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Dinastía De Reinas: Aralisse

Dinastía De Reinas: Aralisse

Status: En proceso
Genre:Amor-odio / Mundo de fantasía
Popularitas:543
Nilai: 5
nombre de autor: EllyaG

Dinastía de Reinas: Aralisse.
Narra la historia de una princesa obligada a heredar una corona rodeada de traiciones. Tras la misteriosa muerte de sus padres, Aralisse queda sola dentro de una corte donde todos parecen querer manipularla o verla caer.
Alejada por obligación de su reino, deberá aprender a gobernar mientras intenta descubrir qué ocurrió realmente la noche en que los reyes murieron. Entre conspiraciones, secretos y enemigos ocultos, conoce a Rydan, el príncipe de Orvenah, el reino rival.
Lo que comienza como una tregua forzada pronto se convierte en algo mucho más peligroso. Porque detrás de la frialdad de Rydan y de la guerra entre ambos reinos, Aralisse descubre que el hombre que más debería temer… es también el único dispuesto a ensuciarse las manos por ella.

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Internado para la nobleza

El carruaje avanzaba entre caminos húmedos y bosques altos.

Los rayos del sol apenas lograban filtrarse entre las ramas, y el sonido constante de las ruedas sobre la grava acompañaba el silencio incómodo entre las dos hermanas.

Thalindra observaba por la ventana; los dedos enguantados descansaban sobre su regazo. A su lado, Myrelle jugueteaba nerviosamente con el borde de su capa, sin atreverse a hablar primero.

—No frunzas el ceño, te saldrán arrugas antes de tiempo —dijo Thalindra, sin molestarse en mirarla.

—No estoy frunciendo el ceño —replicó Myrelle en voz baja, aunque claramente sí lo hacía.

Thalindra soltó un suspiro cargado de fastidio.

—Esto será bueno para ti, Myrelle. El internado del Clero Celestial es el mejor del continente. Te enseñarán todo lo que una princesa de sangre real debe dominar: protocolo, estrategia, idiomas… incluso cómo hablar sin decir demasiado.

—¿Y por qué tengo que venir yo? —preguntó Myrelle, mirando sus manos—. ¿Por qué Aralisse no vino conmigo?

Thalindra apartó la vista de la ventana y la observó.

—Aralisse tiene sus propias responsabilidades. Además, tú… —se detuvo un instante, buscando palabras más suaves— eres la segunda en la línea de sucesión. Aprenderás rápido..

Myrelle bajó la mirada.

—¿Y Lyrien?

Thalindra dejó escapar una breve risa elegante.

—La condesa Vaelira y yo llegamos a un acuerdo. Tú te quedarás en el internado y Lyrien irá a la mansión de tu tía.

El carruaje dio un pequeño salto al pasar sobre una piedra y Myrelle se sujetó del asiento.

—No entiendo por qué todos actúan como si esto fuera lo mejor —murmuró—. Ni siquiera me preguntaron si quería venir.

—No siempre podemos elegir —respondió Thalindra, y por primera vez sonó un poco más sincera—. Pero no te preocupes, esto pasará rápido. Regresarás antes que Aralisse.

Myrelle asintió despacio, aunque la duda seguía presente en sus ojos.

Afuera, el paisaje comenzó a despejarse y, a lo lejos, se distinguieron las torres blancas del internado brillando bajo la luz del mediodía.

—Mira, ya llegamos.

El carruaje se detuvo frente a los muros de piedra blanca del internado. Las campanas resonaban a lo lejos, marcando el inicio de las lecciones vespertinas.

El Sumo Sacerdote Elyon, un hombre alto de túnica azul pálido y mirada tranquila, aguardaba en lo alto de las escalinatas.

—Bienvenidas, Lady Thalindra, princesa Myrelle —saludó inclinando levemente la cabeza—. Es un honor para el Clero recibirlas en este recinto de luz y sabiduría.

Thalindra mostró una sonrisa perfecta, la misma que utilizaba cuando quería aparentar cordialidad.

—El honor es nuestro, su eminencia. Mi hermana aprenderá mucho aquí y eso me llena de orgullo.

Elyon asintió sin notar la frialdad escondida detrás de sus palabras.

—Permítanme mostrarles las instalaciones.

Caminaron por pasillos luminosos adornados con tapices dorados. A lo lejos se escuchaban coros suaves y el murmullo de jóvenes recitando oraciones antiguas.

—Aquí —dijo Elyon, abriendo unas grandes puertas talladas— se imparten las clases de lenguaje y diplomacia, donde las jóvenes aprenden protocolo.

Thalindra sonrió con cortesía.

