Rose Walker jamás imaginó que un viaje cambiaría su vida para siempre. Reconocida como una joven guionista en ascenso en California, su sueño finalmente se estaba haciendo realidad cuando fue invitada a Singapur para participar en el rodaje de la película que había escrito durante años. Todo parecía perfecto: el éxito, el reconocimiento y la oportunidad que siempre había esperado. Pero el destino tenía otros planes.
Durante el vuelo, una violenta tormenta provoca un accidente aéreo que termina con el avión estrellándose en una isla desconocida perdida en medio del océano. Rose despierta sola entre restos del avión, rodeada únicamente por selva, montañas y un silencio aterrador. Sin experiencia sobreviviendo lejos de la civilización, deberá aprender a luchar contra el hambre, el miedo y la desesperación mientras intenta mantenerse con vida.
Sin embargo, la isla no está desierta.
Mientras explora el lugar buscando agua y comida, Rose descubre algo imposible: una antigua civilización e
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Capítulo 18
El sol apenas comenzaba a salir cuando sentí una brisa fría entrar por la ventana del templo.
Todavía estaba medio dormida, completamente envuelta entre las pieles suaves donde había dormido.
No quería moverme.
Por primera vez desde que llegué a la isla… estaba cómoda.
Demasiado cómoda.
Escuché entonces una voz conocida.
Una voz aterradora.
—Duende, levántate.
Mi alma abandonó el cuerpo automáticamente.
Pero aun así…
—Cinco minutos más… —murmuré enterrando la cara entre las mantas.
Silencio.
Por un segundo pensé que había funcionado.
Ilusa.
¡PAM!
Sentí el golpe del bastón directamente sobre mi cabeza.
—¡AAAYYY!
Me incorporé inmediatamente agarrándome el cráneo.
—¡¿ACASO NO PUEDE DEJAR DE PEGARME CINCO MINUTOS?!
Nayara estaba junto a la ventana observándome con absoluta tranquilidad demoníaca.
—Ya amaneció.
La señalé completamente ofendida.
—¡Eso no significa que tenga que destruirme el cerebro antes del desayuno!
La anciana golpeó suavemente el suelo con el bastón.
—Prepárate. Hoy iremos a la selva con los alumnos.
Mi expresión se apagó lentamente.
—…¿Por qué sigo viva?
Nayara ignoró completamente mi sufrimiento y salió de la habitación como si nada.
Me dejé caer otra vez sobre las mantas dramáticamente.
—Esta mujer será mi villana de origen.
Desde la entrada escuché una pequeña risa.
Kai.
Giré lentamente la cabeza.
Él estaba apoyado cerca de la puerta observándome con los brazos cruzados y una expresión claramente divertida.
Perfecto.
Otro que disfrutaba mi sufrimiento.
—No te rías —gruñí.
Kai se acercó lentamente.
—Mi abuela dice que ya mejoras.
Lo miré horrorizada.
—¿ESO ES MEJORAR?
Kai soltó otra pequeña risa baja.
Maldito hombre atractivo.
—Sobreviviste una semana con ella. Eso ya es impresionante.
Lo fulminé con la mirada mientras él seguía claramente entretenido.
Naru apareció detrás suyo entrando tranquilamente a la habitación.
El enorme puma se acercó directamente hacia mí y apoyó la cabeza sobre mis piernas como si fuera un gato doméstico.
—Tú tampoco ayudas —murmuré sobándole distraídamente la cabeza.
Kai observó la escena en silencio.
Y por alguna razón… su mirada se suavizó un poco.
Eso me puso nerviosa otra vez.
Perfecto.
Después de prepararme medio dormida y comer algo rápido, terminé caminando junto al grupo enorme de niños de la tribu hacia la selva.
Mi dignidad seguía desapareciendo poco a poco.
Nayara iba delante de todos guiándonos con el bastón en mano mientras los pequeños la seguían obedientemente.
Yo iba al final completamente agotada emocionalmente.
La selva estaba húmeda por la lluvia de la noche anterior y el sonido de los insectos llenaba todo alrededor.
Nayara se detuvo de repente y se giró hacia nosotros.
—No se separen del grupo.
Luego me señaló específicamente a mí con el bastón.
—Especialmente tú.
Puse los ojos en blanco.
—Sí, sí. Lo que diga la vieja.
Silencio absoluto.
Todos los niños me miraron horrorizados.
Nayara lentamente giró la cabeza hacia mí.
Y me fulminó con la mirada desde el frente del grupo.
Tragué saliva.
—…Buenos días también.
Lou, que caminaba cerca, soltó una pequeña risa nerviosa.
Seguimos avanzando entre los árboles mientras Nayara explicaba cosas sobre plantas medicinales y rastros de animales.
Intenté prestar atención.
De verdad.
Pero la selva era demasiado distraída.
Todo se movía constantemente.
Sombras.
Ramas.
Animales pequeños saltando entre árboles.
Y entonces lo vi.
Una pequeña sombra moviéndose rápidamente entre las hojas.
