en el aire como una mecha encendida que ya casi llegaba a la pólvora.

Continuará....🔥

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Pamela Duran Sandoval
rayos esto se esta poniendo color de hormiga 💓💓💓
Pamela Duran Sandoval
no quiero pensar como se va a poner elizabet cuando se entere del casamiento
Michica Omegavers: Más adelante lo vamos a ver 🤭
total 1 replies
yusmery gomez
muy cómica de la vida real me encanta 😍☺️👏👏👏👏
yusmery gomez
😍😍😍😍 buenísima está nueva novela 👏👏👏👏👏
yusmery gomez
me encantó quedé ☺️☺️☺️☺️☺️😍
yusmery gomez
buenas madrugadora autora excelente novela
Pamela Duran Sandoval
excelente novela muy buena gracias
yaneth fan del GL fuerte
me encanto el primer capitulo y no se si seguir leyendo por creo que se terminará esa trama tan perfecta 😭
Michica Omegavers: Puedes seguir si te gusta 🥰
total 1 replies
yaneth fan del GL fuerte
veamos lo de que estas echo 🤭
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