Tras un matrimonio que se desmorona en el silencio y la indiferencia, un encuentro fortuito la sumerge en la vorágine de una pasión que jamás creyó posible. Alejandro, un hombre enigmático y arrollador, emerge de entre las sombras de su pasado, trayendo consigo no solo un amor avasallador, sino también un turbulento secreto que podría destruirlos.
Isabella, una mujer que ha luchado por mantener en pie su independencia y su corazón, se ve arrastrada a un mundo de deseo incontrolable y decisiones prohibidas. A medida que sus cuerpos se entrelazan en encuentros que desafían toda convención, también lo hacen sus almas, forjando un vínculo que es tan peligroso como irresistible. Pero el camino del amor verdadero nunca es sencillo.
NovelToon tiene autorización de Marilinaa para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capitulo 21
Los días se sucedían entre audiencias interminables, reuniones con abogados y ataques constantes por parte de Leonardo. A pesar de la presión, Isabella se sentía protegida y segura siempre que estaba junto a Alejandro. Sin embargo, en medio de esa aparente calma que él siempre proyectaba, comenzaron a surgir pequeños detalles que sembraron la primera semilla de la duda en su corazón.
Alejandro siempre había sido un hombre reservado, eso lo sabía. Le hablaba con amor de sus sueños, de sus deseos, de cuánto la amaba, y juraba que no tenía secretos para ella. Pero cuando la conversación se desviaba hacia su infancia, sus padres, o los años anteriores a que ella lo conociera, sus respuestas se volvían vagas, evasivas o simplemente cambiaba de tema con una habilidad inquietante.
—¿Tienes fotos de tu familia? —le preguntó una noche Isabella, mientras acomodaban unas estanterías en su nuevo hogar, intentando darle calor al lugar—. Me gustaría conocerlos algún día, saber de dónde vienes.
Alejandro se detuvo un instante, con una carpeta en la mano, y sonrió, pero esa sonrisa no llegó a sus ojos.
—Hace mucho que no tenemos contacto, mi vida —respondió él con suavidad, acercándose para besarle la frente—. Viven lejos, y nuestras vidas tomaron caminos muy distintos. No son personas importantes, ni interesantes. Lo único que importa es lo que construimos tú y yo aquí, ahora.
Isabella asintió, aunque una pequeña sensación de incomodidad se instaló en su pecho. Era extraño. Alejandro tenía dinero, influencias, contactos en todos los ámbitos, conocía los entresijos de los negocios más oscuros como la palma de su mano, y sin embargo, nadie parecía saber realmente de dónde había salido, quiénes eran sus padres, o cómo había logrado construir su imperio desde cero en tan poco tiempo. Los periódicos hablaban de él como un genio de las finanzas, un hombre hecho a sí mismo, pero había huecos grandes en su historia, huecos que él se encargaba de mantener en silencio.
La gota que derramó el vaso ocurrió una tarde, cuando tuvieron que asistir a una reunión estratégica en un edificio corporativo, un lugar discreto pero lleno de gente influyente, donde Alejandro tenía que tratar unos asuntos urgentes que Leonardo estaba intentando sabotear. Mientras él hablaba con un grupo de hombres de negocios, Isabella se quedó un poco apartada, observando, hasta que una figura se detuvo frente a ella.
Era un hombre mayor, de rostro duro y mirada afilada, vestido con una elegancia antigua. La miró de arriba abajo con una mezcla de curiosidad y lástima que no le gustó nada.
—Así que tú eres la mujer por la que Alejandro lo ha arriesgado todo —dijo él, con una voz rasposa y profunda—. Eres hermosa, sí. Pero me pregunto… ¿sabes realmente con quién te has metido, niña?
Isabella frunció el ceño, confundida y alerta.
—¿Disculpe? ¿Quién es usted?
El hombre sonrió, una sonrisa que no llegó a sus ojos, y miró por encima del hombro de ella, hacia donde estaba Alejandro. Al verlo, la expresión del hombre se endureció, se volvió fría y peligrosa.
—Solo un viejo conocido de la familia —dijo con un tono cargado de doble sentido—. Conozco a Alejandro desde que era un niño. Y sé muchas cosas… cosas que él se ha encargado muy bien de esconder. Cuidado, Isabella. Leonardo Lombardi es solo un juego de niños comparado con los fantasmas que él arrastra. No te confíes. Cuando menos lo esperes, la verdad sale a la luz, y suele doler más de lo que uno cree.
Antes de que ella pudiera pedirle explicaciones o preguntar a qué se refería, el hombre dio media vuelta y se alejó entre la gente, desapareciendo tan rápido como había aparecido.
Isabella se quedó paralizada, el corazón golpeándole fuerte contra las costillas. Cuando Alejandro volvió a su lado, notó inmediatamente su cambio de actitud, su palidez, sus manos ligeramente temblorosas.
—¿Qué pasa, mi amor? ¿Te ha pasado algo? —preguntó él, preocupado, tomándola del brazo.
—¿Quién era ese hombre? —preguntó ella directamente, mirándolo a los ojos, buscando cualquier rastro de mentira—. El que ha hablado conmigo hace un momento. Me ha dicho cosas extrañas, Alejandro. Me ha dicho que sabes ocultar secretos, que hay cosas de tu pasado que no sé. ¿Qué me está ocurriendo?
Por primera vez desde que lo conocía, vio dudar a Alejandro. Por un segundo, sus ojos se oscurecieron, y en ellos vio pasar algo oscuro, doloroso y antiguo. Pero enseguida recuperó esa compostura de acero que siempre lo caracterizaba, y la miró con dulzura, aunque había una sombra de tensión en su mandíbula.
—Es solo un viejo loco, Isabella —respondió él con calma, aunque no la miró fijamente, desviando la vista hacia la multitud—. Alguien que cree conocer mi historia, pero que no sabe nada. Le gusta inventar historias, sembrar dudas. No le hagas caso, por favor. Lo único que importa somos tú y yo.
La tomó de la mano con firmeza, casi con urgencia, y la guió hacia la salida. Pero Isabella ya no podía dejarlo pasar. Esa evasión, la reacción de él, las palabras del desconocido… todo le hacía sentir que había algo más. Algo grande. Algo oscuro. Algo que él le estaba ocultando. Y si Leonardo ya era un enemigo terrible, la idea de que hubiera algo o alguien peor acechando desde el pasado del hombre que amaba, le heló la sangre en las venas.
Mientras salían del edificio, Isabella se dio cuenta de que su guerra no se limitaba solo a los tribunales ni a la venganza de su esposo. Se dio cuenta de que, quizás, ni siquiera conocía de verdad al hombre por el que lo estaba arriesgando todo.