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EL TEMIBLE COMANDANTE ES MIO DESEO INCONTROLABLE

EL TEMIBLE COMANDANTE ES MIO DESEO INCONTROLABLE

Status: En proceso
Genre:Romance / Posesivo / Amor prohibido / Completas
Popularitas:21.3k
Nilai: 5
nombre de autor: Azly colon

Él es peligroso, distante y está rodeado de mujeres que harían lo que fuera por su poder. Sin embargo, Elena ha tomado una decisión: el hombre más temido del ejército será suyo. Aunque deba romper su propia timidez para reclamar el corazón de hielo que nadie ha logrado incendiar.
En la guerra del deseo, la vulnerabilidad es el arma más letal.

NovelToon tiene autorización de Azly colon para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

capitulo 20

No dormí. Pasé el resto de la noche con el sabor de su boca quemándome los labios y el frío del norte colándose por las costuras de mi tienda, recordándome que la calidez de Alistair era un préstamo que él ya estaba cobrando con intereses de silencio. Cuando el primer rayo de luz grisácea atravesó la bruma, el campamento ya era un hervidero de metal y cuero.

Salí de mi litera con el cuerpo dolorido, no por la marcha, sino por la tensión de un deseo que se quedó a medias, suspendido en el aire de aquella mesa de mapas. Esperaba una mirada, un gesto privado, cualquier cosa que confirmara que lo de anoche no fue un sueño febril.

Lo vi junto a su caballo, rodeado de capitanes. Alistair ya no era el hombre que se hundía en mi cuello buscando redención. Era el Comandante Supremo. Su armadura estaba tan pulida que devolvía una luz hiriente, y su rostro era una máscara de piedra absoluta.

Me acerqué, buscando su mirada.

—Excelencia, los suministros médicos han sido distribuidos entre la vanguardia según sus órdenes de anoche —dije, tratando de que mi voz no temblara.

Alistair ni siquiera giró la cabeza. Siguió señalando un punto en el horizonte con su guantelete de acero.

—Capitán Vane, asegúrese de que la señorita Valois regrese a la retaguardia de inmediato. No quiero civiles entorpeciendo el paso del río.

El aire se escapó de mis pulmones.

—Alistair... —susurré, dando un paso adelante, rompiendo el protocolo que él estaba usando como trinchera.

Esta vez sí me miró. Pero sus ojos... sus ojos eran dos pozos de indiferencia glacial. No había rastro del fuego, ni del hambre, ni de la súplica. Era como si la noche anterior nunca hubiera existido. Como si yo fuera una extraña que acababa de cometer una falta de respeto imperdonable.

—Señorita Valois —su voz cortó el aire como una guillotina—, en este campamento soy el Comandante Thorne. Si no puede cumplir sus órdenes con la disciplina que se requiere, será enviada de regreso a la capital bajo arresto. ¿Fui claro?

El silencio de los oficiales que nos rodeaban fue ensordecedor. Sentí la sangre subir a mis mejillas, no de timidez, sino de una humillación tan pura que me ardían los ojos. Él estaba usando su poder para borrarme. Se estaba arrepintiendo de su debilidad y yo era el recordatorio viviente que necesitaba purgar.

—Perfectamente claro, Excelencia —respondí, tragándome las lágrimas y clavando mis uñas en las palmas de mis manos.

Me di la vuelta y caminé hacia los carros, sintiendo el peso de mil miradas sobre mi espalda. Alistair había levantado el muro de nuevo, y esta vez, lo había coronado con espinas.

La marcha hacia el río fue un infierno de barro y desprecio. Cada vez que el destacamento se detenía, yo buscaba su figura a lo lejos, solo para encontrar su espalda. Me sentía utilizada, desechada como una herramienta que cumplió su función de aliviar su tensión antes de ser guardada en un cajón oscuro.

Sin embargo, el destino tenía otros planes para su arrogancia.

Al llegar a las orillas del río, la niebla era tan espesa que apenas podíamos ver a diez metros. Alistair lideró la primera carga a través de las aguas gélidas, creyendo que los rebeldes estaban en retirada. Fue un error. Un error nacido de su prisa por terminar la guerra y alejarse de lo que sentía por mí.

—¡Emboscada! —el grito desgarró la niebla.

Desde las colinas, una lluvia de flechas incendiarias cayó sobre la vanguardia. El estruendo de los cañonazos enemigos hizo que la tierra temblara. Vi cómo el caballo de Alistair se encabritaba entre el fuego. Vi cómo el "Muro de Invierno" quedaba rodeado de llamas y acero enemigo mientras la retaguardia, presa del pánico, intentaba retroceder.

—¡El Comandante está cercado! —gritó Vane desde su caballo, tratando de organizar una defensa que se desmoronaba.

En ese momento, algo dentro de mí se rompió. Mi timidez, esa sombra que me había acompañado toda la vida, se incineró en el fuego de la batalla. Alistair me había rechazado, me había humillado, me había llamado "civil", pero seguía siendo mi hombre. Y yo no iba a dejar que su orgullo lo matara.

Corrí hacia el carro de suministros médicos, ignorando los gritos de los soldados que intentaban detenerme. Agarré una de las antorchas de señalización y una bolsa de pólvora que usábamos para cauterizar heridas graves.

—¿Qué haces, Elena? —gritó Vane—. ¡Vuelve atrás!

—¡Él no va a morir hoy! —le devolví el grito, con una ferocidad que lo dejó mudo.

Monté en uno de los caballos de carga, cortando las correas con un cuchillo de cirujano. Cabalgué hacia el caos del río, con el corazón martilleando no de miedo, sino de una furia protectora.

