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ANTES DEL ÚLTIMO TRAGÓ

ANTES DEL ÚLTIMO TRAGÓ

Status: En proceso
Genre:Demonios / Aventura / Amor-odio
Popularitas:134
Nilai: 5
nombre de autor: Jasali

Nicolás Rivas nunca le tuvo miedo a la muerte.
Creció entre calles donde la vida vale poco y la lealtad lo es todo. Aprendió a gastar sin pensar, a reír sin culpa y a vivir como si cada noche fuera la última.
Fiestas. Mujeres. Amigos. Dinero fácil.
Pero todo cambia el día en que recibe una noticia que no puede ignorar.
Su tiempo se está acabando.
Y por primera vez… la muerte deja de ser una idea lejana.
Ahora Nicolás decide vivir como siempre dijo: sin miedo, sin arrepentimientos, sin frenos.
Pero mientras más disfruta…
más lo alcanza el pasado.
Un hermano que perdió.
Una madre que nunca dejó de esperar.
Un amor que no supo cuidar.
Y un enemigo que no ha olvidado.
Porque al final…
no todos llegan en paz al último trago.

NovelToon tiene autorización de Jasali para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

“Quedarse”

📖 CAPÍTULO 19

“Quedarse”

Hay personas que llegan a la vida para cambiarla.

Y hay otras…

que llegan para enseñarte cómo vivirla antes de perderla.

Valeria era ambas.

Nicolás casi no durmió.

No por el dolor.

No por el hospital.

No por el miedo.

Por ella.

Porque después de mucho tiempo…

iba a verla sabiendo toda la verdad.

Sin máscaras.

Sin mentiras.

Sin esconder el desastre que llevaba dentro.

Y eso…

lo asustaba más que la enfermedad.

La mañana estaba gris.

De esas mañanas silenciosas donde el cielo parece cansado.

Nicolás salió temprano.

Su mamá lo miró desde la cocina.

—¿Va a verla?

Él asintió.

Ella sonrió apenas.

—Vaya tranquilo.

Nicolás agarró las llaves.

Pero antes de salir…

se devolvió.

Abrazó a su mamá fuerte.

Ella se sorprendió.

—¿Y eso?

Nicolás cerró los ojos un segundo.

—Nada…

Pausa.

—Solo quería hacerlo.

Su mamá le acarició el cabello despacio.

Y él entendió algo:

las personas que uno ama nunca se acostumbran al miedo de perderlo.

Solo aprenden a esconderlo mejor.

Valeria lo citó en un mirador pequeño al borde de la ciudad.

Un lugar tranquilo.

Sin ruido.

Sin gente.

Muy distinto a lo que Nicolás hubiera elegido antes.

Pero ahora…

empezaba a entender por qué ella amaba esos lugares silenciosos.

Ahí uno no podía esconderse del pensamiento.

Llegó primero.

El viento estaba frío.

La ciudad se veía enorme desde arriba.

Pequeñas luces moviéndose en la distancia.

Y por un momento…

todo pareció demasiado grande para alguien con tan poco tiempo.

Metió las manos en los bolsillos.

Respiró profundo.

Y entonces la vio llegar.

Valeria caminaba despacio.

No sonriendo.

No seria.

Fragil.

Eso le dolió.

Porque él había provocado esa tristeza.

Cuando estuvo cerca…

se quedaron mirándose unos segundos.

Como dos personas intentando reconocerse otra vez.

—Hola… —dijo ella bajito.

—Hola…

Silencio.

Y luego…

Valeria lo abrazó.

Sin avisar.

Fuerte.

Como si hubiera estado esperando hacerlo desde la noche anterior.

Nicolás cerró los ojos.

Y otra vez sintió eso.

Paz.

Pero mezclada con dolor.

Porque ahora cada abrazo parecía tener despedida escondida.

Ella se separó lento.

Los ojos todavía cansados de llorar.

—¿Cómo sigue? —preguntó.

