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EL TRONO DE ÁMBAR

EL TRONO DE ÁMBAR

Status: En proceso
Genre:Omegaverse / Época / Posesivo
Popularitas:380
Nilai: 5
nombre de autor: Andy GZ

El destino de los imperios no siempre se decide en los campos de batalla, bañados en sangre y acero. A veces, el rumbo de la historia se tuerce en el silencio de un pasillo de seda, en el suspiro de un Omega que se niega a ser quebrado y en la mirada de un Sultán que descubre que su mayor conquista no es una tierra, sino un alma.

Dorian no era un regalo. Era una tormenta envuelta en gasa y orgullo. Selim no era solo un monarca. Era un fuego que lo consumía todo. En el corazón del Imperio Otomano, donde las leyes de los Alfas y Omegas son tan antiguas como el mismo Bósforo, un vínculo prohibido está a punto de nacer. Un vínculo que podría ser la salvación del Sultán... o el incendio que reduzca a cenizas su trono.

NovelToon tiene autorización de Andy GZ para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 21: El Espejo de la Infamia

La noche era un manto de terciopelo que ocultaba las intenciones más viles. En la alcoba real, el aire estaba cargado con el aroma de las velas de jazmín, pero bajo esa dulzura, Dorian percibía el olor metálico de la traición. Estaba recostado en las sombras, su respiración tan lenta que parecía parte del mobiliario, observando cómo Kaveh se deslizaba hacia su lecho con el sigilo de una cobra.

Kaveh sostenía el medallón falso y el perfume de Alfa, pero antes de que pudiera soltar el polvo sobre las sábanas, una mano fría y fuerte como el acero le atenazó la muñeca.

—¿Buscabais algo, Sombra? —La voz de Dorian surgió de la oscuridad, gélida y cargada de una autoridad absoluta.

Kaveh soltó un ahogo de terror, pero antes de que pudiera gritar, Dorian le puso el puñal de marfil en la garganta. —Si haces un solo ruido, tu sangre manchará estas sedas antes de que Layla pueda siquiera cruzar la puerta.

—¡Ella me obligó! —susurró Kaveh, temblando—. ¡Dijo que me daría la libertad!

—La libertad no se encuentra en las manos de una mujer derrotada, Kaveh —Dorian se levantó, su figura iluminada por la luna, luciendo como un espectro vengador—. Pero hoy, te daré una oportunidad de vivir. Vas a seguir el plan de Layla, pero con un pequeño cambio de libreto. Ella vendrá aquí pronto para "descubrirme", ¿verdad?

Kaveh asintió frenéticamente.

—Bien. Porque en lugar de encontrarme a mí con un amante imaginario, la Valide y la guardia la encontrarán a ella en una posición de la que no podrá escapar.

Dorian obligó a Kaveh a beber un brebaje preparado por sus "Sombras", una mezcla de hachís y mandrágora que nublaba los sentidos pero encendía una lujuria incontrolable. Luego, envió un mensaje cifrado a Layla a través de un criado que ella creía fiel: "Dorian está sedado. El esclavo ya ha preparado el lecho. Ven ahora si quieres sellar su destino".

Cuando Layla entró en los aposentos, envuelta en su capa de rosas marchitas, no encontró a un Dorian dormido. Encontró la habitación sumida en un humo embriagador que entumecía su voluntad. Kaveh, bajo el efecto de la droga, se lanzó sobre ella en un frenesí de deseo confuso, creyendo que ella era la clave de su libertad o el objeto de su tormento.

Dorian, oculto tras una celosía de mármol, observaba con una expresión de asco triunfal. Había dejado el medallón falso y las ropas rasgadas de Layla esparcidas por el suelo.

En ese preciso momento, Dorian hizo sonar una campana de plata. Era la señal.

 

Las puertas de la alcoba se abrieron de par en par. La Valide Sultan entró encabezando a la Guardia Jenízara, con la intención de atrapar a Dorian en desgracia. Pero lo que sus ojos vieron la dejó petrificada.

Allí, en el lecho sagrado que solo pertenecía al Sultán y a su Consorte, Layla y el Príncipe esclavo estaban enredados en un acto de lujuria desenfrenada, rodeados de las mismas pruebas que se suponía iban a incriminar a Dorian. Las sábanas imperiales estaban manchadas por la infamia de una favorita desterrada y un enemigo del estado.

—¡POR ALÁ! —gritó la Valide, cubriéndose los ojos con horror—. ¡Detened esta blasfemia!

Los guardias separaron a Layla y Kaveh con violencia. Layla, despertando del trance de las drogas, miró a su alrededor con los ojos desorbitados, dándose cuenta de que estaba desnuda frente a la corte y el consejo.

—¡No es lo que parece! —gritó Layla, buscando desesperadamente a Dorian con la mirada—. ¡Él nos tendió una trampa! ¡Él estaba aquí!

Dorian salió de detrás de la celosía con una calma divina. Vestía una túnica de seda blanca pura, impecable, sin un solo pliegue fuera de lugar. Se acercó a la Valide y se arrodilló con una humildad fingida que era más letal que cualquier insulto.

—Mi Señora... perdonadme por no haber podido evitar que esta mujer profanara el lecho de vuestro hijo —dijo Dorian, su voz cargada de una tristeza magistral—. Escuché ruidos y me escondí, temiendo por mi vida al ver que el Príncipe esclavo y Layla habían planeado este encuentro carnal para humillar el honor del Sultán en su ausencia.

La Valide Sultan miró a Layla con un odio que prometía una muerte lenta. No importaba la verdad; lo que importaba era lo que la guardia había visto. Layla había profanado el lecho del Sultán con un esclavo extranjero.

—Lleváoslos —ordenó la Valide, su voz temblando de furia—. A las mazmorras de la Torre Blanca. Layla, mañana por la mañana, serás cosida en un saco y arrojada al Bósforo. Y tú, persa... desearás haber muerto en el campo de batalla.

Cuando la habitación quedó vacía, Dorian se quedó de pie frente al lecho. Su plan había funcionado a la perfección. Había eliminado a su rival femenina de forma definitiva y había hundido a Kaveh en un pozo del que nunca saldría.

Sin embargo, no sentía alegría. Sabía que la Valide Sultan ahora le temía más que nunca. Se acercó a la ventana y miró hacia el este, hacia donde Selim estaba luchando.

—He limpiado vuestra cama de víboras, Selim —susurró Dorian, acariciando el puñal de marfil—. Pero el precio ha sido convertir este palacio en un cementerio de secretos. Regresad pronto... antes de que yo mismo me convierta en la sombra que tanto odio.

Dorian ordenó quemar las sábanas de seda de esa noche. No quería que ningún rastro de Layla o Kaveh permaneciera en su santuario. Se sentó solo en la oscuridad, sabiendo que sus actos traería las consecuencias de haber desafiado tan abiertamente a la madre del Sultán.

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Andy Gomez
Muchas gracias 🫶
Espero disfruten esta nueva aventura
Patricia Manasse
Autora totalmente feluz con tus novelas! las boy leyendo todas👏
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