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ARQUITECTO DE MI PROPIO DESASTRE

ARQUITECTO DE MI PROPIO DESASTRE

Status: En proceso
Genre:Romance / Comedia / Arrogante / Mujer poderosa / Malentendidos / Romance de oficina
Popularitas:11.4k
Nilai: 5
nombre de autor: Yazz García

Sebastián Vélez vive convencido de que su matrimonio con Luciana Salazar es un plano perfecto que no necesita reformas, aferrándose a una vida de lujos, libertad y la compañía de sus dos gatas. Sin embargo, tras dos años de matrimonio, Luciana está lista para ampliar la familia y le entrega un ultimátum que amenaza con demoler su mundo ideal.

NovelToon tiene autorización de Yazz García para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

La cumbre de los corazones rotos

...CAPÍTULO 22...

...----------------...

...SEBASTIÁN VÉLEZ ...

...AÑOS ATRÁS…...

...(TERCER AÑO DE UNIVERSIDAD)...

Si alguien me preguntara cuál fue el punto más bajo de mi carrera universitaria, no diría que fue cuando reprobé Estructuras II.

No.

Fue el "semestre del Engaño".

Gabriel y yo, los mejores amigos, los hermanos de trabajos y desvelos, estábamos en el punto más bajo de nuestra amistad. Llevábamos dos semanas sin hablarnos. ¿El motivo? Una estudiante de Nutrición llamada Valeria. Valeria que tenía la capacidad de convencerte de que las espinacas eran postre y de que tú eras el único hombre en su vida. El problema era que nos lo decía a los dos, con horarios perfectamente coordinados.

Cuando descubrimos que Valeria estaba aplicando una "dieta balanceada" de atención masculina usando a los dos mejores amigos de Arquitectura, la guerra estalló. Dejamos de hablarnos. Yo estaba tan embobado que ya había comprado los tiquetes, bloqueador solar y una toalla con estampado de sandías para irnos a la playa en vacaciones.

Gabriel decía que yo era un ingenuo y yo le decía que él era un traidor. Resultado: él se fue a su casa a sufrir en silencio y yo, en un acto de rebeldía y despecho, terminé en una fiesta de la Facultad de Derecho a la que ni siquiera estaba invitado. Decidí que necesitaba alcohol.

Estaba apoyado en la barra, mirando mi vaso de plástico con tristeza, sintiéndome como un imbecil ñor caer en el jueguito de esa mujer.

De repente, la música se detuvo. O mejor dicho, fue eclipsada por una voz femenina que alcanzó un decibelio capaz de romper cristales.

—¡¿QUE ESTÁ PASANDO AQUÍ?! —gritó una chica en el centro de la pista.

Me giré, vaso en mano. Ahí estaba ella. Una fuerza de la naturaleza vestida de rojo. Estaba de pie frente a una pareja que intentaba, sin éxito, esconderse detrás de una planta decorativa. Resultó que el novio de la chica —un tipo con cara de "papá me paga la carrera"— había sido atrapado in fraganti con la mejor amiga y compañera de Arquitectura de la chica que armaba el escándalo, que, para mi horror, reconocí como Ana, una compañera de nuestra carrera de Arquitectura.

—¡Daniela, por favor, no hagas un escándalo! —suplicó el tipo, poniéndose rojo.

—¡Tú no tienes derecho a decirme nada infeliz! —rugió Daniela, y su voz resonó en todo el salón.

La música se detuvo. Cincuenta cabezas se giraron al unísono.

Daniela, empezó a recitar una lista de insultos que eran, honestamente, obras de arte. Usaba términos legales mezclados con palabras que harían sonrojar a un marinero.

El salón estaba en silencio absoluto. Todos miraban. Yo, la verdad, estaba disfrutando el espectáculo. Era como ver una película de acción en vivo, pero sin el presupuesto para efectos especiales. “Vaya, al menos sus problemas son más ruidosos que los míos”, pensé, dándole un trago a mi bebida. Ignoré el escándalo y me volví a la barra, decidido a pedir otro trago. “No es mi circo, no son mis monos”, me dije.

Pero entonces, la cosa se puso fea cuando el exnovio, desesperado por el nivel de humillación pública, cometió el peor error de su vida. Trató de empujar a Daniela para sacarla del salón. No fue un empujón suave; la lanzó con fuerza hacia atrás.

Daniela perdió el equilibrio y salió despedida hacia una mesa llena de copas de vidrio y botellas. Iba directo a un desastre.

No lo pensé. Mi instinto de "evitar una tragedia, se activó. Solté mi vaso y me lancé. Logré atraparla justo antes de que se estrellara contra la mesa. El impulso nos hizo tambalearnos, pero la sostuve firme.