Crucé la orilla entre el humo. Vi a Alistair en el suelo, luchando contra tres rebeldes. Su armadura estaba abollada y su casco había desaparecido, revelando su rostro manchado de sangre y ceniza. Se defendía como un lobo acorralado, pero estaba agotado.

Lancé la bolsa de pólvora hacia el grupo que lo rodeaba y disparé la antorcha de señalización. La explosión resultante fue pequeña pero lo suficientemente brillante y ruidosa como para crear un segundo de confusión total.

—¡Alistair! —grité, extendiendo la mano desde el caballo mientras los rebeldes retrocedían por el destello.

Él levantó la vista. Por un segundo, la máscara de Comandante se desvaneció, reemplazada por una estupefacción absoluta. Me vio allí, la "chica tímida" de los registros, cubierta de barro y humo, rescatándolo en medio de su propio desastre militar.

Se agarró a mi mano y saltó tras de mí con un esfuerzo sobrehumano. Cabalgamos de vuelta hacia nuestras líneas bajo una lluvia de flechas que milagrosamente no nos tocaron.

Cuando finalmente llegamos a la zona segura, caímos del caballo, rodando por el barro. Me levanté como pude, jadeando, con los pulmones ardiendo por el aire gélido. Alistair se puso en pie, tambaleándose. Sus capitanes corrieron hacia él, pero él los detuvo con un gesto.

Caminó hacia mí. El silencio que se hizo en el campamento improvisado fue absoluto.

—Te ordené... —su voz era un hilo ronco, llena de una mezcla de rabia y una admiración que no podía ocultar—. Te ordené que te quedaras atrás.

—Y yo te dije que soy la única que sabe mantenerte cuerdo —respondí, limpiándome la sangre de un roce en la mejilla—. Si quieres arrestarme por salvarte la vida, hazlo ahora. Pero no vuelvas a fingir que no existo.

Alistair me miró durante un tiempo que pareció una eternidad. Vi la lucha interna en sus ojos, el eclipse de su orgullo frente a la realidad de su necesidad. Dio un paso hacia mí, con la intención de decir algo, quizás de abrazarme, pero se detuvo. El "Muro de Invierno" trató de reponerse, pero estaba lleno de grietas.

—Llévenla a mi tienda —dijo finalmente a sus guardias, sin apartar la vista de mí—. Y que nadie entre. Tenemos que... hablar sobre su insubordinación.

Su tono seguía siendo duro, pero su mano temblaba cuando rozó la mía para ayudarme a levantarme. Él me había alejado, pero yo me había negado a irme.

Esa noche, mientras el campamento contaba a sus muertos, yo esperaba bajo la lona de su tienda. Sabía que lo que venía ahora sería más difícil que cualquier batalla. La lucha por su hombre. Alistair Thorne podía intentar ser de hielo, pero yo acababa de demostrarle que tengo suficiente fuego para quemar su mundo entero si es necesario para mantenerlo a salvo.

Y esta vez, no permitiría que el amanecer nos separara.

1
Adriana Eugenia Espinoza Fernandez
un trabajo impecable, me gustó mucho la trama, los personajes, la historia detrás de cada uno, mis felicitaciones para usted
Brighit Charpentier
hay momentos querida y la verdad no lo estás ayudando mucho que digamos
lo mejor que podrías hacer es concentrarte en el trabajo y cuando todo el lío de la guerra pase dar el paso adelante con el
Brighit Charpentier
ahhhhh eres un soldado caído que se niega a admitir su derrota pero te entiendo
por el momento hay que priorizar después te vas a desahogar 😉
veronica pinto
🥰🥰
veronica pinto
Muchas felicidades
veronica pinto
😠😠 Bueno es que a ese rey le patio el cerebro un burro 🤔 le salvan el reino y todavía culpa a Elena 🤨🤨
veronica pinto
😥😥😥🫢🫢🫢 Dios mío ya me estoy quedando sin uñas 🫣🫣 querida Autora 🫢🫢
veronica pinto
😲😲🫢🫢🫣🫣🫣😥😥😥
veronica pinto
🤔🤔 solo una pregunta xq escribe tanto la palabra sensualidad 🤔🤔
veronica pinto
🤨🤨 ojalá y sean fuertes 💪🏻 y que a esa zorra le llegue el karma pronto 🤔🤔
veronica pinto
😲😲😲🫢🫢🫣🫣🫣
veronica pinto
🤦‍♀️🤦‍♀️🤦‍♀️ al chucha entonces también x eso la va a rechazar también 🤷🏼‍♀️🤷🏼‍♀️🤷🏼‍♀️
veronica pinto
hay quiere te un poco más y no te dejes humillar tanto 🤦‍♀️🤦‍♀️ no haces ver mal como mujeres 🤷🏼‍♀️🤷🏼‍♀️
veronica pinto
🤔🤔 nose si la protagonista es persistente o necia 🤔 o no tiene dignidad que se deja humillar 🤔🤔
veronica pinto
🤔🤔 hay Comandante es mejor quemar 🔥 ése documento que te va alejar más de Elena
veronica pinto
👍🏻👍🏻👍🏻👍🏻
veronica pinto
🤔🤔 como que es un poco mazoquista la niña 🤭
Monica L.C . 🇻🇪 🇦🇷
excelente historia,,,super recomendada ,,,,!
Monica L.C . 🇻🇪 🇦🇷
vamos bien Elena 👏🤭😂
Monica L.C . 🇻🇪 🇦🇷
este duque pronto va a caer
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