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Dinastía De Reinas: Aralisse

Dinastía De Reinas: Aralisse

Status: En proceso
Genre:Amor-odio / Mundo de fantasía
Popularitas:543
Nilai: 5
nombre de autor: EllyaG

Dinastía de Reinas: Aralisse.
Narra la historia de una princesa obligada a heredar una corona rodeada de traiciones. Tras la misteriosa muerte de sus padres, Aralisse queda sola dentro de una corte donde todos parecen querer manipularla o verla caer.
Alejada por obligación de su reino, deberá aprender a gobernar mientras intenta descubrir qué ocurrió realmente la noche en que los reyes murieron. Entre conspiraciones, secretos y enemigos ocultos, conoce a Rydan, el príncipe de Orvenah, el reino rival.
Lo que comienza como una tregua forzada pronto se convierte en algo mucho más peligroso. Porque detrás de la frialdad de Rydan y de la guerra entre ambos reinos, Aralisse descubre que el hombre que más debería temer… es también el único dispuesto a ensuciarse las manos por ella.

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Las verdaderas intenciones

El Gran Salón del palacio brillaba bajo los candelabros. Tapices marinos y guirnaldas de flores azules decoraban las paredes.

Los nobles se levantaron en cuanto la comitiva de la reina apareció. Selarya dio inicio a la ceremonia junto al rey Thalinor, mientras Caedric, Syrelle y Oceanne tomaban asiento en la mesa real.

Al fondo del salón, entre luces y sombras, Aralisse avanzó con el vestido nuevo. El algodón fino y las mangas transparentes se movían con suavidad a cada paso. El murmullo creció de inmediato. Los nobles inclinaban la cabeza y sus voces apenas se elevaban por encima de susurros.

—Será una unión provechosa para Zaryah —susurró un lord cercano, observando a la princesa—. Una alianza con Lysirah fortalecerá nuestras cosechas. El reino crecerá mucho.

—Y también traerá prestigio —respondió otra voz con elegancia estudiada—. Una reina consorte de sangre real.

Las palabras “reina consorte” quedaron suspendidas en el aire, y Aralisse las escuchó claramente.

Por un instante, sus pasos vacilaron.

Buscó la mirada de Selarya, intentando encontrar alguna respuesta, pero la reina mantenía la misma calma amable de siempre.

Aralisse sintió un ligero escalofrío.

“Reina consorte”.

No sonaba como un simple comentario. Sonaba a algo planeado.

Selarya dio un paso al frente y el salón quedó en silencio.

—Amigos —comenzó la reina—, esta noche queremos celebrar la llegada de la princesa Aralisse y ofrecerle la hospitalidad de Zaryah.

Sus palabras eran cálidas y perfectamente medidas, pero varios nobles sonrieron entre sí como si entendieran algo más que la princesa todavía ignoraba.

—Me gustaría comenzar esta celebración con un baile.

Selarya dirigió la mirada hacia su hijo, y Caedric se acercó de inmediato a Aralisse.

El sonido del arpa llenó el salón.

Aralisse, algo nerviosa, siguió las indicaciones de Caedric cuando él se inclinó y le ofreció la mano.

—¿Me concederías este baile, princesa? —preguntó con esa voz tranquila que parecía perfecta para ceremonias y banquetes.

—Claro, alteza —respondió ella, haciendo una pequeña reverencia mientras recordaba las lecciones de etiqueta que su madre le había enseñado años atrás.

Los nobles se apartaron para dejarles espacio. La música aumentó y los reflejos de los candelabros brillaron sobre el suelo pulido.

Al principio, Aralisse giró con cierta torpeza, pero Caedric la guió con paciencia y naturalidad, logrando que ella terminara soltando una pequeña risa.

Desde la entrada del salón, Lysandre apareció justo en ese momento, acomodándose la vestimenta con evidente prisa. Apenas vio a la princesa bailando con Caedric, algo en su expresión cambió.

Erak lo notó enseguida.

El consejero se acercó lentamente, sosteniendo una copa entre las manos.

—Llegas tarde —comentó sin mirarlo directamente, atento al movimiento de los nobles.