Fruncí ligeramente el ceño.
Parecía… un mono.
Uno pequeño y extraño con ojos enormes y cola larga.
—Qué feo y adorable a la vez…
El animal me observó desde una rama.
Y antes de que pudiera reaccionar…
Saltó hacia mí.
—¡¿Qué demonios?!
Sentí algo moverse rápidamente entre mis manos.
Y segundos después el pequeño monstruo ya estaba alejándose entre los árboles con algo mío.
Mis ojos se abrieron horrorizados.
—¡EH! ¡LADRÓN!
El mono chilló divertido mientras saltaba de rama en rama.
Y entonces me di cuenta de lo que había robado.
Mi teléfono.
EL MALDITO NOKIA.
—¡NO, NO, NO, DEVUÉLVEME ESO!
Sin pensarlo demasiado salí corriendo detrás del mono.
—¡VEN AQUÍ, RATÓN PELUDO!
El pequeño demonio seguía avanzando rápidamente entre los árboles mientras yo lo perseguía esquivando raíces y hojas enormes.
Todo ocurrió tan rápido…
Que el grupo ni siquiera notó que me había separado.
Nayara seguía caminando delante de los alumnos explicando cosas mientras Lou ayudaba a algunos niños más pequeños.
Nadie miró hacia atrás.
Y yo seguía persiguiendo al mono completamente desesperada.
—¡ESO ES TECNOLOGÍA! ¡NO COMIDA!
El pequeño demonio chilló otra vez mientras desaparecía más adentro de la selva.
Y yo seguí corriendo detrás de él…
Sin darme cuenta de que cada vez me alejaba más del grupo.
Después de varios minutos corriendo detrás del mono, oficialmente me había perdido.
Completamente.
La selva alrededor ya no se parecía al camino por donde había venido con el grupo. Los árboles eran más grandes, las raíces más gruesas y el sonido de los animales parecía mucho más lejano.
Perfecto.
Nayara iba a asesinarme.
Si Kai no lo hacía primero.
Me detuve intentando recuperar el aliento mientras apartaba ramas húmedas de mi cara.
—Excelente, Rose… perseguir animales salvajes en una isla desconocida. Gran idea.
Entonces escuché un chillido.
Levanté rápidamente la vista.
Y allí estaba.
El pequeño demonio peludo estaba sentado tranquilamente sobre unas lianas enormes colgando entre los árboles.
Con mi teléfono en las manos.
El mono me miró directamente.
Y el maldito…
Parecía estarse riendo de mí.
Mis ojos se entrecerraron lentamente.
—Maldita cosa peluda… devuélveme mi teléfono.
El animal soltó otro sonido extraño mientras movía el Nokia de un lado a otro.
Mi alma abandonó el cuerpo.
—NO JUEGUES CON ESO.
El mono levantó el teléfono peligrosamente sobre el vacío.
Y fue entonces cuando me di cuenta de algo horrible.
Detrás de él había un precipicio enorme.
La selva literalmente terminaba en una caída gigantesca cubierta de niebla.
Mis ojos se abrieron de golpe.
—…No, no, no.
El mono inclinó la cabeza divertido.
Y casi tira el teléfono.
Solté un grito ahogado.
—¡NOOO!
El animal se quedó quieto unos segundos observándome.
Y entonces hice algo absolutamente ridículo.
Intenté negociar.
—Ok… tranquilo… podemos hablar esto civilizadamente.
El mono obviamente no entendió nada.
Así que mi cerebro tomó la peor decisión posible.
Empecé a hacer sonidos de mono.
—Uh… uh… ah… ah…
Silencio absoluto.
Incluso los pájaros parecieron avergonzarse por mí.
El mono me observó completamente confundido.
Yo seguí intentando comunicarme.
—Uh uh… teléfono mío… ah ah…
El pequeño demonio inclinó lentamente la cabeza.
Y sinceramente…
Creo que estaba cuestionando mi inteligencia.
—Vamos, dame eso y podemos ser amigos.
El mono soltó un chillido extraño.
Y luego hizo algo todavía peor.
Mordió el teléfono.
Hubo un segundo de silencio.
Y entonces…
CRACK.
El mono se congeló.
Yo también.
El pequeño animal abrió lentamente los ojos horrorizado.
Y empezó a chillar de dolor agarrándose la boca.
Parpadeé varias veces.
—…¿Se rompió un diente?
El mono soltó el teléfono inmediatamente del dolor.
—¡MI TELÉFONO!
El Nokia cayó desde las lianas dando vueltas en el aire.
Mi corazón dejó de funcionar.
Pero antes de desaparecer por el precipicio…
El teléfono quedó enganchado milagrosamente entre unas lianas más abajo.
Silencio.
El mono seguía lloriqueando abrazando su boca adolorida.
Y yo me quedé mirando el teléfono colgando peligrosamente sobre el vacío.
Muy abajo.
Demasiado abajo.
Suspiré lentamente.
—Abuela… tenías razón. No duro ni una semana en la selva.