Matrimonio por conveniencia
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CAPÍTULO 19: EL REY DE LOS BUITRES
La mañana siguiente en Valeriano Prime no olía a café, sino a tensión industrial.
Alessandra había dormido apenas tres horas en el diván de su oficina, envuelta en una manta térmica, mientras Dante terminaba de metabolizar el cóctel químico en la enfermería privada del edificio.
Agotada salió a la terraza del piso 40 para respirar.
El aire gélido de la ciudad le ayudaba a disipar la migraña que le causaba recordar la sonrisa sardónica de Dante antes del pinchazo.
—Maldito perro faldero... —murmuró, frotándose las sienes—. Me besa como si fuera el dueño del mundo y luego me obliga a sedarlo como a un animal de zoológico.
Mientras tanto, en la enfermería, Dante abría un ojo con la sensación de que un tren cargando una aplanadora le había pasado por encima.
El Diazepam le había dejado la lengua de trapo, pero el orgullo le dolía mil veces más.
Se tocó la nalga izquierda, donde todavía sentía el fantasma de la aguja.
—Esa mujer es un peligro para la salud pública —gruñó Dante, sentándose en la camilla con un mareo monumental.
Pero no tuvo tiempo para planear su venganza.
El sonido de gritos y pasos apresurados en el vestíbulo principal lo obligó a ponerse en pie.
EN LA RECEPCIÓN DE PRESIDENCIA...
Alessandra regresaba de la terraza cuando se encontró con el caos.
Rodrigo Ignacio Lecontte estaba allí, flanqueado por tres abogados que sostenían maletines de cuero con la rigidez de verdugos.
Ya no era el tipo patético del extintor; ahora vestía un traje de tres piezas y cargaba una suficiencia que a Alessandra le revolvió el estómago.
—¡No puede pasar, señor Lecontte! —gritaba César Iván, tratando de bloquear el paso mientras se terminaba de abrochar la corbata—. ¡La señora Valeriano está en una reunión de... de alta prioridad!
*«Ángel de la guardia, dulce compañía, si no me matan hoy te prendo velas al otro día», pensó César. «Bitácora de quilombos, quilombo 6: Rodrigo mutó a buitre legal. Lápiz y papel: "veedor judicial" agregado al diccionario como sinónimo de "allanamiento con corbata". P/D: si sobrevivo, mañana me afilio al sindicato de paz y pido custodia policial.»*
—La única prioridad aquí es la legalidad, César —replicó Rodrigo, apartándolo con un gesto de desprecio—. Alessandra, qué gusto verte. Me han dicho que tu "esposo" tuvo una crisis médica anoche. Qué lástima. El estrés de las mentiras suele colapsar el sistema circulatorio, ¿no?
—Fuera de mi vista, Rodrigo —siseó Alessandra, recuperando su máscara de hierro—. Estás a un segundo de que llame a seguridad.
—Llámalos. Pero antes, léele esto a tu algoritmo —Rodrigo le extendió un documento sellado por el juzgado de familia—. Es una _Demanda de División de Patrimonio Convivencial y una Orden de Inspección Inopinada_.
Alessandra sintió un escalofrío.
—¿De qué hablas? Tú y yo nunca nos casamos. No tienes derecho a nada.
—Pero convivimos tres años, querida. Y según la ley de este país, la unión de hecho genera derechos sobre el patrimonio que ayudé a "gestionar". He alegado que tu matrimonio con ese tal Dante es una _simulación fraudulenta_ para ocultar bienes ante nuestra separación. El juez me ha nombrado "veedor judicial".
Rodrigo se acercó, bajando la voz para que solo ella lo escuchara:
—Tengo los registros de que anoche se activaron los aspersores del laboratorio y que sedaste a un hombre allí dentro. Si no quieres que la junta directiva sepa que tienes a un "marido" bajo efectos de psicotrópicos, vas a dejarme entrar a tu casa y a tus libros contables. A partir de hoy, puedo caer a tu mansión a cualquier hora para verificar que ese matrimonio es real.
—¡Eres un parásito! —exclamó César, sudando frío.
—Soy un hombre reclamando lo suyo, César. Alessandra, el perito y yo llegaremos a la mansión mañana a las seis de la mañana. Asegúrate de que el "Sujeto de Pruebas" esté despierto y... funcional. No querrás que el informe diga que duermen en habitaciones separadas o que el marido está "ausente".
Dante apareció en ese momento, apoyado en el marco de la puerta, pálido pero con los ojos echando chispas. Se abrochó la camisa con dedos torpes y miró a Rodrigo con una sonrisa peligrosa.
—Vaya, el ex-muerto —dijo Dante, su voz todavía un poco ronca—. Cuidado, Ignacio. Las inspecciones en mi casa suelen ser... peligrosas. No querría que te tropezaras con mi felicidad.
Rodrigo soltó una carcajada burlona.
—Disfruta tus últimas horas de actor, Dante. Mañana, cuando el perito vea que tu cepillo de dientes ni siquiera está mojado, Alessandra y tú van a ir directo a una celda por fraude procesal.
Rodrigo se giró y salió con su equipo legal, dejando un silencio denso. Alessandra se dejó caer en su silla, tapándose la cara.
—Marcador, jefa —susurró Dante, caminando hacia ella con dificultad—. Estamos en problemas. Si ese tipo entra a la mansión y no ve una vida de casados perfecta, te va a quitar hasta los bolígrafos del escritorio.
—César —dijo Alessandra sin levantar la vista—, dile al servicio que preparen la habitación principal. Dante tiene que mudar todas sus cosas allí antes de que anochezca. Y por amor de Dios... que alguien compre un cepillo de dientes eléctrico y lo deje funcionando toda la noche para que parezca usado.
Dante se apoyó en el escritorio, invadiendo su espacio.
—¿Mudarme a tu habitación, jefa? —Dante sonrió, a pesar de la resaca—. Cuidado con lo que deseas. Rodrigo nos va a vigilar como un buitre, así que vamos a tener que ser la pareja más empalagosa y real de la ciudad. ¿Estás lista para el round 9? Porque este no se resuelve con una inyección.