Oriana despierta en el cuerpo de la mujer que, en una historia que conoce demasiado bien, destruyó la vida de un poderoso duque. Ahora, atrapada en una nobleza en ruinas y con un padre al borde del colapso, decide no seguir el camino que ya estaba escrito para ella.
Sin buscar redención ni protagonismo, empieza de nuevo desde lo más simple: trabajar, crear, sobrevivir y pagar las deudas de una vida que ya no siente suya. Pero el destino no se queda quieto. El mismo duque al que una vez hirió comienza a mirarla con sospecha, luego con interés, como si algo en ella no encajara con el pasado que recuerda.
Sin embargo, cuanto más intenta escapar del rol que le fue asignado, más se acerca a un futuro que nadie en esa historia original llegó a ver venir.
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Capitulo 5
El barón Dorian Van tenía una enfermedad avanzada que no respondía a tratamientos comunes ni a las terapias mágicas disponibles en la capital. El médico cerró su maletín con cuidado, evitando mirar directamente a Priscilla mientras hablaba.
—Hemos intentado todo lo posible, lady Priscilla. No hay un tratamiento estándar que pueda revertir esto en su estado actual.
Lara apretó las manos al escuchar eso, mirando al suelo como si esperara que el piso diera otra respuesta. Priscilla, en cambio, no se movió de inmediato. Solo observó al médico, intentando encontrar algún error en lo que acababa de decir.
—Tiene que haber otra opción —dijo ella, con la voz más firme de lo que realmente se sentía.
El médico negó despacio.
—Si existiera, ya la habría usado.
Dorian, sentado en el sofá, mantuvo la mirada baja. No mostró sorpresa, tampoco enojo. Solo una calma cansada que dolía más que cualquier reacción.
Priscilla dio un paso adelante.
—¿Y magia de alto nivel?, ¿sanadores imperiales?, ¿algún mago especializado?.
—Ya fueron consultados —respondió el médico—. Nadie aceptó intervenir, o directamente dijeron que no podían.
Lara dio un pequeño paso hacia Priscilla.
—Lady… quizá deberíamos descansar un poco y pensar mejor mañana.
—No hay mañana para pensar —respondió ella sin mirarla.
Dorian levantó la vista lentamente.
—Priscilla.
Su voz fue suave, pero suficiente para detenerla.
Ella se giró hacia él.
—No necesito que me hables como si esto fuera algo normal.
Dorian no respondió de inmediato. Se levantó con cuidado, apoyándose en el respaldo del sofá antes de caminar unos pasos hacia la ventana. Tosió una vez, seca, controlada, como si intentara ocultarlo incluso ahora.
—No es la primera vez que escucho algo así —dijo al final.
Priscilla lo observó.
—No voy a aceptar eso.
—No estás en posición de aceptar o rechazarlo.
La frase no fue dura, solo realista. Eso fue lo que más la molestó.
Lara intervino con cautela.
—Mi lord… tal vez podamos buscar en otros territorios, o enviar cartas a la academia mágica.
—Ya lo hicimos —respondió Dorian sin girarse—. La respuesta será la misma.
Priscilla sintió que la habitación se volvía más pequeña.
Y en ese momento, algo dentro de ella se movió.
Una memoria que no era suya, pero que seguía ahí.
Ender Hall.
El duque ciego de la novela.
El hombre que perdió todo después de ser abandonado por Priscilla original.
El mismo hombre que, en la historia, fue “salvado” por Rebeca.
Priscilla apretó los dedos lentamente.
—Hay alguien que puede hacerlo.
Lara la miró confundida.
—¿Lady Priscilla?
Dorian también giró apenas el rostro.
—¿De quién hablas?
Ella dudó un segundo.
Porque decir ese nombre en voz alta se sentía como cruzar una línea.
—Ender Hall.
El aire cambió.
Incluso el médico, que ya se estaba preparando para irse, se detuvo.