—Tuve… asuntos pendientes —respondió Lysandre en voz baja.

Erak giró apenas el rostro hacia él.

—¿Asuntos que te impidieron acompañar a la princesa cuando te lo pedí?

Lysandre tomó la copa que un sirviente le ofrecía y bebió un largo trago antes de responder.

—Así es. Asuntos pendientes.

—Cuando se trata de la princesa, no existe nada más importante —replicó Erak con calma, aunque su mirada fue dura—. Las órdenes no son sugerencias, Lysandre.

El joven no respondió.

Se limitó a observar el centro del salón, donde Aralisse giraba entre las luces sin notar que él la miraba con culpa y desconcierto.

—¿Así que baila con el príncipe? —preguntó finalmente, cambiando el tema.

—Así es —contestó Erak, siguiendo su mirada—. El príncipe heredero de Zaryah.

Lysandre asintió apenas.

Sin embargo, su expresión no cambió. Había algo extraño en sus ojos. Parte de él seguía atrapado en lo ocurrido antes con Liria, y otra parte no lograba apartar la vista de Aralisse.

La risa de la princesa llegó hasta ellos.

Lysandre apartó la mirada de inmediato.

Erak lo notó, pero no insistió.

—No olvides por qué estás aquí —dijo en voz baja antes de alejarse hacia la mesa del rey.

Lysandre permaneció quieto, observando el baile desde la distancia.

El arpa terminó con una última nota y los aplausos llenaron el salón.

Caedric soltó con cuidado la mano de Aralisse y le sonrió.

—Bailas muy bien, princesa.

Ella sonrió todavía algo sonrojada.

—Gracias. Tenía miedo de pisarte.

Ambos rieron suavemente, pero entre las conversaciones de los invitados comenzaron a escucharse murmullos que hicieron que Aralisse se sintiera incómoda.

—Es tan joven… —susurró una dama de vestido azul mientras se abanicaba.

—Pronto será reina consorte, en cuanto cumplan la edad —respondió otro noble con satisfacción.

—Zaryah siempre se adelanta a los movimientos de Orvenah, ambos reinos serán más fuertes —añadió un tercero mientras levantaba su copa—. El príncipe Rydan nunca tuvo oportunidad. Es una jugada brillante.

La palabra “reina” volvió a golpear la mente de Aralisse.

Reina consorte.

Miró alrededor buscando a Selarya, pero solo encontró sonrisas y miradas que la observaban como si ya hubiera tomado una decisión que ni siquiera comprendía.

Caedric notó el cambio en su expresión.

—¿Ocurre algo, princesa? —preguntó con suavidad.

—Nada… solo creí escuchar algo extraño —respondió ella, incapaz de ocultar del todo su desconcierto.

En la mesa principal, el rey Thalinor observaba la escena con el ceño ligeramente fruncido. Se inclinó hacia Selarya, que hablaba tranquilamente con uno de sus consejeros.

—¿“Reina consorte”? —preguntó en voz baja, con evidente molestia—. ¿Qué significa eso, Selarya?

La reina sonrió apenas, sin apartar la vista de Aralisse.

—Solo son deseos de los nobles. No te preocupes.

—¿De los nobles… o tuyos? —preguntó él con tono más serio.

Selarya suspiró suavemente antes de responder.

—Aralisse no tiene demasiadas opciones. Daryon, el hijo del emperador, tiene fama de ser extraño y dudo que le interese una niña. Rydan es el príncipe de Orvenah y el mayor enemigo de Lysirah… así que la respuesta parece bastante clara.

—Son unos niños —murmuró el rey, procurando no llamar la atención.

—Ella está dejando de ser una niña —respondió Selarya mientras observaba a Caedric junto a Aralisse—. Y no lo será para siempre.

El rey la miró con evidente incomodidad.

—¿La princesa sabe algo de esto?

—Se lo diré pronto —respondió Selarya con tranquilidad—. El sumo sacerdote cree que es mejor que se acostumbre a la idea cuanto antes.

Y una pequeña sonrisa apareció en sus labios, satisfecha con el rumbo que comenzaban a tomar las cosas.

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