Renace en un nuevo mundo con magia y demostrará que ya nadie va a subestimarla..
* Está novela es parte de un mundo mágico *
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Tracy 2
Tracy respiró hondo varias veces antes de atreverse a moverse.
El mareo había disminuido, aunque su cuerpo todavía se sentía extraño, como si no le perteneciera del todo. Apoyó los pies en el suelo frío y liso, y con cuidado se puso de pie. Sus piernas temblaron un poco, pero logró mantenerse erguida. Miró a su alrededor.. el salón blanco era amplio, vacío, sin muebles visibles, sin puertas evidentes, solo una extensión pulcra y silenciosa que parecía no tener fin.
Avanzó unos pasos, guiada más por la inquietud que por un plan claro.
Fue entonces cuando lo vio.
En uno de los muros, casi imperceptible al principio, había una superficie ligeramente más oscura, como un espejo oculto dentro de la pared. Tracy se acercó despacio, con el corazón latiéndole con fuerza. Cada paso resonaba suave, hueco, en el silencio absoluto del lugar.
Cuando estuvo frente al reflejo, se quedó inmóvil.
La mujer que la miraba de vuelta no era la misma que recordaba del mundo anterior.
Su cabello ya no era castaño oscuro ni lacio. Ahora caía en ondas suaves de un blanco plateado, brillante, como si atrapara la luz a su alrededor. Su piel era más pálida, delicada, casi etérea. Sus ojos… Tracy sintió un vuelco en el estómago al mirarlos.. eran de un verde intenso, profundo, exactamente iguales a los de la mujer que había visto en las visiones.
Lentamente, levantó una mano.
En el reflejo, la mujer de cabello blanco hizo lo mismo.
—No… —susurró, con la voz quebrada.
Se tocó el rostro, recorriendo con los dedos la línea de la mandíbula, los pómulos más finos, los labios ligeramente más rosados. Se llevó una mano al pecho y sintió un latido distinto, más fuerte, más amplio, como si su corazón tuviera otro ritmo.
Las imágenes regresaron de golpe, pero esta vez no como visiones ajenas, sino como recuerdos que encajaban brutalmente en su lugar.
La mansión antigua.
El salón de mármol.
El cansancio al usar magia.
La soledad.
La frustración constante de no ser suficiente.
Tracy dio un paso atrás, chocando con la cama.
—Soy… yo… —murmuró—. Soy ella.
Un vértigo emocional la atravesó de pies a cabeza. No era solo que se pareciera. No era una coincidencia absurda. ..Ella era esa mujer... Tenía su cuerpo. Su rostro. Su debilidad mágica. Su vida.
Y entonces otra comprensión, todavía más aterradora, se asentó en su mente.
—También te llamas Tracy… —dijo en voz alta, probando el nombre como si fuera un hechizo.
El nombre resonó dentro de ella con una familiaridad antigua, como si siempre hubiera estado ahí, esperando ser recordado.
Cerró los ojos un segundo y respiró hondo.
Cuando los abrió, ya no estaba pensando en hospitales, aviones, hoteles ni tecnología. No había pantallas. No había enchufes. No había ruidos de motores ni luces eléctricas. Todo lo que la rodeaba.. el salón blanco, la cama simple de madera clara, la textura casi viva del aire.. pertenecía a otro mundo.
Un mundo donde la magia existía.
Un mundo donde ella era una maga… aunque una maga débil.
—Estoy en otro mundo… —susurró, con un hilo de voz—. Y no hay tecnología. No hay nada de lo que conocía.
Se apoyó contra la pared, sintiendo que las piernas volvían a fallarle. La idea era demasiado grande, demasiado absurda, y sin embargo cada segundo que pasaba la hacía más real.
No había rastro de su antiguo cuerpo.
No había señales de su antigua vida.
Solo ese reflejo imposible y una certeza que se le metía en los huesos.
Había muerto bajo la lluvia.
Y había despertado como otra Tracy, en un mundo antiguo, mágico y peligroso, con recuerdos prestados y un poder que apenas podía controlar.
Una risa nerviosa escapó de sus labios, mezclada con un sollozo.
—Genial… —murmuró—. De todas las vidas posibles… tenía que tocarme esta.
Se limpió las mejillas con el dorso de la mano y volvió a mirar su reflejo, esta vez con una mezcla de miedo y determinación.
No entendía por qué estaba ahí.
No sabía si podría volver.
No tenía idea de cómo sobrevivir en un mundo sin tecnología.
Pero una cosa sí estaba clara..
Esa mujer de cabello blanco ya no estaba sola dentro de su debilidad.
Ahora tenía dentro a alguien que había aprendido, en otro mundo, a no rendirse aunque todo saliera mal.
Y por primera vez desde que despertó, Tracy apretó los puños con una decisión nueva brillándole en los ojos verdes.
—Está bien… —susurró—. Si esta es mi segunda oportunidad… no la voy a desperdiciar.