—Excelente. Mi hermana siempre ha sido muy callada; será bueno que aprenda a expresarse —comentó, lanzándole a Myrelle una mirada afilada disfrazada de ternura.

El sacerdote continuó la visita.

—En esta ala se practica magia elemental y artes curativas. Algunas estudiantes provienen de linajes mágicos, aunque no es una clase obligatoria para todas.

Más adelante están los salones de deportes y equitación.

—Qué admirable disciplina —intervino Thalindra con falsa admiración—. Estoy segura de que Myrelle aprenderá obediencia y control, virtudes tan escasas en palacio.

El sacerdote sonrió, creyendo escuchar preocupación genuina.

—La obediencia es la base de la fe, mi señora.

Finalmente llegaron a los aposentos de Myrelle.

Era una habitación modesta, pero elegante, con una cama de dosel celeste y una ventana que daba directamente al mar.

—Aquí descansará la princesa Myrelle. Estará bajo la tutela directa de las Hermanas de la Luz —explicó Elyon—. Como pertenece a la familia real, no compartirá habitación con ninguna otra señorita.

Thalindra recorrió la estancia con la mirada, fingiendo inspeccionarla cuidadosamente.

—Es acogedora. Espero que no le falte nada.

—Tendrá todo lo necesario —aseguró Elyon—. Lord Alaric ya envió la cuota correspondiente a los próximos tres años.

Myrelle, que había permanecido en silencio, habló apenas —Parece un lugar bonito…

Thalindra la observó de reojo y sonrió con una dulzura completamente falsa.

—Lo es, querida. Y pronto te acostumbrarás.

Elyon juntó las manos e hizo una leve reverencia.

—Que la Luz del Clero las guíe.

—Que así sea —repitió Thalindra con suavidad.

El aire del atrio era pesado, cargado con olor a incienso y el eco lejano de los cánticos. Las campanas del Clero sonaron una última vez cuando Thalindra se volvió hacia su hermana.

—Entonces… supongo que esto es todo —dijo acomodándose el manto con elegancia—. Debo irme, el viaje de regreso es largo.

Myrelle bajó la mirada.

—Sí…

El silencio entre ambas pareció extenderse demasiado.

El Sumo Sacerdote aguardaba unos pasos atrás, respetuoso.

Thalindra se inclinó apenas, sin abrazarla.

—Pórtate bien. Aprende todo lo que puedas y no olvides que eres una princesa de Lysirah.

La última frase sonó más como una orden que como una despedida.

Myrelle asintió, intentando controlar el temblor en su voz.

—Sí, Lady Thalindra.

Thalindra sonrió.

—Eso espero.

Luego se giró sin mirar atrás.

Myrelle permaneció inmóvil unos segundos, observando la puerta cerrarse.

Sintió que el silencio del templo era demasiado grande para ella.

—Princesa Myrelle —la llamó una voz femenina con suavidad.

Era Lady Uma, su nueva institutriz, una mujer de mediana edad, porte recto y voz tranquila. Vestía la túnica gris perla de las maestras del Clero y, aunque su mirada era firme, transmitía cierta calidez.

—Debe estar agotada. La jornada fue larga —dijo—. La acompañaré a sus aposentos para que pueda descansar antes de iniciar sus clases mañana.

Myrelle asintió en silencio y la siguió por los pasillos de piedra, donde el murmullo de las estudiantes llenaba el ambiente.

Cuando llegaron a la habitación, la puerta ya estaba abierta.

Cuatro baúles con el sello de Lysirah descansaban junto a la cama y dos muchachas doblaban cuidadosamente varios vestidos.

—Princesa, ellas serán sus doncellas —explicó Seraphine.

Myrelle las observó con curiosidad.

—¿Quiénes son?

—Eirwen y Liora, ambas alumnas del Clero —respondió la institutriz—. La cuota de la realeza cubre el servicio de dos criadas y, a cambio, ellas pueden estudiar aquí. Aprenden disciplina, etiqueta y servicio mientras atienden a una dama noble. Si al graduarse logran complacerla, puede llevárselas con usted. Ninguna pertenece a la nobleza.

Las dos jóvenes hicieron una reverencia.

—Es un honor servirle, alteza —dijo Liora, la de cabello oscuro y expresión vivaz.

—Esperamos que se sienta cómoda aquí —añadió Eirwen con timidez.

Myrelle les dedicó una pequeña sonrisa.

—Gracias. Estoy segura de que nos llevaremos bien.

Lady Uma caminó hasta la ventana, desde donde el mar brillaba bajo la luz del atardecer.

—Descanse, princesa. Mañana será un nuevo día.

Cuando la puerta se cerró detrás de ella, Myrelle quedó en silencio mirando el horizonte azul. Por primera vez comprendió que ahora estaba completamente sola.

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