Nicolás dudó.

—Honestamente…

Pausa.

—Asustado.

Valeria bajó la mirada.

—Yo también.

Se sentaron juntos en una banca mirando la ciudad.

Sin hablar por un rato.

Pero esta vez…

el silencio no era incómodo.

Era compañía.

Y eso valía mucho más.

—Anoche pensé demasiadas cosas… —dijo Valeria finalmente.

Nicolás la escuchó atento.

—Pensé en alejarme.

Golpe directo.

Aunque lo entendía.

Igual dolía.

—Y tiene derecho —respondió él despacio.

Valeria negó de inmediato.

—Déjeme terminar.

Nicolás asintió.

Ella respiró profundo.

—Pensé en alejarme porque tengo miedo de sufrir.

Pausa.

—Pero después pensé algo peor…

Lo miró.

—Me daría más miedo perder tiempo lejos de usted.

El pecho de Nicolás se apretó.

Pero esta vez…

no por enfermedad.

Por amor.

Real.

Y eso era muchísimo más fuerte.

—Vale…

Ella sonrió triste.

—No me acostumbro a esto.

—Yo tampoco.

Silencio corto.

—¿Sabe qué rabia me da? —preguntó ella.

—¿Qué?

—Que justo ahora sí está siendo el hombre que yo necesitaba hace años.

Golpe limpio.

Porque era verdad.

Nicolás bajó la mirada.

—Lo sé…

Pausa.

—Y créame que daría lo que fuera por haber entendido antes.

Valeria lo observó unos segundos.

Y luego le agarró la mano.

—Pero está aquí ahora.

Simple.

Pero suficiente para romperlo por dentro.

Porque toda su vida sintió que llegaba tarde a todo.

Y aun así…

ella seguía sentada a su lado.

Qué cosa tan inmensa era eso.

El viento sopló más fuerte.

Valeria apoyó la cabeza en su hombro.

Y Nicolás cerró los ojos un momento.

Quería guardar ese instante completo.

La ciudad abajo.

El frío.

Ella cerca.

La vida.

Porque ahora entendía algo terrible:

uno nunca sabe qué momento será el último que realmente importe.

—¿En qué piensa? —preguntó ella.

Nicolás sonrió apenas.

—En que desperdicié demasiadas cosas.

—Entonces deje de pensar en lo perdido.

Pausa.

—Y piense en lo que todavía tiene.

Otra vez…

ella tenía razón.

Nicolás la miró.

De verdad.

Y entendió que el amor no siempre llega para salvarte.

A veces llega para enseñarte a quedarte mientras todo duele.

—No quiero que me vea como alguien que se va a morir —dijo él de repente.

Valeria levantó la mirada.

—Entonces no viva como alguien que ya se rindió.

Golpe.

Porque eso era exactamente lo que estaba empezando a hacer.

Miedo disfrazado de resignación.

Nicolás soltó el aire lentamente.

—¿Y si no alcanzo?

La voz le salió rota.

Humana.

Valeria le sostuvo la cara suavemente.

—Entonces hacemos que el tiempo alcance distinto.

Silencio.

Y Nicolás sintió ganas de llorar otra vez.

Porque ella hablaba de vivir como si todavía hubiera esperanza.

Aunque ambos estuvieran muertos del miedo.

Valeria sonrió apenas.

—Además…

Pausa.

—Todavía no se ha ido.

El corazón le golpeó fuerte.

Vida.

Todavía vida.

Ella se acercó lentamente.

Y esta vez…

lo besó.

Sin rabia.

Sin impulso.

Con miedo.

Con amor.

Con tristeza.

Como si quisiera guardar ese momento para cuando llegaran los días difíciles.

Nicolás la abrazó fuerte.

Y mientras el mundo seguía moviéndose allá abajo…

él entendió algo por fin:

No estaba peleando por sobrevivir.

Estaba peleando por quedarse un poco más en la vida que apenas empezaba a sentir suya.

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