Sentí su respiración acelerada y el aroma de un perfume fuerte. Me miró con unos ojos llenos de furia, pero también de sorpresa.

Me giré hacia el exnovio, que estaba ahí parado, asustado por lo que acababa de hacer.

Ella tomó mi mano y se puso de pie, sacudiéndose el vestido con una dignidad impresionante. Luego se giró hacia su ex novio, que estaba paralizado.

—¡¿Qué te pasa, imbécil?! —grité yo, poniéndome frente a ella—. ¡Te crees muy machito por ir empujando a las mujeres así! Eso es agresión, ¿no estudias leyes? ¡Deberías saberlo!

La gente a nuestro alrededor, que hasta hace un segundo disfrutaba del chisme, empezó a murmurar en contra del tipo.

—¡Sí, tiene razón! —empezó a murmurar la gente alrededor—. ¡Se pasó! ¡Qué cobarde!

El exnovio, abrumado por la presión social y las miradas de desprecio, agarró a su "nueva conquista" por el brazo y salió huyendo de la fiesta, con la dignidad por los suelos.

Daniela se soltó de mi agarre con suavidad y se acomodó la ropa. Me miró de arriba abajo, analizando mi camiseta manchada de cerveza y mi cara de "no puedo creer que hice esto".

—Gracias... —dijo—. Me salvaste de una cicatriz horrible y de una humillación extra.

—De nada —sonreí, tratando de recuperar mi carisma habitual—. Soy Sebastián, de arquitectura. Y honestamente, tu oratoria es impresionante. Deberías considerar el litigio de alto impacto.

Ella soltó una carcajada genuina, una que me hizo olvidar por completo mi drama.

—Soy Daniela Santos. Y tú, Sebastián, eres el primer arquitecto con reflejos que conozco. Gracias por el rescate.

Desde aquella noche en la fiesta de Derecho, Daniela y yo nos volvimos inseparables. Era una relación amistosa, magnética basada en el caos. Si salíamos a comer, la cocina se incendiaba; si íbamos al cine, se iba la luz. Yo le decía que ella era un imán para el desastre, y ella me juraba que el "aura de demolición" era mía.

Gabriel, que ya había pasado página con lo de nutricionista, estaba enterrado vivo en su tesis final, diseñando algo tan complicado que no tenía tiempo ni para respirar. Así que Daniela se convirtió en mi "hermana" de otra madre. Teníamos una confianza absurda. Yo conocía todos sus dramas amorosos y ella conocía todas mis travesías.

Ese sábado habíamos quedado en ir a los bolos. El reto era serio: el que perdiera pagaba la cena y tenía que usar una peluca fluorescente toda la semana. Llegué a su apartaestudio para recogerla y, como de costumbre, ella iba tarde.

—¡Sebastián, entra! ¡La puerta está abierta! —gritó desde algún lugar entre la montaña de zapatos y ropa. Entré, me senté en el sofá.

—¡Date prisa, Dani! El torneo de la humillación empieza en media hora —grité desde el sofá, revisando mi teléfono.

—¡Ya voy, impaciente! —gritó ella desde el pasillo.

Daniela salió del baño envuelta en una toalla, hablando a mil kilómetros por hora sobre un chisme de la universidad.

—... y entonces el juez le dijo que no, ¿puedes creerlo? ¡Es una locura! —decía ella mientras caminaba hacia su armario.

Yo asentía sin levantar mucho la vista, hasta que escuché el sonido del velcro y la tela cayendo. Cuando miré de reojo, Daniela se había soltado la toalla y estaba buscando un vestido como si yo fuera un mueble más de la habitación.

—¡Oye, oye, oye! ¡Daniela! —exclamé, tapándome los ojos con una mano y girándome hacia la pared tan rápido que casi me da un latigazo—¡¿Pero qué te pasa?! ¡Ten un poco de pudor, mujer!

Daniela se detuvo mirándome con una confusión genuina, como si yo acabara de decir que la tierra era plana.

—¿Y a ti qué te dio ahora, Sebastián? —preguntó, soltando una carcajada—. No me salgas con complejos de caballero antiguo a estas alturas.

—No es complejo de caballero, es sentido común —le recriminé, mirando hacia la ventana—. No puedes andar desnudándote frente a tus amigos así como así. ¡Eres una imprudente de primera!

—¿De qué hablas? Ay, no seas dramático, Sebas, que se nos hace tarde para los bolos —respondió ella con total naturalidad, peleándose con una percha.

—¡Hablo de que soy un hombre! —dije, todavía dándole la espalda al vacío—. Un hombre con ojos, que no es tu novio y que está sentado en tu sala.

Hubo un silencio de tres segundos. Luego, escuché una carcajada corta y seca.