Dorian no reaccionó de inmediato. Solo permaneció quieto unos segundos, como si estuviera evaluando si había escuchado bien.
—El duque Hall —repitió él finalmente.
Priscilla asintió.
—Es el único que puede salvarte.
Lara abrió los ojos.
—Pero… él es el duque al que usted-
—Lo sé —interrumpió Priscilla.
Dorian volvió a sentarse despacio.
—No voy a ir a pedir ayuda a alguien con quien terminaste un compromiso de esa forma.
La frase fue simple, sin juicio directo, pero lo suficiente para que doliera.
Priscilla bajó la mirada un instante.
El médico carraspeó incómodo.
—Lady Priscilla, con respeto, el duque Hall no suele aceptar visitas de ese tipo. Y menos solicitudes personales.
—Entonces no le estoy pidiendo una visita —respondió ella—. Voy a ir.
Lara casi se atraganta.
—¿Usted?, ¿sola?.
—Sí.
—Eso es una locura.
Priscilla giró hacia ella.
—Mi padre se está muriendo.
El silencio volvió a caer.
Dorian cerró los ojos un segundo.
—Priscilla.
—No voy a quedarme esperando.
Él se levantó otra vez, esta vez más lento.
—Es un lugar cerrado, frío con los extraños, y él no recibe a cualquiera.
Priscilla sostuvo su mirada.
—No soy cualquiera.
Esa respuesta quedó flotando en el aire.
Dorian la observó con atención durante varios segundos.
Luego habló con calma.
—Entonces irás a ver a un hombre que no tiene ninguna razón para ayudarte.
—Le voy a dar una.
—¿Cuál?
Priscilla bajó un poco la voz.
—Dinero. Ese es su trabajo.
Lara soltó una risa nerviosa.
—Eso no suena muy convincente cuando se trata de un duque. Es rico.
—Es lo único que tengo —respondió ella—. Si me deudo con él, no importa. Prefiero salvar a mi papá.
Dorian no dijo nada durante un momento largo.
El médico finalmente habló.
—Mi lord, debo retirarme. Les dejaré indicaciones para aliviar el dolor, pero no hay mucho más que pueda hacer.
Dorian asintió sin mirarlo.
Cuando el médico salió, el silencio volvió a ser más pesado.
Lara se quedó cerca de la puerta, sin saber si debía quedarse o irse.
Priscilla fue la primera en moverse.
—Me voy mañana.
—No —dijo Dorian de inmediato.
Ella se detuvo.
—¿Por qué?.
—No vas a ir sola.
Priscilla lo miró sorprendida.
—No es necesario.
—Sí lo es.
Ella frunció el ceño.
—Padre, usted no está en condiciones de viajar.
Dorian la observó con firmeza.
—Y tú no estás en condiciones de enfrentarte al ducado Hall sin preparación.
Lara miró entre ambos.
—Lady Priscilla… tal vez el barón tiene razón.
Él respondió sin rodeos.
—Voy contigo.
Priscilla abrió los ojos.
—No.
—Sí.
—Usted está enfermo.
—Y tú estás tomando decisiones impulsivas.
Ella dio un paso adelante.
—Esto no es impulsivo.
—Salir mañana a exigirle algo a tu ex-prometido lo es.
Priscilla se quedó en silencio. Luego asintió y continúo hablando más calmada.
—Tienes razón. Si vamos a pedir ayuda a Ender Hall, voy a hacerlo correctamente. Con formalidad. Sin errores.
Él lo observó.
—¿Por qué haces esto?
Priscilla sostuvo su mirada. La anterior hija no le importaría la vida de este señor. Pero está sí.
—Porque eres mi padre.
La frase fue emocional para el barón. No esperaba escuchar palabras tan calidad y optimistas de su hija.
Priscilla respiró hondo.
Y por primera vez desde que llegó a ese mundo, entendió que lo que venía no sería una simple negociación.
Era volver a cruzar una línea que ya había destruido la antigua Priscilla.