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Ecos De Un Imperio Invisible

Ecos De Un Imperio Invisible

Status: En proceso
Genre:Romance de oficina / CEO / Romance
Popularitas:642
Nilai: 5
nombre de autor: Elvira Lovegoot Boot

Gael Eryx Valcázar lo tiene todo: poder, dinero y control absoluto sobre su mundo… hasta que ella aparece.
Naelith Corvane, una chica recién graduada con grandes sueños, entra a trabajar en la empresa equivocada… o tal vez en la correcta.
Lo que empieza como una simple oportunidad se convierte en un juego peligroso de secretos, ambición y emociones que ninguno puede controlar.
Porque en un mundo donde todo tiene un precio… enamorarse puede ser el error más caro.

NovelToon tiene autorización de Elvira Lovegoot Boot para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 19: Lo que cambia sin avisar

El trayecto de regreso no tuvo compañía.

Y, por primera vez en mucho tiempo, Gael Eryx Valcázar no buscó llenarlo.

La ciudad avanzaba a su alrededor con su ritmo habitual, luces encendiéndose de forma progresiva, el movimiento constante de personas que no tenían conocimiento alguno de lo que acababa de ocurrir en un espacio completamente distinto al suyo. Todo seguía igual, todo funcionaba con normalidad, como si nada hubiera cambiado.

Pero dentro de él…

Nada estaba igual.

Conducía sin prisa, pero tampoco con lentitud, manteniendo una velocidad constante que no respondía a su estado mental, sino a un hábito profundamente arraigado. Sus manos firmes sobre el volante, su postura recta, su mirada fija al frente… todo en él proyectaba control.

El mismo control de siempre.

Pero esta vez…

Era distinto.

Porque no nacía de la certeza.

Sino de la contención.

El silencio dentro del vehículo no era incómodo, pero tampoco era vacío. Estaba lleno de pensamientos que no se ordenaban de forma clara, de ideas que no terminaban de tomar forma completa, de decisiones que ya habían sido tomadas, pero cuyas consecuencias apenas comenzaban a desplegarse.

La palabra seguía ahí.

Desheredado.

No como una amenaza abstracta.

Sino como una posibilidad real.

Y aun así…

No se arrepentía.

No había duda en la decisión que había tomado, pero sí existía algo más complejo, algo que no estaba relacionado con el poder, ni con el apellido, ni con la posición que podía perder.

Era otra cosa.

Más personal.

Más silenciosa.

Más difícil de enfrentar.

Porque por primera vez en su vida…

Había elegido por sí mismo.

Y eso…

Tenía un peso distinto.

El recuerdo de su madre no había desaparecido después de salir de esa casa. Permanecía presente, pero ya no como una herida abierta, sino como una referencia clara, como un punto que marcaba el antes y el después de algo que apenas comenzaba a comprender.

No quería convertirse en su padre.

Pero tampoco estaba seguro de querer repetir la historia de su madre.

Y en medio de ese conflicto…

Había tomado una decisión que lo colocaba en un lugar completamente nuevo.

Uno donde no había instrucciones.

Uno donde no había garantías.

Uno donde…

Tendría que sostenerse por sí mismo.

Cuando finalmente llegó a su departamento, no hubo transición emocional evidente. Entró como lo hacía siempre, dejando las llaves en su lugar, recorriendo el espacio con esa familiaridad que no necesitaba atención consciente. Pero esa noche, el silencio no fue el mismo de otras veces.

No era descanso.

Era reflexión.

Se quitó el saco con movimientos precisos, dejando que el peso físico desapareciera, pero el otro… permaneció. Caminó hacia la ventana sin prisa, observando la ciudad desde la altura, como si desde ahí pudiera ordenar lo que ocurría en su interior.

Pero no lo hizo.

Porque no era algo que pudiera resolverse en una sola noche.

Ni con una sola mirada.

El tiempo avanzó sin que lo notara realmente. No hubo distracciones, no buscó llenar el espacio con ruido ni con actividad. Simplemente permaneció ahí, permitiendo que el silencio hiciera su trabajo, que cada pensamiento encontrara su lugar sin ser forzado.

Y en medio de todo eso…

Hubo una imagen que apareció sin aviso.

Naelith.

No como una idea concreta.

No como una intención.

Sino como una presencia.

La forma en que lo había mirado ese día.

La forma en que había puesto un límite sin dudar.

La forma en que no había preguntado nada cuando notó que algo no estaba bien.

No encajaba del todo.

No tenía sentido inmediato.

Pero estaba ahí.

Y no desapareció.

La noche terminó sin una conclusión clara.

Pero con algo definido.

La decisión…

Se mantenía.

El día siguiente llegó con la misma puntualidad que siempre había marcado su vida.

No hubo retrasos.

No hubo cambios en su rutina externa.

Pero sí…

En su presencia.

Cuando Gael Eryx Valcázar cruzó las puertas de la empresa, nada en el entorno indicó que algo había ocurrido. Los empleados continuaban con sus tareas, los sonidos habituales llenaban el espacio, la estructura permanecía intacta.

Pero él…

No era el mismo.

No era un cambio evidente.

No era algo que pudiera señalarse con facilidad.

Pero estaba ahí.

En la forma en que caminaba.

En la forma en que miraba.

En la forma en que su presencia parecía más… definida.

Más cerrada.

Más distante.

Como si algo dentro de él se hubiera reorganizado durante la noche, como si ciertas partes se hubieran sellado mientras otras… se volvían más firmes.

No hubo saludos innecesarios.

No hubo pausas.

Su paso fue directo, preciso, sin desviaciones.

Como siempre.

Pero no igual.

Naelith Corvane lo notó desde el primer momento.

No porque lo estuviera buscando.

Sino porque ya había aprendido a reconocerlo.

A leer esas pequeñas variaciones que nadie más parecía percibir.

Cuando lo vio cruzar el espacio, algo en su expresión cambió apenas, una reacción mínima que no llegó a manifestarse por completo. No era sorpresa.

Era… reconocimiento.

Porque entendió.

Sin que nadie se lo dijera.

Que algo había pasado.

Y que no era algo menor.

El día comenzó como cualquier otro en apariencia. Tareas asignadas, documentos revisados, indicaciones claras, todo siguiendo el mismo ritmo estructurado de siempre. Pero la interacción entre ellos… no fue igual.

Gael no la evitó.

Pero tampoco se acercó como en días anteriores.

Su trato fue correcto.

Preciso.

Pero más frío.

Más distante.

Como si hubiera colocado una barrera que antes no estaba completamente definida.

Naelith respondió con la misma profesionalidad de siempre, sin mostrar incomodidad, sin alterar su desempeño. Pero su atención… estaba ahí.

Observando.

Registrando.

Entendiendo.

Cada mirada breve.

Cada pausa.

Cada silencio.

Porque no era solo una percepción.

Era un cambio real.

Uno que no había sido explicado.

Uno que no necesitaba serlo para ser evidente.

En un momento específico, cuando sus miradas coincidieron por más tiempo del necesario, algo se sostuvo entre ellos.

No fue tensión incómoda.

No fue confrontación.

Fue… algo más.

Una pregunta sin palabras.

Una respuesta que no llegó.

Y en ese pequeño instante…

Quedó claro.

Que lo que fuera que había ocurrido…

No se había quedado en la noche anterior.

Había llegado con él.

Y ahora…

Formaba parte de todo.

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Luisa Fernanda Leon Barahona
por que demoran tanto en subir los capitulos 😂
Lala Lovegoot Boot: disculpaaaaa
total 1 replies
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