—Espera... ¿lo dices en serio? —preguntó ella. Escuché cómo se ponía el vestido a toda prisa—. Ya puedes mirar, exagerado.

Me giré, todavía indignado y con las orejas rojas. Ella me miraba con una expresión de genuina confusión, con una ceja levantada.

—Sebas, por favor... —dijo ella, con una sonrisa burlona—. Llevamos meses saliendo de aquí para allá, me escuchas hablar de mis ex, me acompañas a comprar y eres el único tipo que no ha intentado lanzarme un piropo barato en todo este tiempo.

—¿Y eso qué tiene que ver? —protesté.

Daniela se acercó a mí, entrecerrando los ojos con una sonrisa pícara.

—Ay, por favor... si todas las chicas del grupo y yo estamos convencidas de que tú... bueno, ya sabes. Que juegas para el otro equipo. Por eso te tenemos tanta confianza, Sebas. Eres el "mejor amigo" oficial, el que no mira donde no debe porque tiene otros intereses.

Me quedé helado. La miré con una ceja levantada, ofendido y divertido a partes iguales.

—¿Ah, sí? ¿Así que soy el "mejor amigo oficial"? ¿Esa es la conclusión a la que llegaron en su comité de chismes? —bufé, cruzándome de brazos—. No deberías andar por la vida con tantos prejuicios, Daniela.

—Entonces... ¿me estás diciendo que me equivoqué? —preguntó ella, dando un paso hacia adelante, desafiante—. ¿O es que te estoy poniendo nervioso?

Me puse de pie, manteniendo mi mejor cara de póker.

—Piensa lo que quieras, Santos.—le dije, dándole un toquecito en la nariz—. Pero hazme un favor. Evita desvestirte frente a mí porque, aunque seas mi amiga y una loca de remate, eres una amiga bastante sexy y yo sigo siendo un hombre con ojos funcionales. No tientes a la suerte.

Daniela soltó una carcajada que retumbó en todo el apartaestudio y me lanzó un cojín a la cara.

—¡Eres un idiota, Vélez! —gritó, mientras intentaba terminar de arreglarse el vestido.

—¡Soy el arquitecto más codiciado de mi generación! —exclamé, atrapando el cojín en el aire con un movimiento heroico.

—¡Dios mío! ¡Entonces todo este tiempo me has estado viendo las piernas con intenciones masculinas! ¡Qué horror, Sebastián! ¡Eres un pervertido de clóset! —exclamó ella dramáticamente, llevándose una mano al pecho como si fuera una actriz de cine mudo.

—Vaya que lo disfruto —bromee, guiñándole un ojo mientras me recostaba de nuevo en el sofá—. Pero no te halagues tanto, que tus rodillas son un poco raras para mi gusto.

Daniela me lanzó el otro cojín, esta vez con más fuerza.

—¡Mis rodillas son perfectas, estúpido! —protestó, corriendo finalmente hacia su habitación—. ¡Ahora espérame diez minutos! Y mantén esos "ojos funcionales" pegados al televisor, no quiero que tu cerebro empiece a procesar cosas extrañas.

—¡Demasiado tarde! —le grité desde la sala.

Me quedé allí, riendo solo, disfrutando de esa extraña y honesta amistad.

1
Ana Elena Jiménez
pues claro mijo
Ana Elena Jiménez
jajajaja jajajajajaja jajajaja
Ana Elena Jiménez
cuenta los sucesos Oliver
Ana Elena Jiménez
jajajaja jajajajajaja
Ana Elena Jiménez
jajajaja jajajajajaja 🫢🫢
Ana Elena Jiménez
😱😱😱😱
Ana Elena Jiménez
jajajaja jajajajajaja jajajaja los cobra diario de mi pueblo 🫢🫢
Ana Elena Jiménez
jajajaja jajajajajaja
Ana Elena Jiménez
hasta el momento las dos cosas
Ana Elena Jiménez
bueno vas por buen camino 🫢
Ana Elena Jiménez
🫢🫢🫢 jajajaja jajajajajaja
Ana Elena Jiménez
jajajaja jajajajajaja jajajaja jajajajajaja
Ana Elena Jiménez
🫢🫢🫢🫢 jajaja jajajaja
Ana Elena Jiménez
jajajaja jajajajajaja jajajaja
Ana Elena Jiménez
woaoo está señora es toda una fiera 🫢🫢
Ana Elena Jiménez
🥺🥺🥺🥺
Ana Elena Jiménez
desgraciado viejo sinvergüenza, ojalá te desplume y te bote como basura 😡
Ana Elena Jiménez
como lo vas hacer no se sabe pero lo vas a lograr 🫶
Ana Elena Jiménez
jajajaja jajajajajaja
Ana Elena Jiménez
jajajaja jajajajajaja jajajaja
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